5 de marzo de 2006


INTERNACIONAL
Los soviéticos y el ataque al Papa


Una comisión parlamentaria de Italia recientemente reveló un informe en el que responsabilizan a la ex Unión Soviética del atentado contra Juan Pablo II. Los documentos de agencias de inteligencia de otras naciones fueron importantes para esa conclusión

Agencias
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Día fatídico. El atentado contra Su Santidad se produjo mientras celebraba la audiencia pública de los miércoles en la plaza. Foto EDH / archivo

¿Quién o quiénes intentaron asesinar al Papa Juan Pablo II?
“Los comunistas” ha sido la respuesta simple y natural que durante años se ha esgrimido.
Justo ahora surgen nuevos informes y se conocen más detalles de los archivos de agencias de inteligencia que refuerzan esa idea. Aunque no existen pruebas concretas, los análisis realizados apuntan en esa dirección.

Un informe del Parlamento de Italia indica que la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por medio de su Comité para la Seguridad del Estado (KGB), estuvo detrás del intento de asesinar al Papa Juan Pablo II en 1981.

El Papa polaco fue herido de gravedad el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro de Roma por el terrorista turco Mehmet Ali Agca, quien fue detenido y condenado por el atentado.

Según el informe que acusa al servicio secreto ruso, el Papa era un peligro para la Unión Soviética porque respaldaba el movimiento sindical Solidaridad de su país natal, Polonia.

El informe no está basado en ninguna investigación judicial. Además, indica que un agente búlgaro, Sergei Antonov, quien supuestamente trabajaba para la KGB tendría mucho que ver con el intento de asesinato.

Agca acusó a Antonov de ser quien debía esperarle tras el atentado cerca de la plaza de San Pedro, para facilitarle la huida. Antonov fue juzgado y absuelto.

El ex jefe de la KGB Vladimir Kriuchkov negó ayer mismo que el fallido atentado de 1981 fuera ordenado por la antigua Unión Soviética. “Esta información es una provocación, un absurdo y un sin sentido”, dijo al enterarse.

Revelaciones


La Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) y diversas agencias de Inteligencia de ese país poseen un volumen superior al millar de archivos secretos sobre Juan Pablo II, tras sus 26 años y medio de Pontificado. De ellos sólo una pequeña porción, un aproximado de 300 páginas, ha podido ser desclasificada.

Algunos documentos fueron accesibles a partir del 24 de diciembre de 1999, justo cuando la iglesia católica abría simbólicamente la Puerta del Gran Jubileo, fecha que coincidía precisamente con la entrada del Tercer Milenio.

Atacado. Instantes después de ser herido, el Vicario de Cristo se desplomó y fue sujetado por su secretario.  Foto EDH / archivo

Nada más producirse el atentado contra el Papa el 13 de mayo de 1981, el entonces director de la CIA, el católico William J. Casey, ordenó a su Consejo Nacional de Inteligencia Exterior dar la máxima prioridad, para probar la implicación de la KGB en el intento de magnicidio.

La CIA estaba convencida de que en 1981 se había diseñado una conspiración soviética, a través de sus conexiones con el terrorismo internacional, para intentar acabar tanto con la vida del entonces presidente de los EE. UU. Ronald Reagan, como con la del Papa, cuyos atentados se hicieron con una diferencia de seis semanas, por ser los líderes más anticomunistas.

Cada viernes por la noche, el Jefe de la Estación (CoS) de la CIA en Roma llevaba al palacio Papal los últimos secretos obtenidos con satélites espías y las escuchas electrónicas por los agentes de campo de la Inteligencia de los Estados Unidos.

Antecedentes


Gran parte del material que ha sido desclasificado por la CIA cubre principalmente el impacto del nombramiento de un Papa polaco en el Vaticano: Polonia; el movimiento Solidaridad y la Unión Soviética.

Parte de los archivos están fechados a partir de 1978 a 1989, y revelan la extraordinaria importancia de Karol Wojtyla para la Casa Blanca, antes de convertirse en Papa, en la estrategia para acabar contra el comunismo soviético en Europa.

El 19 de octubre de 1978, tres días después de ser elegido Karol Wojtyla Papa durante el cónclave, un memorándum confidencial del Centro Nacional de Asuntos Extranjeros de la CIA, bajo el título: “El impacto de un Papa polaco para la URSS”, pronosticaba de manera certera el efecto dominó sobre los países del Este, que empezaría en la católica Polonia y terminaría en Rumania e, incluso, Bulgaria, el país comunista considerado más controlado por la temida KGB y el máximo líder soviético Leonidas Brezned.

Según el documento confidencial entregado al entonces director de la Central de Inteligencia, el almirante de la Armada Stansfield Turner, especializado durante la guerra fría en los países del llamado telón de acero, y al presidente demócrata de EE. UU., Jimmy Carter, “porque el impacto de Juan Pablo II, particularmente por su impacto en el nacionalismo polaco, creará a los soviéticos ahora más dificultad para poder controlar y contrarrestar la iniciativa cultural y política de Polonia que gravita hacia Occidente”.

Este documento fue realizado por la Oficina Regional de Política y Análisis, del Centro Nacional de Análisis Extranjeros de la Agencia Nacional de Inteligencia. El memorándum indica que: “La elevación al Papado del antiguo arzobispo de Cracovia, la capital del verdadero centro cultural e histórico de Polonia, sin lugar a dudas preocupará de una manera extrema e inquietante a Moscú, aunque sólo sea por el significado simbólico que su papado deje en las sociedades comunistas.

La elección de un Papa polaco, refleja claramente la vitalidad única de una iglesia católica en Polonia, que creará más dificultades a Moscú, debido a la tradición cultural del oeste de Polonia más cercana a Occidente”.

Para los analistas de la Agencia Central especializados en los países del Pacto de Varsovia, un Papa polaco, aunque sólo fuese simbólicamente, acabaría con la caída paulatina de los países del telón de acero.

Ali Agca. El hombre que intentó asesinar al Papa vinculó en 1982 a un agente búlgaro al atentado. Actualmente, cumple una condena en Turquía.

Al igual que la Unión Soviética fundó en Varsovia, capital de Polonia, su Pacto para contrarrestar la creación después de la Segunda Guerra Mundial, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por parte de EE. UU. y sus aliados, sólo un Papa polaco podría terminar derribando el muro soviético.

El principio del fin


Dos años antes de convertirse en Papa, en 1976, un brillante profesor universitario americano de origen polaco llamado Zbigniew Berzezinski, invitó a un desconocido arzobispo de Cracovia llamado Karol Wojtyla, para dar un conferencia en la “Harvard Divinity School’s George Williams”.
Era el segundo viaje de Wojtyla por EE. UU. y Canadá. El primero, en 1969, duró sólo dos semanas, y éste se prolongó hasta dos meses.

La conferencia se centró en dos temas que el arzobispo de Cracovia dominaba ampliamente: “La Religión Católica en la lucha contra los totalitarismos de Estado, el Nazismo y el determinismo económico del Comunismo”.

El profesor Berzezinski quedó tan impresionado por las ideas del arzobispo polaco, que le invitó a tomar el té, y pudieron cambiar impresiones sobre el comunismo.

Un año mas tarde, en enero de 1977, el demócrata James “Jimmy” Earl Carter Jr. se convirtió en el trigésimo noveno presidente de los EE. UU. después de derrotar al republicano Gerald Ford, pese a las encuestas que favorecían a este último.

Cyrus Vance sustituyó a Henry Kissinger en la Secretaria del Estado.
El profesor de las Universidades de Harvard y Colombia, Zbigniew Berzezinski, nacido en Polonia, se convirtió en el Consejero de Seguridad Nacional de Carter.

La mayor parte del éxito en la carrera meteórica de Berzezinski, considerado como el verdadero “arquitecto” de la caída del telón de acero, se produjo precisamente cuando conoció en Harvard al arzobispo Wojtyla.

La relación entre ambos continuó años después, hasta la investidura de Wojtyla, ya como Papa Juan Pablo II, el 22 de octubre de 1978.

James M. Rentschler, ex embajador de EE. UU. y miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional durante la Administración Carter , llegó a confesar en 1998: “...fue un presidente americano (Carter) quien puso la primera piedra para elevar al cardenal Karol Wojtyla como el primer Papa no italiano.

Evidencias. Las fotografías del atentado han sido reexaminadas por la comisión en busca de información.

Así comenzó una iniciativa secreta que alteró el curso de la guerra fría.
Para Rentschler, “la primera idea vino de David Aaron, jefe adjunto del Consejero de Seguridad Nacional del presidente Carter, Berzezinski: “ Zbig (apodo del Consejero presidencial), fue él quien consiguió que el presidente se excitase sobre la posibilidad de un Papa venido del Este”.

Por esta razón la Casa Blanca envió el 22 de octubre 1978 a un plantel entero de altas personalidades, muchas de ellas de origen polaco, para la investidura de Karol Wojtyla, como Juan Pablo II.

Estuvieron presentes Thomas P. O’Neil y Berzezinski mismo, ambos católicos romanos, ambos pesos pesados del partido demócrata de Carter.

Para los enviados de la Administración de EE. UU. reunidos durante un almuerzo en Roma, “el nombramiento de un Papa del Este era el principio del fin para el comunismo”.
Los siguientes viajes de Juan Pablo II a su Polonia natal, en pleno telón de acero, consiguieron atraer la atención del mundo.

Las órdenes del Papa llamando a desafiar al partido comunista polaco, le convirtieron para la Administración de EE. UU. en “el látigo más efectivo contra el comunismo y el jugador más valioso de la guerra fría del mundo libre”.

Estados Unidos y el Vaticano


Mientras tanto, el terrorismo internacional financiado por el gobierno soviético era lo que más preocupaba a Berzezinski.

Conocedor de que la temida KGB no se iba a quedar de “brazos cruzados” ante este impacto papal, “Zbig” habló personalmente con el jefe de la estación de la CIA Roma.
El tema era una cooperación más estrecha entre EE. UU. e Italia: hacer más resistente la seguridad del Papa, y crear tácticas nuevas y más agresivas para combatir a las comunistas Brigadas Rojas que despedazaban Italia.

El verdadero miedo de Berzezinski no eran sólo las dificultades que iba a poner Moscú al Pontificado de su amigo Karol, sino los quebraderos de cabeza que iba a tener en su propia casa, con el todopoderoso partido comunista italiano.

El gran éxito de “Zbig” fue conseguir trabajar con el hombre que ejercía mayor influencia dentro del Santo Padre.

El cardenal Agostino Casaroli, estaba considerado como el brazo derecho de Juan Pablo II. Ocupaba el puesto de Secretario de Estado del Vaticano, y estaba considerado como un negociador resistente y sobre todo sutil, por eso se ganó el apodo entre la curia romana como el “Cardenal Kissinger”.
Hasta tal punto llegó el entendimiento con Casaroli, que Berzezinski abrió un canal privado entre la Casa Blanca y el Santo Padre.

Los miembros del Consejo de Seguridad Nacional doblaron la “línea caliente” entre el Vaticano y Washington.

Ali Agca, quien llevó a cabo el atentado contra el Sumo Pontífice nunca reveló un motivo para asesinarlo
Juan pablo II visitó a agca en la prisión y lo perdonó. El turco llamó al papa su “hermano espiritual”
El papa era considerado un peligro para los soviéticos por su apoyo al movimiento polaco “solidaridad”
Los Estados Unidos consideraban al papa Juan pablo II como “el látigo más efectivo contra el comunismo”

Esto motivó que durante los primeros años del Pontificado la correspondencia personal entre Carter y el Papa aumentara de una manera extraordinaria. Fue un intercambio sin precedentes entre un presidente americano que profesaba la fe bautista y un Pontífice católico.

Las cerca de cuarenta cartas, que aún permanecen clasificadas como confidenciales, cubren una gama de materiales altamente sensibles: control de armamento, derechos humanos, la lucha contra el hambre, malestar de los cristianos detrás del telón de acero, la cortina del hierro, las atrocidades soviéticas en Afganistán, la situación de los misioneros católicos en China, la influencia cubano en proceso de la paz de África, Oriente Medio, y sobre todo la financiación soviética al terrorismo internacional.

Tanto el presidente Carter como el Papa, siempre tuvieron cuidado de respetar la delicada línea que dividía lo político de lo pastoral.
(En este artículo se retoma la información divulgada por Periodista Digital y por la EFE).

El informe italiano

Una comisión parlamentaria de Italia concluyó que la entonces Unión Soviética manejó los hilos de una conspiración para asesinar al Sumo Pontífice en 1981

- Paolo Guzzanti, presidente de la comisión parlamentaria italiana que investiga el “caso Mitrojin” (sobre espías que trabajaron para el KGB soviético) ha afirmado que detrás del atentado contra el Papa Juan Pablo II estaba la KGB.

- El grupo considera que “dirigentes de la URSS tomaron la iniciativa de eliminar al Papa Karol Wojtyla y la transmitieron al servicio secreto militar para que adoptara todas las operaciones necesarias para realizar un delito de gravedad única”.

- El informe retoma la llamada “pista búlgara”. De acuerdo a esto, agentes búlgaros dieron cobertura al atentado ejecutado por el turco Ali Agca, quien llevó a cabo el atentado. Agca acusó a Sergei Antonov, ex jefe de las líneas aéreas búlgaras Balkan Air en Italia, de ser la persona que debía esperarle tras el atentado cerca de la plaza de San Pedro para facilitarle la huida.

De la KGB y los espías con sotanas

A finales de abril de 2005 levantó gran polvareda la noticia que llegaba de Polonia de que uno de los hombres más cercanos al Papa polaco Juan Pablo II, el padre dominico Konrad Stanislaw Hejmo, responsable de las peregrinaciones a Roma, habría sido desde los tiempos del régimen comunista en Polonia un informador para los servicios secretos de Varsovia y, por desgracia, no el único del clero local de la época.

La fuente de esta revelación fue León Kieres, presidente del Instituto Polaco de la Memoria Nacional, un ente público independiente cuyo estatuto fue aprobado en diciembre de 1988 por el Parlamento Democrático de Varsovia con el objetivo de restablecer la verdad histórica sobre la opresión nazi y comunista de Polonia desde 1939 a 1989, examinando para ello los archivos secretos de la policía secreta polaca.

Los “topos” católicos


El temido KGB creó una unidad especial dentro de la Policía Secreta de Polonia con el único objetivo de espiar a los sacerdotes más importantes de la Iglesia Católica. Y en los años 60, los “agentes” soviéticos en Cracovia tomaron un interés especial en el entonces desconocido Karol Wojtyla.

Uno de los “topos” dentro de la Iglesia polaca que más ayudaron a la Policía Secreta comunista fue Wladyslaw Kulczycki, un valioso informador hasta su muerte en 1968. Era un clérigo, compañero de Wojtyla, que enviaba informes regulares sobre Karol, considerado por la KGB como la estrella del levantamiento de la Iglesia católica polaca.

Años después de la muerte de Kulczycki, el dominico Stanislaw Hejmo pasó a desempeñar el puesto de “topo” oficial. El sacerdote Hejmo fue durante más de diez años, colaborador del Servicio de Seguridad, la Policía Política del régimen comunista en Varsovia.

Nada más ser nombrado Papa Karol Wojtyla en 1978, este dominico se ocupó del cuidado de los grupos de peregrinos que visitaban el Vaticano y era un personaje muy popular y querido entre los polacos, ya que organizaba las audiencias del Papa para los fieles venidos desde Polonia.

El padre Hejmo comenzó a verse con agentes secretos en el 75, hasta el 88, y desde el 81 estuvo en Roma. Hasta el 81 estuvo protegido por un funcionario del Ministerio del Interior de Polonia.

 

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