21 de agosto de 2005


Lucha de Fénix
Luchadores de de 2 rings

Son la nueva generación, una raza de deportistas que mantiene viva la lucha libre, como ellos dicen: por amor al arte.

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com


Nuevos. “Ángel Negro”, “Princesa Maya”, “King Kong Bondy”, “Metálica” y el “Halcón de Oro”. Foto EDH / Wilfredo Díaz

Los entrenos requieren, en igual porcentaje, condición física como voluntad. No cualquiera puede dedicarse a la lucha libre dado lo rudo del entrenamiento, lo riesgoso del deporte y la poca remuneración.

Sin embargo, cada vez surgen más jóvenes —muchos de ellos motivados por un sueño de infancia— que se interesan y practican esta modalidad en un medio donde todavía se ve como un deporte ligado a la vagancia. Pero estos jóvenes, pese a lo duro de su profesión, son personas responsables, sin vicios, hogareñas y con un trabajo u oficio paralelo con el cual mantienen a sus familias.
Es la nueva generación de luchadores profesionales que cada tarde de domingo despierta sensaciones, gritos y espectáculo.

EL ÁNGEL NEGRO


Durante la semana, Edgardo Hernández trabaja en un taller mecánico. Su especialidad es el ajuste de motores que asocia con su afición por los rompecabezas.

Gusta de la música, practica la guitarra, la batería y el teclado. Es hogareño y comparte los ratos libres con su compañera, padres y abuelos. No tiene vicios y se levanta temprano para ir a trabajar durante la semana. Entrena lucha libre los martes y los jueves.

El Ángel Negro se inició luego de una demostración de boxeo, fue invitado a participar y se incorporó a la lucha por la insistencia de varios profesores, aunque su principal aliciente fue su abuelo, un fanático de este deporte.

De su debut recuerda que casi fue un lleno total y agradece el apoyo de la afición. “El público me da un aliento de inspiración”, dice.

La única experiencia desagradable que recuerda es la dislocación del hombro izquierdo, que sucedió cuando un rudo lo lanzó por la tercera cuerda. “Este deporte es de torceduras, lesiones, golpes. Pero cuento con que tuve un entreno especial, en el suelo, así aprendí a soportar los golpes y adecuar el cuerpo”, relata.

Como técnico se ha especializado en la acrobacia aérea y el juego de cuerdas. “Este fue mi sueño de pequeño y ahora que estoy aquí no lo voy a desperdiciar”, agrega.

“Otro de mi sueños es ir a México, a la triple A o al Consejo Mundial de la Lucha Libre. Tengo edad y, si me preparo lo suficiente, lo puedo conseguir”, concluye.

King kong bondy

“King Kong Bondy” también administra un billar, negocio propiedad de su padre. Foto EDH / Wilfredo Díaz

Uno de los mas jóvenes y aún así uno de los más experimentados. Cuando no lucha atiende el negocio familiar —un billar ubicado en el barrio San Jacinto—, aparte de ser el encargado de atención al cliente en una fontanería. También trabaja como seguridad en los conciertos de rock.

Le gusta el Heavy Metal y las películas de terror. Salir con las amigas y entrenar. No tiene vicios y vive con sus padres.
Uno de sus sueños es tener un autolote con carros importados; y el otro, gerenciar “un buen salón de billar”.

King Kong se inició en 1997 en la lucha profesional luego de fascinarse con el traje de un luchador, “El Último Guerrero”. Casualmente lo conoció e incluso fue su alumno. Más tarde le tocó luchar con él.

Representó a El Salvador en un torneo centroamericano realizado en Guatemala y lo ganó. Desde entonces se mantiene constante en los entrenamientos, “la lucha requiere más que todo de corazón y de huevos —dice— porque no es nada sencillo, aquí se sacan fuerzas de flaqueza y se aprende a resistir o caer, porque la lucha conlleva movimientos contrarios a las articulaciones que al final de cuentas se convierten en una luxación o una quebradura.

“Soy una persona tranquila que no busca problemas, pero agresiva cuando estoy en el ring. Si sigue viva la lucha es porque nosotros la mantenemos y por la entrega del dueño de la arena. Pero es una pasión, un espectáculo, un deporte. Pienso seguir hasta que ya no pueda sostenerme en un ring”, concluye.

Metálica


Cuando “Patricia” no está en el ring lanzando patadas voladoras, se dedica al negocio que tiene junto a su hermana, la preparación y venta de almuerzos, los cuales lleva a varias colonias donde haya obreros de la construcción. Ama de casa, vive con su compañero y sus dos hijos, a quienes dedica todas las tardes para las tareas escolares. Gusta de la televisión y la música de Ana Gabriel o Camilo Sesto. Los fines de semana los pasa con su suegra o se va de paseo a la playa.

Cocinera. Todos los días “Metálica” prepara alrededor de 100 almuerzos, los cuales sale a vender a las colonias. Foto EDH / Wilfredo Díaz

Se inició hace cinco años, motivada por la televisión, un día fue a averiguar los requisitos, se inscribió e inició los entrenos.

Su debut fue en San Martín, pelea que ganó y la motivó a continuar. Tuvo como profesores a “El Nazi” y a “Ángel Negro”.

Aprendió llaveo, caídas, y sufrió fracturas en los dos brazos. Tiene preferencias por la lucha aérea y admira a “Blue Demon”, “La Mujer Maravilla” y a “El Santo”. También piensa seguir “hasta que Dios se lo permita”.

La princesa maya


Se inició dada la afición de sus padres a la lucha libre. Contactó al “Rayo Chalateco” quien la instruyó durante seis duros meses. Hace tres años, luego de sus embarazos, regresó a la arena extrañando “el ánimo que me da la gente, porque cuando me aplauden me dan más ganas aunque esté toda golpeada”.

Admira al papá de su hijo (otro luchador) y a quien la motivó, “El Santo”. ¿Experiencias desagradables? Una vez que fue lanzada del ring y se golpeó las rodillas; y otra cuando una llave le zafó el brazo derecho. Piensa seguir en la lucha hasta que pueda. Por el momento combina su afición con los trabajos del hogar aunque trabaja también como Seguridad Privada. “Mi sueño es que mis hijos salgan adelante gracias a Dios los cuatro son inteligentes”, concluye.

El halcón de oro


Su oficio es la zapatería, actividad que realiza desde hace 20 años. Su especialidad, el calzado para hombres. Douglas Antonio Arévalo se inició en la lucha libre gracias a una beca que le otorgó Arena El Salvador a insistencia de “Bobby King”, un luchador experimentado.

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Seis meses de entrenamiento sirvieron para que pasara a los encordelados, y aprendió las rutinas básicas, los llaveos y las caídas. “Nos damos con amor”, dice, mientras recuerda cómo alguna gente decía que era una pantomima. “Yo así lo creía también hasta que experimenté los golpes”, cuenta.

Es inventor de una llave, la “súper halcón”, la cual aplica desde que se inició hace ocho años.

Su mejor experiencia ha sido la respuesta del público y los seguidores. “He tenido suerte desde que debuté y pienso seguir así. Mi sueño es ser uno de los mejores”, señala.


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