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Hacia
la unión económica
La
conveniencia de unir un mercado laboral y productivo de aproximadamente
36 millones de personas como camino al desarrollo a los pueblos centroamericanos,
es, sin duda, un pilar importante del sueño unionista.
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Según el Sieca, la tasa
de crecimiento en materia de
exportaciones ha tenido un aumento del 2.0%
en promedio anual desde 2000 hasta la fecha.
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La integración centroamericana en materia económica
es, sin duda, el camino más andado.
De hecho, si se revisa un poco la historia del proceso, los tratados
comerciales con sus altibajos han culminado por el momento en el establecimiento
de una zona de libre comercio en la región.
Pero Centroamérica ha dado un paso más. Alcanzada por
el fenómeno de la globalización, encuentra en el establecimiento
de negociaciones para un libre comercio con otras naciones del mundo
una puerta al desarrollo de sus economías.
El más reciente tratado comercial que firmaran por separado tres
naciones (Guatemala, Honduras y El Salvador) con Estados Unidos, ha
interrumpido el proceso integracionista según algunos analistas.
Napoleón Campos, politólogo, dice que la región
ha perdido el rumbo de la integración política y que por
lo menos durante los próximos dos o tres años el TLC eclipsará
la atención hacia la unificación. Hay que esperar
cuáles serán los resultados, (porque), ¿qué
pasará si no vienen los ríos de dólares o yenes?,
se pregunta.
Pero el doctor Santamaría es más optimista al decir que
los TLC, especialmente los firmados con Estados Unidos y México,
casi nos sitúan en el NAFTA, en la zona estratégica del
norte del continente y de gran peso en la agenda mundial.
Se ha dicho que los tratados de libre comercio son una ventaja,
de muchas oportunidades para estos países (porque) si el comercio
ha sido capaz de representar un volumen comercial de $3,500 millones,
entonces tenemos la oportunidad grande de construir una economía
centroamericana mucho más favorable y de beneficios promoviendo
sus propias estrategias de crecimiento económico, sostiene
Santamaría.
Este ex secretario del Sica considera que el regionalismo abierto es
la estrategia correcta que debe tomar el istmo de manera conjunta, pero
para ello hay que dar pasos más profundos como la unión
aduanera que permitirá una libre circulación de bienes
y mercancías.
Por otro lado, coincide con Napoleón Campos en el sentido de
que el Cafta se deba aprovechar como una oportunidad, pero sin dejar
de lado el proceso unificador que ha mantenido la región durante
décadas.
A la vez sugieren no desaprovechar la oportunidad de asociarse con otras
regiones de relevancia comercial como los países asiáticos,
el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), la Comunidad Andina
(Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia) y la misma Unión
Europea.
Costos y beneficios
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La región está obligada
a negociar en bloque si realmente quiere aprovechar los beneficios
de la globalización.
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En la voz del viceministro de Economía, Eduardo
Ayala Grimaldi, la integración ha sido un proceso de continuas
negociaciones que han llevado a los Estados integracionistas a elaborar
una base de acuerdos que permiten hablar, en serio, de que la región
va hacia la unidad.
Por ejemplo, desde los años 60 los cinco países experimentan
una zona de libre comercio que, por hoy, deja libre de gravámenes
a gran cantidad de productos propios de los países, pero impone
la necesidad de un arancel común para los productos externos
fijados por un sistema arancelario centroamericano.
Aún falta armonizar un 3% de este sistema relacionado con los
productos considerados sensibles (lácteos, carnes, arroz, aves,
etcétera). Superar esto dependerá de lo que digan los
productores organizados de los cinco países cuando hagan una
propuesta conjunta este año para establecer un arancel único.
Superar estos obstáculos supone un avance más hacia la
unión aduanera que no es más que dar libre movimiento
a los productos centroamericanos. Logrado este acuerdo, las naciones
se enrumbarían a la siguiente etapa del Mercado Común
Centroamericano hasta culminar en la última que es la unión
económica.
Según el viceministro Ayala Grimaldi, a la par de la construcción
de la unión aduanera se trabaja en aspectos de la etapa del mercado
común centroamericano, como es el caso de las negociaciones en
torno a una armonización de medidas sanitarias.
El último mandato dado por los presidentes a los ministros es
que enfoquen el trabajo en la unión aduanera (armonización
de aranceles y procedimientos aduaneros únicos), el tema tributario
y una política comercial externa que establezca que los países
pueden en un futuro negociar comercialmente en forma conjunta y no de
manera bilateral.
Los empresarios salvadoreños representados en la Asociación
Nacional de la Empresa Privada (ANEP) siguen considerando el tema de
la integración como un proyecto de grandes beneficios para la
región siempre y cuando se den saltos de calidad para profundizar
más el proceso y haya una integración física efectiva
donde los grandes proyectos de infraestructura hagan la diferencia.
Al menos así lo refiere Juan Héctor Vidal, ejecutivo de
la gremial.
Es indispensable avanzar con paso firme hacia la unión
aduanera para la conformación de un espacio donde no sólo
tenga lugar el libre intercambio de mercancías sino la circulación
de otros factores como capitales y mano de obra, argumenta Vidal.
Sin embargo, este dirigente empresarial reconoce que hay acciones concretas,
especialmente en la facilitación del tráfico como el CA-4
en el triángulo del norte, pero eso no se debe confundir con
una unión aduanera.
¿Cuán beneficioso resulta a corto plazo una unión
aduanera para los intereses de los pueblos centroamericanos? Según
cifras del Sieca (Secretaría de Integración Económica
Centroamericana), la tasa de crecimiento en materia de exportaciones
ha tenido un crecimiento del 2.0% en promedio anual desde 2000 hasta
la fecha. Mientras las importaciones crecen a un 9.2%.
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La interconexión vial es
solo el primer paso para borrar las fronteras.
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En cifras más claras, para 2004 la región
exportó $12,467.2 millones, pero importó más del
doble, $26,229.7 millones. En este contexto, Guatemala se alza como
el mayor exportador y El Salvador como el mayor importador.
Sin embargo, el mercado intrarregional ha evolucionado. Datos del Sieca
ofrecen un mejor panorama: En 1960, el intercambio comercial alcanzó
los $30 millones, subió a $1,100 millones en 1980 e incrementó
a $3,400 millones en 2004.
Esta evolución indica a todas luces que el libre comercio ha
dado resultado.
Fomentar más el comercio interno y abrirse a otros mercados mundiales
supone una oportunidad de desarrollo para los centroamericanos. Saber
cuánto incrementaría el comercio interno y externo de
la región es difícil saberlo.
Pero no cabe duda de que los actuales tiempos exigen a estas pequeñas
naciones a trabajar unidas, y en esto ha jugado un papel importante
la Unión Europea (UE) en los últimos años, ya que
para sentarse a hablar de una asociación comercial con la región
centroamericana, les habría puesto entre sus condiciones negociar
con un bloque y no de manera individual.
Es más, es la propia UE la que asesora el proceso integracionista
centroamericano, el cual le supondrá en un futuro negociar con
un mercado importante.
Pero la unión económica no sólo implica números
fríos, el fin último de todos estos esfuerzos y todas
estas proyecciones es que esta unión económica sea un
abono importante al progreso de los centroamericanos.
La moneda única
En el futuro, el dólar podría convertirse
en la moneda común de los países centroamericanos. Sin
embargo, para lograrlo, se necesitan acuerdos que establezcan, como
en la Unión Europea, las tasas de inflación tolerables
y los tipos de cambio.
Pensar en integración centroamericana es pensar
en muchos detalles. Uno de ellos es la monetaria. Para algunos analistas
consultados, ésta es una etapa mucho más avanzada, pero
no imposible. De hecho, para el economista Juan Héctor Vidal,
a esta fecha la región ya debería haberla logrado.
El Tratado (de Integración Económica entre Honduras,
El Salvador, Guatemala y Nicaragua) de 1960 ya creaba las condiciones
para ello (pero) los conflictos vividos en los 70 en Nicaragua y El
Salvador pusieron obstáculos en la persecución de estos
grandes objetivos y se iniciara un proceso de reversión de lo
que se había logrado en términos institucionales como
por ejemplo el Consejo Monetario Centroamericano, recuerda Vidal.
El economista dice que existía una cámara de compensación,
para precisamente compensar o eliminar la necesidad de que los países
sacaran en términos absolutos divisas para pagar sus importaciones.
Había un fondo de estabilización monetaria que recordaba
un poco al Fondo Monetario Internacional, pero que eso desapareció
al caer en crisis el Mercado Común Centroamericano.
Pero en la memoria de Vidal también aflora la existencia del
peso centroamericano que era equivalente al dólar en una unidad
de cuenta. Esto trae a cuenta el planteamiento que hiciera Fusades el
año pasado de adoptar, por ejemplo, el dólar como la moneda
común, debido al creciente uso en la región, especialmente
la economía de El Salvador, que está dolarizada desde
enero de 2001.
¿Qué se requiere para llegar a esta etapa? Según
la experiencia de la Unión Europea, hay que pasar a etapas avanzadas
basadas en acuerdos como la tasa de inflación tolerable y los
tipos de cambio.
Por ahora, el peso centroamericano nada más existe o aparece
reflejado en los salarios de los diputados del Parlacen.
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