24 de abril 2005


Un hombre sencillo
Nace Benedicto XVI

Nunca un cónclave había acaparado tanto la atención del mundo como en el que se eligió al 265º vicario de Cristo. Y, sobre todo, porque había que escoger al sucesor del Papa más carismático de la historia, Juan Pablo II.

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com

   
Familia religiosa. Sus padres Josef y María Ratzinger, atrás. María, Gerog y Joseph, en 1951. Fotos EDH/ AP/Rueters

La fecha de la elección se fijó para el lunes 18 de abril. Como manda la tradición, se cerraron las puertas de la Capilla Sixtina y 115 cardenales de todo el mundo se congregaron para deliberar —por tiempo indefinido— y escoger así al nuevo líder de la Iglesia.

Aún no se terminaban de secar las lágrimas derramadas por Juan Pablo II cuando los ojos del mundo se volvieron hacia el Vaticano, en especial hacia el techo de la Capilla, donde una humilde chimenea era el único contacto de los purpurados con el orbe, católico y no católico, que esperaba ansiososo.

Ese mismo día, el cardenal alemán Joseph Ratzinger, segundo al mando y brazo derecho del anterior pontífice, acumulaba la mayoría de votos. No faltó mucho tiempo para que los purpurados tomaran una decisión.

Alrededor de las 6:00 de la tarde, hora de Roma del martes 19, sale de las chimeneas un humo que origina confusión. Pero minutos después las campanas de la Basílica de San Pedro repican con alegría y luego el resto de iglesias romanas anuncian lo mismo: hay nuevo Papa.

Los minutos pasaron lentos y la espera estuvo cargada de grandes sensaciones. Las imágenes en la televisión mostraban nada más una ventana cerrada por donde luego habría de aparecer el nuevo jerarca.

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El momento llegó ante la algarabía popular. Y luego, la frase tan esperada. Las cábalas se cumplieron. El cardenal Joseph Ratzinger era el sucesor.

El alemán adoptó el nombre de Benedicto XVI en honor de Giacomo Della Chiesa, el último Benedicto, reconocido por haber creado el Código del Derecho Canónico, beatificado a Juana de Arco y, especialmente, por luchar para conseguir la paz en tiempos de guerra.

Benedicto XV ejerció su pontificado durante la I Guerra Mundial y se preocupó por mantener la neutralidad de la Iglesia.

   
Artista, combinó la música con la literatura.Fotos EDH/ AP/Rueters

Los vaticanistas sugieren que el nuevo líder quiere emular ese carácter pacificador, sobre todo después de aquella nota que el entonces cardenal Ratzinger escribiera, retomando las palabras de Benedicto XV: “La paz no tiene que ser hija de la violencia, sino de la razón”.

Pero ¿quién es Joseph Ratzinger? ¿Un intelectual conservador que ha dirigido como Prefecto la Congregación para la Doctrina y la Fe? (antes, Santa Inquisición).

Mientras unos lo consideran duro (se le llamó “Panzerkardinal’’) otros advierten un alto grado de espiritualidad, sencillez y bondad. Sus orígenes se remontan a las tierras agrícolas de la Alta Baviera, Alemania, a finales de los años veinte.

Nació un sábado santo


Marktl am Inn es un pueblecito de comerciantes y navegantes fluviales que se encuentra en algún lugar en la frontera entre Alemania, Austria y la República Checa. Con tan sólo 27.74 kilómetros cuadrados ha sido un importante puerto fluvial por su posición estratégica cercana a Munich, así como a las más importantes ciudades de Baviera.

Se menciona por primera vez en un texto de 1386 y se distingue por su diversidad de flora y fauna, lo que la convierte en un lugar ideal para actividades como el senderismo o la marcha en bicicleta.

Esta pequeña localidad, situada entre verdes cerros y montañas, cuenta con una iglesia (San Oswald) que se remonta a 1297.

   
Cardenal, caminata por Munich en 1982.Fotos EDH/ AP/Rueters

En pleno centro del pueblo, en una típica casa de dos plantas con buhardilla, nació, el 16 de abril de 1927, en la Vigilia de la Pascua, Joseph Ratzinger, hijo de un devoto e ilustrado policía (Josef Ratzinger) y de una cocinera amante de la poesía y el arte (María Ratzinger).

Su familia era tan devota que fue bautizado cuatro horas después de nacido, una mañana nevada y fría.

Creció en pleno campo, en una familia modesta donde su padre, comisario, tenía un empleo bien remunerado. A pesar de no ser una familia pobre su vida transcurrió entre la sencillez y la austeridad.

Años más tarde, el cardenal diría a uno de sus biógrafos que viviendo ese régimen de vida se experimentan alegrías que no se obtienen en una vida de abundancia.

Su infancia transcurrió feliz. Aprendieron —los tres hermanos— a cosechar una solidaridad interior. Aún con estas ventajas, sus padres tuvieron que sacrificar muchas cosas para brindarles los estudios. En ese clima aprendieron a vivir con sencillez, siendo felices con poca cosa y queriéndose mucho entre ellos.

Y es que la época que le tocó vivir a Alemania en esos días fue de vientos de guerra y escasez, sobre todo de productos básicos.

Ahí surge la historia de la fabricación casera del jabón. Como su madre era una cocinera experimentada, sabía hacer de todo, muchas recetas, entre ellas el jabón.

Su madre era muy bondadosa pero con mucha fortaleza interior. Su padre era más cerebral y más voluntarioso. Era un hombre de convicciones religiosas inquebrantables y advertía juicios muy acertados sobre aquella situación que estaban viviendo.

Aunque la infancia de Joseph y sus hermanos transcurrió entre juegos, alegría, música, también fue de exigencia y recato. Hasta que estalló la guerra.

La vocación

Cuando Adolfo Hitler llegó al poder, su padre sentenció: “¡Es la guerra, necesitaremos un refugio!”.

   
Niño poeta. Escribía versos sobre cosas cotidianas. Fotos EDH/ AP/Rueters

A partir de entonces comenzaría una serie de mudanzas entre Inn y la localidad de Salzach. Tiempo después su padre compraría una casita de campo en Hufschlag, que Joseph recuerda con cariño; a un lado estaban las montañas y al otro un encinar.

Pero fue en Traunstein donde vivieron una experiencia especial al centrarse la familia alrededor de la música de Wolfgang Amadeus Mozart.

Para esos días, los tres hijos son enviados a un internado que era la única forma de recibir una educación superior, pero aquello sólo dura dos años porque los internados son convertidos en lazaretos (casa de cuarentena para enfermos extranjeros).

Vivieron, entonces, una educación religiosa familiar total. Desde la oración en familia hasta la participación en la liturgia de la iglesia.

Su primer misal significó una gran aventura, adentrarse en el misterioso mundo del latín para averiguar qué estaba pasando.

Buscando argumentos y estudiando a fondo para poder defenderlos, descubre que todo aquello era una apasionante aventura de la razón, que, progresivamente, le iba abriendo horizontes nuevos.

Su padre sirvió hasta 1937, era contrario al nazismo y, a pesar de ser funcionario, no se afilió a ninguna organización. Para 1941, su hermano Georg fue obligado a formar parte de las juventudes hitlerianas, Joseph era muy pequeño, pero después fue inscrito por los responsables del seminario.

En 1943, todos los seminaristas de Traunstein son destinados a la artillería antiaérea de Munich. Joseph tenía 16 años. Y de agosto de 1943 a septiembre de 1944 hizo el servicio militar como todos los demás. Vivió el bombardeo de Munich, donde prestaba sus servicios en la unidad de comunicaciones.

En el otoño del 44, un oficial muy amable, manifestante antinazi, lo envía a casa para que su servicio en la infantería fuera menos enojoso. Ahí cae prisionero y es trasladado a un campo americano junto a otros 50 mil soldados. El 19 de junio del 45 fue puesto en libertad. La guerra había terminado, Alemania se había rendido.

En esos días se sentía atraído por el arte, especialmente la pintura, pero una visita pastoral del cardenal Faulhaber —vestido de color púrpura— le pareció fascinante, tanto así que, enseguida, cambió de parecer.

   
Cardenal, caminata por Munich en 1982.Fotos EDH/ AP/Rueters

Por esos días sus dotes de escritor salían a la luz a través de sus poesías y relatos escolares. Hacía poesía de todo lo que veía, de todo lo cotidiano.

En esa época cultivó muchas amistades, hasta que entró al seminario en Munich para estudiar Teología, sobre todo, Teología Científica.

Argumentó que cuando alguien decide estudiar Teología no es porque quiera aprender un oficio, sino para poder llegar a entender la fe.

El ambiente en el seminario de Freising es magnífico, después de haber vivido seis años de contienda, la gente se vuelve ávida de espiritualidad.

Estudia a los grandes filósofos como Kunt, Heidegger y Jaspers, además de San Agustín y Tomás de Aquino. En el otoño de 1950 es ordenado diácono, en ese momento su respuesta al sacerdocio se convierte en un rotundo sí, categórico y definitivo.

En junio del 51 es ordenado sacerdote junto con su hermano Georg. Tres años después recibe un doctorado en Teología por la Universidad de Munich.

Se convierte en el profesor más joven y talentoso, destacan sus planteamientos teológicos al grado que su cátedra es considerada soberana y magistral.

En 1959 comienza a enseñar teología en Bonn, el primero de varios nombramientos en universidades alemanas.

En 1962 llega como consejero del cardenal Frings al Concilio Vaticano II, donde tuvo una destacada labor como asesor y teólogo. En 1968 se alza como defensor de la fe frente al marxismo y el ateísmo.

En 1969 abandona la Universidad de Tubinga, ante las protestas estudiantiles. Pasa a enseñar en Regensburg, en su Baviera natal, cerca de donde reside su hermano.

Llega 1977 y sorpresivamente es nombrado arzobispo de Munich por Pablo VI, ese mismo año, en junio, recibe el capelo cardenalicio. Conoce a Juan Pablo II en el Sínodo del 77, y en el Cónclave de 1978 se conocen un poco más.

Ambos son considerados dos inteligentes reformadores, personalidades conciliares. Resulta electo Juan Pablo I, quien fallece a los 33 días de su pontificado. Es elegido el polaco Karol Wojtyla, quien retoma el nombre y se hace llamar Juan Pablo II. Desde eses momento nacería una profunda amistad y un servicio incondicional para con el nuevo Papa.
En 1981, el cardenal Ratzinger es llamado a Roma para dirigir la Congregación para la Doctrina y la Fe.

   
Un hombre sencillo. El cardenal acostumbraba a caminar todas las mañanas hasta el Vaticano. La sencillez y amabilidad son sus mejores virtudes.Fotos EDH/ AP/Rueters

Escribe libros y formula planteamientos filosóficos y teológicos, es reconocido como un gran intelectual y un hombre de mucha fe.

Sufre una hemorragia cerebral en septiembre de 1991 de la cual se recupera satisfactoriamente. En 1992 entra a formar parte, como miembro asociado, de la Academia de las Ciencias Sociales y Políticas de París.

Presenta su autobiografía “Mi vida, mis recuerdos (1927-1977)” y en 1998 y 2000 es nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad de Navarra y la Facultad Teológica Papal de Polonia.

En noviembre de 2002 se convierte en el decano del Colegio Cardenalicio y le toca convocar al Cónclave tras la muerte de Juan Pablo II. El 19 de abril de 2005 es elegido 265º Papa de la Iglesia Católica.

Sus títulos

Éstos son los títulos que recibirá el sucesor de Juan Pablo II, entre ellos, Príncipe de la Iglesia

Obispo de Roma: Histórica y oficialmente este título es el primero que se le da al Papa, pues sucede a Pedro. Para ayudarle en la tarea de esta diócesis de tres millones de habitantes, el obispo de Roma está asistido por un cardenal, vicario de Roma, y por varios obispos auxiliares.

Papa: Este término significa padre o papá, es originalmente de todos los obispos. En 1703 se reservó al obispo de Roma.

Sumo Pontífice: La palabra pontífice viene de pontifex, hacedor de puentes. Hacia el siglo IV se da a los obispos siendo el Papa, en tanto que soberano, el Sumo Pontífice.

Vicario de Cristo: La palabra vicario viene de “vicarius”, sustituto, asistente. Bien entendido que se trata de representar a Cristo, no de reemplazarlo. Hasta el siglo XI. Todo obispo era vicario.

Este uso tiende a volver desde el Vaticano II.

Príncipe de la Iglesia: Corresponde a la jerarquía divina del Vaticano.


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