21 de agosto de 2005


Lucha de Fénex
Los héroes del barrio

La lucha libre atrajo a multitudes y creó leyendas. Pero ¿qué hay detrás de un deporte considerado rudo? En la vida real, estos personajes son atletas, obreros y hombres responsables.

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com


Foto EDH /Wilfredo Díaz

Las graderías lucen abarrotadas, las barras —con todo tipo de pitos, latas, trompetas y sin faltar los gritos, abucheos y silbidos— alientan a sus luchadores favoritos, quienes interpretan a personajes de ficción.

Es el 13 de junio de 1998 en la Arena El Salvador. Se disputa el primer lugar en la eliminatoria centroamericana de lucha libre, donde El Salvador es representado por el campeón nacional, “The Rayman”, quien enfrenta a “El Tenebroso”, de Panamá. La lucha se define máscara contra cabellera, a tres caídas y por el título centroamericano.

En la tercera caída la lucha se vuelve pareja. La furia del panameño arremete contra el ágil técnico local quien, por medio de llaves de rendición, logra librarse de los ataques. El público —que ha abarrotado la zona de butacas— aplaude la actuación del salvadoreño, que se vuelve una cátedra de limpieza y elasticidad, pero la lucha finaliza con un empate. Las reglas exigen una caída más para definir el título y el espectáculo apenas empieza.

Cuarta caída. “El Tenebroso” hace gala de su fama de rudo y ante la experiencia del salvadoreño se vale de una cadena de hierro para golpearlo hasta hacerlo sangrar. Las gotas rojas salpican la lona. “The Rayman”, todavía sorprendido por el último golpe, aprovecha la distracción del oponente para soltarle un tajo de karate al pecho, movimiento que le permite aplicar una llave de espalda plana con la que consigue la rendición del panameño. Es así como el compatriota obtiene su máscara-trofeo número 32. Esa noche los espectadores de la Arena El Salvador disfrutaron de uno de los mejores espectáculos, y la taquilla, una ganancia importante.

Inicio en México

Todos los domingos, las graderías de la arena el salvador reciben a los espectadores. En los últimos meses, este deporte ha cobrado mayor auge. Foto EDH /Wilfredo Díaz

Rodeada por mitos y considerada una mezcla de deporte y teatro. La lucha libre se convierte desde su aparición “formal” en México, a principios de los años 30, en un espectáculo dirigido a las masas donde, incluso, se representa un concepto existencialista como lo es el estereotipo de la lucha entre el bien y el mal, encarnada por el bando técnico vs. el rudo.

Para septiembre de 1933, la Arena Modelo —que se encontraba en ruinas— es rentada por quien es considerado el padre de la lucha libre: Salvador Lutteroth González. Éste empieza a mostrar eventos de lucha que son presentados también en las arenas Nacional y Coliseo. Pero es en 1956, con la construcción de la Nueva Arena México, cuando inicia la época moderna de la lucha libre. En esa función intervinieron el “Médico Asesino”, “Santo”, “Rolando Vera”, “Blue Demon”, “Gladiador”, “Gorilita Flores”, etc. comienza así la época de oro de la lucha libre mexicana, que incluso abarcaría las pantallas de cine, de televisión y las revistas de cómics. El fenómeno se extendería por toda América Latina.

Descubriendo los mitos

Cuál es la magia de la lucha libre y cuál la realidad? Parte del espectáculo significa movimientos estudiados, violencia simulada, acrobacias y técnicas.

En la actualidad está considerada como un deporte extremo, ya que cada enfrentamiento en el ring puede traducirse en lesiones, torceduras, quebraduras e incluso la muerte por un mal golpe en la cabeza o una mala caída.

Es mito que la lucha sea pantomima; a pesar de tratarse de un espectáculo que busca llevar diversión, la realidad es que las cicatrices en el cuerpo de los luchadores y luchadoras hablan por sí solas.

Pero ¿qué lleva a una persona a practicar este deporte? ¿Se puede vivir de la lucha libre en países como el nuestro? ¿Qué tipos de beneficios, prestaciones o seguros adquieren estos deportistas? ¿Es la lucha libre un oficio de gente de la calle?

Al respecto, el gerente de Arena El Salvador, licenciado Franklin Castillo, comenta: “Estamos tratando de conseguir la gloria que antes tuvo la lucha libre. Desde la década de los sesenta cobró auge, sobre todo por el surgimiento de luchadores legendarios como el Santo o Blue Demon”.

Tras la máscara, “El Halcón de Oro” y un colega descansan, después de una rutina de entreno. Foto EDH /Wilfredo Díaz

La lucha libre en El Salvador decayó por la creación de un sindicato y, después de haber taquillas importantes, el ritmo bajó.

“Actualmente, una de las estrategias es que vendemos el espectáculo a 60 alcaldías al mismo tiempo que promovemos el deporte. Por suerte hemos recibido respuestas positivas y aunque lo estamos haciendo por cuestiones económicas, también fomentamos la disciplina y el deporte.

“Aunque en la actualidad no se puede vivir de la lucha, el deporte y la pasión continúan. Recuerde que un luchador también vive de los aplausos y los abucheos”, añade Castillo.

Combinación


“Aquí hay todo tipo de gente que combina su oficio con el deporte; así puede encontrar mecánicos, zapateros, motoristas, comerciantes y empresarios. Todos, hombres responsables, sin vicio y disciplinados porque la lucha así lo exige.

“Otra estrategia es que estamos en pláticas con la Federación de Lucha del INDES con la intención de coordinar actividades y formar un semillero de jóvenes luchadores”, agrega.

La Arena El Salvador es una organización independiente e interna, cuenta con 40 luchadores en planilla (cada luchador gana $25 por lucha) y una programación variada de fin de semana que incluye varios tipos de enfrentamientos, donde se definen campeonatos o se pelea por máscaras, cabelleras o cinturones.

La creación de la empresa Capitol Sports Promotions en la década de los ochenta, que fue dirigida por “El Vikingo I”, significó la época de oro de la lucha libre salvadoreña, ya que se recaudaban taquillas de entre 10 y 32 mil colones, había casas patrocinadoras y se transmitían las peleas por Canal 4.

No hay edad para disfrutar del espectáculo que dan los luchadores nacionales. Foto EDH /Wilfredo Díaz

En esas fechas muchos luchadores pudieron hacerse de sus casas, carros y algunos ahorros. Pero la lucha decayó cuando se dio el conflicto armado.

En la actualidad, hay varios intentos por su renacimiento, existen tres arenas activas, más de un centenar de luchadores y público fiel que asiste cada domingo. Pero el gremio o la federación urge de todo tipo de apoyo para rescatar lo que una vez fue “el deporte del pueblo”.

Luis Alonso González, “El Bucanero”, agrega que la lucha libre se puede desarrollar si se atienden, por un lado, la parte teórica del deporte y, por el otro, si se tiene apoyo de las autoridades deportivas, patrocinio de la empresa privada y el reconocimiento del Estado a la trayectoria de deportistas y entretenedores.

“Hay varios luchadores que estamos en condiciones de enseñar, pero necesitamos de un local y de prestaciones. La lucha libre profesional es un espectáculo y un deporte, con ella se aprende disciplina y se aleja de los vicios, ¿qué mayor beneficio para la juventud?”, concluye.

“Acuamán” —quien acaba de retirarse para dedicarse a estudios de Teología— agrega que hacer deporte es hacer patria y por esa razón los luchadores, sobre todo los más experimentados, deben obtener un reconocimiento.

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Un bucanero legendario

Muchos crecimos con la referencia de las leyendas como “Mil Máscaras”, “Santo”, “Blue Demon”, “Huracán Ramírez” y aún vemos las películas que los volvieron famosos. En El Salvador también tenemos luchadores legendarios como “El Zas I”, “El Sordomudo Cruz”, “El Diablo Rojo” y “El Búfalo”, por citar a los más experimentados.

La lucha libre no ha muerto, vibra cada vez que el anunciador dice: “Lucharán a dos de tres caídas y sin límite de tiempo...”. Entonces las arenas tiemblan, los silbidos suenan y los abucheos exaltan a los rudos y técnicos a dar lo mejor de sí... sus mejores golpes.

 

El santo
Rodolfo Guzmán Huerta, El Enmascarado de Plata, es quizás uno de los más famosos que haya dado la lucha libre mexicana. Incursionó en el cine y ganó fama a nivel mundial. Sus películas todavía se exhiben.
Blue demon
Saltó a la fama por su resistencia, se le adjudica haber sido el único luchador en haber derrotado al “Enmascarado de Plata”. También fue actor de cine y realizó cerca de 30 películas. Hizo pareja con “El Santo” en el cine.
Mil Máscaras
Conocido como la eterna incógnita. Gracias a él se dio a conocer la lucha libre mexicana en países como Canadá y Japón; en este último se le idolatra. Incursionó en el cine. Actualmente vive en México y ofrece presentaciones.
La roca
Uno de los más famosos luchadores de los últimos tiempos. Pertenece al Consejo Mundial de la Lucha Libre, donde ha ganado varios campeonatos y varios cinturones. Actualmente es actor de cine y sus películas son taquilleras.
Hulk Hogans
Cambió el concepto del espectáculo de la lucha con sus demostraciones de fuerza y resistencia.
Obtuvo el campeonato Mundial de lucha libre, así como el torneo Estadounidense. Trabaja en cine, televisión,publicidad y beneficencia..
Trish stratuss
Una de la más sobresalientes luchadoras en el ranking norteamericano. Poseedora de fuerza y elasticidad representa a la nueva generación de gladiadoras.
Ha incursionado en el modelaje, la publicidad y obras de caridad.

 


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