31 de julio de 2005


LA OPINIÓN
Publicidad aberrante

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com


Tan aberrante es el fundamentalismo religioso, la esclavitud y el racismo como la “cosificación”, que existe hacia la mujer en mucha de la publicidad que vemos.

Es común que ciertos productos vendan mostrando el cuerpo de una fémina semidesnuda. Si bien no son las únicas formas de publicidad sexista, en El Salvador éstas son mucho más comunes. Desde bebidas alcohólicas, baterías de carros hasta marcas de cigarros.

Yo me pregunto ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI haya tolerancia hacia este tipo de prácticas publicistas? ¿Cómo es posible que haya personas que hoy en día defiendan a capa y espada los derechos humanos, pero que por otro lado abonen a reproducir patrones machistas como estos?

Hace un par de días dos jóvenes entraron a un restaurante en el que me encontraba. Llevaban un short pequeño muy ajustado. Demás está mencionar las sonrisas y comentarios de doble sentido que despertaron en casi todos los comensales que se encontraban.

Las chicas estaban invitando a consumir una marca de cigarro. Pero puedo asegurar que fueron pocos los que prestaron atención a sus palabras. Las jóvenes sonreían nerviosamente mientras algunos hacían gestos degradantes hacia las jóvenes.

Al ver que nadie prestaba atención a la marca de cigarro, abandonaron el lugar. Los murmullos se convirtieron en carcajadas y en comentarios vulgares.

Ese sólo fue un episodio más, pero no es un hecho aislado. La idea de que la dignidad de una mujer es una condición relativa es común en una sociedad machista como la salvadoreña. Y digo machista porque esas actitudes y comentarios rebajan injustamente la dignidad de la fémina.

La publicidad sexista también es una forma de violencia, pues reproduce esquemas de discriminación, algo que se perpetúa en la mente de la población. Un círculo vicioso que por momentos no parece terminar.

Tan responsable es el que acosa como el publicista o el medio de comunicación que fomenta las actitudes machistas.
Creo que es urgente que haya una sensibilización al respecto. Estos patrones de conducta no deberían de tolerarse en una sociedad que se dice defensora de los derechos humanos.

De nada sirven las leyes o las ordenanzas municipales que regulan el acoso sexual si persiste la idea que la mejor forma de vender un producto es mostrar poses o actitudes sexuales atribuidos, arbitrariamente, hacia la mujer. Como el de la mujer exótica que muestra “sus encantos femeninos”, para convencer a un hombre a que tome un tipo de bebida alcohólica.

No falta el que piensa que las mujeres son las únicas responsables del acoso por andar vestidas así, o por “acceder” a trabajar con la marca determinada. De cualquier forma, no existe ninguna razón que justifique la denigración de la mujer.

Mucho tenemos que cambiar si queremos ser consecuentes con lo que predicamos. Vivir en una sociedad democrática y defensora de los derechos humanos incluye una convivencia de respeto hacia las personas, sean mujeres u hombres.


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