23 de enero de 2005


Victoria para la mujer de Nigeria

Hauwa Ibrahim, la abogada que evitó que dos personas fueran lapidadas por cometer adulterio, narra a El Diario de Hoy las razones que la llevaron a defenderlas. Su voluntad no se doblegó, a pesar de las críticas y amenazas de la villa.

Daysi Carolina Amaya
vertice@elsalvador.com

Apoyo. Hauwa Ibrahim (izq.) acompaña a Amina Lawal y su bebé Wasila en la corte de Katsina en septiembre de 2003.

En un campamento al oeste de Maryland, en Estados Unidos, Hauwa Ibrahim, de 36 años, se mostraba pensativa. Era principios de septiembre de 2003 y dentro de una semana viajaría a su país, Nigeria, para escuchar la sentencia de un juez.

No se trataba de ella, sino de su defendida, Amina Lawal, quien, de no ser absuelta, moriría lapidada por adulterio o “Zina”.

Al momento de la apelación, Ibrahim estudiaba una maestría en Leyes en Washington, D.C., pero eso no impidió que llegara hasta el final.

Manifiesta que aceptó el caso porque Lawal era pobre, analfabeta y, al igual que muchas mujeres, no tenía quien hablara por ella.

La conoció en la villa Kurami, del estado de Katsina, al norte del país, y le comentó que venía de defender a otra persona con una experiencia similar.

Se refería a Safiya Hussaini, que había sido condenada en 1999 por el sistema legal de Nigeria, que reconoce la ley islámica Sharia, a morir por apedreamiento. En marzo de 2002 fue dejada en libertad, gracias a la labor de Ibrahim y de otros abogados.

Esa misma fecha, el Tribunal Supremo de Nigeria ratificó la pena de muerte de Lawal, de 30 años, porque ella confesó que había cometido adulterio y porque había tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. El embarazo era la evidencia.

En ese tiempo ya se había divorciado, después de que sus padres la casaron cuando tenía 14 años.
“Le dije que estaba dispuesta a aceptar su caso sin ningún pago”, dice la profesional.

El equipo de defensores, entre ellos Ibrahim, apeló en marzo de 2002 e insistió, entre otras razones, en que una persona bajo la ley Sharia puede retirar su confesión antes del juicio, especialmente cuando hay pena capital.

Que el cargo era vago y que no indicaba la fecha, hora, el lugar, y con quién se cometió la ofensa; que no tenía un defensor en el momento del juicio; que se asumió que estaba casada sin pedir pruebas.

También que el embarazo no era una prueba conclusiva de adulterio, y que el período de gestación es entre seis meses y cinco años, según la Escuela de Pensamiento Islámica Maliki.

El 25 de septiembre de 2003, la Corte de Apelación Sharia, en Katsina, dictó la sentencia.

Decidió que la confesión de Lawal no era válida; que la persona acusada no puede ser juramentada por el Corán, sino solamente por Dios; que el embarazo pudo haber sido producto del esposo anterior, y que la apelante podía retirar o retractarse de su confesión en cualquier momento antes del juicio, entre otros.

Pero más que todo, dice Ibrahim, la corte dijo que el Islam y Sharia apoyan la libertad, la protección y la justicia. Por estas razones, Lawal fue absuelta.

“La ley de Alá es suprema a la ley del hombre”, manifiesta Ibrahim.

“Los valores de la sociedad en Nigeria son conservadores. Las mujeres no deben tener hijos si no se han casado, pero creo que ella no merecía el castigo”, agrega.

Su satisfacción con este caso fue muy grande, porque sabía que Nigeria tiene mucha influencia en el continente africano y cualquier decisión afectaría a la región.

Asegura que defendió a las dos mujeres, porque de no hacerlo, “era un daño que se hacía a sí misma y porque mañana podría ser mi turno”.

Ha reiterado muchas veces, que de ninguna manera trató de desafiar al Islam, a la ley Sharia, o a la cultura y tradiciones de su pueblo. Lo hizo porque estaba en juego la dignidad humana.

Incluso no demostró ninguna emoción al escuchar las sentencias, porque no quería que su actitud fuera mal interpretada por las autoridades y los habitantes, quienes la amenazaban.

“Por ser una pequeña villa, todo mundo es como una familia”, indica. Afirma que tuvo que soportar insultos de otras mujeres que la llamaban prostituta por su labor.

Su madre también le dijo que el caso era vergüenza para la familia.

Precedente

La comunidad internacional hizo pública su condena cuando transcendió en las noticias la sentencia de lapidación para Safiya Hussaini y Amina Lawal.

Para Hauwa Ibrahim, con el caso de Lawal se logró aceptar los principios constitucionales de Nigeria, y se plantearon importantes aspectos, como la separación entre el Estado y la religión; el castigo cruel, inhumano o denigrante; y la Sharia como parte de la legislación del Estado y su aplicación en la ley criminal.

Según la abogada, hay recomendaciones de sancionar internacionalmente a su país hasta que se derogue la ley Sharia, pero opina que esto perjudicaría más a la población pobre. Mientras tanto, busca ser más creativa y continuar lo que hasta ahora ha hecho: defender al más vulnerable.


“Soy privilegiada”

“Vi a un mundo que se une sin tomar en cuenta el color de la piel, sexo, lengua, religión u orientación política y social. Vi un mundo unido por el respeto de los derechos humanos y la dignidad humana”.

Hauwa Ibrahim Abogada.

Cargos. Safiya Hussaini fue condenada en 1999 a morir lapidada, después de que dio a luz a su hija Adama.

Cuando era niña, Hauwa Ibrahim vio la foto de una mujer que vestía birrete y toga y que parecía muy segura de sí misma. Esto causó un gran impacto en ella y desde entonces nació el deseo de llegar a ser profesional.

Pese a la pobreza y las barreras culturales en su país, porque no era la costumbre que una mujer estudiara, llegó a ser la primera abogada del norte de Nigeria.

“Tenía que ir a las montañas, cortar madera y hacer dinero para poder ir a la escuela”, indica. “Sólo quería tener seguridad”.

Ibrahim es una mujer alta, elegante, con voz suave y una gran personalidad.

En 2003 obtuvo una beca como parte del programa Hubert H. Humphrey, para estudiar una maestría en Leyes en la American University, en Washington, D.C. Se graduó en 2004. Esta vez la mujer de la foto era ella misma.

Tras conocerse que era la defensora de Amina Lawal y Safiya Hussaini, tuvo la oportunidad de reunirse en el país norteamericano con el ex Presidente Jimmy y Rosalyn Carter, así como con el ex secretario de Estado Colin Powell.

Ahora que ha regresado a Nigeria, se ha establecido en Abuja, la capital. Manifiesta que su vida ha cambiado de muchas maneras, no sólo porque ha dado conferencias en diferentes países, sino también por su deseo por hacer un cambio positivo en su país es muy grande.

En diciembre visitó una cárcel y entrevistó a 32 prisioneros cuyos casos están relacionados con la ley Sharia. Dice que se prepara para apelar la mayoría de ellos, junto con otros abogados locales.
Su plan para el futuro es concentrarse en su práctica legal para defender los derechos humanos.

Considera que la ley está, en muchos casos, en contra del pobre y de la mujer, por lo que hay necesidad de hacer cambios en la jurisprudencia.

También asegura que hay necesidad de educar a la población para que se respete el Estado de Derecho, la justicia y la libertad.

“El cambio es muy poco y algunas veces frustrante... Como mujer me digo a mí misma que tengo lo que se necesita para hacer mi trabajo”, manifiesta.

“He aprendido mucho sobre lo privilegiada que soy al venir de un humilde hogar y cómo siento la necesidad de dar cada día más”, indica.

Ibrahim tiene dos hijos, Nico, de 7 años, y Silvio, de dos. Su esposo es italiano y trabaja en el sector de la construcción.

Explica que, en ocasiones, ella ha guardado el dinero que él le da para poder ayudar a la gente que defiende.

“Es un buen hombre”, dice de él. Sonríe mientras agrega que su esposo se ha conformado a decir que ella “es un mal caso”.

Pero Ibrahim tiene la certeza de cuál es su misión y que también la comparten muchas organizaciones humanitarias. “Estamos aquí, porque queremos mover el mundo hacia adelante”, concluye.


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