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INTERNACIONAL
Dicen estar listos para una guerra
Aún con la sombra
de la guerra contra Iraq, ocurrida entre 1980 y 1988, los iraníes
dicen estar dispuestos a enfrentarse nuevamente. Esta vez contra aquel
país que se oponga a sus proyectos de ejecutar el plan nuclear,
el que —aseguran — es con fines pacíficos. Por el
momento, la confrontación es verbal.
Teherán.
Sadeghy Tajadin quita las flores marchitas y le da un beso a la tumba
de su hijo, Majid. Así comienza su rito cada lunes y viernes
desde hace dos décadas.
Majid tenía 18 años cuando murió peleando en la
guerra entre Irán e Irak (1980-88). Estaba destinado a las montañas
del Kurdistán. No hay un recuento exacto de lo que sucedió,
pero aparentemente Majid murió a causa de las armas químicas
que utilizaron las fuerzas de Saddam Hussein.
Sadeghy no pudo recuperar su cadáver sino hasta cuatro años
más tarde, cuando había terminado la guerra. Lo encontró
en una tumba de un “NN” gracias al dato que le dio un vecino
y su intuición de madre que buscó por entre los archivos
del cementerio hasta que reconoció el uniforme de su hijo por
unas roturas que ella le había zurcido.
“Sueño con mi hijo cada día. Y cuando escucho de
estas cosas de que pueden atacarnos porque queremos tener nuestra energía
nuclear, me lo imagino peleando de nuevo. Creo que si hay una nueva
guerra se levantaría para volver a pelear”, me dice Sadeghy
mientras le caen unas lágrimas por su rostro pálido que
se destaca en el marco de su hejab (manto) renegrido.
El lugar está repleto de banderas iraníes y las fotos
de los dos grandes ayatollahs y líderes supremos, Khomeini y
Khamenei. Pero por sobre todo, impresionan las fotos de los caídos.
La mayoría jovencísimos, barbudos, de mirada limpia. Me
recuerdan a las fotos de los desaparecidos argentinos.
Entre las tumbas aparecen varias otras mujeres que vienen a cumplir
con el mismo rito en éste, el cementerio de los “shajid”,
los mártires de la guerra. La revolución islámica
venera muy especialmente a los cientos de miles de jóvenes que
perdieron la vida en esa confrontación fabricada por Saddam con
el apoyo de sus aliados de entonces en Europa y el guiño de Estados
Unidos.
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| Debate. Se supone que los cinco
miembros permanentes del Concejo de Seguridad de la ONU presionarán
a Irán para que abandone el enriquecimiento de uranio. |
Y este cementerio
que oficialmente lleva el nombre de Beheshte Zara, en las afueras de
Teherán y al lado del enorme santuario que contiene la tumba
del Ayatollah Khomeini, es una especie de gran monumento al orgullo
nacional y al fervor patriótico.
Por los parlantes
se escuchan constantemente marchas nacionalistas. Y en el centro del
cementerio está el Museo de la Guerra y los Mártires donde
se conmemora cada batalla y se suceden las vidrieras repletas de uniformes,
máscaras antigas, kalashnikovs, y hasta un tanque y un jeep de
la Cruz Roja iraní alcanzado por una bomba.
Preparados
Uno de los guardias me lleva hasta donde está trabajando Seyed
Hossein Danaie, un veterano de la guerra que hace trabajos voluntarios
en el cementerio. Apenas me presento me dice que si estoy en Teherán
por la nueva guerra, “ya vaya sabiendo quien va a ganar”.
Se refiere a las amenazas de Estados Unidos y las posibles sanciones
de las Naciones Unidas si Irán no desmonta su programa de desarrollo
nuclear.
¿A usted le quedaron ganas de una nueva guerra?, le pregunto.
“Voy a defender a mi patria hasta la muerte. Ellos tendrán
la bomba, nosotros tenemos la fe, y con nuestra fe derrotaremos a cualquiera”,
me dice con convicción.
Ese es precisamente el mismo sentimiento que se expresó este
fin de semana a unos pocos kilómetros del cementerio, en la residencia
del Líder de la Revolución Islámica, el ayatollah
Seyyed Ali Khamenei, el hombre que sucedió a Khomeini y figura
máxima del poder en este país.
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| Tradición. La oración
es continua para este pueblo. |
“La Nación
Iraní se mantiene firme como el acero contra las presiones y
conspiraciones...Estados Unidos se opone a las actividades nucleares
específicas de Irán porque quiere una excusa para continuar
con su guerra sicológica contra la República Islámica
y que no obtengamos el acceso a la tecnología moderna”,
dijo ante la Asamblea de Expertos, un organismo de 70 miembros elegidos
por voto popular que tiene, entre otras, la facultad de remover al propio
Líder Supremo.
Y el ministro del Interior, Mostafa Pur-Mohammadi, fue mucho más
específico. Directamente amenazó a Estados Unidos y al
mundo Occidental. “El peso de las sanciones será definitivamente
más duro para la comunidad internacional que para nosotros.
Nuestro país dispone del mayor y más sensible canal de
transporte energético de mundo”, dijo el viernes en una
ceremonia oficial. Se refería al control que ejerce Irán
sobre el Estrecho de Ormuz por el que transitan la mayoría de
los barcos que transportan el petróleo del Golfo Pérsico.
Cálculos
La confrontación verbal de Irán con Estados Unidos se
incrementa hora a hora mientras se acerca la reunión del Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas que pronto decidirá si impone
o no sanciones contra el gobierno de Teherán.
Los cinco miembros permanentes del Consejo (EE.UU., Gran Bretaña,
Francia, Rusia y China) se supone que presionarán a Irán
para que abandone el enriquecimiento de uranio y detenga la construcción
de un reactor en Natanz, cerca de la ciudad de Isfahan. Pero no hay
un consenso.
Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos procuran que la ONU emita
una declaración en términos duros, mientras que Rusia
cree que hay que dejar una puerta abierta a Teherán y seguir
negociando. Se cree que China comparte la iniciativa rusa.
“Ni rusos ni chinos quieren que los iraníes tengan la bomba
atómica, ya que modificaría los equilibrios regionales,
pero tampoco quieren aislar a Irán”, me comenta un diplomático
en una representación del barrio alto de Teherán. “Tanto
Moscú como Beijing son socios importantes de Teherán.
Los rusos están construyendo la central nuclear y los chinos
necesitan el petróleo del cuarto exportador mundial de crudo
para su crecimiento económico”, agrega el diplomático.
Los europeos, pese a haber impulsado el envío del caso iraní
al Consejo de Seguridad, tampoco están interesados a llegar a
una confrontación abierta. “Nuestro objetivo es político,
para nada punitivo. La mano continúa tendida”, dijo el
canciller británico Jack Straw recientemente.
Pero Washington no está dispuesto a ceder. “Irán
es nuestro mayor desafío porque quiere desarrollar armas nucleares
y entorpecer la democracia en Oriente Medio”, dijo recientemente
la Secretaria de Estado Condoleeza Rice.
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| Respaldo. Miles de milicianos
externan, casi a diario, su apoyo a la polémica iniciativa
nuclear. |
En Teherán
pocos quieren hablar abiertamente con un periodista extranjero sobre
el tema. Uno de ellos es el clérigo Mohsen Alviri, un hombre
clave del régimen que tiene su oficina en la universidad Imam
Sadigh, donde se forman los cuadros de la Revolución. “Si
nos llegan a atacar, verán nuestro poder.
No tenemos una bomba nuclear, pero tenemos una fuerza aun más
poderosa. En los 27 años desde la Revolución islámica
Estados Unidos ha ido perdiendo poder y nosotros nos fortalecimos. Si
creen que nos pueden dañar ahora son muy estúpidos. La
historia muestra claramente que cada país que nos quiso invadir
termino adoptando nuestra cultura”.
De regreso al cementerio de Beheshte Zara, Sadeghy, la madre del mártir
Majid, termina de acomodar las flores, reza una plegaria y sale caminando
despacio por entre las tumbas como una sombra negra y profunda.
La memoria de la guerra esta intacta en todos y cada uno de los iraníes.
Pero eso no parece ser un muro infranqueable para ir a pelear nuevamente
si se trata del ancestral orgullo nacional de los persas.
“Teherán
de norte a sur”
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| Reservas. Esta imagen corresponde
a la Teherán más conservadora, donde el shiismo es
muy fuerte. |
Avanzamos por la
avenida Posdaram con el taxi blanco y anaranjado. Es un auto Peykan
de fabricación nacional. Son una especie de Dodge 1,500 que ya
no se fabrican más y que los taxistas consiguen por un cuarto
de lo que vale un auto importado.
Cuando llegamos a la plaza de Farmanyad nos topamos con un enorme cartel
de Rolex, apenas separado por otro de carteras Escada. Acá en
el norte de Teherán, el dinero no parece ser un límite.
Hay una gran sofisticación. Y en ciertos sectores de la zona
de Jordan recuerdan a la Recoleta o, directamente, a Plaza España
de Roma.
Delante nuestro se levantan magníficas las montañas nevadas
de Alborz. Avanzamos hacia el mercado de Tajrish, el bazar donde compra
la clase acomodada iraní. El tráfico es pesadísimo.
Dicen que es así todo el año, pero que ahora esta peor
porque la gente esta haciendo las compras del Noruz, el año nuevo
persa que se festejaban el 21 de marzo.
Mientras avanzamos lentamente se puede ver como en cada cuadra se van
liberalizando las costumbres. Acá ya es muy raro ver a una mujer
totalmente tapada por un velo negro. Y empiezan a aparecer las chicas
vestidas a la occidental con apenas un pañuelo algo caído
en la cabeza.
El norte de Teherán se parece más a la Turquía
que se abre para entrar en Europa que a la Arabia Saudita que se ve
y se siente en el sur y en ciudades ultra religiosas como Qom o Isfahan.
“Esto es un feudo inexpugnable. Acá no va a venir a imponer
nada la policía religiosa”, me dice Somayeh, una chica
que estudia abogacía en una universidad privada.
Vi actuar a la policía religiosa el día anterior, pero
en el bazar del centro de Teherán. Tienen unas pecheras blancas
que usan sobre el uniforme verde. Se estaban llevando a un muchacho
que parecía drogado.
Cuando levanté la cámara para fotografiar la escena, la
traductora y el chófer empezaron a los gritos. “Ni se te
ocurra”, me dijeron. “Estos te detienen y si sos extranjero
se diviertan más con vos”.
Media hora mas tarde estamos rumbo al sur. Vamos en busca de una clínica
de rehabilitación de drogadictos del Proyecto Persepolis. El
barrio es más parecido al suburbio de cualquier ciudad grande
latinoamericana. Las aguas servidas bajan por zanjas abiertas.
Los chicos juegan a la pelota en los pasillos estrechos donde aparecen
casas de material, pero modestas. Acá todo vuelve a ser negro.
Las mujeres van con sus chadores que las cubren absolutamente, que arrastran.
El pequeño tambor con fuego que calienta un enorme samovar para
hacer el te dulce y aromático, queda solo por un momento. El
vendedor saca su pequeña alfombra donde se tiende a rezar.
Acá las mezquitas no llaman al rezo de la tarde, pero todos parecen
saber exactamente la hora porque al unísono varios hombres cruzan
la calle y se arrodillan a rezar en la plaza de enfrente. Los chicos
hacen silencio y dejan de jugar.
“Este es un barrio donde el shiismo es muy fuerte. Aquí
todos somos fervorosamente creyentes”, me dice el vendedor de
té cuando regresa a su puesto. Me alcanza un pequeña copita
de vidrio fino y me hace señas para que el azúcar me lo
ponga en la boca antes de sorber el primer trago.
Desde aquí las montañas aparecen casi imperceptibles.
El otro mundo, el sofisticado, el occidentalizado, queda muy lejos cuando
están separados por apenas una hora de viaje.
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