23 de enero 2005


Población carcelaria
Más que una condena

Cerca de 12 mil reos, 20 centros penales y cientos de necesidades forman el perfil común de los presidiarios en El Salvador. Un acercamiento a la forma de vida de los reos permite conocer la dimensión de una realidad cruda, siempre a punto de explotar.

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com

Estado de la población interna en las prisiones

Condenados

7,257
HOMBRES

360
mujeres

Procesados

4,039
hombres

281
mujeres


Si los reos del sistema penitenciario salvadoreño fueran una persona con muchas condenas pendientes, el homicidio sería el delito por el que más años estaría privado de libertad.

Sólo en el primer semestre de 2004, el 28 por ciento de la población interna está procesada por 905 homicidios, en todas sus formas.

De 134 personas condenadas hasta diciembre del año pasado, 67 tendrán que pagar con la cárcel por haber asesinado.

Una realidad que el Consejo Criminológico pone como un importante punto de referencia para saber cómo es la población interna que existe en El Salvador.

Sin embargo, más allá de la cifra, cada uno de los reos representa una realidad específica en medio de otra tal vez más compleja.

Hacinamiento, violencia carcelaria, abusos, violaciones, deterioro de la infraestructura y enfermedades contagiosas son algunas de las cualidades que describen la situación de los reos en los centros penales de El Salvador.

Lo más grave es el hacinamiento. De 20 centros penales en el país 10 se encuentran sobrepoblados. La capacidad instalada a nivel nacional es para 7, 12 presos pero hasta el 17 de enero de este año, la Dirección de Centros Penales registraba 11,937 en todo el país.

La sobrepoblación en algunas prisiones es tan grande que dormir se vuelve imposible. El déficit de camas sobrepasa los 3,000, lo que significa que en muchas celdas los internos tienen que pasar la noche en el suelo sobre viejos colchones.

En el sector I de Mariona, por ejemplo, hay quienes se las tienen que ingeniar con pedazos de cartón para poder descansar. La posibilidad de invertir en más camas es nula.

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“Me he rehabilitado”

Ástor Escalante, director de Centros Penales, aseguró que no hay espacio y que no conviene comprar más porque los internos hacen armas con pedazos de metal que sacan de ellas.

¿Qué hacer? Escalante aseguró que la solución en adelante serán las camas de concreto. “No se asusten, porque les vamos a poner colchón, pero de cualquier forma no saben lo saludable que pueden ser”, aseguró a los diputados de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea durante una exposición.

Debido al hacinamiento, la población interna también padece de enfermedades contagiosas. Durante julio, agosto y septiembre del año pasado más de 4,000 internos del penal de Quezaltepeque pasaron consultas por padecer de escabiosis y micosis. Ambas enfermedades dermatológicas son tratables pero son extremadamente contagiosas.

Si bien cualquiera está propenso a tener esta enfermedad, se infectan con mayor frecuencia las personas con malos hábitos de higiene o a los que están internados en lugares cerrados.

Pero no es el único padecimiento. La Unidad Médica de Centros Penales registra que otra de las enfermedades que más azotan a los reos es la tuberculosis.

Nada más el año pasado, 360 internos junto a sus familias recibieron un tratamiento valorado en 10 dólares para cada uno. “¡Podría parecer poco pero no lo es porque sirvió para un buen tratamiento!”, asegura Escalante.

Las etapas

Pero la odisea de un reo salvadoreño comienza el momento en que pone un pie en el centro penal, independientemente esté o no condenado.

De acuerdo a la Dirección de Centros Penales, la mayoría de internos ya ha sido condenado (el 65 por ciento); sin embargo, culpables, sospechosos e inocentes conviven actualmente bajo el mismo techo. La mezcla se traduce en menos dominio de las autoridades y por lo tanto más descontrol de la población interna.

De hecho, de los 25 amotinamientos que ha ocurrido en los centros penales desde 1993 más de la mitad ha sido producto de una crisis interna entre los presos.

Para contrarrestar esta realidad, en cada centro penal existe un equipo técnico formado por sicólogos, siquiatras, abogados y médicos que tienen la tarea de darle seguimiento a cada prisionero a través de expediente único para conocer cómo evoluciona. El seguimiento se da a través de un proceso.

Todo reo condenado entra en un sistema progresivo formado por cuatro fases. La primera es de adaptación; aquí se realiza el expediente único. La segunda es la ordinaria, en donde se encuentra el 95 por ciento de la población. La tercera es la de confianza en la que actualmente están 250 internos. Y por último, la fase de semilibertad. De estos últimos hay 56 presos registrados hasta el 7 de enero de 2005.

Pasar de una a otra etapa depende de la evaluación que haga el equipo técnico; pero sobre todo “del interés que muestre el interno”, asegura Edi Rodríguez, director del Consejo Criminológico de la Dirección de Centros Penales.
De la evaluación que se haga durante un tiempo determinado, los presos pueden acceder a uno de los programas laborales como zapaterías, artesanías, carpintería y mecánica —entre otros—, que le permiten ganar un modesto sueldo.

Sin embargo, la buena referencia en el expediente único no implica mejores condiciones en la vida de un interno. Por ejemplo, cada reo tiene que comer con 1.80 de dolar por día, que si bien el Consejo Criminológico piensa que es suficiente para algunos de los reos no es así. Sobre todo los que aseguran que en las bebidas se les da “yodo” para apaciguar la libido.

Pero el jefe del Consejo Criminológico sonríe ante la denuncia. “Eso sólo lo hacían en el tiempo de antes. ¿Cómo va a creer? Entendemos que es una necesidad”, asegura sobre otro de los problemas que más aquejan a la población carcelaria.

Muchas veces la escasez de cuartos para las visitas conyugales impide que éstas sean más frecuentes. En Mariona, por ejemplo, los cuartos para visitas de pareja no alcanzan. “Así que ellos buscan la forma de resolver”, dice Rodríguez.
El director del Consejo Criminológico asegura que un reo, después de tener relaciones sexuales “anda más calmado, con menos ganas de pelear”.

Es la misma postura que muchos reos parecen defender a capa y espada cuando se solidarizan para cuidar la celda durante las visitas mientras otro mantiene relaciones sexuales.

Extranjeros en nuestras rejas

Guatemala es el país de procedencia con más reos en los centros penales de El Salvador.

Actualmente existen 63 chapines, seguidos por los hondureños, con 38, y los nicaragüenses con 37. En quinto lugar se ubican los ecuatorianos con una población de 7 internos. Los colombianos y los mexicanos comparten la misma cantidad (4 reclusos).

Le siguen Costa Rica, Taiwán, Camerún, Chile, Estados Unidos y Argentina. Todos los anteriores con un reo por país.

Los delitos cometidos van desde hurto agravado, tráfico de drogas, estafa, violación, secuestro, hasta homicidio agravado. Todos los extranjeros se encuentran distribuidos en los 20 centros penales del país.

Principales crisis en los centros penales
1993
San Francisco Gotera. Riña carcelaria entre reos comunes deja 27 muertos, 30 heridos.
1998
Centro Penal de Quezaltepeque. Un motín entre pandilleros y reos comunes deja un interno fallecido.
2001
Centro Penal de Apanteos. Riña entre la Mara Salvatrucha y miembros de la 18 deja dos muertos.
2002
Mariona. Motín deja a dos policías de la DAN y un interno muertos. También, dos custodios del penal heridos.
2003
Mariona. Riña carcelaria entre pandilleros de la MS y los 18 provoca la muerte de un interno y 6 heridos.
2004
Mariona. Riña entre internos de la MS y de la mara 18. Al final, del enfrentamiento queda un interno muerto.
2004
Mariona. Un enfrentamiento entre reos comunes y miembros de la 18. 31 muertos y 30 heridos.

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