
|
 |
LA
OPINIÓN
La
final de la vida
En
El Salvador, todos los días vivimos la final. No hace falta que
dos equipos de Primera División dejen el alma en el engramillado
del estadio Cuscatlán para que los hombres y las mujeres nos
comamos las uñas o rocemos los límites de la ansiedad.
Día a día, sin calzar los tacos, los salvadoreños
vivimos nuestros 90 minutos de juego, nuestro tiempo extra y nos vamos
a penaltis. No frente a una portería, sino en sitios que ninguna
federación de fútbol se atrevería reglamentar.
En las calles, en el autobús, el mercado, en el súper,
en el centro comercial o al otro lado del teléfono. Ahí
nos esperan nuestros rivales. Deseosos de meternos un gol invitándonos
a gastar más de lo que podemos pagar.
No se me mal entienda. Estoy consciente de que el intercambio de bienes
es vital para la economía. El comercio es una actividad necesaria
en un país como el nuestro, donde por diversas razones, incluyendo
la falta de tecnología e inversión, adquirimos -importamos-
más bienes de los que producimos y exportamos.
Está claro. Desde que el hombre decidió dedicarse a una
sola actividad productiva -hacer zapatos, pescar, labrar la tierra-,
comprar los bienes que otros producen se volvió necesario.
Sin embargo, por alguna suerte de hechizo o simplemente por falta de
educación económica, los salvadoreños no aprendimos
a ahorrar con la misma celeridad que aprendimos a comprar.
Los expertos en economía y la misma banca nos lo han advertido
muchas veces. La nación necesita ahorrar, porque de lo contrario,
cuando sea el momento oportuno, no tendrá recursos para invertir.
Y me refiero no al ahorro tan necesario en las arcas del Estado, sino
al ahorro al que cada uno de los salvadoreños deberíamos
dedicar parte de nuestros ingresos.
Se trata de un hábito y una práctica que, aunque no nos
vuelva millonarios, nos dotará de un colchón para imprevistos
y nos evitará la necesidad de endeudarnos o topar
las tarjetas de crédito. Sé que a muchos el salario se
les escapa de los bolsillos como arena entre las manos. Pero si no intentamos
invertir la relación que tenemos con el dinero -dominarlo en
lugar de que él nos domine a nosotros- toda la vida vamos a terminar
perdiendo ese partido.
Aprender a vivir con lo que tenemos no es conformismo, es una práctica
que forma el carácter y nos prepara para las verdaderas pruebas
de la vida. No un simple partido de fútbol. No el simple dilema
de comprar o no comprar ese par de zapatos que realmente no necesitamos.
Ahorrar nos permitirá ser más reflexivos a la hora de
adquirir bienes y servicios y preparar a nuestros hijos para que cuando
ellos gobiernen el país no lo endeuden hasta el cuello.
Copyright 2005
El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización
escrita de su titular. |
|