27 de febrero 2005


El Padrino de las calles

Auténtica pesadilla de los alcaldes salvadoreños, el movimiento de los vendedores informales es la punta del iceberg del malestar social. Su líder más carismático, Vicente Ramírez, de 34 años, eterno estudiante y zapatero de profesión, explica sus orígenes y sus motivos desde su feudo y bastión, el magma humano del Centro Histórico de San Salvador. Éstos son sus poderes.

José Iglesias Extezarreta
vertice@elsalvador.com

“Soy el presidente de la Coordinadora Nacional de Vendedores: 14 mil de cuota, 100 mil afiliados y medio millón de apoyos”


¿Quién es Vicente Ramírez?

Supuestamente yo soy un estudiante de la Universidad Tecnológica en Contaduría Pública. Sin haber sacado la Utec, en la de los Trabajadores me dieron tres maestrías de servicio social; ahora, en el noveno ciclo me pregunté ¿para qué estoy estudiando?,

¿para servirle al pobre? ¿o para servirle al explotador?


Y entonces vino una voz que me dijo que tenía que servirle al de escasos recursos. Abandoné mis estudios porque vi que no hay universidad ni escuela que prepare líderes sociales, gente que colabora con el más necesitado.

La mayor parte de políticos y estudiantes buscan al más necesitado, pero para quedar bien con su conciencia, no para ser todo un trabajo de una vida y ése es el caso de Vicente Ramírez, que ya tiene 24 años de estar trabajando por los más necesitados donde más se necesita.

La única cuestión que me alegra es cuando miro que la gente lleva el sustento a su casa, cuando me dicen: “Fíjese, Vicente, que ya le compré los cuadernos a los cipotes”... Ver aquel empuje del salvadoreño común que con poquito es feliz, que no necesita los grandes millones, ni cosas por el estilo.

Un líder social no sólo ha de proponerse, sino que también ha de obtener la aceptación de los demás.

¿Cómo ha conseguido que le acepten?

Es la actuación. Uno normalmente paga porque alguien le sirva; pero ¿qué tal si usted consigue que alguien le sirva de manera gratuita?; alguien que tiene una venta de CD y su vida privada, pero le puede dedicar dos, tres, cuatro horas de manera gratuita a resolverle sus problemas.

¿Cómo lo viera usted?

Y especialmente cuando platique con esa persona, le hace ver de que no está buscando quitarle un cinco; lo que está buscando es colaborar a resolver sus problemas.

¿Y cómo ha llegado a ser el líder de los vendedores informales?

Algunos dirigentes de vendedores me toman como su enemigo, porque creen que los voy a sustituir. Pero cuando llego y van viendo que la colaboración es incondicional, que no hay malicia, terminan siendo nuestros amigos. Lo mismo pasa con los alcaldes: yo voy donde un alcalde y él mira en los medios que soy problemático, que quemo llantas, quiebro vidrios y hago problema...

Ése no es Vicente, ése es el Vicente que hacen ver algunos medios. Yo trato de persuadir al alcalde para que resolvamos un problema social; en la medida que él lo hace suyo, pero ve que no es un problema político ni de dinero sino que es un problema de su municipio, y que yo voy a tratar de colaborar, en ningún momento a sustituirle o al dirigente de los vendedores en el municipio, y va viendo que los consejos que le doy dan resultado, al final termina creyendo que soy inteligente. Lo único que yo le digo es que no soy inteligente, el problema es que he vivido muchas luchas y he aprendido bastante de los problemas y el método para resolver. Yo soy el presidente de la Coordinadora Nacional de Vendedores: más de 14 mil socios que pagan la cuota; pasamos de 100 mil afiliados y medio millón de vendedores que está apoyando.

¿Cómo llegar a un acuerdo que ayude al alcalde y a los vendedores cuando hay que volver transitables las calles y los vendedores alegan que pierden “encerrados” en los mercados?

El problema del sector informal no es un problema salvadoreño, tiene que ver con medidas económicas a nivel mundial. Un montón de gente que no puede accesar a un empleo y se queda en el sector informal. Tenemos el 43% de jóvenes en el sector, unos en edad económicamente activa y otros que ya están por entrar a esa edad. Necesitamos que a estos jóvenes se les dé preparación para mano de obra calificada. No todos somos comerciantes, pero no tenemos dónde laborar y por eso nos decidimos a vender. Con la gente del campo que ha emigrado a la ciudad estamos hablando de cooperativas agrícolas, pero el pobre campesino nunca sale del problema porque hay una tela de araña de los acaparadores y especuladores. Necesitamos superar eso, y eso no es capitalista ni comunista.

Por ejemplo, ¿qué pasaría si tuviéramos el banco del sector informal que le va a llegar a la canastera que tiene tres aguacates? O a Menco, un pobre señor que toda su vida la dedicó a servirle al Estado y que hoy está tirado administrando un parqueo donde a puras penas alcanza porque tiene que estar pagando una cuota al dueño. ¿Qué podemos hacer con la tercera edad que no va a alcanzar a entrar al Asilo Sara?, que ya está en la calle, vendiendo, y que tal vez no duerme bien en una cama de pitas con cartones. Para nosotros que una persona de edad esté en esa situación... yo realmente me pego un tiro, no concibo que alguien le haya dedicado su vida a la sociedad para tener un cartón, una almohada de a dólar y una colcha para terminar su vida indignamente.

Entonces, en estos últimos 24 años, ¿ha notado más gente en el sector informal? Y ¿le está sirviendo para algo, a esta gente, la labor de usted?

“El partido más cercano que pudiera tener es el FMLN, pero para que el Frente acepte a Vicente tiene que llover fuego del cielo”

Creemos que lo mejor que Vicente Ramírez, la Coordinadora y todos los dirigentes del sector informal pueden hacer es que no haya sector informal. ¿Cómo lo vamos a lograr? Consiguiendo empleo, formación, créditos para que se termine la informalidad y llegue la formalidad, donde la gente sienta que tiene una vida digna, que tiene una sociedad que se preocupa y vela por sus intereses. Ése es nuestro objetivo a larguísimo plazo, que el sector informal no existiera porque se reinsertaron a otros modos de vida, que la sociedad les dio alternativa.

¿Pero capacitar para qué?

No hay un gran aparato productivo donde se pueda recolocar a la gente...
¿De qué me sirve a mí capacitarlos para manejar carretas de bueyes si ya no hay? Por eso tenemos que capacitarlos en cosas que estén funcionando; por ejemplo, los capacitamos para darle mantenimiento a computadoras, cosas con futuro.

¿Puede llegar a colaborar con el alcalde de San Salvador, sea quien sea?

Independientemente del alcalde del municipio que sea, si le presta atención a nuestro criterio, lo complementamos con los de él, o nos plantea los de él y supera los nuestros, podemos trabajar juntos. Los compañeros no están interesados en andar haciendo desórdenes o causando malestar a nadie, mucho menos a los alcaldes o a nuestros hermanos vendedores. Estamos interesados en darle soluciones a la sociedad. Eso pasa por un diálogo sincero... Ese diálogo que se está dando ahorita con el alcalde son decisiones desesperadas suyas; pero no es un diálogo formal. El alcalde de San Salvador quiere que los que estamos en conflicto vayamos a negociar a su cancha, como si la guerrilla fuera a una base de la Fuerza Armada a negociar.

Nosotros le hemos pedido un territorio neutral como el de la Procuradora. Prueba de que no está dispuesto a negociar en serio es que no va ir. Nosotros esperamos que asista. El problema es que él aparenta mucha benevolencia para afuera, pero mucha rigidez para sus trabajadores, es muy duro. Por ejemplo, el 6 de julio agentes del CAM agarran a balazos a vendedores en el centro de San Salvador, hieren a tres, uno reconocido socialmente y dos que supuestamente fue por cuestión delincuencial. En época de la dictadura militar nos agredieron de esa manera; ahora que supuestamente el alcalde es una persona revolucionaria y joven es sorpresa, puede que sea un joven y que sea peor que los dictadores con cargos de coroneles y otros.


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