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LA
OPINIÓN
La
huelga del sexo
En el año 411 antes de Cristo, Atenas vivía uno de los
períodos más sombríos de su historia. Sus ejércitos
perdían la guerra contra Esparta al mismo tiempo que una guerra
civil desgarraba los cimientos de esta cuna de la civilización
occidental. ¿Qué ocurría?
En El Salvador, un país que ha vivido invasiones, conflictos
contra sus naciones hermanas y guerras civiles, sabemos perfectamente
que la paz no se gana con argumentos morales. Pero hace 2 mil 417 años,
las mujeres atenienses señalaron la vulgar soberbia de los hombres
y ganaron la paz con una huelga de sexo.
Un momento. ¿Qué fue lo que dije? ¿Una huelga de
sexo? La respuesta es un contundente sí. Las mujeres se organizaron
y rehusaron hacer el amor con sus maridos e, incluso, con sus queridos
amantes. La curiosa estratagema tuvo éxito. Los hombres no soportaron
más esa abstinencia, se rindieron ante las demandas de las mujeres
y firmaron la paz.
Si el suceso parece demasiado extraño para ser cierto, es porque
se trata de la hilarante historia de “Lisístrata”,
una obra escrita por Aristófanes (c. 445 a.C.-380 a.C), el más
famoso comediógrafo de la Grecia antigua. No por que sea una
historia cómica, sin embargo, hay que descartarla. Sucede que
el contexto histórico sí fue real: ese año Atenas
perdía una cruenta guerra mientras se desgarraba por otra internamente.
Necesitamos recordar otro detalle no menos importante: Atenas era una
democracia, una nación gobernada por sus ciudadanos. La idea
de que los ciudadanos no sólo pueden, sino que deben protestar
contra sus gobernantes cuando se rompe el contrato social que legitima
su poder es tan antigua como la democracia misma. Y la historia demuestra
que cuando no hay condiciones para protestar algo extraño sucede:
la literatura se hace cargo.
En este sentido, la protesta de las mujeres atenienses sí ocurrió.
El público ateniense vio la obra de Aristófanes en masa
y se río a carcajadas de la ocurrencia de Lisístrata y
de las tribulaciones y aventuras de los personajes. Pero se rió
sobre todo de los hombres encandilados sexualmente, en su mayoría
políticos aberrantes, arrogantes y soberbios que al no tener
cómo satisfacer sus deseos se doblegaron, impotentes.
Lo que antes no se podía discutir de pronto estuvo en boca de
todos. No, los atenienses no hablaban de los “verdaderos”
políticos ni de la “verdadera” guerra, pero al mismo
tiempo sí lo hacían, porque el teatro había hecho
realidad la frustración que sentían los ciudadanos ante
dos bandos políticos polarizados e incapaces de resolver los
problemas de la nación.
La presentación en El Salvador de “Lisístrata”,
la más famosa obra de Aristófanes no podría ser
más oportuna. Hoy, por última vez, se presentará
a las 5 de la tarde en el Teatro Poma, Metrocentro (tel. 2261-1029).
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