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Crónica
Soluciones
empeñadas
Las
casas de empeño tienen vigencia en estos tiempos, como una alternativa
crediticia para aquellos que no pueden accesar a los bancos o que prefieren
ahorrarse trámites. Estas empresas son, en todo caso, una puerta
de escape para muchos salvadoreños
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Pese a que la alcaldía
capitalina dice tener registrada una sola casa de empeño
bajo ese giro comercial, en la realidad existe más de una.
Foto EDH
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Un hombre de mediana edad, piel oscura y con semblante
campesino ha llegado, desde algún lugar, hasta el portal La Dalia,
frente al parque Libertad, con una bolsa negra que envuelve algo en
forma de tamal.
Se para meditabundo junto a un pilar, de espaldas a una casa de empeño
donde ofrecen dinero en préstamo sobre una única garantía:
objetos de oro.
Después de algunos minutos, decide entrar rápidamente
al local donde encontrará la respuesta económica a sus
necesidades.
A seis cuadras de allí, una mujer, también de mediana
edad, junto a su joven hijo entran a La herradura dorada,
situada sobre la 7a. Avenida Sur. ¿Cuánto me da
por todo esto?, pregunta ella al hombre que atiende el establecimiento.
El hombre, de semblante serio pero amable, agarra un juego de esclavas
metálicas y brillantes, las lleva a un cuarto, supuestamente
para probar si están hechas de oro puro.
Transcurren unos 15 minutos y al fin reaparece. Pesa las alhajas en
una pequeñísima báscula y dicta sentencia a la
mujer que espera con paciencia en una silla, al otro lado de las rejas
de protección.
Le podemos dar $220 por ellas y tiene un mes para recuperarlas,
más el pago de interés del 20% y el IVA, le dice
el hombre. No, -contesta alarmada la mujer- quiero menos dinero
y pocos días (para recuperarlas).
Negocian por un rato, pero el trato es apenas perceptible al oído
del resto de clientes que aguardan en el oscuro local, junto a varios
televisores, refrigeradoras y aparatos de sonido, entre otros objetos
que nadie jamás reclamó.
Este no es el único lugar en el cual entran y salen todo el día
personas con la necesidad de obtener algún dinero poniendo en
garantía sus prendas de valor. Aquí viene todo tipo
de gente, desde campesinos hasta profesionales, dice el dependiente,
que no se identifica por cuestiones de seguridad.
Estos diálogos y escenas se repiten día a día en
este mundillo de urgencias y soluciones rápidas. La gente
que viene aquí no es sujeta de crédito en ningún
lado, es la justificación que da un prestamista al porqué
existen las casas de empeño.
La oferta
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Las casas de empeño
dicen ser fiscalizadas por Hacienda. Extienden documentos, al
parecer, legales. Foto EDH
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Montepíos, casas de crédito o cualquiera
que sea el nombre bajo el cual operan, estos lugares se han mantenido
desde tiempos milenarios. Los chinos ya los operaban desde hace
3 mil años, refiere un prestamista. Ahora les cambian
nombre, pero la verdad es que siempre funcionan como tal.
La Cornucopia, empero, desdice todo esto. Una dirigente de esa empresa
dijo: Para comenzar, esta es una empresa de compra y venta de
artículos, no somos una casa de empeño, nunca lo hemos
sido. Lo que pasa es que la gente se confunde porque venden un bien,
pero luego lo pueden volver a comprar, se defiende.
Sin embargo, al menos tres personas dieron testimonio de que empeñaron
bienes y luego los recuperaron. Una joven universitaria recuerda haber
empeñado una calculadora científica hace pocos años
y un empleado privado dijo haber dejado en depósito una esclava
de oro el año pasado.
Empeño o no, La Cornucopia es un lugar muy popular para gente
que quiere salir de algún apuro; ahí dejan oro, electrodomésticos
o cualquier bien valioso, algo que no acepta el resto de este tipo de
establecimientos.
Electrodomésticos ya no aceptamos porque se han devaluado;
además, hay mucho producto chino y cuando la gente no los recupera
nos es difícil venderlo, explica uno de estos empresarios.
Por eso, en las seis casas de empeño que existen en un radio
de dos manzanas de la 1ª Calle Poniente, Calle Arce, y entre la 5a.
y 9a. Avenida Sur, son claros en su ofrecimiento: Préstamos
de dinero por oro, o Se compra oro, con opción a
recuperar.
Situados al lado de ópticas, cafeterías
y pequeños bazares emergen estos locales, modestos algunos, donde
apenas hay dos dependientes y nada más que un mostrador. Pero
también los hay muy herméticos, con amplia seguridad o
con tecnología moderna.
Aunque las necesidades de obtener dinero por bienes son las mismas en
cada uno de estos lugares, el ambiente que se vive en ellos es distinto.
Mientras en La Cornucopia la gente se agolpa bulliciosa y hombres y
mujeres al micrófono llaman por nombre y apellido a los clientes,
en La herradura dorada la gente hace los tratos de manera
más silenciosa.
En un negocio próximo, en La estrella de oro, impera
el silencio. ¿Momentáneo? Quién sabe, porque la
dueña dijo estar indispuesta en ese instante para hablar sobre
su negocio, cantidad de sus clientes y otros detalles.
A una cuadra de allí, una serie de rótulos amarillo chillante
y letras rojas destaca por todos lados la oferta de la empresa Dinero
rápido. Su dueño dice que recibe oro y, raras veces,
otros bienes porque éstos pierden su valor rápidamente.
Podría recibir, por ejemplo, una laptop avanzada y presto
un 30% de su valor en el mercado, confiesa.
Se mantienen
La demanda de necesitados mantiene este tipo de negocios. Propietarios
consultados dijeron que aquí es donde ellos cumplen una función
social, en facilitarle dinero rápido a la gente que no tiene
acceso a créditos en los bancos u otras financieras.
Hay gente que viene aquí hasta por $1 ó $2; algunos
dicen que les han robado y depositan algún anillo pequeño
porque nada más necesitan para el pasaje del bus, pero también
por aquí han pasado hasta anillos de graduación de la
Universidad de Harvard, cuenta a risotadas el propietario de Dinero
Rápido.
Lo interesante de este empresario de los créditos es que, independientemente
del monto que soliciten, él no deja ir al cliente, primero porque
éstos ya me han recomendado con otras personas y eso me
beneficia, dice con aires de astucia.
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Probar que la joya
es oro puro, es el primer paso en este negocio. . Foto EDH
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Por su oficina, diseñada con pequeñas
ventanillas, pasa un centenar de personas diariamente según sus
cálculos, una cifra importante que, dice, se debe a que cobra
diariamente el interés según el valor de la prenda; y
si la recuperan antes del tiempo acordado él les cobra los días
y no el mes completo.
Es lo justo. Además, beneficio al cliente y él,
al recomendarme con otros, me beneficia a mí, dice este
empresario, quien ha ideado su propio sistema de cobros y echa mano
del Internet para pagar el valor del oro según los precios internacionales.
A pesar de sus diferencias, estas casas cobran generalmente el 20% de
interés mensual sobre el monto otorgado, más el IVA para
un plazo de un mes, el cual debe ser cancelado en su totalidad independientemente
si el cliente recupera la prenda antes del tiempo estipulado.
Otro rasgo interesante es que, según algunos prestamistas, hay
personas que hacen de este tipo de transacción comercial su modus
vivendi. Dejan en depósito la prenda y están pagando
el interés responsablemente. Allá cuando pueden pagan
el dinero prestado y recuperan la prenda, pero en ese mismo instante
la vuelven a empeñar, dice una prestamista.
Este tipo de tratos, sin mayores requisitos o condiciones que una prenda
genuina en oro, atrae a muchos.
Esto es fácilmente comprobable si se acecha por un momento estos
negocios. Desde una anciana con vestido sencillo hasta una empleada
con uniforme inmaculado, hacen uso de estos servicios. Todo indica que
la necesidad seguirá sosteniendo este sistema crediticio.
Dar y recibir
- Los prestamistas se aseguran primero de que la prenda de oro
en depósito sea genuina. Para ello la prueban con ácidos.
- También se aseguran de tomar los datos del DUI del
cliente o pedir una copia de este documento.
- Según el peso en oro, así es el monto a otorgar.
Algunos pagan el valor del quilataje según los precios
internacionales del oro.
- La mayoría de prestamistas establecen un interés
mensual de entre el 20% y el 30% sobre el préstamo.
- Los prestamistas dicen que la mayoría de los clientes
es responsable.
- Muchos de los que llegan a estas casas son personas de escasos
recursos.
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