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Pacientes
Psiquiátricos
El rincón de los olvidados
El Hospital "Dr. José Molina Martínez" es el
único centro de atención psiquiátrica en el país
y wl hogar para la mitad de los pacientes que llegan. El desconocimiento
de las enfermedades mentales ha hecho que la sociedad los vea como personas
de categoría inferior, fenómeno que sucede incluso con
sus familias.
Me extraña que siendo una profesional no
sepa qué significa mi nombre.
Aquella frase logró captar la atención de la psiquiatra.
¿Quiere saber cuál es mi nombre, doctorcita? Me
llamo Hope que es lo mismo que esperanza. En
inglés, hope significa esperanza.
¡Pero no se enoje!, dijo la mujer inclinando la cabeza,
como pidiendo disculpas. ¿Cuándo me van a dar el
alta?, le preguntó enseguida a la doctora.
Ese día, Esperanza cumplía dos semanas de haber sido ingresada
al Hospital Psiquiátrico, aunque a simple vista parecía
una persona mentalmente sana.
¿No parece, verdad? El problema es que se ha estigmatizado
a los enfermos mentales, a los psiquiatras y a los hospitales psiquiátricos
explicó la doctora Marisol Domínguez, jefa de enfermeras
Es una realidad difícil, pero igualmente humana.
Estas realidades se viven con intensidad en los pabellones del hospital.
Esta vez, Esperanza estaba inclinada sobre las rejas que separan a la
sala de enfermos Agudos Mujeres con el patio principal. Se frotaba las
manos con colonia de bebé y movía los pies en círculos.
No era una paciente común. De las 49 mujeres que había
ingresadas era la única que preguntaba con insistencia por su
salida. Creía que dos semanas eran suficientes para completar
su recuperación.
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La terapia electro
convulsiva, o electroshock, se utiliza cuando el paciente
está en crisis, y únicamente se aplica con la autorización
de un familiar o un psiquiatra. Antes de hacerlo se suministra
anestesia y un relajante muscular. Mediante electrodos se le da
una pequeña descarga de corriente al cerebro para que convulsione
levemente y se pueda sosegar al enfermo.
Foto EDH /Wilfredo Díaz
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¿Usted sabe cuando me van a dar el alta?,
preguntó por tercera vez a un grupo de estudiantes de medicina
que acababa de entrar al pabellón.
Esperanza sabía que estaban allí para evaluar a las pacientes.
Si quieren que les cuente por qué estoy aquí, me
van a poner atención, les dijo. La mujer se levantó
y tres estudiantes la siguieron por el pasillo hasta su cama.
A pocos metros de ahí, Vanesa, otra paciente, respondía
con monosílabos a la evaluación. Ella, de ojos verdes,
miraba desconfiada; y con pose de niña apenada logró que
se conformaran con poco: Me trajeron aquí porque me duele
el corazón, les dijo. El resto de las preguntas las respondió
sin dar explicaciones.
Marisol, otra interna, les armó una historia entrecortada a los
dos estudiantes que la evaluaban. Lo que pasa es que la niña
Gloria me trajo aquí porque andaba chuca de los pies. Por mi
hijo vendía flores en el supermercado que está en la Avenida
Olímpica. Me fui a los Estados Unidos y me regresé a acompañarme.
La niña Gloria me trajo aquí porque se cayó la
montaña de Las Colinas y me afligí.
Marisol comenzó a llorar, pero terminó de la misma forma
en que empezó. Luego saltó de la cama y corrió
al patio a jugar con el resto de pacientes. Son personas sedientas
de afecto y atención, explicó Ethel Vásquez,
jefa de enfermería de la sala, cuando la vio correr.
La única que seguía hablando era Esperanza. Necesito
que le cuenten todo a un periodista. Yo estoy formando un partido político
con una señora que fue canciller. ¿Cómo es que
se llama? Bueno, la cosa es que necesito que lo hagamos público,
explicaba mientras los estudiantes la miraban con asombro.
Tiene esquizofrenia, dijo una enfermera con tono maternal.
Como el resto de las enfermas, había sido diagnosticada con un
padecimiento que la llevaba a ser ingresada ocasionalmente en el mismo
pabellón. Esta frecuencia ha generado un lazo afectivo entre
el personal y los pacientes. Con los agudos por la recurrencia de su
ingreso, y con los crónicos porque viven ahí.
Tolerancia
Las escenas son recurrentes en todos los pabellones de hospital. Donde
hay pacientes psiquiátricos siempre hay mucho trabajo y pocos
trabajando.
En el psiquiátrico de El Salvador, el único hospital especializado
del país, hay cinco área de atención: Emergencia,
Cuidados Intensivos, Agudos (mujeres y hombres), Crónicos (mujeres
y hombres) y Adicciones.
Cada pabellón tiene un equipo propio formado por psiquiatras,
psicólogos, trabajadoras sociales, médicos residentes,
enfermeras y auxiliares. El personal y el número exacto puede
variar de acuerdo a las necesidades.
En Agudos Hombres, por ejemplo, hay dos psiquiatras, dos residentes,
dos sicólogas, una trabajadora social, tres enfermeras y un auxiliar,
para 59 pacientes.
Allí, como en las demás áreas es necesario mantener
mucha paciencia. Una escena común es ver a un grupo de hombres
vestidos con pantalón y camisa blancos caminando de un lado a
otro junto al personal.
Dora Alicia López, jefa de enfermería, ordena unos archivos,
revisa unos papeles, sirve una pastilla al mismo tiempo que le dice
a Carlitos que no sabe cuándo le darán el
alta. Todo sin perder la compostura, pese a la insistencia del paciente.
Los niveles de tolerancia, aquí, tienen que estar arriba
de lo normal, dice sonriente.
Mario Guidos, auxiliar de Crónicos Hombres, tiene 12 años
de trabajar en el hospital y asegura que la persona que no tenga paciencia
no dura en ese empleo.
Uno se puede cansar si no está preparado,
porque el trabajo es pesado o porque los pacientes pueden golpearnos,
explica. Pero Guidos se ha ganado la fama de ser una de las personas
más tolerantes de todo el nosocomio.
La doctora Domínguez asegura que él sabe cómo calmar
a los pacientes agitados (alterados) sin tener que llegar a usar la
fuerza.
A veces lo hemos llamado para que nos ayude con un paciente en
emergencia, dice la doctora. Guidos prefiere resumirlo en una
frase. Son como niños que muchas veces han sido rechazados
por los suyos y la sociedad. Me necesitan.
Doble esfuerzo
Enfermeras, auxiliares, médicos y el resto del personal coinciden
en que el trabajo es dos veces más pesado, pero ninguno ha pensado
en dejarlo.
Cualquier persona ajena que entre al pabellón Crónicos
Hombres querrá salir de inmediato.
El olor a orines y humedad repele a cualquiera, las instalaciones están
viejas y un patio estrecho es el único lugar de esparcimiento
para los internos.
Algunos caminan y otros permanece tirados en el suelo. El patio está
siempre saturado con los hombres vestidos de blanco que hacen cualquier
cosa para llamar la atención.
La situación no cambia a pocos metros de allí, en el pabellón
Crónicos Mujeres. En la entrada principal, un grupo de mujeres
vestidas de rosado recibe a las visitas con tasas de plástico.
La cercanía que llegan a tener con el visitante incomoda a cualquiera.
Las pacientes están separadas en dos áreas. La primera
es para las mujeres mayores, y, a continuación, están
las más jóvenes.
Al fondo, en el patio de recreo, la misma escena de Crónicos
Hombres se repite: las pacientes caminan de un lado a otro; algunas
están sentadas bajo el sol y otras están tiradas en el
suelo.
Ambos sectores, Crónicos Hombres y Mujeres, no
son lugares en el que se pueda permanecer más de cinco minutos.
Sin embargo, hay 83 hombres y 77 mujeres que viven allí y que
probablemente mueran sin poder salir un sólo día.
María del Carmen de Santos, jefa de enfermeras en Crónicos
Hombres, explica que son conscientes de las grandes necesidades que
tienen, pero que hacen lo posible para suplirlas con lo poco que tienen.
Aquí mantenemos limpio. Siempre hay ayudantes que limpian,
pero a veces no podemos controlar a todos al mismo tiempo y algunos
hacen sus necesidades donde sea, explica mientras le indica a
un hombre semi desnudo que salga de la oficina.
Pero en el área de crónicos las carencias no son un impedimento
para dar un trato humano a los enfermos. El 90 por ciento no tienen
familias. Por ejemplo, Carlos Parada aquí creció. Somos
la única familia que tiene, añade.
Atención especializada
El hospital está dividido en cinco áreas.
En Emergencias atienden a los que llegan por primera vez y también
dan las consultas externas.
Cuando hay necesidad de ingreso, el médico determina el lugar
en el que permanecerá la persona. Por ejemplo, si es una depresión
profunda con un intento de suicidio se ingresa en Cuidados Intensivos
(UCI).
La UCI alberga casos delicados que necesitan una atención constante.
Si el paciente ya ha sido diagnosticado con una enfermedad mental y
tiene una crisis se ingresa en el área Agudos, hombres o mujeres.
Los Crónicos, mujeres y hombres, son los pabellones en donde
hay de todo tipo de casos desde esquizofrénicos, retardos mentales
hasta personas afectadas por un evento.
Adicciones es el área donde se atiende a los pacientes con problemas
de alcoholismo y drogadicción. Generalmente, son pacientes recurrentes.
El hospital también incluye una terapia ocupacional para los
que muestren capacidades especiales y que pueden llegar a reinsertarse
en la sociedad y en sus familias.
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