30 de octubre de 2005


INTERNACIONAL
Nuevo giro de la lucha en Iraq

Bush cambia de tono y habla de una lucha más prolongada en Iraq. La permanencia de las tropas se debe al temor que causan los insurgentes iraquíes, parecidos en su actuar a las rebeliones comunistas en Malasia o Filipinas

The New York Times
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Durante la mayor parte de los 30 meses desde que las fuerzas encabezadas por Estados Unidos derrocaron a Saddam Hussein, el gobierno del Presidente Bush afirmó que al echar raíces la democracia en Iraq, la insurgencia perdería fuerza, debido a que Al Qaeda y quienes se oponen al gobierno interino del país no tienen nada que ofrecerles a los iraquíes o a los pueblos del Medio Oriente.

Con frecuencia, el Presidente Bush ha repetido esa afirmación. A principios del año, por ejemplo, declaró ante las tropas en Fort Bragg que al echar raíces las instituciones democráticas en Iraq y otras partes, “los terroristas perderán a sus mecenas, perderán a sus reclutas, y perderán sus esperanzas de convertir la región en una base para ataques contra Estados Unidos y nuestros aliados en el mundo”.

Recientemente, Bush celebró lo que podría ser el mayor paso en el proyecto de su gobierno para reconstruir Iraq desde cero: el referéndum nacional en torno a una nueva Constitución acompañado por escasa actividad insurgente.

Sin embargo, en el gobierno incluso esto parece ofrecer escaso consuelo. Altos funcionarios afirman que los numerosos reportes secretos, que llegaron a sus escritorios en meses pasados indican que aunque las instituciones democráticas cobren fuerza, la insurgencia se podría reafirmar.

Aún así, varios funcionarios reiteraron su convicción que tarde o temprano, la insurgencia terminará por desplomarse.

“Ya no hay una base política para esta insurgencia”, afirmó la secretaria de Estado, Condoleeza Rice. Los sunitas se unen a la base de este amplio proceso político. Eso desbaratará finalmente la insurgencia. Pero, desde luego, todavía pueden llevar a cabo violentos y espectaculares ataques.

La lucha de los rebeldes es más
amplia para “establecer un imperio radical islámico que se extienda
desde España hasta Indonesia”
Aunque aún pronostica el triunfo
para EE.UU., Bush parece preparar al país para una lucha de las mismas proporciones de la guerra fría

No obstante, en las últimas semanas, la descripción de Bush sobre el futuro, en Iraq y más allá, sufrió un cambio sutil pero importante.

En varios discursos, comenzó a advertir que los rebeldes están cambiando hacia una lucha mucho más amplia para “establecer un imperio radical islámico que se extienda desde España hasta Indonesia”. Aunque aún pronostica el triunfo, parece preparar al país para una lucha de las mismas proporciones que la guerra fría.

Se trata de un tono muy distinto del que funcionarios del gobierno de Bush usaron en los días siguientes a la caída de Saddam Hussein, y después de su captura.

Modifica postura

Luego de un prolongado debate en la Casa Blanca, Bush comenzó a refutar directamente las afirmaciones expresadas en manifiestos y cartas de Osama bin Laden y Ayman al-Zawahiri, el máximo colaborador de Bin Laden.

Hace poco, Bush citó una de las supuestas cartas de A.-Zawahiri –una cuya autenticidad sigue siendo tema de algunas dudas–, que pronosticó que Iraq terminaría como Vietnam y que, en palabras de Bush, “Estados Unidos puede volver a pujar de nuevo”. Aseguró que el líder terrorista está “muy equivocado”.

“Siempre existe la interrogante de si les damos a estas personas más credibilidad al responder a sus afirmaciones”, comentó hace poco uno de los más altos colaboradores de Bush. “Pero al Presidente le preocupaba que no hubiera descrito Iraq al pueblo estadounidense por lo que es: una lucha de ideologías que no va a terminar con una elección, o con una Constitución”.

Para un gobierno que ha recalibrado y reexplicado su estrategia en Iraq muchas veces en los pasados 30 meses, el más reciente giro podría ser un reconocimiento de que las circunstancias cambiaron.

Hace un año, Bush interpretó su reelección como un respaldo público a su estrategia y como una disposición a soportar el costo en vidas y dinero de levantar a Iraq. Pero ahora, aumenta la presión en favor de buscar una salida.

“Todo el otoño hemos escuchado la pregunta: ¿Cuándo comenzará a terminarse esto?”, dijo un alto estratega de Bush, hace unas semanas, solicitando el anonimato debido a lo delicado del tema en la Casa Blanca.

Afirmó que la Casa Blanca intenta evitar lo que algunos funcionarios temen que pudiera convertirse en una división más amplia dentro del partido en torno a la guerra, en la próxima primavera, al acercarse las elecciones de mediados del mandato presidencial.

También es probable que los republicanos que buscan reelegirse se sienten tentados a unirse al llamado en favor de un calendario para reducir el nivel de tropas.

El cambio es evidente en las palabras de Bush; pero también en lo que él y sus asistentes han dejado de decir.

En el preludio a la guerra y en los primeros días de la ocupación, Bush y altos miembros de su equipo de seguridad nacional compararon la tarea de reconstruir Iraq con la ocupación estadounidense de Japón y Alemania.

Al crecer la insurgencia –un elemento ausente en aquellas dos exitosas ocupaciones–, abandonaron tal comparación.

Eichard Armitage, subsecretario de Estado bajo el mando de Colin L. Powell, aseveró en una entrevista publicada recientemente por la revista australiana Diplomat, que –desde un principio– fue una forma de pensar equivocada.

“Aquellos que alegaron en ese tiempo que la aceptación de la democracia en Iraq sería fácil, y quienes se basaron en las experiencias en Japón y Alemania, se equivocaron”, recalcó.

“Primero que nada, Alemania y Japón eran sociedades homogéneas. Iraq no lo es”. Agregó que las poblaciones japonesa y alemana estaban “agotadas y profundamente conmovidas por lo ocurrido”, pero que los iraquíes “no se mostraban impactados ni apabullados”.

Guerra prolongada

Ahora, fuentes del gobierno comienzan a describir la insurgencia como de larga duración, más parecida a las rebeliones comunistas en Malasia o Filipinas, pero con una base más amplia y letal. Incluso los conservadores que apoyaron la decisión de Bush de ir a la guerra afirman que el cambio de tono es bien recibido.

“Creo que el Presidente ha sido consistente”, afirmó Eliot A. Cohen, profesor de la Universidad Johns Hopkins, quien es consultado ocasionalmente por el gobierno. “Pero ha habido gente, yo entre ellos, que los critican por sus palabras optimistas y no dejan en claro el punto” acerca de la naturaleza de la lucha.

“Creo que se esfuerzan demasiado por explicarse”, subrayó. “Pero fue necesaria la presión de sus amigos, y también la presión política, para superar la renuencia respecto a lo que hacían realmente”.

Otros asumen un punto de vista distinto. Kenneth Pollack, ex analista de la CIA y actualmente profesor del Centro Saban del Instituto Brookings, declaró que el nuevo tono de Bush refleja “el hecho de que toda su teoría acerca de cómo resultaría esto no está funcionando, y casi con seguridad no va a funcionar”.

Agregó que “la teoría de que la democracia es el antídoto para la insurgencia se ve desmentida diariamente en el lugar de los hechos”.

La verdadera prueba de fuego podría ocurrir después de las elecciones parlamentarias, programadas para mediados de diciembre.

Después de esa fecha, destacó un alto funcionario gubernamental, con algo de temor en su voz, “no habrá más hitos democráticos que podamos denunciar; será entonces cuando sabremos si el estado iraquí puede sostenerse en pie”.

 

 

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