25 de septiembre de 2005


Hacia la unión económica

La conveniencia de unir un mercado laboral y productivo de aproximadamente 36 millones de personas como camino al desarrollo a los pueblos centroamericanos, es, sin duda, un pilar importante del sueño unionista.

Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


Según el Sieca, la tasa de crecimiento en materia de
exportaciones ha tenido un aumento del 2.0%
en promedio anual desde 2000 hasta la fecha.

La integración centroamericana en materia económica es, sin duda, el camino más andado.

De hecho, si se revisa un poco la historia del proceso, los tratados comerciales con sus altibajos han culminado por el momento en el establecimiento de una zona de libre comercio en la región.

Pero Centroamérica ha dado un paso más. Alcanzada por el fenómeno de la globalización, encuentra en el establecimiento de negociaciones para un libre comercio con otras naciones del mundo una puerta al desarrollo de sus economías.

El más reciente tratado comercial que firmaran por separado tres naciones (Guatemala, Honduras y El Salvador) con Estados Unidos, ha interrumpido el proceso integracionista según algunos analistas.

Napoleón Campos, politólogo, dice que la región ha perdido el rumbo de la integración política y que por lo menos durante los próximos dos o tres años el TLC eclipsará la atención hacia la unificación. “Hay que esperar cuáles serán los resultados, (porque), ¿qué pasará si no vienen los ríos de dólares o yenes?”, se pregunta.

Pero el doctor Santamaría es más optimista al decir que los TLC, especialmente los firmados con Estados Unidos y México, casi nos sitúan en el NAFTA, en la zona estratégica del norte del continente y de gran peso en la agenda mundial.

“Se ha dicho que los tratados de libre comercio son una ventaja, de muchas oportunidades para estos países (porque) si el comercio ha sido capaz de representar un volumen comercial de $3,500 millones, entonces tenemos la oportunidad grande de construir una economía centroamericana mucho más favorable y de beneficios promoviendo sus propias estrategias de crecimiento económico”, sostiene Santamaría.

Este ex secretario del Sica considera que el regionalismo abierto es la estrategia correcta que debe tomar el istmo de manera conjunta, pero para ello hay que dar pasos más profundos como la unión aduanera que permitirá una libre circulación de bienes y mercancías.

Por otro lado, coincide con Napoleón Campos en el sentido de que el Cafta se deba aprovechar como una oportunidad, pero sin dejar de lado el proceso unificador que ha mantenido la región durante décadas.

A la vez sugieren no desaprovechar la oportunidad de asociarse con otras regiones de relevancia comercial como los países asiáticos, el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), la Comunidad Andina (Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia) y la misma Unión Europea.

Costos y beneficios

La región está obligada a negociar en bloque si realmente quiere aprovechar los beneficios de la globalización.

En la voz del viceministro de Economía, Eduardo Ayala Grimaldi, la integración ha sido un proceso de continuas negociaciones que han llevado a los Estados integracionistas a elaborar una base de acuerdos que permiten hablar, en serio, de que la región va hacia la unidad.

Por ejemplo, desde los años 60 los cinco países experimentan una zona de libre comercio que, por hoy, deja libre de gravámenes a gran cantidad de productos propios de los países, pero impone la necesidad de un arancel común para los productos externos fijados por un sistema arancelario centroamericano.

Aún falta armonizar un 3% de este sistema relacionado con los productos considerados sensibles (lácteos, carnes, arroz, aves, etcétera). Superar esto dependerá de lo que digan los productores organizados de los cinco países cuando hagan una propuesta conjunta este año para establecer un arancel único.

Superar estos obstáculos supone un avance más hacia la unión aduanera que no es más que dar libre movimiento a los productos centroamericanos. Logrado este acuerdo, las naciones se enrumbarían a la siguiente etapa del Mercado Común Centroamericano hasta culminar en la última que es la unión económica.

Según el viceministro Ayala Grimaldi, a la par de la construcción de la unión aduanera se trabaja en aspectos de la etapa del mercado común centroamericano, como es el caso de las negociaciones en torno a una armonización de medidas sanitarias.

El último mandato dado por los presidentes a los ministros es que enfoquen el trabajo en la unión aduanera (armonización de aranceles y procedimientos aduaneros únicos), el tema tributario y una política comercial externa que establezca que los países pueden en un futuro negociar comercialmente en forma conjunta y no de manera bilateral.

Los empresarios salvadoreños representados en la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) siguen considerando el tema de la integración como un proyecto de grandes beneficios para la región siempre y cuando se den saltos de calidad para profundizar más el proceso y haya una integración física efectiva donde los grandes proyectos de infraestructura hagan la diferencia. Al menos así lo refiere Juan Héctor Vidal, ejecutivo de la gremial.

“Es indispensable avanzar con paso firme hacia la unión aduanera para la conformación de un espacio donde no sólo tenga lugar el libre intercambio de mercancías sino la circulación de otros factores como capitales y mano de obra”, argumenta Vidal. Sin embargo, este dirigente empresarial reconoce que hay acciones concretas, especialmente en la facilitación del tráfico como el CA-4 en el triángulo del norte, pero eso no se debe confundir con una unión aduanera.

¿Cuán beneficioso resulta a corto plazo una unión aduanera para los intereses de los pueblos centroamericanos? Según cifras del Sieca (Secretaría de Integración Económica Centroamericana), la tasa de crecimiento en materia de exportaciones ha tenido un crecimiento del 2.0% en promedio anual desde 2000 hasta la fecha. Mientras las importaciones crecen a un 9.2%.

La interconexión vial es solo el primer paso para borrar las fronteras.

En cifras más claras, para 2004 la región exportó $12,467.2 millones, pero importó más del doble, $26,229.7 millones. En este contexto, Guatemala se alza como el mayor exportador y El Salvador como el mayor importador.

Sin embargo, el mercado intrarregional ha evolucionado. Datos del Sieca ofrecen un mejor panorama: En 1960, el intercambio comercial alcanzó los $30 millones, subió a $1,100 millones en 1980 e incrementó a $3,400 millones en 2004.

Esta evolución indica a todas luces que el libre comercio ha dado resultado.
Fomentar más el comercio interno y abrirse a otros mercados mundiales supone una oportunidad de desarrollo para los centroamericanos. Saber cuánto incrementaría el comercio interno y externo de la región es difícil saberlo.

Pero no cabe duda de que los actuales tiempos exigen a estas pequeñas naciones a trabajar unidas, y en esto ha jugado un papel importante la Unión Europea (UE) en los últimos años, ya que para sentarse a hablar de una asociación comercial con la región centroamericana, les habría puesto entre sus condiciones negociar con un bloque y no de manera individual.

Es más, es la propia UE la que asesora el proceso integracionista centroamericano, el cual le supondrá en un futuro negociar con un mercado importante.

Pero la unión económica no sólo implica números fríos, el fin último de todos estos esfuerzos y todas estas proyecciones es que esta unión económica sea un abono importante al progreso de los centroamericanos.

La moneda única

En el futuro, el dólar podría convertirse en la moneda común de los países centroamericanos. Sin embargo, para lograrlo, se necesitan acuerdos que establezcan, como en la Unión Europea, las tasas de inflación tolerables y los tipos de cambio.

Pensar en integración centroamericana es pensar en muchos detalles. Uno de ellos es la monetaria. Para algunos analistas consultados, ésta es una etapa mucho más avanzada, pero no imposible. De hecho, para el economista Juan Héctor Vidal, a esta fecha la región ya debería haberla logrado.

“El Tratado (de Integración Económica entre Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua) de 1960 ya creaba las condiciones para ello (pero) los conflictos vividos en los 70 en Nicaragua y El Salvador pusieron obstáculos en la persecución de estos grandes objetivos y se iniciara un proceso de reversión de lo que se había logrado en términos institucionales como por ejemplo el Consejo Monetario Centroamericano”, recuerda Vidal.

El economista dice que existía una cámara de compensación, para precisamente compensar o eliminar la necesidad de que los países sacaran en términos absolutos divisas para pagar sus importaciones. Había un fondo de estabilización monetaria que recordaba un poco al Fondo Monetario Internacional, pero que eso desapareció al caer en crisis el Mercado Común Centroamericano.

Pero en la memoria de Vidal también aflora la existencia del peso centroamericano que era equivalente al dólar en una unidad de cuenta. Esto trae a cuenta el planteamiento que hiciera Fusades el año pasado de adoptar, por ejemplo, el dólar como la moneda común, debido al creciente uso en la región, especialmente la economía de El Salvador, que está dolarizada desde enero de 2001.

¿Qué se requiere para llegar a esta etapa? Según la experiencia de la Unión Europea, hay que pasar a etapas avanzadas basadas en acuerdos como la tasa de inflación tolerable y los tipos de cambio.
Por ahora, el peso centroamericano nada más existe o aparece reflejado en los salarios de los diputados del Parlacen.

 

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