25 de septiembre de 2005


Centroamérica, una sola nación

Sobre la base de lo que se ha hecho y lo que falta por hacer, Vértice hace un repaso sobre el proceso que han seguido los pueblos centroamericanos bajo una visión, la de concebir la región como una comunidad de Estados que trabajan en función de su desarrollo.

Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


Hacer una sola patria de la región centroamericana no es un sueño nuevo.
Por él lucharon y murieron personas como el prócer salvadoreño Manuel José Arce o el criollo hondureño Francisco Morazán.

Este anhelo ha recorrido un camino de más de ciento cincuenta años y lleno de tropiezos.

Las guerras internas entre las naciones del istmo y las diferencias limítrofes sean quizá los escollos que más han retrasado el proceso integracionista que encontró su gran ruptura en 1838.

Pese a haber sucumbido la República Federal de Centroamérica, el espíritu unionista se ha mantenido vigente.

La palabra integración sigue resonando en cada reunión de gobernantes centroamericanos quienes la reviven a través de decenas de declaraciones acumuladas a lo largo de más de cincuenta años desde que se reinició formalmente el camino.

Para 1960 Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica suscribían el Tratado Tripartito de Asociación Económica, considerado el antecedente directo del Tratado General de integración Económica Centroamericana firmado ese mismo año y que entra en vigencia en 1963.

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Es este ejercicio de integración económica el que propicia en la región una zona de libre comercio para un plazo de cinco años, adoptaba un arancel común y uniformaba los incentivos fiscales al fomento de las actividades manufactureras y del Banco Centroamérica de Integración Económica.

Luego surgen otras instituciones como el Consejo Económico Centroamericano que coordina la integración política y económica, además del Consejo Ejecutivo encargado de administrar y aplicar el Tratado de Integración Económica y de una Secretaría General (la Sieca) que velaría por la correcta aplicación del Tratado General y demás instrumentos del proceso unionista.

EE.UU. ve la región como bloque. Clinton se reunió con los presidente del istmo en Antigua Guatemala en marzo de 1999.

Este tratado general dio un impulso al sueño morazánico y sentó las bases para el llamado Mercado Común Centroamericano (MCC) que garantizaba el libre comercio de productos originarios de los países miembros y en el que casi se equiparó los aranceles a la importación de los mismos durante los cinco años acordados.

EL MCC dio un aporte significativo al proceso porque se dice que dinamizó la economía regional interna pasando de $32.6 millones en 1960 a $251.9 millones para 1968. Se habla incluso del surgimiento en esa época de una nueva clase empresarial en el área comercial y manufacturero, y que entre las naciones había una especie de “complementariedad industrial y comercial”.

Pero esta alegría duró poco y el sistema entró en crisis a causa de los defectos, omisiones y falta de acción oportuna de los gobiernos. Igual impactaron las crisis monetarias internacionales, el endeudamiento externo de los países y la violencia, desgastaron las economías al punto que de $891.7 millones que sumó el intercambio comercial interno en 1979, descendió a $410 millones en 1986.

La guerra entre El Salvador y Honduras en 1969, los desastres naturales como huracanes y terremotos, y los mismos conflictos internos en El Salvador, Nicaragua y Guatemala también terminan afectando la unificación en general.

La nueva visión

Desde mediados a finales de la década de los 80 se hacen esfuerzos políticos para lograr la pacificación en el área.
Las reuniones celebradas por mandatarios y la concepción de Esquipulas I y Esquipulas II, abren esperanzas. Incluso constituyen el Parlamento Centroamericano (Parlacen) en 1987 pero queda instalado en 1991.

En 1993, cuando los presidentes centroamericanos de las cinco naciones y Panamá, se reúnen por decimocuarta vez, paren el Protocolo de Guatemala al Tratado General de Integración Económica Centroamericana, se comprometen a promover “el desarrollo de la infraestructura física, así como los servicios particularmente energía, transporte y telecomunicaciones, para incrementar la eficiencia y la competitividad de los sectores productivos”.

Además “mantendrán plena libertad de tránsito a través de sus territorios para las mercancías destinadas a cualquiera de los Estados Parte o procedentes de ellos...”.

En 1992 habían nacido dos instituciones importantes: la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) y la Secretaría General de la Integración Centroamericana (Sica) que prácticamente sustituye a la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA).

Una serie de instituciones surgen además en función de este renacimiento unionista. Cabe destacar la Reunión de Presidentes Centroamericanos como el rector del proceso.

Pero en la organización institucional, figuran estructuras importantes como el mismo Parlacen, la CCJ, Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, el Comité Ejecutivo y el Secretario General del Sica, sin dejar de lado la existencia y el rol financista del BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica).

Si se ha logrado crear todo este marco institucional cabe preguntarse hasta dónde han fructificado. Aparte de que muchas resoluciones de los mandatarios aún no son llevadas a la práctica, otras instituciones como el Parlacen ha sido duramente criticado por su inoperancia y por escándalos de corrupción protagonizados por algunos diputados.

Un acuerdo tomado por los presidentes en una cumbre extraordinaria celebrada en Ciudad de Guatemala el 26 de febrero de 2004, reflejan que el proceso no estaba siendo lo bastante acelerado o eficiente.

Ellos piden al Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores encargar a una comisión Ad Hoc una Propuesta de Replanteamiento Integral de la Institucionalidad Centroamericana.

Óscar Santamaría, ex secretario general del Sica, sí cree en el aporte de esta institucionalidad al proceso integracionista al calificarlos de “instrumentos importantísimos” que han generado la posibilidad de hablar de un proceso más firme y serio, mucho más consistente del que había antes.

Para este ex funcionario el que la región hoy goce de paz y democracia desde los años 90, no sólo es una herencia de la voluntad política de los presidentes del istmo sino que permite replantear el proceso y pasar de una “visión unidimensional” (enfocada a lo económico), a una más amplia, a una “visión multidimensional” que involucra la parte comercial, pero también la política, la social y la ambiental.

Por eso, se habla de una nueva etapa que implica un nuevo concepto de integración que propone un desarrollo integral para la región, según el camino que plantea la Alides (Alianza para el Desarrollo Sostenible).

Pero, bajo esta nueva visión, ¿qué se ha logrado? ¿Cuánto se ha trasladado del papel a la práctica que en realidad diga que la región ha avanzado en la senda de la unificación?

El doctor Santamaría reconoce que se han dado pasos importantes como el haber logrado y mantener la democracia y la paz en la región, dos elementos básicos para todo integracionismo, pero que si se quiere dar pasos audaces que se conviertan en golpes de efecto que conduzcan a nuevas etapas, los compromisos asumidos en papel por los mandatarios deben ser elevados a políticas de Estado para que independientemente de los gobiernos de turno, se les dé continuidad. Pero para ello, dice, debe haber voluntad política.

Un añadido importante es la que hace el ejecutivo de la Asociación Nacional de la Empresa Privada, ANEP, Juan Héctor Vidal, cuando dice que por las razones que sean los países son renuentes a renunciar a su potestad de manejar sus propios asuntos.

“Es que llegar a esos estadios de integración significa impulsar con seriedad el derecho comunitario y pensar en un esquema supranacional, lo que supone que usted cede hasta en su soberanía... (pero) aquí todavía estamos con una mente provinciana y la expresión clara de eso fue la elección del Secretario General de la OEA”, apunta.

Pese a todo, Vidal es optimista cuando dice que “la fuerza de las circunstancias los va a obligar (a los Estados) a la profundización de este proceso” y de alguna manera coincide con Santamaría y el mismo viceministro de Economía salvadoreño, Eduardo Ayala Grimaldi, cuando hablan de que a estas alturas del camino no puede haber marcha atrás, especialmente cuando el mundo globalizado empuja a muchos países como los nuestros a actuar en bloque.

Si ya no puede haber retroceso, entonces en qué etapa del proceso nos encontramos. Mientras algunos acusan que éste se ha estancado, las partes involucradas aseguran estar avanzados en la construcción de la base de lo que será la unión del istmo.

El actual comercio libre de productos centroamericanos sin pago de arancel nos asoman al camino de la unión aduanera, el primer gran paso a la unión económica.

Cuando se mira el proceso en detalle, se advierte que estos estadios nada más forman parte de un gran engranaje donde cada uno de los objetivos está interconectado.

Nadie se atreve a hablar de plazos. Óscar Santamaría dice que hasta donde él recuerda, se fijó el año 2020 para la conclusión de la integración centroamericana.

El potencial de la región
Esquipulas es un ejemplo a seguir. ¿Si la religión rompe fronteras? ¿por qué no la política? El puerto de Cutuco está diseñado para ser uno de los más importantes del Océano Pacífico.
Copán, en Honduras, como el resto de atractivos turísticos de la región, constituyen un polo económico de de desarrollo sostenible.

 

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