
|
 |
Centroamérica,
una sola nación
Sobre
la base de lo que se ha hecho y lo que falta por hacer, Vértice
hace un repaso sobre el proceso que han seguido los pueblos centroamericanos
bajo una visión, la de concebir la región como una comunidad
de Estados que trabajan en función de su desarrollo.
Hacer una sola patria de la región centroamericana
no es un sueño nuevo.
Por él lucharon y murieron personas como el prócer salvadoreño
Manuel José Arce o el criollo hondureño Francisco Morazán.
Este anhelo ha recorrido un camino de más de ciento cincuenta
años y lleno de tropiezos.
Las guerras internas entre las naciones del istmo y las diferencias
limítrofes sean quizá los escollos que más han
retrasado el proceso integracionista que encontró su gran ruptura
en 1838.
Pese a haber sucumbido la República Federal de Centroamérica,
el espíritu unionista se ha mantenido vigente.
La palabra integración sigue resonando en cada reunión
de gobernantes centroamericanos quienes la reviven a través de
decenas de declaraciones acumuladas a lo largo de más de cincuenta
años desde que se reinició formalmente el camino.
Para 1960 Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica suscribían
el Tratado Tripartito de Asociación Económica, considerado
el antecedente directo del Tratado General de integración Económica
Centroamericana firmado ese mismo año y que entra en vigencia
en 1963.
Es este ejercicio de integración económica
el que propicia en la región una zona de libre comercio para
un plazo de cinco años, adoptaba un arancel común y uniformaba
los incentivos fiscales al fomento de las actividades manufactureras
y del Banco Centroamérica de Integración Económica.
Luego surgen otras instituciones como el Consejo Económico Centroamericano
que coordina la integración política y económica,
además del Consejo Ejecutivo encargado de administrar y aplicar
el Tratado de Integración Económica y de una Secretaría
General (la Sieca) que velaría por la correcta aplicación
del Tratado General y demás instrumentos del proceso unionista.
|
|
|
EE.UU. ve la región como
bloque. Clinton se reunió con los presidente del istmo
en Antigua Guatemala en marzo de 1999.
|
Este tratado general dio un impulso al sueño
morazánico y sentó las bases para el llamado Mercado Común
Centroamericano (MCC) que garantizaba el libre comercio de productos
originarios de los países miembros y en el que casi se equiparó
los aranceles a la importación de los mismos durante los cinco
años acordados.
EL MCC dio un aporte significativo al proceso porque se dice que dinamizó
la economía regional interna pasando de $32.6 millones en 1960
a $251.9 millones para 1968. Se habla incluso del surgimiento en esa
época de una nueva clase empresarial en el área comercial
y manufacturero, y que entre las naciones había una especie de
complementariedad industrial y comercial.
Pero esta alegría duró poco y el sistema entró
en crisis a causa de los defectos, omisiones y falta de acción
oportuna de los gobiernos. Igual impactaron las crisis monetarias internacionales,
el endeudamiento externo de los países y la violencia, desgastaron
las economías al punto que de $891.7 millones que sumó
el intercambio comercial interno en 1979, descendió a $410 millones
en 1986.
La guerra entre El Salvador y Honduras en 1969, los desastres naturales
como huracanes y terremotos, y los mismos conflictos internos en El
Salvador, Nicaragua y Guatemala también terminan afectando la
unificación en general.
La nueva visión
Desde mediados a finales de la década de los 80 se hacen esfuerzos
políticos para lograr la pacificación en el área.
Las reuniones celebradas por mandatarios y la concepción de Esquipulas
I y Esquipulas II, abren esperanzas. Incluso constituyen el Parlamento
Centroamericano (Parlacen) en 1987 pero queda instalado en 1991.
En 1993, cuando los presidentes centroamericanos de las cinco naciones
y Panamá, se reúnen por decimocuarta vez, paren el Protocolo
de Guatemala al Tratado General de Integración Económica
Centroamericana, se comprometen a promover el desarrollo de la
infraestructura física, así como los servicios particularmente
energía, transporte y telecomunicaciones, para incrementar la
eficiencia y la competitividad de los sectores productivos.
Además mantendrán plena libertad de tránsito
a través de sus territorios para las mercancías destinadas
a cualquiera de los Estados Parte o procedentes de ellos....
En 1992 habían nacido dos instituciones importantes:
la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) y la Secretaría General
de la Integración Centroamericana (Sica) que prácticamente
sustituye a la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA).
Una serie de instituciones surgen además en función de
este renacimiento unionista. Cabe destacar la Reunión de Presidentes
Centroamericanos como el rector del proceso.
Pero en la organización institucional, figuran estructuras importantes
como el mismo Parlacen, la CCJ, Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores,
el Comité Ejecutivo y el Secretario General del Sica, sin dejar
de lado la existencia y el rol financista del BCIE (Banco Centroamericano
de Integración Económica).
Si se ha logrado crear todo este marco institucional cabe preguntarse
hasta dónde han fructificado. Aparte de que muchas resoluciones
de los mandatarios aún no son llevadas a la práctica,
otras instituciones como el Parlacen ha sido duramente criticado por
su inoperancia y por escándalos de corrupción protagonizados
por algunos diputados.
Un acuerdo tomado por los presidentes en una cumbre extraordinaria celebrada
en Ciudad de Guatemala el 26 de febrero de 2004, reflejan que el proceso
no estaba siendo lo bastante acelerado o eficiente.
Ellos piden al Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores encargar
a una comisión Ad Hoc una Propuesta de Replanteamiento Integral
de la Institucionalidad Centroamericana.
Óscar Santamaría, ex secretario general del Sica, sí
cree en el aporte de esta institucionalidad al proceso integracionista
al calificarlos de instrumentos importantísimos que
han generado la posibilidad de hablar de un proceso más firme
y serio, mucho más consistente del que había antes.
Para este ex funcionario el que la región hoy goce de paz y democracia
desde los años 90, no sólo es una herencia de la voluntad
política de los presidentes del istmo sino que permite replantear
el proceso y pasar de una visión unidimensional (enfocada
a lo económico), a una más amplia, a una visión
multidimensional que involucra la parte comercial, pero también
la política, la social y la ambiental.
Por eso, se habla de una nueva etapa que implica un nuevo concepto de
integración que propone un desarrollo integral para la región,
según el camino que plantea la Alides (Alianza para el Desarrollo
Sostenible).
Pero, bajo esta nueva visión, ¿qué se ha logrado?
¿Cuánto se ha trasladado del papel a la práctica
que en realidad diga que la región ha avanzado en la senda de
la unificación?
El doctor Santamaría reconoce que se han dado pasos importantes
como el haber logrado y mantener la democracia y la paz en la región,
dos elementos básicos para todo integracionismo, pero que si
se quiere dar pasos audaces que se conviertan en golpes de efecto que
conduzcan a nuevas etapas, los compromisos asumidos en papel por los
mandatarios deben ser elevados a políticas de Estado para que
independientemente de los gobiernos de turno, se les dé continuidad.
Pero para ello, dice, debe haber voluntad política.
Un añadido importante es la que hace el ejecutivo de la Asociación
Nacional de la Empresa Privada, ANEP, Juan Héctor Vidal, cuando
dice que por las razones que sean los países son renuentes a
renunciar a su potestad de manejar sus propios asuntos.
Es que llegar a esos estadios de integración significa
impulsar con seriedad el derecho comunitario y pensar en un esquema
supranacional, lo que supone que usted cede hasta en su soberanía...
(pero) aquí todavía estamos con una mente provinciana
y la expresión clara de eso fue la elección del Secretario
General de la OEA, apunta.
Pese a todo, Vidal es optimista cuando dice que la fuerza de las
circunstancias los va a obligar (a los Estados) a la profundización
de este proceso y de alguna manera coincide con Santamaría
y el mismo viceministro de Economía salvadoreño, Eduardo
Ayala Grimaldi, cuando hablan de que a estas alturas del camino no puede
haber marcha atrás, especialmente cuando el mundo globalizado
empuja a muchos países como los nuestros a actuar en bloque.
Si ya no puede haber retroceso, entonces en qué etapa del proceso
nos encontramos. Mientras algunos acusan que éste se ha estancado,
las partes involucradas aseguran estar avanzados en la construcción
de la base de lo que será la unión del istmo.
El actual comercio libre de productos centroamericanos sin pago de arancel
nos asoman al camino de la unión aduanera, el primer gran paso
a la unión económica.
Cuando se mira el proceso en detalle, se advierte que estos estadios
nada más forman parte de un gran engranaje donde cada uno de
los objetivos está interconectado.
Nadie se atreve a hablar de plazos. Óscar Santamaría dice
que hasta donde él recuerda, se fijó el año 2020
para la conclusión de la integración centroamericana.
| El potencial de la región |
|
|
|
| Esquipulas es un ejemplo a seguir. ¿Si la
religión rompe fronteras? ¿por qué no la política? |
El puerto de Cutuco está diseñado
para ser uno de los más importantes del Océano Pacífico. |
| Copán, en Honduras, como el resto de atractivos
turísticos de la región, constituyen un polo económico
de de desarrollo sostenible. |
|
Copyright 2005
El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización
escrita de su titular. |
|