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TEMA
DE PORTADA
Entre la soledad y el abandono
Desamparo,
renuncia, desinterés, alejamiento de un lugar; descuido de las
obligaciones, el aseo personal o la compostura. Estas palabras son las
que según el diccionario de la Real Academia Española
definen el abandono, una situación en la que se encuentran centenares
de ancianos en el país, dentro o fuera de cualquier asilo
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Resignación.
Muchos abuelos añoran estar fuera de los albergues; sin
embargo, han tenido que reconocer su situación, conscientes
de que ya no pueden vivir fuera. Foto EDH /LissetteLemus
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Desde el exterior parece un pequeño hotel, similar
a los hostales en las montañas de Chalatenango, donde la neblina
envuelve el lugar por las tardes.
Las finas lámparas que cuelgan del techo añaden elegancia
a los amplios salones llenos de muebles con estampados clásicos.
De las habitaciones, individuales o compartidas, no se espera menos.
Las camas con respaldos de madera y los baños enchapados disipan
ilusoriamente, por un momento, la idea de que ese lugar es un asilo.
La anterior es una pequeña descripción de la ciudadela
Dr. Julio Díaz Sol, uno de los cuatro asilos registrados en la
Secretaría Nacional de la Familia, SNF; presta servicios privados
a 13 ancianos y, además, cuenta con un área de beneficencia,
donde cohabitan 70 abuelos.
En el país también existen los hogares altruistas para
adultos mayores, que en total suman 31 albergues, y dos más sostenidos
por el gobierno central.
La administración y el cuido de los ancianos ha sido delegada
por el Estado a otros sectores de la sociedad, sobre todo a aquellos
de algún credo religioso que, por su misma naturaleza, manifiestan
devoción y servicio a los demás.
Y aunque las buenas intenciones sobran en los recintos públicos,
que generalmente son administrados por religiosas, las atenciones son
limitadas debido a los pocos recursos que logran obtener a través
de donaciones de personas altruistas y de actividades varias, con las
que apenas recogen para algunos artículos de limpieza. Lo anterior
sumado a lo que el Estado les dispensa.
Ni para pañales
El corto presupuesto del que disponen los asilos es la cruz diaria para
quienes los administran.
No sólo los benéficos, también los albergues nacionales
carecen de varios implementos necesarios para atender a los ancianos.
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Demencia. Enfermedades
psicológicas son comunes.Foto EDH Luis Villalta
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En el asilo nacional de Santa Ana, el hogar Narcisa
Castillo, unas 26 personas (entre empleados contratados para la limpieza,
encargados de comida, administrativos y algunas religiosas de la congregación
de las hermanas Franciscanas) atienden a 112 ancianos con un presupuesto
de 23 mil dólares mensuales.
De este fondo deben disponer para la compra de detergentes y desinfectantes
para ropa, pisos y
baños; artículos de higiene personal para los internos
y alimentos para una nutritiva y balanceada dieta. Y de
ese mismo presupuesto deben sacar el dinero para pagar los salarios
de los colaboradores.
Algunas cosas, como los pañales desechables, ya no los
logramos comprar. Lo ideal sería que les pusiéramos (tales
pañales) porque hay muchos ancianitos que ya no pueden levantarse
de sus camas; pero no nos alcanza, así que cortamos sábanas
viejas y sacamos los pañales de tela, explicó la
responsable del centro, sor Irma Gladys, mientras llevaba de la mano
a una anciana por los largos corredores del recinto.
Y es que en un asilo no sólo basta brindar un plato de comida
caliente y una cama abrigada donde pasar la noche, también se
deben pagar las facturas por los servicios de agua, energía eléctrica
sobre todo cuando tienen una lavadora que funciona durante todo
el día y gastos de mantenimiento para evitar el deterioro
de un edificio sobre el que pesa ya más de un siglo de existencia.
Indiferencia
La mayoría de encargados de los asilo entrevistados resiente
del Estado el poco interés que muestran ante las necesidades
de los centros y la atención para los ancianos.
El Gobierno sólo exige y exige que tengamos especialistas,
actividades recreativas y todos los recursos humanos y materiales para
atender a los ancianos; pero ¿qué están haciendo
ellos? Se han limitado a crear leyes que permanecen engavetadas porque
no se ponen en práctica, aseguró la directora de
un albergue privado, quien pidió no citar su nombre.
Y es que en El Salvador existen instituciones como el Consejo Nacional
de Atención Integral a los Programas de los Adultos Mayores (Conaipam),
que ha redactado legislaciones con el fin de velar por los derechos
de los adultos mayores y promover ciertos beneficios a este sector de
la población.
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Fisioterapia.
Los momentos de diversión son necesarios para que los ancianos
no caigan en estados depresivos dentro de asilos Fotos EDH/LissetteLemus.
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Pero el problema no radica en la falta o existencia
de leyes, sino en la viabilidad y cumplimiento de las mismas, manifiestan
los responsables de los albergues.
Además, los reclamos no se basan sólo en la utopía
de las normativas. Algunas de las fuentes consultadas manifiestan que
la SNF instancia responsable de los adultos mayores en el país
escasamente supervisa y apoya los centros de ancianos. Hay quienes aseguran
que en un periodo de cinco años han contado con la visita de
los delegados de la SNF tan sólo en una ocasión.
Y en pocas oportunidades han recibido donaciones de víveres o
algunos artículos que pronto necesitarán nuevamente, sobre
todo porque la población en los asilos crece cada día
y las demandas sobrepasan la capacidad de atención de los centros.
De esta manera, en los asilos convive la soledad de quienes ya perdieron
la vitalidad y la lucidez, y la preocupación de quienes los asisten,
en una constante lucha por procurar ofrecerles una atención que
pueda ser considerada digna.
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