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LA
OPINIÓN
El
país de las maravillas
Falta
una semana para agosto. Desde hace varios días la televisión
y la radio tientan a los salvadoreños. Las ofertas para que se
olviden del asfalto y la contaminación visitando Guatemala y
Honduras provocan mi envidia.
No dudo de que la inseguridad y la delincuencia no sean virtudes exclusivas
de nuestro país. De sobra hemos tenido ejemplos en las páginas
de El Diario de Hoy. Ni Guatemala, ni Honduras son el paraíso
terrenal. Y con esto no pretendo boicotearles. No creo que ninguna nación
del mundo lo sea. Pero por lo que se ve en revistas y en la televisión,
chapines, catrachos, ticos y hasta colombianos saben vender muy bien
su país y despertar el deseo de conocerlo.
Creo que Cristóbal Colón fue el primer turista en darse
cuenta de que el nuevo continente no es el paraíso terrenal,
pero ¡sí que lo parece!
El Salvador es parte de este Edén. A pesar de los múltiples
esfuerzos que generación tras generación hemos hecho los
salvadoreños, hay un Lempa que aún da gusto recorrer y
bosques de pinos y nacimientos de agua que nada tienen que envidiar
a los de otros puntos del continente. Aún no logramos trocar
los bosques tropicales en desiertos y los ríos en cloacas irrecuperables.
El otrora Cuscatlán sigue ofreciendo parajes de calendario.
Ni el ISTU, ni Corsatur, ni el incipiente Ministerio de Turismo podrán
hacer el trabajo de promoción que los salvadoreños mismos,
si conociéramos más allá del mapa los accidentes
geográficos de nuestro país, podríamos realizar.
En esta línea hago un mea culpa, pues si no fuera por los viajes
de trabajo al interior del país, aún sería una
ignorante respecto a los tesoros naturales y humanos con los que contamos.
Estamos a tiempo, a pesar de los niveles de deforestación y contaminación
que hemos alcanzado, no todo está perdido. Ojalá, los
días de ocio que se acercan los podamos invertir en conocer nuestro
país.
No importa que sobre el dinero para ir más lejos. La valentía
de la que nos armamos para viajar a Guatemala y a Honduras, o atravesar
el Atlántico en avión, podría utilizarse para conocer
las montañas de Morazán o Chalatenango, o para dar un
paseo por el Golfo de Fonseca sirvan estos como ejemplos.
El Salvador no es perfecto. Lo sabemos de sobra. No es el paraíso,
pero para quienes aún no hemos sido víctimas mortales
de la violencia tampoco es el infierno.
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