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LA
OPINIÓN
Publicidad
aberrante
Tan
aberrante es el fundamentalismo religioso, la esclavitud y el racismo
como la cosificación, que existe hacia la mujer en
mucha de la publicidad que vemos.
Es común que ciertos productos vendan mostrando el cuerpo de
una fémina semidesnuda. Si bien no son las únicas formas
de publicidad sexista, en El Salvador éstas son mucho más
comunes. Desde bebidas alcohólicas, baterías de carros
hasta marcas de cigarros.
Yo me pregunto ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI
haya tolerancia hacia este tipo de prácticas publicistas? ¿Cómo
es posible que haya personas que hoy en día defiendan a capa
y espada los derechos humanos, pero que por otro lado abonen a reproducir
patrones machistas como estos?
Hace un par de días dos jóvenes entraron a un restaurante
en el que me encontraba. Llevaban un short pequeño muy ajustado.
Demás está mencionar las sonrisas y comentarios de doble
sentido que despertaron en casi todos los comensales que se encontraban.
Las chicas estaban invitando a consumir una marca de cigarro. Pero puedo
asegurar que fueron pocos los que prestaron atención a sus palabras.
Las jóvenes sonreían nerviosamente mientras algunos hacían
gestos degradantes hacia las jóvenes.
Al ver que nadie prestaba atención a la marca de cigarro, abandonaron
el lugar. Los murmullos se convirtieron en carcajadas y en comentarios
vulgares.
Ese sólo fue un episodio más, pero no es un hecho aislado.
La idea de que la dignidad de una mujer es una condición relativa
es común en una sociedad machista como la salvadoreña.
Y digo machista porque esas actitudes y comentarios rebajan injustamente
la dignidad de la fémina.
La publicidad sexista también es una forma de violencia, pues
reproduce esquemas de discriminación, algo que se perpetúa
en la mente de la población. Un círculo vicioso que por
momentos no parece terminar.
Tan responsable es el que acosa como el publicista o el medio de comunicación
que fomenta las actitudes machistas.
Creo que es urgente que haya una sensibilización al respecto.
Estos patrones de conducta no deberían de tolerarse en una sociedad
que se dice defensora de los derechos humanos.
De nada sirven las leyes o las ordenanzas municipales que regulan el
acoso sexual si persiste la idea que la mejor forma de vender un producto
es mostrar poses o actitudes sexuales atribuidos, arbitrariamente, hacia
la mujer. Como el de la mujer exótica que muestra sus encantos
femeninos, para convencer a un hombre a que tome un tipo de bebida
alcohólica.
No falta el que piensa que las mujeres son las únicas responsables
del acoso por andar vestidas así, o por acceder a
trabajar con la marca determinada. De cualquier forma, no existe ninguna
razón que justifique la denigración de la mujer.
Mucho tenemos que cambiar si queremos ser consecuentes con lo que predicamos.
Vivir en una sociedad democrática y defensora de los derechos
humanos incluye una convivencia de respeto hacia las personas, sean
mujeres u hombres.
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