27 de noviembre de 2005


REPORTAJE
Más allá de las capuchas

Sin capuchas aunque con temor, varios líderes estudiantiles que ejecutaron el cierre temporal de la UES conversan con Vértice sobre cómo organizaron la medida, que tuvo como finalidad detener un contrato de préstamo con el BID. ¿Cómo lo lograron?, ¿cuál era el sentido de esa acción? Los nombres han sido cambiados por petición de los entrevistados

Lorena Baires/Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com


"Por seguridad”. Los encubiertos sostienen que se taparon sus rostros por temor a sufrir represalias por parte de las autoridades de la Universidad. Foto EDH /Omar Carbonero

El sábado 12 de noviembre, a las 6:00 p.m., Daniel Martínez, integrante de la Unión de Estudiantes Revolucionarios Salvadoreños (UERS-30 de julio) se encontraba en el campus de la Universidad de El Salvador (UES) dispuesto a quedarse el tiempo que fuera.

No estaba solo, alumnos de otras organizaciones, empleados y docentes del centro académico, recién aglutinados en el Movimiento Amplio de la Universidad de El Salvador (MAUES), estaban a punto de cerrar por completo el Alma Máter, tomar el control de los siete portones de acceso, paralizar todas las actividades académicas por una semana y hacer que las autoridades universitarias detuvieran el proceso de préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Pero la toma había comenzado días atrás, en silencio, sin levantar sospechas de las autoridades del centro.

Esta vez, la “amplitud” del movimiento se quedaba en el nombre: el MAUES estaba conformado sólo por tres asociaciones de estudiantes: Asociación de Estudiantes de Ciencias Naturales y Matemáticas (Asecinma), UERS-30 de julio y las Bases estudiantiles (Bases).

El resto de grupos, según dice Marcos Vidal, líder de otra de las asociaciones universitarias que pide no mencionar por temor a represalias, no apoyaron la medida. El FMLN tampoco respaldó esta acción. Incluso, el editorialista del Colatino Manuel Rozental calificó al MAUES como un grupo minoritario.

A las 5:00 a.m. del siguiente día, lunes 14, la universidad estaba en poder del MAUES. Ninguno de los estudiantes que tenía clases a primera hora de la mañana pudo entrar.

La organización de la protesta no se había tardado mucho. Se había gestado apenas 48 horas antes, según dice Martínez, quien sostiene haber fungido como el líder de los estudiantes en todas las negociaciones con las autoridades.

Tanto él como Miguel Munguía, dirigente del sector docente en el MAUES, afirman que el cierre no fue antojadizo ni apresurado, sino meditado. “La acción se dio cuando la vía diplomática se había agotado”, asegura el docente.

Análisis de profesores


Los representantes del MAUES aseguran que todo empezó cuando tuvieron en sus manos el primer borrador del proyecto de convenio de préstamo entre el Gobierno de El Salvador y el BID. Los docentes empezaron el análisis del documento en febrero, mientras que los estudiantes pudieron leerlo hasta septiembre.

Ambos sectores universitarios argumentan que en el texto hay evidencias de que el empréstito pretendía desembocar en la privatización de la UES.

Sin embargo, la rectora, María Isabel Rodríguez, sale al paso y los desmiente. “El documento lo va a firmar el Gobierno de El Salvador con el BID.

El Estado hará la transferencia a la UES. Nadie está vendiendo la universidad, como ellos dicen; además, ¿quién la quiere la comprar?”, explica.

Y para rematar su postura de que el préstamo con el BID no es privatización, Rodríguez considera histórico un hecho: que la Asamblea Legislativa haya ratificado el carácter público de la universidad.

Llegan los planes

Cuando los docentes tuvieron en sus manos el borrador del convenio, comenzaron a escudriñar la información y a visitar a los decanos de las facultades y a miembros de la Asamblea General Universitaria (AGU). Les pedían que les explicaran en qué consistía y, de paso, les solicitaban que no lo apoyaran.

En vista de que el cabildeo no les había rendido los frutos esperados, el MAUES dio por agotado el trabajo y se procedió a ejecutar una estrategia “de hecho”.

Según Munguía, no podían pensar en un plan a largo plazo porque sospechaban que podía haber soplones entre los grupos.

Modernidad. En el ascensor que conduce a la Rectoría también hay expresiones de oposición al préstamo. Foto EDH /Omar Carbonero

Pero la decisión de tomarse la universidad la habían comentado con otros gremios tiempo atrás. Vidal, el líder estudiantil, recuerda que asistió el 4 de noviembre a una reunión donde se dio cuenta de que todo estaba organizado. “Nos dijeron lo que teníamos que hacer. Pero no estuvimos de acuerdo”, relata.

Cinco días después, el 9, todo inició. A las 6:00 a.m. el edificio de Medicina estaba bajo control del MAUES. Una hora y media después cerraron las Oficinas Centrales y a las 11:00 a.m. entraban en el edificio de la Rectoría.

Martínez recuerda que, para su molestia, la rectora estaba dentro (no querían que quedara atrapada) y algunos empleados se negaron a abandonar el local y decidieron proteger a su jefa.

A la 1:00 p.m. los protestantes le pidieron a Rodríguez que convocara al Consejo Superior Universitario (CSU) para que atendiera su petición: “La paralización total de las negociaciones con el BID”. La solicitud no fue acatada y la reunión se hizo hasta el viernes 11.

El jueves 10, el MAUES invadió los edificios administrativos de las facultades de Humanidades y Ciencias Naturales y Matemáticas. La esperanza era que los demás alumnos se unieran a la protesta. No fue así.

Paradójicamente, mientras el Movimiento avanzaba en la toma de posiciones dentro del campus, en las aulas del edificio de Psicología se realizaba una celebración.

“Tenían una fiesta, con vejigas y música... de esa que está de moda” , recuerda el profesor Munguía. Al docente, aquello le pareció un gesto de indiferencia.

Llegó el viernes y el MAUES tuvo un encuentro con el Movimiento Docente de la Universidad de El Salvador (MDUES) en la facultad de Derecho. Los profesores se declararon en paro técnico. Luego marcharon al Polideportivo.
Allí, la rectora y demás miembros del Consejo Superior esperaban a los negociadores del MAUES, en compañía de otros estudiantes.

A las 3:00 p.m. los protestantes recibieron un escrito en el que el CSU se comprometía a suspender “temporalmente” las negociaciones con el BID. Pero no se dieron por satisfechos. Querían que en lugar de suspensión temporal se determinara una “suspensión total”.

A los minutos, la ocupación llegó a los edificios de Ingeniería y Arquitectura. En la toma participaron unas 100 personas.

“Acepté llegar a los mismos acuerdos porque me interesaba que la Universidad se entregara por la vía pacífica”
Dra. María Isabel Rodríguez

El sábado, los encubiertos dieron permiso para que los aspirantes a nuevo ingreso entraran al campus y realizaran por segunda ocasión el examen de admisión.

Sin embargo, los bachilleres ingresaron sólo para escuchar el discurso contra el préstamo del BID.
Durante todo el día se permitió el ingreso de estudiantes al campus, según Martínez. Pero cuando el reloj marcó las seis de la tarde del sábado, los portones fueron cerrados y otra toma de la Universidad de El Salvador se inició.
toma sin justificación

Durante siete días, los miembros del MAUES durmieron junto a los siete portones. Algunos en bolsas de dormir, otros encima de pliegos de durapax. De siete a 10 alumnos mantenían el control de cada acceso.

No estaban del todo tranquilos, porque aseguran que desde el lunes 14 vieron a un grupo de soldados establecidos en la zona conocida como “El pañuelo”, cercana a la entrada del edificio de Ingeniería.

Aunque los lujos no eran posibles, los protestantes se alimentaron con sardinas y pupusas que otros docentes y estudiantes les llevaban. El local del Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Universidad de El Salvador (SETUES) se convirtió en un centro de acopio para alimentos. Incluso, lo utilizaron como cocina para preparar los frijoles y arroz que les donaban.

El sábado 19 de noviembre, el Consejo Superior entregó a los líderes del MAUES una carta en la que se establecía la suspensión total de las negociaciones con el BID y la realización, de enero a abril de 2006, de talleres para discutir el acuerdo.

Para las autoridades académicas se trataba de puntos que ya se habían acordado una semana antes. Para el MAUES, el cambio era un logro.

Mientras unos creen que la toma cumplió con sus objetivos, las autoridades universitarias opinan que se trató de una acción sin sentido.

Posición. Los miembros de la BRES aseguran que no participaron de la toma, pero sí la apoyaron desde afuera. Foto EDH /Omar Carbonero

Hay otras voces. Paolo Luers, columnista del periódico electrónico El Faro, lamenta que la rectora de la UES haya defendido, sola, los intereses de miles de estudiantes. “¿Cómo es posible que todos hayamos dejado la tarea de defender la universidad a una señora de más de ochenta años?”, escribió.

La ministra de Educación, Darlyn Meza, condena los hechos y considera que grupos como el MAUES están muy organizados y han adquirido experiencia en realizar este tipo de hechos. Meza cree que no son estudiantes los que hicieron la toma.

Frente a esto, Vidal asegura que la mitad de los que estaban dentro sí eran estudiantes: “Uno conoce a la gente y sabe si son de la UES. Unas 40 personas eran ‘invitados’ de los estudiantes”.

Los miembros de la Brigada Revolucionaria de Estudiantes Salvadoreños (BRES) niegan haber participado del cierre; pero aclaran que sí la apoyaron. “La gente siempre dice que es la BRES la que hace las tomas. En esta oportunidad, no estuvimos dentro de la UES, los apoyamos en las calles. Vigilábamos el entorno”, detalla Raúl Alvarado, uno de los líderes del grupo.

Al hacer una análisis de los hechos, Sigfrido Reyes, jefe de Prensa y diputado del Parlacen del FMLN, tiene la impresión de que no hubo una discusión, con los sectores de la universidad, sobre los propósitos del préstamo.

Aunque es enfático al decir que su partido no avaló la ocupación, sí cree necesario un aumento presupuestario para la única universidad pública del país.

Vidal cree que el préstamo traerá beneficios de carácter científico. “Los docentes se sienten muy amenazados porque se les va a pedir que rindan”, considera el estudiante.

La rectora recuerda que hace poco a los docentes se les aumentó el salario sin haber sido evaluados.
El MAUES no descarta más acciones. Por el momento todos los sectores esperan los talleres de consulta sobre el proyecto BID.

PUNTOS CONFLICTIVOS

Estos son algunos puntos del último borrador del proyecto del BID —con fecha 4 de noviembre— que critican los miembros de MAUES.

w El numeral 2.25 menciona que para eliminar la burocracia de la institución “la UES está considerando la constitución de una Fundación de derecho privado sin fines de lucro, subsidiaria suya, que concentre las labores de prestación de servicios y captación de recursos distintos a los pagos estudiantiles. Dicha iniciativa se encuentra en consideración de las autoridades y podría ser objeto del financiamiento de este Programa”.

w En el numeral 2.13 se lee: “Existe en la rectoría y entre los decanos una positiva voluntad de revisar la oferta académica de modo de incrementar su pertinencia y calidad.

En particular se contempla redefinir el perfil de las Sedes Regionales y diversificar sus programas para atender las necesidades de desarrollo sustentable de las comunidades...”.
w En el numeral 2.16 se habla de la necesidad de revertir algunas debilidades de la UES con acciones como: “(i) inversión en plantas físicas y equipamiento (ii) formación de investigadores y (iii) mecanismos para desarrollar articulaciones y sinergias con instituciones externas y al interior de la universidad”.

w Estos y otros elementos son usados como argumentos por los miembros de MAUES y otros opositores a las negociaciones con el BID.

 

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