24 de abril de 2005



LA COLUMNA

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com

¿Qué buscamos?

La muerte de Juan Pablo II —fuera de todas las implicaciones religiosas para la Iglesia que presidió— demostró, entre muchas otras cosas, el poder del espíritu humano cuando por medio de acciones o intenciones deja una marca profunda en las almas y corazones de aquellos que le siguieron o fueron acordes a su pensamiento.

Tal afirmación fue comprobada por los gestos de gratitud, solidaridad o pésame que brindaron personas e instituciones con ideologías o religiones diferentes.

Esto, como muestra de respeto ante un líder espiritual importante que estuvo entre nosotros y nos dejó un inigualable mensaje de paz y solidaridad.

Mensaje que fue llevado a todos los rincones del mundo y que a pesar de convertirse en una cruz para el anciano patriarca, significó una luz en el resto y la santidad para el portador.

De todos los mensajes, los aportes y las luchas por mantener la fe, la moral y la gracia, la misión de Juan Pablo II fue una tarea constante en contra de la injusticia social, léase hambre, guerras, desempleo, libertinaje...

Esta visión fue esparcida en los cuatro puntos cardinales y, de una forma u otra, llegó a casi todos los humanos o al menos, a los casi 1,100 millones de católicos que se supone acatan tales preceptos.

¿Qué nos dejó su muerte y qué su trabajo? Ahora que conocimos más de cerca su misión y su intención, ¿que moraleja sacamos? Acaso cambiamos en un momento de reflexión o ¿continuamos rezando y orando de la boca para afuera con la idea de ganarnos el paraíso sin hacer mucho por obtenerlo?

Porque el mundo sigue igual, o peor. Continúa sumido en la misma crisis existencial y en la más profunda y descarada hipocresía.

Sigue amenazado por el consumismo y la globalización (conceptos que Juan Pablo II y muchos Obispos y Cardenales han atacado), y siguen produciéndose guerras a pesar del 5º mandamiento.

Siempre me ha costado entender cómo le cuesta a la gente comprender esto: si Dios les dice —a los cristianos— “No matarás”, ¿por qué sacerdotes bendicen ejércitos que van a invadir a otro país? O peor aún, ¿por qué una Iglesia evangélica importante que dice profesar el mensaje de amor de Cristo presenta aviones de caza israelitas en las portadas de sus calendarios? ¿No son sinónimos de guerra?

No sé qué busca el resto de seres humanos que botan y rebotan al antojo de los falsos profetas, de políticos sanguijuelas o de las mentiras diarias que nos da la moda y el consumo: hambre, guerras, desempleo, armamentismo, tragedia, envidia, luto, enfermedad.

¿Qué buscamos? Pequeños humanos que olvidamos que la muerte es lo único cierto y que de nada sirve lo que se acumule en este mundo.

¿Qué buscamos? Si siempre buscamos en la dirección equivocada...


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