22 de mayo de 2005


Crónica
Soluciones empeñadas

Las casas de empeño tienen vigencia en estos tiempos, como una alternativa crediticia para aquellos que no pueden accesar a los bancos o que prefieren ahorrarse trámites. Estas empresas son, en todo caso, una puerta de escape para muchos salvadoreños

Mirella Cáceresz/Archivo
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Pese a que la alcaldía capitalina dice tener registrada una sola casa de empeño bajo ese giro comercial, en la realidad existe más de una. Foto EDH

Un hombre de mediana edad, piel oscura y con semblante campesino ha llegado, desde algún lugar, hasta el portal La Dalia, frente al parque Libertad, con una bolsa negra que envuelve algo en forma de tamal.

Se para meditabundo junto a un pilar, de espaldas a una casa de empeño donde ofrecen dinero en préstamo sobre una única garantía: objetos de oro.

Después de algunos minutos, decide entrar rápidamente al local donde encontrará la respuesta económica a sus necesidades.

A seis cuadras de allí, una mujer, también de mediana edad, junto a su joven hijo entran a “La herradura dorada”, situada sobre la 7a. Avenida Sur. “¿Cuánto me da por todo esto?”, pregunta ella al hombre que atiende el establecimiento.

El hombre, de semblante serio pero amable, agarra un juego de esclavas metálicas y brillantes, las lleva a un cuarto, supuestamente para probar si están hechas de oro puro.

Transcurren unos 15 minutos y al fin reaparece. Pesa las alhajas en una pequeñísima báscula y dicta sentencia a la mujer que espera con paciencia en una silla, al otro lado de las rejas de protección.

“Le podemos dar $220 por ellas y tiene un mes para recuperarlas, más el pago de interés del 20% y el IVA”, le dice el hombre. “No, -contesta alarmada la mujer- quiero menos dinero y pocos días (para recuperarlas)”.

Negocian por un rato, pero el trato es apenas perceptible al oído del resto de clientes que aguardan en el oscuro local, junto a varios televisores, refrigeradoras y aparatos de sonido, entre otros objetos que nadie jamás reclamó.

Este no es el único lugar en el cual entran y salen todo el día personas con la necesidad de obtener algún dinero poniendo en garantía sus prendas de valor. “Aquí viene todo tipo de gente, desde campesinos hasta profesionales”, dice el dependiente, que no se identifica “por cuestiones de seguridad”.

Estos diálogos y escenas se repiten día a día en este mundillo de urgencias y soluciones rápidas. “La gente que viene aquí no es sujeta de crédito en ningún lado”, es la justificación que da un prestamista al porqué existen las casas de empeño.

La oferta

Las casas de empeño dicen ser fiscalizadas por Hacienda. Extienden documentos, al parecer, legales. Foto EDH

Montepíos, casas de crédito o cualquiera que sea el nombre bajo el cual operan, estos lugares se han mantenido desde tiempos milenarios. “Los chinos ya los operaban desde hace 3 mil años”, refiere un prestamista. “Ahora les cambian nombre, pero la verdad es que siempre funcionan como tal”.

La Cornucopia, empero, desdice todo esto. Una dirigente de esa empresa dijo: “Para comenzar, esta es una empresa de compra y venta de artículos, no somos una casa de empeño, nunca lo hemos sido. Lo que pasa es que la gente se confunde porque venden un bien, pero luego lo pueden volver a comprar”, se defiende.

Sin embargo, al menos tres personas dieron testimonio de que empeñaron bienes y luego los recuperaron. Una joven universitaria recuerda haber empeñado una calculadora científica hace pocos años y un empleado privado dijo haber dejado en depósito una esclava de oro el año pasado.

Empeño o no, La Cornucopia es un lugar muy popular para gente que quiere salir de algún apuro; ahí dejan oro, electrodomésticos o cualquier bien valioso, algo que no acepta el resto de este tipo de establecimientos.

“Electrodomésticos ya no aceptamos porque se han devaluado; además, hay mucho producto chino y cuando la gente no los recupera nos es difícil venderlo”, explica uno de estos empresarios.

Por eso, en las seis casas de empeño que existen en un radio de dos manzanas de la 1ª Calle Poniente, Calle Arce, y entre la 5a. y 9a. Avenida Sur, son claros en su ofrecimiento: “Préstamos de dinero por oro”, o “Se compra oro, con opción a recuperar”.

Situados al lado de ópticas, cafeterías y pequeños bazares emergen estos locales, modestos algunos, donde apenas hay dos dependientes y nada más que un mostrador. Pero también los hay muy herméticos, con amplia seguridad o con tecnología moderna.

Aunque las necesidades de obtener dinero por bienes son las mismas en cada uno de estos lugares, el ambiente que se vive en ellos es distinto. Mientras en La Cornucopia la gente se agolpa bulliciosa y hombres y mujeres al micrófono llaman por nombre y apellido a los clientes, en “La herradura dorada” la gente hace los tratos de manera más silenciosa.

En un negocio próximo, en “La estrella de oro”, impera el silencio. ¿Momentáneo? Quién sabe, porque la dueña dijo estar indispuesta en ese instante para hablar sobre su negocio, cantidad de sus clientes y otros detalles.
A una cuadra de allí, una serie de rótulos amarillo chillante y letras rojas destaca por todos lados la oferta de la empresa “Dinero rápido”. Su dueño dice que recibe oro y, raras veces, otros bienes porque éstos pierden su valor rápidamente. “Podría recibir, por ejemplo, una laptop avanzada y presto un 30% de su valor en el mercado”, confiesa.

Se mantienen

La demanda de necesitados mantiene este tipo de negocios. Propietarios consultados dijeron que aquí es donde ellos cumplen una función social, en facilitarle dinero rápido a la gente que no tiene acceso a créditos en los bancos u otras financieras.

“Hay gente que viene aquí hasta por $1 ó $2; algunos dicen que les han robado y depositan algún anillo pequeño porque nada más necesitan para el pasaje del bus, pero también por aquí han pasado hasta anillos de graduación de la Universidad de Harvard”, cuenta a risotadas el propietario de Dinero Rápido.

Lo interesante de este empresario de los créditos es que, independientemente del monto que soliciten, él no deja ir al cliente, primero porque “éstos ya me han recomendado con otras personas y eso me beneficia”, dice con aires de astucia.

Probar que la joya es oro puro, es el primer paso en este negocio. . Foto EDH

Por su oficina, diseñada con pequeñas ventanillas, pasa un centenar de personas diariamente según sus cálculos, una cifra importante que, dice, se debe a que cobra diariamente el interés según el valor de la prenda; y si la recuperan antes del tiempo acordado él les cobra los días y no el mes completo.

“Es lo justo. Además, beneficio al cliente y él, al recomendarme con otros, me beneficia a mí”, dice este empresario, quien ha ideado su propio sistema de cobros y echa mano del Internet para pagar el valor del oro según los precios internacionales.

A pesar de sus diferencias, estas casas cobran generalmente el 20% de interés mensual sobre el monto otorgado, más el IVA para un plazo de un mes, el cual debe ser cancelado en su totalidad independientemente si el cliente recupera la prenda antes del tiempo estipulado.

Otro rasgo interesante es que, según algunos prestamistas, hay personas que hacen de este tipo de transacción comercial su modus vivendi. “Dejan en depósito la prenda y están pagando el interés responsablemente. Allá cuando pueden pagan el dinero prestado y recuperan la prenda, pero en ese mismo instante la vuelven a empeñar”, dice una prestamista.

Este tipo de tratos, sin mayores requisitos o condiciones que una prenda genuina en oro, atrae a muchos.
Esto es fácilmente comprobable si se acecha por un momento estos negocios. Desde una anciana con vestido sencillo hasta una empleada con uniforme inmaculado, hacen uso de estos servicios. Todo indica que la necesidad seguirá sosteniendo este sistema crediticio.


Dar y recibir

- Los prestamistas se aseguran primero de que la prenda de oro en depósito sea genuina. Para ello la prueban con ácidos.

- También se aseguran de tomar los datos del DUI del cliente o pedir una copia de este documento.

- Según el peso en oro, así es el monto a otorgar. Algunos pagan el valor del quilataje según los precios internacionales del oro.

- La mayoría de prestamistas establecen un interés mensual de entre el 20% y el 30% sobre el préstamo.

- Los prestamistas dicen que la mayoría de los clientes es responsable.

- Muchos de los que llegan a estas casas son personas de escasos recursos.




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