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LA
COLUMNA
La
misión de Judas
Jesús sabía que sería
traicionado y no lo impidió. Aunque, según creemos los
cristianos, tenía el poder para hacerlo. Parece una locura para
los no creyentes: Él quiso que se cumpliera la voluntad de su
Padre y se dejó conducir hacia la cruz sin protestar.
Aunque parezca increíble, Judas tenía la misión
de entregar a Jesús. Su más grave error no fue venderlo
por treinta monedas, sino quitarse la vida descartando la posibilidad
de ser perdonado.
Por eso creo que Schafik Handal y otros miembros de la bancada efemelenista
debieron pensar mejor la explicación que dieron al sentirse traicionados
el miércoles pasado. Comparar a los legisladores Nicolás
García y José María Portillo con Judas Iscariote
y, por lo consiguiente, al FMLN con Jesucristo, es un grave error táctico.
No sé si Schafik y compañía están conscientes
de que esa comparación no abona nada a su causa política.
Vivimos en El Salvador, donde católicos y cristianos, practicantes
o no, son aún mayoría.
Y aunque para el difunto Carlos Marx la religión es el
opio de los pueblos, las misas de domingo y los cultos evangélicos
aún se llenan.
Sin embargo, haciendo a un lado el equívoco religioso, el más
grave desacierto de los efemelenistas que ya etiquetaron a García
y a Portillo como los judas, es el simple hecho de sentirse
traicionados. ¿A cuenta de qué?
Creo que hojear de vez en cuando la Constitución es una práctica
muy recomendable para todo ciudadano, pero obligatoria para quien acepta
ser llamado padre de la patria y recibir 25 veces el salario
mínimo como paga por anteponer las posiciones partidistas a las
necesidades de la población léase, los votantes.
Los funcionarios y empleados públicos están al servicio
del Estado y no de una fracción política determinada.
No podrán prevalerse de sus cargos para hacer política
partidista.
El que lo haga será sancionado de conformidad con la ley,
reza el artículo 218 de la Constitución. Si de ahora en
adelante los diputados, sin importar colores, leen con frecuencia este
artículo, ninguna fracción legislativa tachará
como traidor o Judas al diputado cuyo voto difiera del resto
de su bancada.
Antes de formar parte de un partido, los diputados y diputadas son ciudadanos
y, como tales, se deben más al común de la población
que a quienes portan sus mismos colores políticos. Y, Schafik,
dejemos en paz a Judas, que suficiente tiene con ser el fantoche que
cuelgan de un poste cada Semana Santa.
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