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De
la Portada: Arte Desprotegido
El maestro del ballet
Otto Ángel, uno de los pioneros de la danza en
el país. Trabajó al lado de otra importante maestra, Alcira
Alonso, y también bajo la tutela de Madame DAmbre, la fundadora
del Ballet Nacional allá por 1951

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Llegó al ballet por casualidad,
en la época dorada de Bellas Artes, cuando la alcaldía
municipal administrada por el doctor Herrera Rebollo proyectaba la cultura
en todas la comunidades, sobre todo las marginales.
Otto Ángel ingresa al Ballet Nacional de El Salvador en 1952
por la insistencia de la actriz salvadoreña Gilda Levín.
No pretendía estudiar danza, mucho menos ballet, pero por la
efervescencia de las artes y atraído por famosos maestros extranjeros
de la época, aprende y domina varias ramas de la danza: clásica,
española y moderna. Mientras se forma como bailarín, trabaja
en las oficinas administrativas de La Constancia y termina los estudios
de bachillerato.
Viaja y se presenta al lado de Alcira Alonso por todo el país.
El Ballet alcanza un elevado nivel profesional y las presentaciones
se realizan con la Orquesta Sinfónica Nacional. Estudia las técnicas
de la escuela de Martha Graham, de Nueva York, y se dedica de lleno
a la danza. Para esos días, el Ballet funcionaba por las tardes
en el Jardín Infantil (hoy guardería nacional,
contiguo a la Alcaldía de San Salvador).
Su primera presentación en Santa Ana, a principios de la década
de los 70 (un lugar cuyo público tenía la fama de ser
difícil) se convierte en un éxito total.
Continúan los programas de difusión apoyados por la alcaldía
y de aquellos días recuerda cómo Herrera Rebollo tenía
la idea de elevar el nivel cultural de la población: Quería
darle una oportunidad a estas gentes. Quería sacar a los mejores
(bailarines) e integrarlos en un grupo central. Era una manera de estimular
la danza. Hoy falta ese tipo de promoción, comenta.
Sin embargo, es con la gestión de Walter Béneke cuando,
según él, el ballet sufre un bajón importante.
Ya antes le había comentado a Salarrué la necesidad de
cobrar por las presentaciones para el mantenimiento de la compañía,
pero aquél le respondió que la ley no lo permite.

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Si lo hubiéramos hecho, el
Ballet se hubiera convertido en una gran compañía nacional.
Pero con los cambios de gobiernos fueron perdiendo el interés,
recuerda.
Don Otto deja el Ballet Nacional en 1972 y desde entonces se dedica
a dar clases particulares. Siempre he pensado que hay que descentralizar
las artes de San Salvador. Esa fue una de las razones por las que trabajé
cerca de 18 años en San Miguel, en una época donde nadie
enseñaba estas cosas fuera de la capital, indica. Posteriormente,
fue profesor del Ballet de El Salvador.
Otto Ángel piensa que en la actualidad la mayor deficiencia radica
en la falta de promoción y difusión de la cultura a nivel
nacional. No existe una academia formal, así como el apoyo al
artista joven y sobre todo el reconocimiento al artista por su trayectoria.
Hay que darle paso a las juventudes y ayudarles. En los estratos
sociales bajos hay genios dormidos que esperan por una oportunidad.
Pero hace falta visión, inversión, razonamiento,
añade el artista.
Los políticos deben entender que se trata de invertir,
¡Porque las artes cuestan! Y porque son el producto que refleja
el espíritu de la nación y lo reflejan ante los otros
pueblos. Esa es su importancia, agrega.
Pero la concepción que tiene Ángel sobre el desarrollo
de la danza en El Salvador implica establecerla en las ciudades de Santa
Ana y San Miguel para crear centros de arte que tengan una función
distinta a las que tienen las Casas de la Cultura. Pero, eso sí,
que éstas sean más académicas, concluye.
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