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El Padrino de las calles
Auténtica
pesadilla de los alcaldes salvadoreños, el movimiento de los
vendedores informales es la punta del iceberg del malestar social. Su
líder más carismático, Vicente Ramírez,
de 34 años, eterno estudiante y zapatero de profesión,
explica sus orígenes y sus motivos desde su feudo y bastión,
el magma humano del Centro Histórico de San Salvador. Éstos
son sus poderes.
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Soy el presidente de la Coordinadora
Nacional de Vendedores: 14 mil de cuota, 100 mil afiliados y medio
millón de apoyos
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¿Quién es Vicente Ramírez?
Supuestamente yo soy un estudiante de la Universidad Tecnológica
en Contaduría Pública. Sin haber sacado la Utec, en la
de los Trabajadores me dieron tres maestrías de servicio social;
ahora, en el noveno ciclo me pregunté ¿para qué
estoy estudiando?,
¿para servirle al pobre? ¿o para servirle al explotador?
Y entonces vino una voz que me dijo que tenía que servirle al
de escasos recursos. Abandoné mis estudios porque vi que no hay
universidad ni escuela que prepare líderes sociales, gente que
colabora con el más necesitado.
La mayor parte de políticos y estudiantes buscan al más
necesitado, pero para quedar bien con su conciencia, no para ser todo
un trabajo de una vida y ése es el caso de Vicente Ramírez,
que ya tiene 24 años de estar trabajando por los más necesitados
donde más se necesita.
La única cuestión que me alegra es cuando miro que la
gente lleva el sustento a su casa, cuando me dicen: Fíjese,
Vicente, que ya le compré los cuadernos a los cipotes...
Ver aquel empuje del salvadoreño común que con poquito
es feliz, que no necesita los grandes millones, ni cosas por el estilo.
Un líder social no sólo ha de proponerse, sino que también
ha de obtener la aceptación de los demás.
¿Cómo ha conseguido que le acepten?
Es la actuación. Uno normalmente paga porque alguien le sirva;
pero ¿qué tal si usted consigue que alguien le sirva de
manera gratuita?; alguien que tiene una venta de CD y su vida privada,
pero le puede dedicar dos, tres, cuatro horas de manera gratuita a resolverle
sus problemas.
¿Cómo lo viera usted?
Y especialmente cuando platique con esa persona, le hace ver de que
no está buscando quitarle un cinco; lo que está buscando
es colaborar a resolver sus problemas.
¿Y cómo ha llegado a ser el líder de los vendedores
informales?
Algunos dirigentes de vendedores me toman como su enemigo, porque creen
que los voy a sustituir. Pero cuando llego y van viendo que la colaboración
es incondicional, que no hay malicia, terminan siendo nuestros amigos.
Lo mismo pasa con los alcaldes: yo voy donde un alcalde y él
mira en los medios que soy problemático, que quemo llantas, quiebro
vidrios y hago problema...
Ése no es Vicente, ése es el Vicente que hacen ver algunos
medios. Yo trato de persuadir al alcalde para que resolvamos un problema
social; en la medida que él lo hace suyo, pero ve que no es un
problema político ni de dinero sino que es un problema de su
municipio, y que yo voy a tratar de colaborar, en ningún momento
a sustituirle o al dirigente de los vendedores en el municipio, y va
viendo que los consejos que le doy dan resultado, al final termina creyendo
que soy inteligente. Lo único que yo le digo es que no soy inteligente,
el problema es que he vivido muchas luchas y he aprendido bastante de
los problemas y el método para resolver. Yo soy el presidente
de la Coordinadora Nacional de Vendedores: más de 14 mil socios
que pagan la cuota; pasamos de 100 mil afiliados y medio millón
de vendedores que está apoyando.
¿Cómo llegar a un acuerdo que ayude al alcalde y a
los vendedores cuando hay que volver transitables las calles y los vendedores
alegan que pierden encerrados en los mercados?
El problema del sector informal no es un problema salvadoreño,
tiene que ver con medidas económicas a nivel mundial. Un montón
de gente que no puede accesar a un empleo y se queda en el sector informal.
Tenemos el 43% de jóvenes en el sector, unos en edad económicamente
activa y otros que ya están por entrar a esa edad. Necesitamos
que a estos jóvenes se les dé preparación para
mano de obra calificada. No todos somos comerciantes, pero no tenemos
dónde laborar y por eso nos decidimos a vender. Con la gente
del campo que ha emigrado a la ciudad estamos hablando de cooperativas
agrícolas, pero el pobre campesino nunca sale del problema porque
hay una tela de araña de los acaparadores y especuladores. Necesitamos
superar eso, y eso no es capitalista ni comunista.
Por ejemplo, ¿qué pasaría si tuviéramos
el banco del sector informal que le va a llegar a la canastera que tiene
tres aguacates? O a Menco, un pobre señor que toda su vida la
dedicó a servirle al Estado y que hoy está tirado administrando
un parqueo donde a puras penas alcanza porque tiene que estar pagando
una cuota al dueño. ¿Qué podemos hacer con la tercera
edad que no va a alcanzar a entrar al Asilo Sara?, que ya está
en la calle, vendiendo, y que tal vez no duerme bien en una cama de
pitas con cartones. Para nosotros que una persona de edad esté
en esa situación... yo realmente me pego un tiro, no concibo
que alguien le haya dedicado su vida a la sociedad para tener un cartón,
una almohada de a dólar y una colcha para terminar su vida indignamente.
Entonces, en estos últimos 24 años, ¿ha notado
más gente en el sector informal? Y ¿le está sirviendo
para algo, a esta gente, la labor de usted?
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El partido más cercano
que pudiera tener es el FMLN, pero para que el Frente acepte a
Vicente tiene que llover fuego del cielo
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Creemos que lo mejor que Vicente Ramírez, la
Coordinadora y todos los dirigentes del sector informal pueden hacer
es que no haya sector informal. ¿Cómo lo vamos a lograr?
Consiguiendo empleo, formación, créditos para que se termine
la informalidad y llegue la formalidad, donde la gente sienta que tiene
una vida digna, que tiene una sociedad que se preocupa y vela por sus
intereses. Ése es nuestro objetivo a larguísimo plazo,
que el sector informal no existiera porque se reinsertaron a otros modos
de vida, que la sociedad les dio alternativa.
¿Pero capacitar para qué?
No hay un gran aparato productivo donde se pueda recolocar a la gente...
¿De qué me sirve a mí capacitarlos para manejar
carretas de bueyes si ya no hay? Por eso tenemos que capacitarlos en
cosas que estén funcionando; por ejemplo, los capacitamos para
darle mantenimiento a computadoras, cosas con futuro.
¿Puede llegar a colaborar con el alcalde de San Salvador,
sea quien sea?
Independientemente del alcalde del municipio que sea, si le presta atención
a nuestro criterio, lo complementamos con los de él, o nos plantea
los de él y supera los nuestros, podemos trabajar juntos. Los
compañeros no están interesados en andar haciendo desórdenes
o causando malestar a nadie, mucho menos a los alcaldes o a nuestros
hermanos vendedores. Estamos interesados en darle soluciones a la sociedad.
Eso pasa por un diálogo sincero... Ese diálogo que se
está dando ahorita con el alcalde son decisiones desesperadas
suyas; pero no es un diálogo formal. El alcalde de San Salvador
quiere que los que estamos en conflicto vayamos a negociar a su cancha,
como si la guerrilla fuera a una base de la Fuerza Armada a negociar.
Nosotros le hemos pedido un territorio neutral como el de la Procuradora.
Prueba de que no está dispuesto a negociar en serio es que no
va ir. Nosotros esperamos que asista. El problema es que él aparenta
mucha benevolencia para afuera, pero mucha rigidez para sus trabajadores,
es muy duro. Por ejemplo, el 6 de julio agentes del CAM agarran a balazos
a vendedores en el centro de San Salvador, hieren a tres, uno reconocido
socialmente y dos que supuestamente fue por cuestión delincuencial.
En época de la dictadura militar nos agredieron de esa manera;
ahora que supuestamente el alcalde es una persona revolucionaria y joven
es sorpresa, puede que sea un joven y que sea peor que los dictadores
con cargos de coroneles y otros.
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