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Población
carcelaria
Más que una condena
Cerca
de 12 mil reos, 20 centros penales y cientos de necesidades forman el
perfil común de los presidiarios en El Salvador. Un acercamiento
a la forma de vida de los reos permite conocer la dimensión de
una realidad cruda, siempre a punto de explotar.
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Estado
de la población interna en las prisiones
Condenados
7,257
HOMBRES
360
mujeres
Procesados
4,039
hombres
281
mujeres
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Si los reos del sistema penitenciario salvadoreño fueran una
persona con muchas condenas pendientes, el homicidio sería el
delito por el que más años estaría privado de libertad.
Sólo en el primer semestre de 2004, el 28 por ciento de la población
interna está procesada por 905 homicidios, en todas sus formas.
De 134 personas condenadas hasta diciembre del año pasado, 67
tendrán que pagar con la cárcel por haber asesinado.
Una realidad que el Consejo Criminológico pone como un importante
punto de referencia para saber cómo es la población interna
que existe en El Salvador.
Sin embargo, más allá de la cifra, cada uno de los reos
representa una realidad específica en medio de otra tal vez más
compleja.
Hacinamiento, violencia carcelaria, abusos, violaciones, deterioro de
la infraestructura y enfermedades contagiosas son algunas de las cualidades
que describen la situación de los reos en los centros penales
de El Salvador.
Lo más grave es el hacinamiento. De 20 centros penales en el
país 10 se encuentran sobrepoblados. La capacidad instalada a
nivel nacional es para 7, 12 presos pero hasta el 17 de enero de este
año, la Dirección de Centros Penales registraba 11,937
en todo el país.
La sobrepoblación en algunas prisiones es tan grande que dormir
se vuelve imposible. El déficit de camas sobrepasa los 3,000,
lo que significa que en muchas celdas los internos tienen que pasar
la noche en el suelo sobre viejos colchones.
En el sector I de Mariona, por ejemplo, hay quienes se las tienen que
ingeniar con pedazos de cartón para poder descansar. La posibilidad
de invertir en más camas es nula.
Ástor Escalante, director de Centros Penales,
aseguró que no hay espacio y que no conviene comprar más
porque los internos hacen armas con pedazos de metal que sacan de ellas.
¿Qué hacer? Escalante aseguró que la solución
en adelante serán las camas de concreto. No se asusten,
porque les vamos a poner colchón, pero de cualquier forma no
saben lo saludable que pueden ser, aseguró a los diputados
de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea durante una
exposición.
Debido
al hacinamiento, la población interna también padece de
enfermedades contagiosas. Durante julio, agosto y septiembre del año
pasado más de 4,000 internos del penal de Quezaltepeque pasaron
consultas por padecer de escabiosis y micosis. Ambas enfermedades dermatológicas
son tratables pero son extremadamente contagiosas.
Si bien cualquiera está propenso a tener esta enfermedad, se
infectan con mayor frecuencia las personas con malos hábitos
de higiene o a los que están internados en lugares cerrados.
Pero no es el único padecimiento. La Unidad Médica de
Centros Penales registra que otra de las enfermedades que más
azotan a los reos es la tuberculosis.
Nada más el año pasado, 360 internos junto a sus familias
recibieron un tratamiento valorado en 10 dólares para cada uno.
¡Podría parecer poco pero no lo es porque sirvió
para un buen tratamiento!, asegura Escalante.
Las etapas
Pero la odisea de un reo salvadoreño comienza el momento en que
pone un pie en el centro penal, independientemente esté o no
condenado.
De acuerdo a la Dirección de Centros Penales, la mayoría
de internos ya ha sido condenado (el 65 por ciento); sin embargo, culpables,
sospechosos e inocentes conviven actualmente bajo el mismo techo. La
mezcla se traduce en menos dominio de las autoridades y por lo tanto
más descontrol de la población interna.
De hecho, de los 25 amotinamientos que ha ocurrido en los centros penales
desde 1993 más de la mitad ha sido producto de una crisis interna
entre los presos.
Para
contrarrestar esta realidad, en cada centro penal existe un equipo técnico
formado por sicólogos, siquiatras, abogados y médicos
que tienen la tarea de darle seguimiento a cada prisionero a través
de expediente único para conocer cómo evoluciona. El seguimiento
se da a través de un proceso.
Todo reo condenado entra en un sistema progresivo formado por cuatro
fases. La primera es de adaptación; aquí se realiza el
expediente único. La segunda es la ordinaria, en donde se encuentra
el 95 por ciento de la población. La tercera es la de confianza
en la que actualmente están 250 internos. Y por último,
la fase de semilibertad. De estos últimos hay 56 presos registrados
hasta el 7 de enero de 2005.
Pasar de una a otra etapa depende de la evaluación que haga el
equipo técnico; pero sobre todo del interés que
muestre el interno, asegura Edi Rodríguez, director del
Consejo Criminológico de la Dirección de Centros Penales.
De la evaluación que se haga durante un tiempo determinado, los
presos pueden acceder a uno de los programas laborales como zapaterías,
artesanías, carpintería y mecánica entre
otros, que le permiten ganar un modesto sueldo.
Sin embargo, la buena referencia en el expediente único no implica
mejores condiciones en la vida de un interno. Por ejemplo, cada reo
tiene que comer con 1.80 de dolar por día, que si bien el Consejo
Criminológico piensa que es suficiente para algunos de los reos
no es así. Sobre todo los que aseguran que en las bebidas se
les da yodo para apaciguar la libido.
Pero el jefe del Consejo Criminológico sonríe ante la
denuncia. Eso sólo lo hacían en el tiempo de antes.
¿Cómo va a creer? Entendemos que es una necesidad,
asegura sobre otro de los problemas que más aquejan a la población
carcelaria.
Muchas veces la escasez de cuartos para las visitas conyugales impide
que éstas sean más frecuentes. En Mariona, por ejemplo,
los cuartos para visitas de pareja no alcanzan. Así que
ellos buscan la forma de resolver, dice Rodríguez.
El director del Consejo Criminológico asegura que un reo, después
de tener relaciones sexuales anda más calmado, con menos
ganas de pelear.
Es la misma postura que muchos reos parecen defender a capa y espada
cuando se solidarizan para cuidar la celda durante las visitas mientras
otro mantiene relaciones sexuales.
Extranjeros en nuestras rejas
Guatemala es el país de procedencia con más reos en los
centros penales de El Salvador.
Actualmente existen 63 chapines, seguidos por los hondureños,
con 38, y los nicaragüenses con 37. En quinto lugar se ubican los
ecuatorianos con una población de 7 internos. Los colombianos
y los mexicanos comparten la misma cantidad (4 reclusos).
Le siguen Costa Rica, Taiwán, Camerún, Chile, Estados
Unidos y Argentina. Todos los anteriores con un reo por país.
Los delitos cometidos van desde hurto agravado, tráfico de drogas,
estafa, violación, secuestro, hasta homicidio agravado. Todos
los extranjeros se encuentran distribuidos en los 20 centros penales
del país.
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Principales crisis en los centros penales
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1993
San Francisco Gotera. Riña carcelaria entre reos comunes
deja 27 muertos, 30 heridos. |
1998
Centro Penal de Quezaltepeque. Un motín entre pandilleros
y reos comunes deja un interno fallecido. |
2001
Centro Penal de Apanteos. Riña entre la Mara Salvatrucha
y miembros de la 18 deja dos muertos. |
2002
Mariona. Motín deja a dos policías de la DAN y un
interno muertos. También, dos custodios del penal heridos.
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2003
Mariona. Riña carcelaria entre pandilleros de la MS y los
18 provoca la muerte de un interno y 6 heridos. |
2004
Mariona. Riña entre internos de la MS y de la mara 18. Al
final, del enfrentamiento queda un interno muerto. |
2004
Mariona. Un enfrentamiento entre reos comunes y miembros de la 18.
31 muertos y 30 heridos. |
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