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Pacientes
Psiquiátricos
Ellos son como mi familia
LAZOS. Algunas personas que trabajan en el nosocomio se involucran afectivamente
con los pacientes. Mario GUIDOS es uno de ellos. Ha dedicado buena parte
de su vida a cuidar a los enfermos del Hospital Psiquiátrico.
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El
90 por ciento de los pacientes en crónicos hombres
ha sido rechazado por sus familias. El hospital es su casa desde
hace muchos años.. Foto EDH
/ Wilfredo Díaz
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Mario Guidos tiene 40 años y 12 de trabajar en
el Hospital Psiquiátrico. Es ayudante del pabellón Crónicos
Hombres, pero colabora a donde quiera que lo llamen.
Es conocido por ser uno de los que mejor sabe sobrellevar a los pacientes
en crisis o agitados.
Guidos asegura que su carácter le ha permitido trabajar en el
hospital durante tanto tiempo. La clave es comprender de que la
mayoría son como niños, explica.
Tiene el cuerpo robusto como el de un luchador, pero la paciencia de
un santo. Él prefiere resumirlo en una frase: Solo hay
que ser tolerantes.
A Guidos se le ve haciendo de todo un poco en el pabellón. Limpia,
barre, trapea y tira agua; también atiende a los pacientes.
Dice que mucha gente le huye cuando saben que trabaja en el Psiquiátrico.
La gente me dice, muy extrañada, que cómo es posible
que tenga un trabajo así. Pero yo les digo que a mí me
gusta lo que hago. De verdad, me gusta porque hago de todo, añade.
El ayudante de enfermería limpia y desinfecta toda el área.
Porque los pacientes son como niños que hacen sus necesidades
en todos lados: además, hay que atenderlos y cambiarlos de ropa
a cada rato. Cualquiera se espantaría con mi trabajo, pero
a mí me gusta, sostiene el empleado.
Casi todos los pacientes están desamparados, abandonados
y necesitan de uno. Ellos también tienen derechos como todo ser
humano. Yo sé que todo paciente mental es difícil porque
no sabés con qué te va a salir. Puede que te muerdan o,
como una mujer que una vez me dio una cuantas cachetadas.
Hay que sujetarlos sin lastimarlos (sujeción
mecánica) y al mismo tiempo hay que persuadirlos para que se
controlen.
Cuando está inmovilizado el paciente igualmente hay que
cuidarse. No sabes con lo que va a salir.
Pero, insisto, me gusta mi trabajo. Yo no estoy de acuerdo con
que hay que golpearlos porque son seres humanos, como niños.
Los he llegado a ver como mi familia. No estoy casado. Así
que estos pacientitos son los hijos que no tengo. Paso con ellos hasta
los días festivos, expresa Guidos
La doctora Domínguez asegura que este hombre tiene niveles de
tolerancia que son muy difíciles de creer.
Nunca he visto que él pierda el control con los pacientes
ni siquiera con los pacientes que están agitados. Tiene una calidez
humana muy grande y si tiene que usar la fuerza lo hace sin lastimar.
Uno mira a un hombre grande y tosco, pero cuando lo conoce se
sorprende por la suavidad con la que trata, asegura la psiquiatra.
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