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FACILIDAD EN COMPRIMIDO
El fascinante y peligroso mundo del Éxtasis
Es una sustancia ilegal que circula mayoritariamente en la clase media y alta. Su precio ronda los 20 dólares por pastilla. En El Salvador, todavía no es significativa su presencia pero sigue la tendencia mundial de una edad precoz al inicio del consumo. Generalmente se la vincula a las fiestas electrónicas. Parece inofensiva pero causa serios daños cerebrales
Ferrari, Mitsubishi, Roll Roys, Audi y Mercedes son algunos de las denominaciones de la llamada droga del amor.
Las pastillas de éxtasis vienen en diferentes presentaciones y utilizan los logos y nombres de marcas reconocidas.
En El Salvador no es fácil conseguir este comprimido. El círculo es exclusivo, pero no es imposible de penetrar.
La primera pista la da un instructor de gimnasio. Al principio no quiere hablar abiertamente.
Después de varias consultas, y acordar que su identidad no sea, comparte lo que sabe al respecto. “En una zona marginal cerca de Multiplaza se consigue éxtasis.
Allí hay todo tipo de drogas. Hasta venden cocaína en forma de pupusas”, confiesa algo preocupado. Teme dar la impresión de ser consumidor.
Aclara que en esos lugares “tratan muy bien al cliente”, pero no se anima a dar más detalles del sitio donde se realizan las transacciones.
Además de las marcas de carros mencionadas, las droga en cuestión es reconocida por otros nombres:
Exclamation, Killers, Number One, Sunrise, Triangle, Adidas, Euro, Dove, Apple, E-mail y un largo etcétera. Todos son distintivos que intentan obtener el máximo beneficio en la venta del producto y dirigidos al público “de élite”.
Varias personas consultadas por Vértice desconocen los tipos que se distribuyen en el país. Todos coinciden en que cada comprimido cuesta alrededor de veinte dólares y que sólo se consigue en un círculo muy pequeño, debido a su alto costo.
“Por el precio no se ha difundido su consumo. Es una droga bien elitista”, asegura Luis Alfaro, terapeuta de Fundasalva (Fundación Antidroga Salvadoreña), quien comenta que su consumo se incrementa los fines de semana y en las fiestas de música electrónica.
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| El círculo donde se mueve el Éxtasis tiene algunos cÓdigos |
Comenzó en Ibiza, España
El éxtasis comenzó a nombrarse en las raves, un evento de música y baile de toda la noche, a veces incluso parte del día siguiente donde Dj y otros miembros de la cultura electrónica mezclan diferentes tipos de sonido. |
¿Dónde es?
Para evitar el acoso policíaco, el sitio de encuentro se mantiene en secreto hasta el último momento. Los ravers deben averiguar el lugar a través de sus amistades o por los teléfonos, que cambian constantemente. |
Su traslado a otros sitios
En un comienzo, las raves se realizaban en bares. En Inglaterra, por estar ligadas al consumo de drogas, se las prohibió. Por esta razón se desplazaron hacia lugares vacíos y campos abiertos. |
Agua y pepes
Se suelen entregar mapas para llegar al lugar designado para la fiesta. Ingerir mucha agua es básico, porque el éxtasis provoca deshidratación. También es necesario succionar, por eso hay chupetes y bombones. |
El éxtasis está dentro de la categoría de las llamadas drogas “sintéticas” o de “diseño” –junto con la ketamina, el popper y GHB, que todavía no han llegado–. Todas ellas se fabrican en laboratorios clandestinos que producen MDMA y metanfetaminas. Otra característica es que “los laboratorios pueden estar situados en cualquier parte del planeta debido al desvío de productos químicos de base con respecto a su destino declarado, según un informe de la Interpol sobre las drogas de síntesis publicado en su página web.
No hay datos sobre la existencia de estos laboratorios en el país. Se presume que llegan desde México vía Guatemala. Según el reporte de tráfico de drogas de la embajada de Estados Unidos (http://sansalvador.usembassy.gov/news/2005/reports/dt/introduccion.html), México es el principal abastecedor extranjero de metanfetaminas para los estadounidenses.
Entre los testimonios recogidos hay un denominador común: los distribuidores, conocidos como dealers, están en las colonias populares. “Una es la Colonia San Juan”, cuenta una mujer divorciada de 35 años que tiene varias amistades que consumen drogas desde los 14 y los 15 años.
Invisibles
Nueve pastillas de éxtasis. Ese es el único decomiso según un cuadro estadístico provisto por la División Antinarcóticos (DAN) de la PNC, que comprende el periodo 2001-2005.
Al parecer, la “Tormenta Tóxica” –la fiesta electrónica del sábado 23 de marzo de 2002, realizada en el rancho Amatecampo– fue el primer contacto de las autoridades con esta droga. Esta incautación se llevó a cabo al día siguiente y desde entonces no hay rastros de su consumo entre los salvadoreños.
Abelardo Díaz, de la Comisión Nacional Antidrogas, cuenta que “nuestra experiencia en drogas sintéticas es muy pobre”. Reconoce que en Europa el consumo per cápita del éxtasis es más alto que en América Latina.
Esto lo atribuye a la diferencia cultural. Coincide así con Henry Chacón, conocido como Dj Oz. “El salvadoreño se inclina por el alcohol”, reconoce. Pero no se queda ahí.
Para Chacón la prueba de fuego es que en las discotecas hay barra libre de alcohol. “Esto es contradictorio con el éxtasis”, enfatiza ya que una de las reglas básicas al consumirla es no mezclarla con alcohol.
Su apreciación no es errada. Varias estadísticas confirman la tendencia del bajo consumo en el país de MDMA . El estudio SIDUC 2003, sobre prevalencia nacional de consumo de drogas en escolares de III Ciclo y bachillerato, estipula que el 0.50 había probado éxtasis alguna vez en su vida. Sólo el 0.3 dijo que en el último año y 0.1 durante el mes de la encuesta. Estos datos no significan que ya son adictos, sólo reflejan el consumo al momento del sondeo, el último de este tipo.
El departamento de investigación y evaluación de Fundasalva tiene sus propios datos. El perfil de los pacientes atendidos por primera vez refleja que, en general, son personas policonsumo, es decir, que utilizan varias drogas.
“Tenemos pacientes que consumieron éxtasis pero en la mayoría de los casos no es la droga problema. Sólo 3 ó 4 casos son sólo de éxtasis. La gran parte de los usuarios la utilizan para ir a bailar. Las otras las usan en cualquier momento”, asegura.
El primer caso que atendieron fue en 1998. El año pasado, el número de pacientes que reconocieron haber consumido éxtasis aumentó. Ahora representan el 4.8% de los pacientes: 11 personas.
El Estudionacional de conocimientos, actitudes y prácticas en torno al consumo y abuso de SPA (sustancias psicoactivas) en El Salvador muestra que sólo el 1% de los encuestados probó éxtasis alguna vez en toda su vida.
El grupo con mayor porcentaje es el de 25 a 34 años, con el 2%.
Estos datos son retomados por Chacón, quien afirma que el ambiente en El Salvador es sano. “De 4 mil personas que están en las discos, menos del 1% consume éxtasis”, dice.
Otro indicador
En nuestro país no hay que poner énfasis en la cantidad de consumo sino en la edad de los consumidores, muchas veces pre adolescentes.
Así lo indica el Estudionacional antes citado. “Las prevalencias del consumo de éxtasis, al igual que de otras drogas como ácidos, hongos alucinógenos, opio, heroína y morfina, muestran niveles poco significativos en comparación con la marihuana, la cocaína, los inhalantes y el crack.
Sin embargo, entre los consumidores de éxtasis se vuelve a evidenciar la tendencia de la precocidad en la edad de inicio de consumo, “particularmente en el grupo de menores de edad”, sostiene la investigación.
El promedio de edad en el uso de éxtasis es de 13.9 años. Esto puede parecer alarmante, pero no lo es si se compara la situación con otras sustancias ilegales.
Si se analizan todas las drogas, en general el consumo comienza a los 13.2 años con la cocaína o combinaciones. Similar es el caso de los inhalantes (13.3 años en promedio), el crack (13.5 años en promedio) y la marihuana (13.8 años en promedio).
Otro indicador que llama la atención de este estudio es que se estima que aproximadamente 134,000 personas consumen drogas ilegales.
La crueldad de los datos no termina allí. Los grupos más expuestos al riesgo (12 a 24 años) representan un 43% del total, seguidos por los consumidores de 25 a 34 años (39%) y por último los mayores de 35 años (18%).
Las opiniones recogidas por la investigación sobre la gravedad del problema de consumo de sustancias psicoactivas refleja que el uso de la marihuana (74%) está por debajo del consumo de cocaína y crack (ambos con 78%). El éxtasis apenas supera el 70% y por debajo están el consumo de licores (58%) y cigarrillos (50%).
En general, el sexo, la degradación familiar, el nivel educativo y la ocupación no son índices que tengan relevancia por sí solos. Es más, no hay diferencias a grandes rasgos entre estos ítems en la encuesta consultada.
La edad prematura en el consumo de éxtasis no sólo es un fenómeno salvadoreño. Los narcotraficantes han encontrado la forma de llamar la atención a una audiencia cada vez más joven.
La imagen de Harry Potter, el famoso mago de J.K. Rowling, está estampada en píldoras de éxtasis, informó esta semana la DEA.
La falsa promesa de una pastilla
El éxtasis promete a sus consumidores una intensa sensación de bienestar. Por eso se la conoce como la droga del amor. Pasados de 30 a 45 minutos luego de su ingesta, el rostro del consumidor cambia por completo. Las pupilas se dilatan y muestran una sonrisa que “no se quita con nada”, según quienes los han visto.
Parece el comprimido ideal. También aumenta la energía y la sensualidad circula en el aire. Pero son pocos los que saben que el éxtasis provoca una fuerte dependencia psicológica e incluso puede generar cuadros clínicos muy graves, que llevan a la muerte.
En el mundo, el auge entre los más jóvenes comenzó en los años 90. El MDMA, más conocido como éxtasis, es una droga psicoactiva de origen sintético, con propiedades estimulantes. De ahí su novedad. Está totalmente desligada al prototipo del drogadicto de los 70 y 80.
Su consumo masivo se vincula a ciertos festivales de música electrónica, conocidos como “raves”. Sin embargo, no es exclusivamente el único contexto en el que se utiliza. A pesar que es una sustancia ilegal, numerosos científicos argumentan a favor de ella por sus propiedades para hacer aflorar pensamientos y recuerdos reprimidos.
Los que están a favor de su uso sostienen que no dispara los disturbios y problemas que desata el alcohol ni degradan el cerebro y los reflejos al ritmo lento pero firme de la marihuana, según un artículo del Clarín de Argentina. Otro punto es que tampoco suma adictos con la velocidad de la cocaína, ni destruye vidas con la voracidad de la pasta base.
Los ex combatientes de Vietnam utilizaron terapia con esta droga como un modo de explorar sentimientos sin alterar percepciones. Dicen que incrementó su autoestima y les facilitó una comunicación más directa para enfrentar la post guerra.
Los efectos adversos pasan por varios puntos: sensación de malestar general, pérdida de control sobre uno mismo, deshidratación, pérdida de peso y pérdida de la memoria.
El MDMA produce una subida de la temperatura corporal o hipertermia y un incremento en la presión arterial y el pulso. El éxtasis obliga a evitar el alcohol y a consumir más agua de lo normal.
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