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Actualidad
Reality
shows, de moda: Pegados al TV
Esta
nueva forma de hacer televisión ha cautivado a la audiencia salvadoreña
con programas que presentan, con un dramatismo real, la
vida de los protagonistas. Pero no todos están de acuerdo: sus
detractores aseguran que no aporta nada bueno. De cualquier forma, los
reality shows parecen haber llegado para quedarse largo rato
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En busca de
los escenarios. Actualmente se está realizando la cuarta
generación de La Academia, un espacio en donde se prepara
a futuros cantantes. La patente del programa la tiene la televisora
TV Azteca. . Foto EDH
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Big Brother. Uno
de los programas más vistos a nivel mundial. En México,
Televisa produce este reality show. . Foto EDH
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Domingo 15 de mayo. Ocho de la noche. Teresa García
está sentada frente al televisor como todos los domingos.
La acompañan sus dos hijas y su esposo. La familia discute acaloradamente
mientras termina de cenar.
El motivo es Jolette, alguien a quien nunca han visto en persona pero
que aseguran conocer bien. Es terca, malcriada, se hace pipí
y no canta bien, explica con menosprecio Teresa. Esa Jolette
es una fracasada como cantante, sentencia.
Pero María, la hija menor, la defiende con desenfado. ¿Entonces
por qué votan por ella?, arremete.
No es la primera vez que se discute sobre el tema, pero sí en
la que coinciden en la mesa del comedor para seguir, paso a paso, el
rumbo que tomarán los protagonistas del reality show
La Academia. Una realidad que ha comenzado a pautar su rutina.
El domingo no se lavan los trastos después de la cena y a partir
de las ocho de la noche en la casa se ve un solo canal. Carlos, el hijo
mayor de Teresa, no comparte el mismo gusto, así que huye
a la casa de un amigo.
Lo que pase o deje de pasar en La Academia, el domingo
de expulsión, se discute el resto de la semana: si es o no justa,
quién debió haber salido o por qué razón
el programa está perdiendo calidad.
La familia de Teresa se declara fanática de este tipo de producto
de televisión.
Fanáticos
Ellos no son los únicos que siguen fielmente los vaivenes o dramas
del programa. Lo que suceda o deje de suceder se ha convertido en objeto
de discordia entre los salvadoreños que ven este y otros reality.
Actualmente se transmiten dos en los canales locales. La Academia en
el canal 12 y Big Brother en canal 4; ambas son producciones mexicanas.
El primero es una escuela de alto rendimiento que prepara a un grupo
de jóvenes para ser cantantes; y el segundo se trata de una casa
donde artistas famosos viven encerrados superando pruebas diariamente.
Ambos programas presentan un inusual formato televisivo que deja al
descubierto los sufrimientos, deseos y hasta odios reales
de los participantes.
La ausencia de libretos, la espontaneidad con que suceden las cosas
y las decenas de cámaras filmando sus rutinas descubre lo más
íntimo. Es decir, cómo son realmente las persona. Un gancho
perfecto que se traduce en éxito.
¿Por qué? Ricardo Muñoz, productor de Canal 12,
dice que es imposible conocer con exactitud los razones; sin embargo,
explica que por lo general, muestran a personas que vienen desde
cero y que luchan por conseguir el éxito, algo que de una
o de otra forma todos deseamos hacer.
La identificación del público con los personajes le da
sentido al reality. Entre más aprobación haya
hacia los protagonistas habrá más apoyo a través
de votos y, por lo tanto, hacia el programa.
Muy pocas veces se le había dado a la gente la oportunidad
para poder influir sobre el destino de los protagonistas, sostiene
Muñoz. Teresa, por ejemplo, lo tiene bien claro: Me gusta
Yuridia porque canta súper bien y por eso la apoyo siempre.
Pero, ¿por qué engancha? Carlos Molina, antropólogo
de la UCA, asegura que los reality parten de una realidad
del ser humano. Todos queremos saber... pero el valor del chambre
(en este caso saber qué pasa con los protagonistas) es que supuestamente
es real. Si veo a dos personas en medio de abrazos, como en Big Brother,
entonces se siente más real que si fuera una película
donde hay actores. Es algo más cercano a mí, sostiene.
La simbiosis entre la audiencia y el sufrimiento que ve a través
de la televisión llega a tal grado que se convierte en una cuestión
de honor defender a su favorito, además de seguirle la pista
a todo lo que éste viva.
Leo Galdámez, uno de los productores de Nuestra Belleza, un reality
hecho en El Salvador, asegura que una semana después de haberse
iniciado la producción la audiencia estaba completamente involucrada
con las historias de las protagonistas.
Hablaban para preguntar qué iba a pasar al siguente día
o que si tal belleza (participante) no les caía bien.
Galdámez asegura que en las tres semanas que duró el programa
tuvieron un rating (nivel de popularidad en la audiencia)
de 28 puntos cuando lo normal es tener un rating de seis.
Sobrepasamos nuestras expectativas con el programa. Definitivamente
fue un éxito.
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lempa 2004 es la
más reciente producción del tipo reality
que hizo la televisión salvadoreña . Foto EDH
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Los productores
de ambos programas de belleza no descartan la posibilidad de repetir
la experiencia. . . Foto EDH
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Detractores
Pero, no todos comparten la misma emoción al hablar de estas
producciones. El mismo furor que muestran los fanáticos, lo muestran
sus detractores. Carlos, el hijo de Teresa, dice que esos programas
no tienen sentido. Son basuras, sostiene.
Carlos Molina explica que estos programas son una forma legal de fisgonear
la vida del otro. Desde pequeños nos han castigado por
estar viendo por el ojo de la cerradura. Justo lo que pasa con Big Brother.
Hay diferentes tipos de reality, pero todos comparten una característica:
hay un grupo de personas en un ambiente cerrado que compite por un premio,
mientras es observado las 24 horas por varias cámaras. Algo que
muchos detractores ven como enfermizo o una especie de voyerismo.
Además, consideran que la aparición de supuesta situaciones
dramáticas son irreales porque los concursantes están
puestos en situaciones anormales, como por ejemplo el aislamiento durante
un buen tiempo.
El éxito de este tipo de formato en la audiencia salvadoreña
es innegable. En enero de 2005, dos canales salvadoreños comenzaron
a producir reality locales.
Uno de ellos fue Nuestra Belleza, una competición en la que las
aspirantes pretendían llegar ser una reina de belleza. El programa
duró tres semanas y según Leo Galdámez, productor
y escritor del mismo, en poco tiempo lograron ser rentables. Teníamos
como 23 patrocinadores, por eso no descartamos que volvamos a repetir
la experiencia, explica.
Carlos Molina explica que no se trata de que si es bueno o malo el éxito
de estos programas. La cuestión aquí es que la vida
transcurre sobre esa esfera de la información y las imágenes.
Crea ilusiones y vidas paralelas.
Molina asegura que no hay por qué alarmarse con estos programas
pues dicho formato será cada vez más común.
Creo que detrás de esto hay una reflexión y es que
toda persona quiere saber. Es justo como Aristóteles comienza
La Metafísica y dice: Todos los seres humanos quieren saber.
Entonces es algo propio de los seres humanos... Otra cosa es que
lo que te interese es saber los chambreríos de la vida de los
vecinos o, en este caso, de la vida de los protagonistas.
Inicio de los reality
Surgen
en Europa. La idea del formato televisivo inicia a partir
de una novela escrita por George Orwell, titulada 1984,
en la que presenta la idea de un gran ojo o gran hermano
que todo lo ve y que dicta valores a las personas.
En 1999, la televisión holandesa decide llevar a la pantalla
la novela con gran éxito. Poco a poco, otros países
retoman la idea y hacen programas con el mismo formato.
Los temas más comunes son: Superviviente (un grupo de
personas es llevado a un lugar remoto sin nada más que
sus ropas y tienen que competir); El gran hermano (meten en
una casa a un grupo de jóvenes durante un tiempo determinado),
La academia de canto (unos aspirantes a cantantes reciben clases
y son constantemente evaluados), y Los solteros (un soltero
o soltera deberá elegir pareja entre un grupo de pretendientes).
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