31 de diciembre de 2005


LA OPINIÓN
Lección sin fronteras

Florencia Couto
vertice@elsalvador.com

Este país es acogedor para los miles de extranjeros que vivimos aquí. Su caluroso clima es un beneficio para los que nacimos en lugares con temperaturas tan dispares entre las diferentes estaciones.

En El Salvador el sol nunca falla. Es raro pensar en un día sin que el cielo esté celeste y el sol queme la piel de tanto calor.

Esto debe tener que ver con la personalidad de los salvadoreños, que rara vez están de mal humor, a diferencia de los de Argentina, que sufrimos de depresión y donde algunos la llaman la tierra de Freud, por el gran apogeo y seguidores del psicoanálisis.

La primera vez que me mencionaron El Salvador me fallaron las clases de geografía del colegio. Pensé que quedaba abajo de México y no de Guatemala. Esa apreciación duró poco. Al ver el mapa, lo siguiente que me pasó por la cabeza fue el pequeño tamaño del país que iba a recibirme. Mucho después supe que le decían el pulgarcito de América, una manera muy simpática de referirse a esta parte del mundo.

Aquí hay muchas diferencias con mi querida Buenos Aires. Allá los buseros no gritan a los pasajeros para que suban, tampoco contamos con autobuses que parecen más piezas de museos que medios de transporte, ni con el regateo típico que se escucha en los mercados de todo El Salvador.

En Argentina, que los hombres orinen en lugares públicos no sólo es una infracción a las leyes municipales sino también algo de mal gusto. Y acá va una aclaración importante: tampoco contamos con baños públicos. Simplemente la gente se aguanta o va al primer bar que se le cruza.

Pero a pesar de las diferencias marcadas con la capital de Argentina –que es considerada por muchos como casi europea, por sus teatros, por su actividad cultural y su arquitectura–, El Salvador tiene un encanto amigable y casi exótico que es difícil dejar de apreciar
después de varios años residir en él.

Aquí hay derroche de gente trabajadora. Tanto hombres, mujeres, como niños, buscan la manera de conseguir dinero para alimentar a los suyos y salir adelante. También hay abundancia de sonrisas, a pesar de que no viven en las mejores condiciones.

Las lluvias de Stan fueron una muestra de ello para el mundo entero. Las imágenes que se recibieron en otras capitales eran alarmantes. Sin embargo, los afectados ponían la mejor cara ante el hecho de la naturaleza. Esto es admirable y digno de imitar.

Todas las nacionalidades tienen cosas buenas y otras no tanto. Lo positivo de conocer otras culturas es poder absorber y aprender esos valores positivos que no conocemos. Y con esto no sólo quiero decir que los salvadoreños deben aprender de otras culturas.Los extranjeros que vivimos aquí tenemos el deber de conocer y respetar las tradiciones salvadoreñas. De este intercambio se puede lograr una mejor sociedad.


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