20 de noviembre de 2005


INTERNACIONAL
A bordo de un ultraliviano
En un vuelo para salvar mariposas

Este aventurero se embarcó en un reto que tenía la finalidad de demostrar los problemas por los que atraviesan las mariposas monarcas en su tradicional vuelo de emigración. Logró generar conciencia ecológica; aunque, hacen falta esfuerzos

The New York Times
Por James C McKinley Jr.
vertice@elsalvador.com


Papalotzin. En este ultraliviano el piloto se percató de que el uso de pesticidas y la tala afectan a las monarcas.Foto EDH /NYT

Francisco Gutiérrez tiene dificultades para expresar con precisión cuándo se le ocurrió la idea. Fue hace seis años y le llegó lentamente.

Como un experto planeador y piloto de aviones ultraligeros de las montañas donde hibernan las mariposas monarcas, sentía una extraña afinidad con ellas, y la noción de volar con ellas en su emigración anual de Canadá a México se convirtió en su deseo principal.

Por ello, cuando Gutiérrez voló su avión ultraligero, pintado como una monarca, sobre el santuario de las mariposas, al mediodía del 3 de noviembre, y lo hizo aterrizar sobre una autopista en la montaña, marcó la más rara de las experiencias humanas, un sueño hecho realidad.

Había viajado más de 7,000 kilómetros, desde Montreal hasta el estado de Michoacán, siguiendo a las mariposas a baja altitud. Realizó más de 90 horas de vuelo en 72 días, promediando alrededor de 96 kilómetros diarios, en una hazaña de la aviación dirigida a llamar la atención hacia la precaria situación del insecto.

“A veces me siento una mariposa, no un hombre —comentó Gutiérrez—. Ahora puedo sentir lo que enfrentan en algunas de las diferentes partes de Canadá, Estados Unidos y México”.

Los primeros grupos de mariposas aleteaban hacia los densos bosques de abetos de este lugar, mientras Gutiérrez aterrizaba para ser recibido como un héroe por dos gobernadores, representantes de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, varios funcionarios gubernamentales, decenas de niños vestidos como mariposas, bailarines nativos americanos y un jefe indio Mazahua.
La intención era loable: llamar la atención hacia los problemas que enfrentan las monarcas.

La tala ilegal sigue degradando las preservas donde hiberna la mariposa. Los pesticidas usados en Estados Unidos y Canadá continúan eliminando los cardos con que se alimenta el insecto y donde deposita sus huevecillos.

Los extremosos inviernos de años recientes, que algunos científicos creen relacionados con los cambios en el clima causados por los gases de invernadero, han diezmado a las mariposas en México.

La migración anual de la monarca es un misterio natural. En agosto, cuando los días se hacen más cortos, las mariposas dejan de reproducirse y entran en una hibernación sexual. Luego, vuelan hasta México, regresando siempre a las mismas colinas boscosas en Michoacán, donde encuentran el equilibrio perfecto de frescura y humedad para permanecer con vida durante varios meses, sin depositar huevecillos. Final mente, en marzo, regresan al sur de Estados Unidos, ponen sus huevecillos y mueren.

Luego, sus descendientes se dirigen hacia el norte con el sol, pasando por numerosas generaciones durante el verano, hasta que la última generación siente un indicio de invierno en el aire en agosto, y comienza el largo regreso a México.

Después de seis años de intentarlo, Gutiérrez, de 44 años, casi se había dado por vencido respecto a encontrar patrocinadores para su proyecto, excepto el Fondo Mundial para la Vida Silvestre. Luego, en junio, el gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, decidió repentinamente respaldar la idea. El gigante telefónico de México, Telcel, donó algo de dinero y el trato se concretó rápidamente.

Uno de los puntos notables del vuelo ocurrió en la mañana del 6 de septiembre, cuando Gutiérrez maniobró su ultraligero, bautizado como Papalotzin, una palabra indígena para referirse a las monarcas, sobre las Cataratas del Niágara con una nube de mariposas debajo de él.

Gutiérrez dijo que las monarcas vuelan en forma muy parecida a los deslizadores, usando corrientes ascendentes para subir a hasta entre 1,370 y 1,525 metros de altitud, y luego aprovechan los vientos para volar. Pueden viajar hasta 144 kilómetros diarios. Su sentido de la navegación es asombroso. Cuando entran a México, las mariposas se elevan hasta 3,960 metros mientras se dirigen hacia las tierras altas.

Gutiérrez siguió a grupos de insectos durante el viaje, voló por todo tipo de clima, y evitó las tormentas generadas por huracanes, deteniéndose cuando lo hacían las mariposas.

Aunque el aterrizaje de Gutiérrez generó una sensación de buena voluntad hacia las mariposas, líderes ecologistas y políticos afirman que la lucha entre el gobierno y los taladores está muy lejos de llegar a su fin. El ritmo de la tala disminuyó, pero continúa, afirmaron.

La Fundación Mundial de la Vida Silvestre creó un fondo de 6.5 millones de dólares para pagar a las personas que viven en y en torno a las reservas de las mariposas para que reporten la tala, en vez de cortar los árboles ellos mismos. Pero los taladores pagan también sobornos a las autoridades y agricultores locales.

Gutiérrez dijo que no considera que su viaje sea una gran hazaña para la aviación, nada como el vuelo de Brian Milton en 1998 alrededor del mundo en un ultraligero.
Afirmó que emprendió el viaje solamente para destacar la necesidad de que los tres países cooperen para salvar a la mariposa.

 

Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.