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LA
COLUMNA
¿Qué buscamos?
La
muerte de Juan Pablo II fuera de todas las implicaciones religiosas
para la Iglesia que presidió demostró, entre muchas
otras cosas, el poder del espíritu humano cuando por medio de
acciones o intenciones deja una marca profunda en las almas y corazones
de aquellos que le siguieron o fueron acordes a su pensamiento.
Tal afirmación fue comprobada por los gestos de gratitud, solidaridad
o pésame que brindaron personas e instituciones con ideologías
o religiones diferentes.
Esto, como muestra de respeto ante un líder espiritual importante
que estuvo entre nosotros y nos dejó un inigualable mensaje de
paz y solidaridad.
Mensaje que fue llevado a todos los rincones del mundo y que a pesar
de convertirse en una cruz para el anciano patriarca, significó
una luz en el resto y la santidad para el portador.
De todos los mensajes, los aportes y las luchas por mantener la fe,
la moral y la gracia, la misión de Juan Pablo II fue una tarea
constante en contra de la injusticia social, léase hambre, guerras,
desempleo, libertinaje...
Esta visión fue esparcida en los cuatro puntos cardinales y,
de una forma u otra, llegó a casi todos los humanos o al menos,
a los casi 1,100 millones de católicos que se supone acatan tales
preceptos.
¿Qué nos dejó su muerte y qué su trabajo?
Ahora que conocimos más de cerca su misión y su intención,
¿que moraleja sacamos? Acaso cambiamos en un momento de reflexión
o ¿continuamos rezando y orando de la boca para afuera con la
idea de ganarnos el paraíso sin hacer mucho por obtenerlo?
Porque el mundo sigue igual, o peor. Continúa sumido en la misma
crisis existencial y en la más profunda y descarada hipocresía.
Sigue amenazado por el consumismo y la globalización (conceptos
que Juan Pablo II y muchos Obispos y Cardenales han atacado), y siguen
produciéndose guerras a pesar del 5º mandamiento.
Siempre me ha costado entender cómo le cuesta a la gente comprender
esto: si Dios les dice a los cristianos No matarás,
¿por qué sacerdotes bendicen ejércitos que van
a invadir a otro país? O peor aún, ¿por qué
una Iglesia evangélica importante que dice profesar el mensaje
de amor de Cristo presenta aviones de caza israelitas en las portadas
de sus calendarios? ¿No son sinónimos de guerra?
No sé qué busca el resto de seres humanos que botan y
rebotan al antojo de los falsos profetas, de políticos sanguijuelas
o de las mentiras diarias que nos da la moda y el consumo: hambre, guerras,
desempleo, armamentismo, tragedia, envidia, luto, enfermedad.
¿Qué buscamos? Pequeños humanos que olvidamos que
la muerte es lo único cierto y que de nada sirve lo que se acumule
en este mundo.
¿Qué buscamos? Si siempre buscamos en la dirección
equivocada...
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