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INTERNACIONAL
Nuevo giro de la lucha en Iraq
Bush
cambia de tono y habla de una lucha más prolongada en Iraq. La
permanencia de las tropas se debe al temor que causan los insurgentes
iraquíes, parecidos en su actuar a las rebeliones comunistas
en Malasia o Filipinas
Durante la mayor parte de los 30 meses desde que las
fuerzas encabezadas por Estados Unidos derrocaron a Saddam Hussein,
el gobierno del Presidente Bush afirmó que al echar raíces
la democracia en Iraq, la insurgencia perdería fuerza, debido
a que Al Qaeda y quienes se oponen al gobierno interino del país
no tienen nada que ofrecerles a los iraquíes o a los pueblos
del Medio Oriente.
Con frecuencia, el Presidente Bush ha repetido esa afirmación.
A principios del año, por ejemplo, declaró ante las tropas
en Fort Bragg que al echar raíces las instituciones democráticas
en Iraq y otras partes, los terroristas perderán a sus
mecenas, perderán a sus reclutas, y perderán sus esperanzas
de convertir la región en una base para ataques contra Estados
Unidos y nuestros aliados en el mundo.
Recientemente, Bush celebró lo que podría ser el mayor
paso en el proyecto de su gobierno para reconstruir Iraq desde cero:
el referéndum nacional en torno a una nueva Constitución
acompañado por escasa actividad insurgente.
Sin embargo, en el gobierno incluso esto parece ofrecer escaso consuelo.
Altos funcionarios afirman que los numerosos reportes secretos, que
llegaron a sus escritorios en meses pasados indican que aunque las instituciones
democráticas cobren fuerza, la insurgencia se podría reafirmar.
Aún así, varios funcionarios reiteraron su convicción
que tarde o temprano, la insurgencia terminará por desplomarse.
Ya no hay una base política para esta insurgencia,
afirmó la secretaria de Estado, Condoleeza Rice. Los sunitas
se unen a la base de este amplio proceso político. Eso desbaratará
finalmente la insurgencia. Pero, desde luego, todavía pueden
llevar a cabo violentos y espectaculares ataques.
La
lucha de los rebeldes es más
amplia para establecer un imperio radical islámico
que se extienda
desde España hasta Indonesia |
Aunque
aún pronostica el triunfo
para EE.UU., Bush parece preparar al país para una lucha
de las mismas proporciones de la guerra fría |
No obstante, en las últimas semanas, la descripción
de Bush sobre el futuro, en Iraq y más allá, sufrió
un cambio sutil pero importante.
En varios discursos, comenzó a advertir que los rebeldes están
cambiando hacia una lucha mucho más amplia para establecer
un imperio radical islámico que se extienda desde España
hasta Indonesia. Aunque aún pronostica el triunfo, parece
preparar al país para una lucha de las mismas proporciones que
la guerra fría.
Se trata de un tono muy distinto del que funcionarios del gobierno de
Bush usaron en los días siguientes a la caída de Saddam
Hussein, y después de su captura.
Modifica postura
Luego de un prolongado debate en la Casa Blanca, Bush comenzó
a refutar directamente las afirmaciones expresadas en manifiestos y
cartas de Osama bin Laden y Ayman al-Zawahiri, el máximo colaborador
de Bin Laden.
Hace poco, Bush citó una de las supuestas cartas de A.-Zawahiri
una cuya autenticidad sigue siendo tema de algunas dudas,
que pronosticó que Iraq terminaría como Vietnam y que,
en palabras de Bush, Estados Unidos puede volver a pujar de nuevo.
Aseguró que el líder terrorista está muy
equivocado.
Siempre existe la interrogante de si les damos a estas personas
más credibilidad al responder a sus afirmaciones, comentó
hace poco uno de los más altos colaboradores de Bush. Pero
al Presidente le preocupaba que no hubiera descrito Iraq al pueblo estadounidense
por lo que es: una lucha de ideologías que no va a terminar con
una elección, o con una Constitución.
Para un gobierno que ha recalibrado y reexplicado su estrategia en Iraq
muchas veces en los pasados 30 meses, el más reciente giro podría
ser un reconocimiento de que las circunstancias cambiaron.
Hace un año, Bush interpretó su reelección como
un respaldo público a su estrategia y como una disposición
a soportar el costo en vidas y dinero de levantar a Iraq. Pero ahora,
aumenta la presión en favor de buscar una salida.
Todo el otoño hemos escuchado la pregunta: ¿Cuándo
comenzará a terminarse esto?, dijo un alto estratega de
Bush, hace unas semanas, solicitando el anonimato debido a lo delicado
del tema en la Casa Blanca.
Afirmó que la Casa Blanca intenta evitar lo que algunos funcionarios
temen que pudiera convertirse en una división más amplia
dentro del partido en torno a la guerra, en la próxima primavera,
al acercarse las elecciones de mediados del mandato presidencial.
También es probable que los republicanos que buscan reelegirse
se sienten tentados a unirse al llamado en favor de un calendario para
reducir el nivel de tropas.
El cambio es evidente en las palabras de Bush; pero también en
lo que él y sus asistentes han dejado de decir.
En el preludio a la guerra y en los primeros días de la ocupación,
Bush y altos miembros de su equipo de seguridad nacional compararon
la tarea de reconstruir Iraq con la ocupación estadounidense
de Japón y Alemania.
Al crecer la insurgencia un elemento ausente en aquellas dos exitosas
ocupaciones, abandonaron tal comparación.
Eichard Armitage, subsecretario de Estado bajo el mando de Colin L.
Powell, aseveró en una entrevista publicada recientemente por
la revista australiana Diplomat, que desde un principio
fue una forma de pensar equivocada.
Aquellos que alegaron en ese tiempo que la aceptación de
la democracia en Iraq sería fácil, y quienes se basaron
en las experiencias en Japón y Alemania, se equivocaron,
recalcó.
Primero que nada, Alemania y Japón eran sociedades homogéneas.
Iraq no lo es. Agregó que las poblaciones japonesa y alemana
estaban agotadas y profundamente conmovidas por lo ocurrido,
pero que los iraquíes no se mostraban impactados ni apabullados.
Guerra prolongada
Ahora, fuentes del gobierno comienzan a describir la insurgencia como
de larga duración, más parecida a las rebeliones comunistas
en Malasia o Filipinas, pero con una base más amplia y letal.
Incluso los conservadores que apoyaron la decisión de Bush de
ir a la guerra afirman que el cambio de tono es bien recibido.
Creo que el Presidente ha sido consistente, afirmó
Eliot A. Cohen, profesor de la Universidad Johns Hopkins, quien es consultado
ocasionalmente por el gobierno. Pero ha habido gente, yo entre
ellos, que los critican por sus palabras optimistas y no dejan en claro
el punto acerca de la naturaleza de la lucha.
Creo que se esfuerzan demasiado por explicarse, subrayó.
Pero fue necesaria la presión de sus amigos, y también
la presión política, para superar la renuencia respecto
a lo que hacían realmente.
Otros asumen un punto de vista distinto. Kenneth Pollack, ex analista
de la CIA y actualmente profesor del Centro Saban del Instituto Brookings,
declaró que el nuevo tono de Bush refleja el hecho de que
toda su teoría acerca de cómo resultaría esto no
está funcionando, y casi con seguridad no va a funcionar.
Agregó que la teoría de que la democracia es el
antídoto para la insurgencia se ve desmentida diariamente en
el lugar de los hechos.
La verdadera prueba de fuego podría ocurrir después de
las elecciones parlamentarias, programadas para mediados de diciembre.
Después de esa fecha, destacó un alto funcionario gubernamental,
con algo de temor en su voz, no habrá más hitos
democráticos que podamos denunciar; será entonces cuando
sabremos si el estado iraquí puede sostenerse en pie.
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