30 de octubre de 2005


LA OPINIÓN
Goles, no violencia

Lorena Baires
vertice@elsalvador.com

Nadie me cree cuando les cuento que nunca han intentado agredirme cuando asisto a partidos de fútbol desde la zona conocida como Vietnam. Por lo general, esas áreas se caracterizan por un ambiente donde la mayoría se conoce y saluda, canta y baila todo el tiempo; y, sobre todo, apoya a su equipo. Eso es así, aunque no lo crean.

Habrá mujeres a las que sí han agredido y tocado en alguna ocasión. Pero esto sucede cuando llegan al partido en indumentarias exhibicionistas: blusas strapless y pantalones ajustados que provocan conductas agresivas. No lo justifico, pero es la realidad.

Los que sí llegan a disfrutar del partido se ponen de acuerdo para celebrar con cánticos, se reúnen un día antes y elaboran la viruta que creará una nube sobre graderíos al ingreso de los jugadores. A mitad de los partidos disfrutan de las tortas y hamburguesas que cocinan la famosas “madres”, que terminan siendo las madres de todos.

A pesar de esto, no se puede tender una manta blanca sobre las barras y decir que todo es paz y tranquilidad, porque tampoco es así. Hay varios que se ahogan en alcoholes de mala muerte, se retuercen entre excesos de cervezas y montes alucinantes. Es en estos momentos, cuando por unos pagan todos.

Los enfrentamientos que se han producido entre la barra de Alianza y las del resto de equipos de la liga mayor, siempre son generados por los que pierden el control y creen que con pedradas se cambian los marcadores. Nunca ha sido así.

¿Qué ganan las barras con tirarse piedras? Sólo el repudio popular, un mote de violentos para todos (así no participen de las riñas) y, cada vez más, una marcada inasistencia de niños y mujeres a los graderíos.
Este fenómeno, que no es único en El Salvador, no abona al clima familiar que debería reinar en un país donde se vive, respira y come del fútbol.

Es agradable ver familias completas que viajan a los estadios para disfrutar de un partido, y no para salir corriendo o esconderse tras arbustos cuando algunos cambian de personalidad.

También es admirable escuchar a otros hinchas, de equipos contrarios, que suelen comentar los partido de manera civilizada. Se les mira entre los restaurantes e incluso brindan juntos. ¿Por qué no pueden imitar esta conducta?,
¿por qué no se puede ser tolerante?

Crear ambientes de tranquilidad y alegría no es una responsabilidad de la Policía Nacional Civil (PNC), es responsabilidad de los que asisten a los partidos. Son ellos quienes están llamados a que los partidos sean una fiesta del deporte y no una novela de horror.

Por aquellas personas que llegan a gritar a todo pulmón el gol de sus amores, por aquellos que pasan toda la semana ahorrando para entrar al partido, por los que están hartos de la violencia, hay que hacer la diferencia, no es justo que por unos paguen todos.


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