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Internacional
Corrupción, otra plaga de América Latina
Este mal, que afecta a las democracias latinoamericanas, ha ocasionado
que muchas personas prefieran estar bajo el mandato de un dictador,
con tal que éste produzca crecimiento económico.
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Luiz
Inacio Lula da Silva. El presidente brasileño es uno
de los mandatarios latinoamericanos en quien se ciernen más
acusaciones de corrupción. Foto
EDH / Archivo
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Cuando hacía campaña para la Presidencia,
en 2002, Luiz Inacio Lula da Silva prometió limpiar la sórdida
política de Brasil. Prometió que su gobierno sería
ético, honesto y moral, algo nunca antes visto en Brasil.
Esa promesa le ayudó a ganar los votos de más de 50 millones
de brasileños. Pero ahora, en un triste eco de lo que ocurre
una y otra vez en toda América Latina, el gobierno de Da Silva
se encuentra envuelto en el mayor y el más audaz escándalo
de corrupción en la historia de su país.
Una investigación del Congreso ha escuchado testimonios de que
el Partido de los Trabajadores les pagó a decenas de diputados
de otros partidos 12,500 dólares mensuales por su apoyo. En julio,
un funcionario del partido fue detenido en un aeropuerto con 100,000
dólares -- ocultos en su ropa interior -- , mismos que afirmó
haber ganado revendiendo vegetales.
El principal asistente de Da Silva fue obligado a renunciar, al igual
que el presidente, el secretario general y el tesorero del Partido de
los Trabajadores. Aunque Da Silva no ha sido acusado en relación
con el escándalo, abunda la especulación de que podría
hacer frente a una impugnación.
El escándalo en Brasil es solamente el más reciente recordatorio
de la persistente corrupción que ha marcado la política
latinoamericana desde la poca colonial, cuando gobernantes absolutos
consideraban los reinos recién conquistados en el Nuevo Mundo
como su propiedad personal. La diferencia importante en la actualidad
es que el control lo tienen gobiernos popularmente electos, y la corrupción
surgió como una de las más graves amenazas para los avances
democráticos duramente ganados en los pasados 20 años.
En toda la región, estos demócratas de segunda generación
han probado ser decepcionantes, y su ineficiencia y baja popularidad
han permitido que aumenten la inestabilidad política y la disparidad
económica. Rutinariamente, las encuestas de opinión citan
rutinariamente la corrupción como una de las principales causas
de una peligrosa desilusión que se apodera de la región.
La decepción ha llevado a brotes violentos, incluyendo el linchamiento
de funcionarios públicos en Perú, y contribuyó
a desbancar a ocho jefes de estado en cinco años.
Este es el gran problema, y simplemente no ha habido un rompimiento
con el pasado, afirmó Edgar Villanueva, un legislador que
encabeza una de varias investigaciones contra el gobierno del Presidente
de Perú, Alejandro Toledo. Lo que ha sucedido en América
Latina es que no hemos sido capaces de llevar a buenas personas al poder.
Las personas en el poder siempre mantienen lazos con su pequeña
base de poder, y olvidan al pueblo, olvidan sus promesas.
Toledo también accedió al poder mediante promesas similares
de limpiar la corrupción del pasado, sucediendo a un gobierno
bajo Alberto K. Fujimori, cuyas complejas redes de sobornos y extorsiones
parecieron sentar un nuevo estándar para la región.
Hoy, más de una docena de parientes de Toledo, incluyendo a su
esposa y hermanos, están acusados de usar su influencia para
su beneficio personal. Las encuestas de opinión le otorgan los
menores índices para cualquier líder latinoamericano,
y su gobierno se ha visto afectado por la atención casi constante
de los medios informativos a los escándalos. Acusaciones similares
en Ecuador contribuyeron a la caída del presidente Lucio Gutiérrez,
en abril.
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Alberto
Fujimori. Sobre el ex presidente peruano pesan acusaciones
de soborno. Foto EDH / Archivo
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Cercanos
Más al norte, la historia es casi la misma. En México,
el Presidente Fox llegó al poder en el 2000, barriendo al notoriamente
corrupto y autoritario Partido Revolucionario Institucional que gobernó
durante más de siete décadas. Pero casi en todos los frentes
ha sido incapaz de detener el avance de la corrupción, desde
los departamentos de policía a lo largo de la cada vez más
violenta frontera con Estados Unidos hasta escándalos en su propio
gobierno.
No solamente los intentos de Fox por procesar a ex funcionarios sospechosos
de desviar dinero del petróleo estatal hacia campañas
políticas se han quedado en el aire, sino que salió a
la luz que su propio fondo de campaña, Amigos de Fox, recibió
contribuciones ilegales. Su esposa, Marta de Fox, está envuelta
en una serie de escándalos en torno al uso de millones de dólares
que van a dar a sus organizaciones de cariad, y sus hijos son investigados
por el Congreso por contratos para construir viviendas públicas.
Asimismo, por toda América Latina los fiscales llevan casos en
contra de líderes y ex líderes que llenaron sus bolsillos
cuando estuvieron en el poder. En Nicaragua, el ex presidente Arnoldo
Alemán fue encontrado culpable de desviar fondos del estado para
su uso personal y apela contra una sentencia de 20 años en prisión.
Los fiscales en Costa Rica acusaron a dos ex presidentes de recibir
sobornos para otorgar lucrativos contratos gubernamentales. Y en Guatemala,
los abogados del estado solicitan la extradición de México
del ex presidente Alfonso Portillo, por acusaciones de haberse apropiado
de muchos millones de dólares.
Algunos apuntan al gran número de casos como prueba de que los
sistemas judiciales y los gobiernos finalmente actúan en contra
de los malos dirigentes. Pero muchos analistas y ciudadanos consideran
la persistencia del compadrazgo, el nepotismo y el soborno como una
reveladora medida de la baja calidad de las democracias de la región,
y de lo poco que han cambiado las actitudes de elite desde la poca en
que los señores coloniales gobernaban con el fin de extraer y
enriquecerse con poca consideración por las personas bajo su
poder.
Grupos internacionales como el Banco Mundial afirman que la corrupción
y el nepotismo oficiales son tan potentes que están corroyendo
las instituciones y el crecimiento económico. En recientes testimonios
al Congreso en Washington, funcionarios estadounidenses estimaron que
la corrupción oficial podría reducir el crecimiento anual
en América Latina hasta en 15 por ciento, mientras los fondos
públicos son robados y los desconfiados inversionistas extranjeros
se mantienen al margen.
Los latinoamericanos consideran la corrupción como su problema
más grave después de la crisis económica de la
región, según un sondeo realizado en 18 países
en el 2005 por Latinobarómetro, una firma chilena de opinión
pública que lleva a cabo frecuentes sondeos en todo el continente.
Muchos esperaban que el cambio de gobiernos autoritarios a democracias
aplastaría la clase de corrupción que predominaba cuando
los dictadores dirigían los asuntos del estado para el beneficio
de un pequeño círculo de allegados e informantes amenazados.
No obstante, los gobiernos sucesores de todo el espectro político,
ya sea defensores del libre mercado como Toledo o autoproclamados izquierdistas
como Da Silva, probaron ser aún más susceptibles. Mientras
las economías antes cerradas se abren y las ganancias corporativas
alcanzan niveles sin precedentes, las oportunidades de soborno son más
grandes que nunca.
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Fox.
El gobernante mexicano ha sufrido reveses en su mandato.
Foto EDH / Archivo
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Tanto es el disgusto que, el año pasado, otra
encuesta regional halló que una mayoría de los latinoamericanos
preferirían un regreso a la dictadura, si trajera beneficios
económicos. A pesar de mejores indicadores económicos
desde entonces, las filas de los pobres continúan creciendo,
al igual que el resentimiento contra quienes se embolsan la riqueza
de la nación para su propio beneficio.
Aunque algunos países mejoraron notablemente,
en especial Chile y Uruguay, son las excepciones y la envidia de sus
vecinos. Venezuela, Paraguay y Bolivia han visto aumentar su corrupción
o no han mostrado prácticamente ninguna mejoría en el
combate de la misma, según la encuesta anual realizada por el
grupo Transparencia Internacional, que observa la corrupción.
La corrupción se hace patente en muchas formas, pero tal vez
la más flagrante sea el nepotismo y el compadrazgo, la ostentación
de contactos políticos que tanto distancia a los ciudadanos ordinarios.
Asimismo, tales prácticas tomaron muchas formas, desde abiertos
sobornos hasta empleos y contratos concedidos a personas no calificadas
o inexperimentadas que, casualmente, tienen alguna relación con
aquellos en el poder.
Lula responde
En Brasil, por ejemplo, cuando uno de los hijos de Da Silva inauguró
una agencia publicitaria, una compañía de teléfonos
en la que bancos y fondos de pensiones del gobierno tienen acciones
proporcionó el capital inicial. En Perú, el hermano menor
del Presidente Toledo, Pedro, es acusado de haber usado su influencia
para obtener una concesión telefónica a 20 años
para una nueva compañía, con solamente 1,500 dólares
en bienes. Otro hermano, Luis, es investigado por sospechas de usar
el nombre de su familiar para obtener tierras del Ministerio de Agricultura.
Tal vez lo más ominoso para la salud democrática de la
región es que los recientes escándalos, especialmente
los de Brasil, implican corrupción no solamente para enriquecimiento
personal, sino también para obtener y conservar el poder de manera
indefinida, amenazando a las mismas instituciones democráticas.
No obstante, los líderes involucrados niegan haber cometido ilícitos
y se muestran renuentes a aceptar cualquier responsabilidad.
Mientras su gobierno y su reputación se desmoronan en torno a
él, Da Silva ha tomado este camino.
Entre 180 millones de brasileños, no hay uno con la autoridad
para sermonearme sobre ética, moral y honestidad, declaró
en un reciente discurso. En este país, no ha nacido la
persona que pueda discutir de ética conmigo, sostuvo el
mandatario.
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