2 de abril de 2006


El mismo esfuerzo

Pero diferente

Los cinco días de competiciones, desde el lunes 27 hasta ayer, dejaron claro porqué los primeros Juegos Latinoamericanos de Olimpiadas Especiales son una disputa deportiva más, pero diferente.

Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


Celebran. Carmencita Morales, de Costa Rica, abraza a su paisana, la atleta Ciros Mendoza.
El público que convocaron en sus múltiples escenarios (el Polideportivo Ciudad Merliot, el Gimnasio Adolfo Pineda y Palacio de los Deportes, el estadio Mágico González, la Feria Internacional) presenció reacciones propias de atletas en su momento de máximo esfuerzo, y toda una serie de situaciones inusuales en cualquier competencia.

Por la segunda característica, más que por las marcas logradas, es que estas olimpiadas fueron especiales. Especiales no solo como eufemismo, por involucrar a deportistas con discapacidad intelectual.

Así, especiales fueron, por ejemplo, las dos actuaciones del salvadoreño Wilfredo Merino, un nadador autista de nueve años de edad. Ambas le valieron medalla de oro. La primera la recibió a las seis de la tarde del miércoles, por vencer en los 25 metros libres. La segunda el jueves, en 15 metros de nado sin asistencia.

“Hasta hace dos meses no podía ni flotar. Poco a poco fue entendiendo que no tenía que tocar lo carriles, y aprendió en qué dirección debía nadar”, informa Daniel Valencia, dedicado entrenador de natación.

Fuerza. El tico Huber Corea pone todas sus energías en esta prueba atlética.
Por su condición de autista, Wilfredo solo atiende a su padre, de igual nombre. Éste lo acompaña cada jornada de entrenamiento y es quien se mete en la piscina con el atleta.

Sin dar lugar a excepciones, el miércoles la presencia paterna fue incondicional.

Wilfredo hijo comenzó a nadar, alejándose de la salida. A medio trayecto aminoró velocidad.

Amenazaba con parar. Frente a él, 12 metros más allá, le esperaba su padre. Apoyado en la orilla de la piscina, sostenía en alto, cual cebo, una botella de Gatorade rojo. “Dale, dale Wilito, por acá”, le gritaba. Wilito sonrió, y aceleró. El graderío se emocionaba. Fue el primero en alcanzar el extremo opuesto de la alberca.

La celebración del triunfo también fue diferente: Wilfredo arrebató la bebida energética a su padre, y se dispuso a tomarla en el agua. El progenitor, habituado a remojarse junto a él, se lanzó a la alberca.

Y el jueves de 15 metros de nado sin asistencia, prueba para las mayores discapacidades, el comportamiento fue similar. Wilfredo hijo parecía confuso respecto a la dirección en la que debía nadar. Su padre, el incondicional, entregó un bombón a uno de los dos salvavidas que acompañan, sin tocarlo, a cada atleta en esta prueba. Otra vez el cebo.

Fiesta. Un atleta dominicano pone “sabor” caribeño a la competencia tocando, entusiasmado, una tambora.

Pero también hubo actuaciones especiales fuera de competencia. Como la del levantador de pesas Down Fredy Noé Aguilar, a quien disgustó más que la edecán de turno no pudiera tomarse una foto con él en ese preciso instante en el que él se lo solicitó, que cualquier mala marca en la competición.

O la de su colega Manolo Cornejo, el portador de la antorcha y el que más cámaras acaparó en las jornadas deportivas, a las 11 de la mañana del jueves en la Feria Internacional. El dandy de los juegos se dirigió a la zona de levantamientos, y sin mucho esfuerzo alzó 50 kilos. Era fuera de competencia. El público igual lo ovacionó.

Contagiado por la reacción de los espectadores, se dirigió a la mesa en la que se encontraba la Primera Dama. La abrazó, y se colgó medallas de otra naturaleza, no material; tras besos y fotos, se retiró.

Los atletas participantes de las ocho disciplinas oficiales (atletismo, natación, baloncesto, fútbol, gimnasia rítmica, tenis unificado, bochas y levantamiento de pesas) y de la equitación (deporte de exhibición) fueron discapacitados intelectuales. Los primeros Juegos Latinoamericanos de Olimpiadas Especiales, especiales.

La prueba
Fredy Noé Aguilar ganó varias medalles de oro en diferentes categorías.
El berrinche
Su alegría se tornó tristeza cuando una edecán no se fotografió con él.
El triunfo
Las lágrimas de Fredy conmueven a la joven quien lo busca para consolarlo.

 

 

Copyright 2006 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.