22 de mayo de 2005


Tecnología
A un paso del espacio

La carrera espacial da cada vez pasos más agigantados en la conquista del universo. Jorge Zapparoli es un ingeniero óptico que tiene raíces salvadoreñas y que trabaja en el programa espacial de los Estados Unidos. Entre sus metas está convertirse en astronauta

Juan Carlos Rivas / VERTICE
vertice@elsalvador.com


Ikonos 1 es un satélite de comunicaciones que toma fotografías a 400 mil millas de distancia (detalle);Jorge Zapparoli trabajó en la instalación de los paneles solares.

“Estamos en las puertas de la aventura más grande que la raza humana se ha embarcado. Nuestro espíritu de exploradores está a punto de llevarnos, en unos 15 a 20 años, a habitar la Luna y, claro, al tener una presencia humana permanente en nuestro satélite natural, estamos a un paso del intrigante planeta Marte y, quizás, muy cerca de las primeras colonias del hombre y de la mujer en el planeta gemelo de nuestra querida Tierra.”

Así piensa Jorge Zapparoli, un estadounidense de padres salvadoreños. También sueña con ser astronauta. Este ingeniero óptico con especializaciones en telecomunicaciones de combate aplicó un día a una compañía aeroespacial y calificó para el área de sistemas integrados. Esto le permitió trabajar de cerca en el programa espacial, específicamente comunicación satelital en la empresa Lockheed Martin Space Systems que trabaja en la Base Edwards del Ejército de los Estados Unidos.

En esta base se rompió la barrera del sonido por primera vez y es el lugar en donde el ejército estadounidense realiza sus pruebas.

“Fui a una entrevista a la compañía y ese mismo día me contrataron. Cuando me dieron el tour por la planta me di cuenta de que eso es lo que quería hacer por el resto de mi vida.

“Para decir la verdad, mis planes eran graduarme de ingeniero eléctrico y volver a El Salvador. En mis vacaciones apliqué a varias empresas pero no tuve resultados.

“Regresé y trabajé en Xerox Nueva York, pero no era emocionante, hasta que fui a Lockheed Martin... y me cambió la vida”, relata este compatriota.

La corporación es una integradora de sistemas de alta tecnología, en ese ramo es la número uno en el mundo.

Sus labores se dividen en aeronáutica, sistemas electrónicos, servicios de información y tecnología, soluciones y sistemas integrados y sistemas espaciales.

En estos últimos, Jorge ha participado en el programa de defensa espacial como misiles balísticos nucleares de la Marina, satélites, instrumentos científicos para las estaciones espaciales, misiles defensivos y actualmente en el proyecto Láser Aerotransportado, que sirve para detener misiles.

Un astronauta maya

Cualquiera podría preguntarse ¿que llevó a este joven a integrarse a un programa de defensa espacial, sobre todo cuando se trata de alta tecnología? La respuesta es simple: como todo niño, Jorge quería ser astronauta.
Nació en Nueva Orleans el 26 de diciembre de 1965, de padres salvadoreños, emigró primero a Costa Rica y posteriormente radicó un tiempo en El Salvador, donde pasó su infancia y adolescencia.

Aeronáutica. Zapparoli -primer plano- labora en Lockheed Martin Space Systems; es un especialista en telecomunicaciones.Foto EDH

“En realidad yo quería ser geólogo, paleontólogo y astronauta. Tengo dos tíos que estudiaban geología y me fascinaba quedarme despierto con ellos cuando estudiaban.

“Con la serie El Hombre Nuclear quise ser piloto. También influyó la serie Cosmos 1999, porque me fascinaba la ciencia. Pasaba horas leyendo una enciclopedia y la colección de Julio Verne de 1895 que tenía mi papá.

“Pero ya tenía la idea de ingresar al ejército, me llamaba la atención el Army por la preparación y porque ayudan con la universidad. Así que en septiembre del 84 salí para los Estados Unidos y me instalé en la casa de una amiga de mi mamá.

“A los dos días empecé a trabajar como mesero en un edificio para personas de la tercera edad, y tres días después comencé a estudiar el tercer año. Me gradué de high school, recibí ofertas para jugar fútbol pero tenía que trabajar.
“Mis primos ya se habían enlistado en el Army y decidí hacer lo mismo. Era octubre del 85. Fueron por mí en Navidad y para enero estaba en Fort Gordon, Georgia, para comenzar mi entrenamiento en especialidad ocupacional, la cual fue, Telecomunicaciones de Combate”, indica Zapparoli.

Los entrenamientos en esta área comprendían prácticas para un escenario real de guerra. Los expertos en comunicaciones eran los encargados de mantener el flujo de las mismas entre el frente de batalla y los cuarteles generales de operaciones.

Comunicaciones. Los programas de defensa espaciales utilizan telescopios que sirven para monitorear la troposfera, estratosfera y mesosfera. Su mantenimiento depende de los ingenieros espaciales. De convertirse Zapparoli en astronauta realizaría trabajos como el de la ilustración.

Dicha especialización sirvió para que Jorge fuera destacado en un “Tour of duty” en Corea, el cual duró cerca de 12 meses.

“Estuve en Camp Hovey, a unos cuantos kilómetros de la zona desmilitarizada, que es la frontera entre Corea del Sur y Corea del Norte. Mi trabajo en la unidad era el de mantener las comunicaciones de radio en una zona montañosa de mucha interferencia.

“El día consistía en levantarse a las cinco de la mañana para hacer ejercicio, así fuera una temperatura bajo cero o un calor intenso.

“Nos formábamos alrededor de las 8 y alistábamos nuestro equipo para comenzar las prácticas. Luego, al finalizar el día, el montón de soldados sueltos en Corea, bueno, ni se diga...”, recuerda sonriendo.

Completó su educación militar y se trasladó a un pueblo llamado Matoon, en Illinois, donde comenzó sus estudios universitarios.

Cursó Pre-ingeniería en Lake Land College y fue transferido a la Southern Illinois University donde se graduó como ingeniero electricista.

Para esa época sirvió en la Guardia Nacional del Estado de Illinois donde realizaba trabajos administrativos. Hasta que aplicó en Lockheed Martin donde pasó al área de sistemas, óptica e ingeniería espacial.

Al borde del espacio


Su experiencia militar y su especialidad en comunicaciones lo hicieron calificar para el área de comunicación satelital, específicamente en los programas espaciales que la compañía realiza en conjunto con el ejército de los Estados Unidos.

Comenzó su participación en el área de defensa espacial, hasta que logró trabajar en importantes proyectos como el Satélite IKONOS1, que se encarga de tomar fotografías a 400 mil millas de distancia, y capaz de captar objetos de hasta un metro de resolución.

Trabajó en los paneles solares de la Estación Espacial Internacional los cuales generan cerca de un cuarto de millón de watts.

Después laboró con un aparato de la NASA que se llama HIRDLS (High Resolution Dynamics Limb Sounder), que es parte del satélite AURA, un observatorio que lleva como carga cuatro instrumentos científicos cuya misión es investigar la atmósfera de nuestro planeta.

A la par del trabajo, ha sacado una maestría en Gerencia de ingeniería y otra en Ciencias ópticas, mientras llega septiembre, cuando tenga que empezar una maestría más: Astronaútica y Tecnología espacial.

Esta maestría lo facultará para aplicar a la próxima convocatoria para ser astronauta (sólo hay dos latinoamericanos, uno mexicano y un tico). “Aplican muchísimas personas, es sumamente difícil y agotador y califican a los más preparados y a los más inteligentes. No quiero un día arrepentirme de no haber tratado.

“Yo pienso que si se deja de estudiar y de aprender, uno se hace viejito”, agrega.

La carrera de Astronaútica y Tecnología espacial trata sobre el diseño, construcción y operación de naves espaciales, ya sean satélites o naves tripuladas.

Zapparoli ha trabajado recientemente en este campo, en los proyectos del telescopio Infrarrojo, que se opera a través de consolas. El equipo de Jorge, compuesto por tres personas, tuvo a su cargo una de ellas y, además, participó en el proyecto Rayo láser, que corresponde al programa de defensa espacial.

“La Astronaútica trata sobre propulsión espacial, mecánica de órbitas, viajes en el sistema solar y fuera de él, sistemas de poder y térmicos de naves espaciales, en fin, todo aplica en mi corporación y en mi área”, cuenta.

AURA
Este satélite busca información sobre la capa de ozono y elabora un plan de búsqueda en otros planetas donde se presume pueda haber vida.

Las fotografías satelitales permiten tener tanto una mejor ubicación de lo que se busca como una resolución perfecta. Operan con tecnología Kodak

La tecnología del satélite IKONOS 1 produce las más detalladas fotografías, las cuales se utilizan en biofísica, ecología y defensa espacial.
Paneles solares
Sirven para generar millones de watts en las estaciones espaciales. Zapparoli ha trabajado en la mayoría así como en diversos tipos de satélites

El sueño de un niño

Esta oportunidad de acceder literalmente al espacio, ha hecho que Jorge continúe soñando. Espera un día llegar a la luna o visitar una colonia en Marte. Con ver las galaxias y las estrellas se conforma. Pero sigue haciendo planes.
Actualmente trabaja en el proyecto de defensa “Airborne láser” que trata sobre un rayo láser en un avión de carga, el 747-400F, cuya misión es destruir misiles (enemigos) antes de que alcancen su objetivo.

“En un mundo completamente loco como el de ahora, cuando sea la hora de salvar a mis hijos o nietos luego que a alguien se le ocurrió apretar un montón de botones, voy a pensar en que todo el esfuerzo de muchos, de verdad valió la pena”, argumenta.

Por esta razón es que Jorge Zapparoli se entrega a su trabajo. Mira el mundo con otra perspectiva, basado en un futuro que apunta a la fascinación.

“La idea de encontrar vida en otras partes es fascinante. Se supone que en la Luna Europa hay océanos subterráneos, entonces, debido a la fricción producida por el movimiento de las capas tectónicas, se genera calor.
“Si eso genera calor puede que haya un ambiente propicio para que exista algún tipo de vida. En la Luna Io, de Júpiter, se sabe de erupciones volcánicas. Aquí en la Tierra se encuentra vida en los dos extremos (frío y calor) y eso se toma como referencia”, explica.

“Entonces, se presume que en algún volcán de la luna Io puede haber algún tipo de vida. En lo personal creo que sí hay vida fuera de nuestro planeta.

“¿Que pasaría? ¡Pues imagínese! Se cambiaría toda la filosofía humana y todos los conceptos, ya que siempre hemos pensado que somos el centro del universo y a lo mejor sólo somos una especie más”, reflexiona.

“El director de la NASA dijo recientemente que si todo funciona bien, alrededor del año 2010 habrán viajes a la luna.”
“Estoy calculando que en unos 25 años, cuando se reemplace la flota de transbordadores y se lleven humanos para el trabajo allá por el 2020, la Luna va a estar a un saltito. Sobre todo con las investigaciones de motores con propulsión de plasma, las nuevas tecnologías en generación de poder. La colonización está en su infancia y ahí vamos.
“Yo siento que la aventura espacial es una extensión de los grandes exploradores, y el espíritu de viajar hacia lo desconocido es algo que empuja a los humanos desde la antigüedad.

“Cuando los primeros paneles solares fueron extendidos en la estación espacial, la mayoría de nosotros teníamos lágrimas porque una extensión de nosotros estaba flotando con ellos.

“Los exploradores de la antigüedad no tenían el sistema de soporte que los exploradores actuales tienen. Así que a través de nuestra experiencia nos sentimos como si exploramos con ellos, como si fuimos parte de los viajes de Marco Polo a China”, concluye este salvadoreño, que está cerca de caminar sobre la luna.

TecnologÍa de la nasa en el salvador


Zapparoli piensa crear una compañía de comunicaciones microsatelitales con base en El Salvador.

Su intención es compartir sus conocimientos y desarrollar el campo tecnológico con instrumentos de punta.

“La tecnología en El Salvador -dice-no pasa del Internet, y las pocas compañías que existen se dedican a la distribución de servicios. Todas las empresas dicen poseer la última tecnología pero no la tienen. Salvo Taca, que posee la tecnología que estoy acostumbrado a manejar.

“¿Cómo sería si nos preocupáramos más por despertar, alimentar y desarrollar la imaginación de nuestros hijos, de nuestros niños y niñas y de nuestros jóvenes, en lugar de interesarnos en cómo quedó el Águila en el partido del domingo?

Algo más que maquilas... “Me gustaría ser un ejemplo de industria. Que se pueda contar con una especie de oficina del embajador de la ciencia y la tecnología. Es decir, que se pueda canalizar el conocimiento entre El Salvador y cualquier lugar del mundo donde hayan salvadoreños. Que se deje de pensar que la maquila es la industria que va a desarrollar al país. Nuestra cultura va en contra de la educación”, sostiene este compatriota, que está cerca de cumplir su sueño de infancia.



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