22 de mayo de 2005


Actualidad
“Reality shows”, de moda: Pegados al TV

Esta nueva forma de hacer televisión ha cautivado a la audiencia salvadoreña con programas que presentan, con un dramatismo “real”, la vida de los protagonistas. Pero no todos están de acuerdo: sus detractores aseguran que no aporta nada bueno. De cualquier forma, los reality shows parecen haber llegado para quedarse largo rato

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com


En busca de los escenarios. Actualmente se está realizando la cuarta generación de La Academia, un espacio en donde se prepara a futuros cantantes. La patente del programa la tiene la televisora TV Azteca. . Foto EDH
Big Brother. Uno de los programas más vistos a nivel mundial. En México, Televisa produce este “reality show”. . Foto EDH


Domingo 15 de mayo. Ocho de la noche. Teresa García está sentada frente al televisor como todos los domingos.
La acompañan sus dos hijas y su esposo. La familia discute acaloradamente mientras termina de cenar.

El motivo es Jolette, alguien a quien nunca han visto en persona pero que aseguran conocer bien. “Es terca, malcriada, se hace pipí y no canta bien”, explica con menosprecio Teresa. “Esa Jolette es una fracasada como cantante”, sentencia.

Pero María, la hija menor, la defiende con desenfado. “¿Entonces por qué votan por ella?”, arremete.

No es la primera vez que se discute sobre el tema, pero sí en la que coinciden en la mesa del comedor para seguir, paso a paso, el rumbo que tomarán los protagonistas del “reality show” La Academia. Una realidad que ha comenzado a pautar su rutina.

El domingo no se lavan los trastos después de la cena y a partir de las ocho de la noche en la casa se ve un solo canal. Carlos, el hijo mayor de Teresa, no comparte el mismo gusto, así que “huye” a la casa de un amigo.

Lo que pase o deje de pasar en La Academia, el domingo de expulsión, se discute el resto de la semana: si es o no justa, quién debió haber salido o por qué razón el programa está perdiendo calidad.
La familia de Teresa se declara fanática de este tipo de producto de televisión.

Fanáticos

Ellos no son los únicos que siguen fielmente los vaivenes o dramas del programa. Lo que suceda o deje de suceder se ha convertido en objeto de discordia entre los salvadoreños que ven este y otros “reality”.

Actualmente se transmiten dos en los canales locales. La Academia en el canal 12 y Big Brother en canal 4; ambas son producciones mexicanas. El primero es una escuela de alto rendimiento que prepara a un grupo de jóvenes para ser cantantes; y el segundo se trata de una casa donde artistas famosos viven encerrados superando pruebas diariamente.

Ambos programas presentan un inusual formato televisivo que deja al descubierto los sufrimientos, deseos y hasta odios “reales” de los participantes.

La ausencia de libretos, la espontaneidad con que suceden las cosas y las decenas de cámaras filmando sus rutinas descubre lo más íntimo. Es decir, cómo son realmente las persona. Un gancho perfecto que se traduce en éxito.

¿Por qué? Ricardo Muñoz, productor de Canal 12, dice que es imposible conocer con exactitud los razones; sin embargo, explica que “por lo general, muestran a personas que vienen desde cero y que luchan por conseguir el éxito”, algo que de una o de otra forma todos deseamos hacer.

La identificación del público con los personajes le da sentido al “reality”. Entre más aprobación haya hacia los protagonistas habrá más apoyo a través de votos y, por lo tanto, hacia el programa.

“Muy pocas veces se le había dado a la gente la oportunidad para poder influir sobre el destino de los protagonistas”, sostiene Muñoz. Teresa, por ejemplo, lo tiene bien claro: “Me gusta Yuridia porque canta súper bien y por eso la apoyo siempre”.

Pero, ¿por qué engancha? Carlos Molina, antropólogo de la UCA, asegura que los “reality” parten de una realidad del ser humano. “Todos queremos saber... pero el valor del chambre (en este caso saber qué pasa con los protagonistas) es que supuestamente es real. Si veo a dos personas en medio de abrazos, como en Big Brother, entonces se siente más real que si fuera una película donde hay actores. Es algo más cercano a mí”, sostiene.

La simbiosis entre la audiencia y el sufrimiento que ve a través de la televisión llega a tal grado que se convierte en una cuestión de honor defender a su favorito, además de seguirle la pista a todo lo que éste viva.

Leo Galdámez, uno de los productores de Nuestra Belleza, un reality hecho en El Salvador, asegura que una semana después de haberse iniciado la producción la audiencia estaba completamente involucrada con las historias de las protagonistas.

“Hablaban para preguntar qué iba a pasar al siguente día o que si tal belleza (participante) no les caía bien”.
Galdámez asegura que en las tres semanas que duró el programa tuvieron un “rating” (nivel de popularidad en la audiencia) de 28 puntos cuando lo normal es tener un “rating” de seis. “Sobrepasamos nuestras expectativas con el programa. Definitivamente fue un éxito”.

lempa 2004 es la más reciente producción del tipo “reality” que hizo la televisión salvadoreña . Foto EDH
Los productores de ambos programas de belleza no descartan la posibilidad de repetir la experiencia. ”. . Foto EDH

Detractores

Pero, no todos comparten la misma emoción al hablar de estas producciones. El mismo furor que muestran los fanáticos, lo muestran sus detractores. Carlos, el hijo de Teresa, dice que esos programas no tienen sentido. “Son basuras”, sostiene.

Carlos Molina explica que estos programas son una forma legal de fisgonear la vida del otro. “Desde pequeños nos han castigado por estar viendo por el ojo de la cerradura. Justo lo que pasa con Big Brother”.

Hay diferentes tipos de reality, pero todos comparten una característica: hay un grupo de personas en un ambiente cerrado que compite por un premio, mientras es observado las 24 horas por varias cámaras. Algo que muchos detractores ven como “enfermizo o una especie de voyerismo”.

Además, consideran que la aparición de supuesta situaciones dramáticas son irreales porque los concursantes están puestos en situaciones anormales, como por ejemplo el aislamiento durante un buen tiempo.

El éxito de este tipo de formato en la audiencia salvadoreña es innegable. En enero de 2005, dos canales salvadoreños comenzaron a producir “reality” locales.

Uno de ellos fue Nuestra Belleza, una competición en la que las aspirantes pretendían llegar ser una reina de belleza. El programa duró tres semanas y según Leo Galdámez, productor y escritor del mismo, en poco tiempo lograron ser rentables. “Teníamos como 23 patrocinadores, por eso no descartamos que volvamos a repetir la experiencia”, explica.
Carlos Molina explica que no se trata de que si es bueno o malo el éxito de estos programas. “La cuestión aquí es que la vida transcurre sobre esa esfera de la información y las imágenes. Crea ilusiones y vidas paralelas”.

Molina asegura que no hay por qué alarmarse con estos programas pues dicho formato será cada vez más común.
“Creo que detrás de esto hay una reflexión y es que toda persona quiere saber. Es justo como Aristóteles comienza La Metafísica y dice: ‘Todos los seres humanos quieren saber’.

“Entonces es algo propio de los seres humanos... Otra cosa es que lo que te interese es saber los chambreríos de la vida de los vecinos o, en este caso, de la vida de los protagonistas”.


Inicio de los “reality”

Surgen en Europa. La idea del formato televisivo inicia a partir de una novela escrita por George Orwell, titulada “1984”, en la que presenta la idea de un “gran ojo o gran hermano” que todo lo ve y que dicta valores a las personas.

En 1999, la televisión holandesa decide llevar a la pantalla la novela con gran éxito. Poco a poco, otros países retoman la idea y hacen programas con el mismo formato.

Los temas más comunes son: Superviviente (un grupo de personas es llevado a un lugar remoto sin nada más que sus ropas y tienen que competir); El gran hermano (meten en una casa a un grupo de jóvenes durante un tiempo determinado),

La academia de canto (unos aspirantes a cantantes reciben clases y son constantemente evaluados), y Los solteros (un soltero o soltera deberá elegir pareja entre un grupo de pretendientes).

 



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