30 de octubre de 2005


TEMA DE PORTADA
Morir trae costos

La muerte es algo inevitable. Todos sabemos que un día partiremos al viaje sin retorno que es parte del ciclo de la vida. No sabemos el día ni la hora; pero ¿estamos preparados económicamente para afrontar este momento?

Susana Rodríguez /Florencia Couto
vertice@elsalvador.com


Doña María aún conserva el triste recuerdo que le dejó la partida de José. Para cubrir los gastos, hasta los amigos de kínder de su
hijo le ayudaron. Foto EDH /Wilfredo Díaz

Cuando María Julia de Valdez vio que su hijo, José, de siete años, era arrastrado por las llantas del microbús, el corazón le dio un vuelco espantoso.
Apenas segundos antes lo tenía sujetado de la mano, pero una infantil imprudencia ocasionó la desgracia.

El dolor de ver a su hijo tirado fue enorme. Nunca había sentido algo así. Corrió para tratar de auxiliar a su pequeño, pero el destino había marcado esa fecha. La tragedia había llegado a su vida... y ella aún no terminaba de creerlo.

Doña María levantó el cuerpecito, lo abrazó e inmediatamente le ayudaron a llevarlo al Seguro Social Amatepec donde le dieron primeros auxilios; luego lo trasladaron al Bloom. La esperanza no la abandonó hasta que, después de 10 días, su hijo se fue para siempre.

Entonces buscó consuelo en su esposo que la acompañaba. Con los nervios destrozados, esta mujer, de 32 años, trató de enfrentar su realidad y se preguntaba qué haría en ese momento. Sumado al dolor de perder a “Chepito”, como ella lo llamaba, la embarga otra angustia: no tenía dinero para pagar los servicios funerarios.

Trató de encontrar ayuda en el hospital donde murió el niño, pero los ataúdes que le ofrecían eran muy pequeños y entonces tenía que conseguirlo en otro lugar, para que le entregaran el cuerpo.

Lo que ella vivió hace un año es la realidad que día a día enfrentan muchas familias salvadoreñas que pierden un ser querido. Morirse ocasiona costos que muchas veces no están previstos en la economía de los hogares, por lo que un deceso causa, aparte del dolor, la pena por los gastos.

La interrogante

¿Ha pensado usted qué pasaría si tuviera que enfrentarse a tal situación en este momento? ¿Ha hecho cuentas de cuánto tendría que gastar?

Actualmente, morirse en El Salvador le ocasiona gastos a los familiares que suman alrededor de 290 dólares, con el servicio básico. Sólo el ataúd más económico cuesta 85 dólares —de contado— y no incluye transporte.

Además debe considerarse el costo de la preparación del cadáver, los utensilios que se necesitarán para la velación y el entierro.

Para la familia de doña María, resolver el problema del ataúd no fue muy difícil; ella, hacía varios años había empezado a pagar uno, por abonos, a una funeraria.

Según manifiesta, lo adquirió “porque se le ocurrió”, pero por el alto costo de la vida tuvo que dejar de pagar los siete dólares mensuales a la funeraria, pues su trabajo como repartidora de pan no le alcanzaba para seguir dando la cuota.

Cuando murió su hijo, ella logró hacer un trato con la empresa, y por el monto que ya había pagado le dieron la caja, pero aún quedó debiendo una letra.

Las empresas funerarias se están abriendo paso cada vez más en el país, en algunos casos tienen contactos con hospitales y morgues, para así poder conseguir clientes.

Los precios cambian de acuerdo a los servicios que brinden, que pueden ir desde un combo completo (ataúd, sillas, café, pan, flores, candelabros, cortinas, lámparas y carro fúnebre) hasta uno sencillos que sólo incluye el féretro.

Si bien se ofrecen facilidades de pago, no sucede así en una emergencia, que es donde el valor se eleva y no hay
ningún tipo de arreglo; el doliente tiene que dar la mitad del valor y cancelar la cuenta en los próximos 15 días.
Algunas familias deciden hacer las honras fúnebres en su casa por motivos económicos o por comodidad para los vecinos.

“Cuando mi niño murió, yo sólo andaba lo del pasaje, por un momento pensé no avisarle a nadie y velarlo sola con mi
familia, porque no tenía nada que ofrecer a los vecinos”, asegura doña María mientras muestra la fotografía de su hijo.

A tener en cuenta
Estos artículos son los
acostumbrados para un
acto fúnebre y entierro.
- Candelas: $8.00 las 4 unidades.
- Libra de azúcar: $0.35
- Libra de café: $2.75
- Vasos desechables:
$0.50 las 25 unidades
- Pan dulce: $.12 c/u
- Coronas: desde $5.00
- Flores: desde
$4.00 cada ramo
- Alquiler de sillas: $0.25 cada una
- Alquiler de lámparas, crucifijo, bancos para colocar el féretro y carro fúnebre: desde $290, incluye el ataúd económico.
- Servicios de inhumación: desde -40 hasta 12,000 si se compra una propiedad
- Cruz: desde $12
- Placas desde $200
- Mariachis: $100 por hora.
$700 caja
Costo del ataúd estilo Presidente, aunque hay más modelos.
$290 serv. funeral
Este es el precio mínimo, incluye sólo los actos fúnebres y la caja.
$40 entierro
Este valor dependerá de la alcaldía que dé el permiso.

En las velaciones, las personas gastan en café y pan, y en algunos casos reparten cigarrillos y barajas, todo esto va a la cuenta de la persona doliente.

Aparte de los gastos fúnebres están los de enterramiento, hay que pagar a la alcaldía de la localidad una cuota de $40 por el espacio en el cementerio. Y en la mayoría de los casos hay pocos espacios.

La opción de un camposanto privado existe, pero tiene un precio que va desde los 3 mil 800 dólares hasta los 12 mil, esto dependerá del lugar y del número de cuotas que tenga.

Algo muy importante que mencionan los administradores de cementerios privados es que las personas compran el derecho del lugar, no así el espacio.

En el caso de doña María, tuvo que recurrir al cementerio público de Soyapango, zona donde vive con su esposo y otros dos hijos.

En el país hay personas que están contratando los servicio de “pre necesidad” que ofrecen las funerarias y cementerios.

Los camposantos privados han cobrado auge en los últimos años por la falta de espacios que existe en los panteones públicos.

En algunos casos las personas se toman previsiones ante tan importante y natural paso en la vida de todo ser humano.

Como pasó con doña Ana Gloria Flores, que en dos oportunidades ha comprado los servicios de funeraria y cementerio sin necesitarlos en ese momento, aunque luego le han servido, según afirma.

Doña Ana ha tenido que vivir dos tristes partidas: la de su esposo, que murió de un infarto, y la de su madre que falleció a causa de un derrame cerebral, por lo que ahora ella considera que lo mejor es estar prevenido ante cualquier suceso.

“Todos sabemos que nos vamos a morir pero nadie quiere prevenirse ante eso, a veces uno piensa que para qué gastar si no se está enfermo, pero es algo a lo que todos nos vamos a enfrentar un día”, manifiesta mientras se acomoda en el sillón de su casa.

Ella comenta que se siente contenta y segura por su inversión, pues le ha ayudado en momentos difíciles: “Cuando murió mi mamá, mi hermano me preguntó que hacíamos y le dije ‘Nada ya estaba todo pagado’, al final una queda con satisfacción y libre de deudas”.

Así que ya es hora de pensar en ahorrar no sólo para la fiesta rosa, la boda o los cumpleaños, sino también para el viaje final.

 

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