23 de octubre de 2005


REPORTAJE
El negocio de lo macabro

Los asesinos en serie tienen una gran demanda comercial en los Estados Unidos. Sus muñecos, discos, pelos, autógrafos y obras de arte son un éxito de ventas en sitios de Internet. Tratan de frenar el “merchandising”, pero no hay nada que detenga la manía por el morbo

Florencia Couto
Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


Memorabilia es el nombre con que se conoce a los objetos relacionados o pertenecientes a celebridades —en especial músicos, actores y deportistas— que se guardan como recuerdos.

Esa palabra y ese hábito originaron otro término, Muerderabilia, cada vez más incorporado en la sociedad estadounidense aunque desconocido en El Salvador. Es casi lo mismo, pero los elementos de culto pertenecen a asesinos famosos.

El curioso fenómeno data de hace varios años, pero cada tanto vuelve a ser tema de debate público al detectarse que en Internet se venden objetos de asesinos en serie.

Lo que más llama la atención son los muñecos estilo Barbie con la imagen de cuatro de los criminales en serie más notorios de los Estados Unidos: Jeffrey Dahmer, John Wayne Gracy, Ed Gain y Ted Bundy.

El responsable es un escultor llamado David Johnson, de 34 años, que le vio veta al negocio y guardó sus escrúpulos en la misma caja fuerte donde deposita sus ganancias.

“Y sí, es bastante vergonzoso hacer esto. Gano plata gracias a esos espantosos asesinatos. Pero lo mismo pasa con los documentales de Discovery Channel o con los que escriben libros sobre ellos y se llenan de dinero sin que nadie diga nada”, explica Johnson.

Todo empezó en 2000, cuando el escultor tropezó con un coleccionista de muñecos que le pidió que le hiciera uno de Ted Bundy.

El terror vive en todos lados
-En Los Ángeles, una de las atracciones que más convoca es el Museo de la Muerte. Fundado en 1995 por James Healy, está repleto de
material de los criminales.
- Andy Gore, que se describe como un enfermo mental, es el creador de la muñeca de Jeffrey Dahmer, asesino que desmedraba a sus víctimas.
-“Me divierto con lo que
hago... Es lo mismo que
hacen los talk shows, sólo que yo tengo las bolas para decir que soy una mierda de persona y que me lleno de plata con esto”, dice Gore.

“Cuando otros lo vieron terminado, empezaron a pedirme más”, confiesa. Unos amigos lo convencieron de que lo subastara en el sitio eBay, el más famoso de los Estados Unidos, y le pagaron 160 dólares.

“A pesar de no tener nada de promoción, es un gran éxito. Se venden varios cientos por mes y hasta tuve que aumentar el precio porque no daba abasto con la producción”, concluye. Cada muñeco cuesta 24.99 dólares y hay un descuento por el set completo: $89.99.

Por menos dinero, en la versión inglesa del sitio de subastas se puede conseguir Diary Of A Serial Killer, uno de los tres DVD de Michael Manson, otro asesino en serie.

Fiscales y Víctimas

A pesar de las críticas y los repudios generalizados que reciben Johnson y sus colegas, no hay nada ilegal al respecto. Los abogados de las víctimas pretenden promulgar una norma que impida sacar rédito de la muerderabilia, pero es complicado.

En 1977 se puso en vigencia una ley luego de la millonaria oferta que una editorial le hizo al asesino en serie David Berkowitz por sus memorias. Se le llamó la Ley del Hijo de Sam porque así se lo conocía a Berkowitz, quien asesinó a 6 personas, hirió gravemente a otras 7 y mantuvo alerta a toda Nueva York por 13 meses.

Sin embargo, esa ley, en la que la gran parte de las ganancias iba a los familiares de las víctimas, fue declarada inconstitucional en 1991. Desde entonces, cada estado se maneja con su propia reglamentación, que en la mayoría de los casos es nula.

Además, cuando se habla de objetos manufacturados como los muñecos de Johnson es poco lo que se puede hacer. Los protege la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense (“los derechos a la libre empresa y a la libertad de expresión”).

Andy Kahan, un texano a cargo de la División de Asistencia a las Víctimas del Crimen, encabeza la lucha contra la muerderabilia. “Con elementos manufacturados como los muñecos no se puede hacer nada.

Ir a la corte sería una pérdida de tiempo. Esto es otro ejemplo de una cultura que cubre de glamour a los asesinos y se olvida de las víctimas”, denuncia.

Kahan también descubrió un juego de mesa llamado Serial Killer, que se puede comprar en Internet por 50 dólares y que viene envuelto en una bolsa de plástico como las que cubren los cadáveres. El objetivo es matar la mayor cantidad de bebés para convertirse en el rey de los asesinos.

Jennifer Frank, una colega de Kahan, trata de crear conciencia en la gente: “Deben entender el dolor de las familias de las víctimas, que padecen y reviven el calvario tres y hasta cuatro veces. La primera es el asesinato en sí mismo, luego el juicio, después el insulto de que alguien frivolice la pérdida con un juguete, y encima que saquen provecho económico de eso. ¿Cómo no sentirse mal?”.

El crimen paga

Aunque pasaron más de 20 años desde que su hija Elena fuera encontrada mutilada, Harriet Semander no tiene paz. La Justicia detuvo y procesó al responsable, Coral Eugene Watts, autor de otros 38 asesinatos.

Pero la pesadilla de la madre continúa. Sobre todo cuando hace cuatro años descubrió que en el sitio de subastas eBay se ofrecía un mechón de pelo de Watts, a un precio de 9.99 dólares, y un autógrafo por 20. “Me volví loca cuando lo vi, pero lo que me puso más furiosa es que eBay saque provecho de estas cosas”, comenta Semander.

En un principio eBay trató de eludir las quejas aduciendo que el sitio era apenas un intermediario entre el que ofrecía un producto y el que lo compraba, y que sólo se preocupaba en cobrar un porcentaje por la operación. Al final, y por las dudas, en mayo de 2002 dejó de ofrecer objetos de muerderabilia, y ahora éstos son más difíciles de encontrar.

Con un poco de paciencia y una tarjeta de crédito, en Internet se puede conseguir cualquier cosa. Algunas inofensivas, como la radiografía dental de Elvis Presley por la que un coleccionista desembolsó 4 mil dólares, o una tostada mordida por el cantante Justin Timberlake, que se cotizó a 23.50. Pero hay otras realmente escalofriantes: mechones de pelos, uñas, obras de arte y cartas de algunos asesinos famosos.

Hace unos años se subastó el acta de defunción de Sharon Tale, brutalmente asesinada por el clan Manson. Mucha aceptación tuvieron varios ladrillos de la casa donde fue asesinada la mujer de O. J. Simpson y las bolsas con tierra del patio donde John Wayne Gracy enterró a sus 33 víctimas.

También se cotizan bien las fotografías de las escenas del crimen tomadas por la policía y algunos objetos personales de los asesinos que fueron conservados como evidencia y que misteriosamente ingresaron al mercado negro.

locos y criminales

La mayoría de los vendedores de este tipo de material prefiere ocultar su identidad. No es el caso de Ted Svejda, cuya especialidad son trozos de madera de la casa que el asesino Ed Gain tenía en Wisconsin. Gain se hizo aún más famoso cuando Alfred Hitchcock se inspiró en él para hacer una de sus películas más notables: Psicosis. “Y sí, probablemente a los familiares de las víctimas no les cause gracia, pero no voy a dejar de venderlas porque me gano la vida con esto”, admite Svejada.

Charles Manson, sentenciado de por vida luego de asesinar a la actriz Sharon Tale y a otras 9 personas, es el más popular. Cuando el escultor Johnson pretendió hacer un muñeco con su imagen se encontró con que Manson tenía exclusividad sobre su imagen. Y lo aprovecha muy bien.

Se venden camisas con su rostro y sus dibujos y pinturas realizados en la cárcel tienen un valor increíble. Su potencial quedó en evidencia con las ventas de los tres CD de música que grabó en prisión. Es imposible encontrarlos en disqueras, pero sí en los shoppings on-line.

¿Hay alguien que compra este tipo de cosas? Sí, eso es claro. Y la variada oferta es consecuencia de una gran demanda, ¿Pero a quién le puede interesar? Ante la ineludible pregunta, hay varias respuestas. Para Johnson pasa por “lo bizarro, lo morboso, por tener algo que perteneció a alguien que hizo historia”. Según Kahan, “muchos lo hacen porque están fascinados con la personalidad del asesino y así se sienten más cerca de ellos o porque sienten placer con el dolor ajeno”.

Otras visiones se pueden encontrar en Collectors, un documental de Julian Hobbs, que se ocupa del tema, que ofrece testimonios y que deja flotando una pregunta final: ¿Quiénes están peor de la cabeza? ¿Los asesinos en serie o los coleccionistas?

Sin escrúpulos
Una de las cartas de un asesino en serie que se subastan en el sitio de Internet de D & D's Bizarre Serial Killer Memorabilia; también hay obras de arte y autógrafos.

 

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