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TEMA
DE PORTADA
Pugna por la santa teresa
Incertidumbre
Doce directivos se disputan colonia
Los habitantes de la
residencial Santa Teresa, al norte de San Martín, no saben
dónde pagar las cuotas de sus casas. La asociación que dirigía
el proyecto se dividió y ahora funcionan dos directivas, en dos
municipios. Ambos grupos han interpuesto recursos legales para administrar
el dinero. La justicia no ha dado un veredicto
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Ubicación.
En 1992 se terminó la construcción de la residencial
Santa Teresa, con 2 mil 234 viviendas.
Foto EDH /Wilfredo Díaz
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Julia Hernández reside en la colonia Santa Teresa
desde 1992. El pago de las cuotas de su casa las realiza en la oficina
de la Agencia para el Desarrollo Micro Regional de los Municipios de
Ilopango, Soyapango y San Martín (Ademiss) que está en
Soyapango.
Flor González es vecina de Julia (los nombres han sido cambiados
por solicitud de las entrevistadas) y adquirió un microcrédito
en Ademiss. Ella cancela las cuotas de su vivienda en Soyapango y las
del crédito en Ilopango.
¿Por qué si ambas le deben a la misma entidad tienen que
pagar en lugares diferentes, sobre todo cuando Ademiss no tiene sucursales?
Porque esta asociación tiene problemas y está dividida.
Dos directivas se disputan el poder. Una tiene su base en Soyapango;
la otra, en Ilopango.
Los líos surgieron por una supuesta mala administración
de la cartera de créditos de la residencial Santa Teresa y su
programa de microcréditos.
Un informe de auditoría externa revela mal uso del dinero y deja
en el limbo a 2 mil 234 familias. El caso se encuentra en manos de la
Fiscalía General de la República (FGR) desde hace un año,
pero hasta la fecha no se ha logrado determinar cuál de las dos
entidades tiene los derechos de administración.
Mientras el caso se resuelve, los afectados pasan los días con
temor, porque si no logran reunir para la cuota mensual, la Ademiss
en Ilopango embargará los electrodomésticos de sus casas.
Algunos ya fueron castigados.
La señora González recuerda los casos de varios amigos:
Si usted va a la Ademiss en Ilopango se dará cuenta de
que los directivos tienen en venta refrigeradoras, jugueteras y hasta
tambos de gas. Todas esas cosas se las han quitado a los que no pagaron
a tiempo.
Los que cancelan en Soyapango sienten tranquilidad. Pero a veces los
asaltan las dudas: ¿Y si ellos no son los legales?,
se cuestiona Julia.
Una ayuda desde el exterior
El diez de octubre de 1986, un sismo de 5.4 grados destruyó miles
de viviendas salvadoreñas.
El futuro que los damnificados no vieron en medio de los escombros,
se les presentó en 1992, cuando fueron elegidos como los beneficiarios
de un proyecto habitacional que se construiría con fondos
del exterior en la finca Santa Teresa, al norte de San Martín.
El financiamiento surgió de un convenio de ayuda mutua que se
firmó el 27 de noviembre de 1986 entre los Gobiernos de El Salvador
e Italia. El administrador de los 30 millones de colones (dato aproximado
y no confirmado) fue el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD).
El PNUD, por medio de su Oficina de Servicios para Proyectos de Naciones
Unidas (UNOPS) en El Salvador, contrató a la Fundación
Salvadoreña para el Desarrollo y Vivienda Mínima (Fundasal)
para que urbanizara 484 mil 629 metros cuadrados. Allí levantarían
2 mil 234 módulos habitacionales.
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Estudio. Las mujeres
propietarias en la Santa Teresa representan el 80 por ciento.
Foto EDH /Wilfredo Díaz
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Los beneficiados, 80 por ciento mujeres y 20 por ciento
hombres, recibieron sus casas bajo un contrato de promesa de venta que
firmaron con Fundasal. Unos años después, les fue modificado
el documento por uno de compraventa con garantía hipotecaria,
para darle seguridad a las familias.
La construcción de los módulos, de 63.10 metros cuadrados
y a un precio de mil 571.74 dólares, finalizó en 1992
y Fundasal entregó la administración del proyecto a la
UNOPS. La oficina del PNUD decidió trasladarlo a una asociación
o fundación que se encargaría de administrar los fondos.
Con esa misión, los concejos de Soyapango, Ilopango y San Martín
firmaron un convenio el 18 de septiembre de 1997 para la creación
de la Agencia de Desarrollo para la Microrregión Oriental del
departamento de San Salvador (Adem) que administraría el proyecto
que se construyó en la finca Santa Teresa.
La Adem delimitó la microrregión a los tres municipios
y aceptó como socios a las Asociaciones de Desarrollo Comunal
(Adescos). Por ello, el nombre de la entidad cambió por el de
Agencia de Desarrollo Microrregional de los municipios de Ilopango,
Soyapango y San Martín (Ademiss).
Aparte, se creó un fideicomiso en el que la Ademiss depositaría,
a diario, el dinero de las cuotas canceladas por los beneficiarios.
A los fondos de ese fideicomiso sólo podrían acceder los
directivos, previa autorización de la UNOPS.
La asociación de todos
Las alcaldías estaban en un dilema porque la agencia que habían
conformado debía ocuparse por el desarrollo de los tres municipios.
Si la residencial Santa Teresa se encontraba en San Martín ¿cómo
participarían las municipalidades restantes?
Los involucrados en el caso coinciden en que los ediles (Manuel de Jesús
Aguilar, de Soyapango; José Sergio Antonio Flores, de Ilopango;
y Valentín Castro Sánchez, de San Martín) acordaron
dividir el grado de participación de la siguiente forma: en San
Martín estaría la urbanización; Soyapango les otorgaría
personería jurídica y las oficinas de la asociación
naciente quedarían en Ilopango.
Ese acuerdo jamás quedó sentado por escrito. Las municipalidades,
ni la Ademiss, tienen una copia de esa decisión.
Tal y como lo acordaron, el 7 de abril de 1999, el concejo de Soyapango
concedió la personería jurídica a la Ademiss. Esto
consta en el Diario Oficial del 6 de mayo de 1999, tomo 343, número
83, donde la comuna ratifica y publica los estatutos de la asociación.
La oficina se instaló en la 1ª calle Oriente y Avenida 14 de
diciembre, frente al parque de Ilopango. Desde allí se iban administrar
las cuotas de los adjudicatarios.
La junta directiva quedó conformada por Óscar Armando
Murcia, presidente; Alfredo Sorto Vanegas, vicepresidente; José
Santana López Arévalo, secretario; y Guillermo Adolfo
Guillén Villeda, síndico. Todos representantes de comunidades
de los tres municipios.
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1/julio/2004. En
este video se observa que los directivos sostuvieron fuertes discusiones
por el poder. Foto EDH /Wilfredo
Díaz
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Luego de cuatro años, la UNOPS decidió
que se realizara una auditoría externa a la administración
liderada por Óscar Murcia. Los dos estudios fueron hechos por
las firmas Fernández Fernández & Asociados, y Méndez
Morán & Asociados.
Los informes que llegaron a la UNOPS, presidida por el italiano Giuseppe
Mancinelli, revelaron faltantes en las carteras de créditos y
préstamos. La UNOPS contrató a dos gerentes para que ayudaran
a resolver toda la problemática destapada.
Los encargados de ordenar y encontrar los faltantes renunciaron a finales
de diciembre de 2003, porque no lograron dar solución a todos
los señalamientos de los auditores.
El mortero estalla
Los problemas y la división en la Ademiss surgieron de los informes
de los auditores, que debían leerse en la primera Asamblea General
Ordinaria de Socios de 2004, que se celebraría el 15 de mayo.
Pero las 2 mil 234 familias beneficiadas no fueron informadas del conflicto
que se desataba dentro de la Agencia.
Los recuerdos de Eliseo Flores, uno de los representantes de la Cooperativa
Bitinia de San Martín, socia de Ademiss, viajan a
una de las salas donde se desarrolló el encuentro.
Nuestra sorpresa es que cuando se da la asamblea, ellos tenían
una agenda distinta a la que se había planteado en la convocatoria.
Primero, ellos querían que la junta directiva recibiera plenos
poderes para decidir quién era socio y quién no y, luego,
querían que aprobáramos una memoria de labores de 2003
sin que los estados financieros estuvieran firmados por el contador
y la empresa auditora de la Agencia, relata Flores.
Los asambleístas, al ver esto, cambiaron la agenda e impusieron
una basada en la revisión de los informes contables.
En medio de una turbia discusión, la directiva no logró
justificar por qué las memorias de labores no estaban firmadas
y acordaron tener otra reunión previa convocatoria
dentro de un mes, para que en otra asamblea ordinaria se explicaran
los problemas.
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Habitantes
2,234
Las familias
elegidas para
el proyecto
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Costo
$1,571
Lo que cancelarán las familias, en 120 cuotas
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Tamaño
63.10
Los metros
cuadrados de los módulos.
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Pasó junio (fecha de la reunión esperada)
y no sucedió nada. Durante los primeros 15 días de julio,
tampoco hubo reunión.
Nos dimos cuenta de que la junta había acordado que no
convocarían a los miembros, y que la próxima asamblea
se haría hasta los últimos días de diciembre,
afirma Manuel Antonio Chavarría, representante de las comunidades
San José I, II y III.
Ante este secreto a voces, varios miembros decidieron tomar cartas en
el asunto. Y pronto, porque las cosas pintaban mal.
División e incertidumbre
De las 17 asociaciones que conforman la Ademiss, 11 convocaron a una
reunión. La asamblea, extraordinaria, se celebró el 31
de julio en el hotel Mediterráneo Plaza.
Los directivos, que debían explicar las irregularidades encontradas
en las auditorías, llegaron a esta asamblea, pero no firmaron
las hojas de asistencia y se enfrascaron en una discusión que
giró en torno a que la reunión no era válida porque
no había mayoría.
Después de una hora y media de gritos, grabados en una cinta
de video, el pleno decidió destituirlos y nombrar una junta provisional
para dos años.
El 2 de agosto de 2004, la UNOPS verificó que en la cuenta del
fideicomiso no había sido remesado el dinero cobrado por las
viviendas.
La junta provisional nunca pudo tomar posesión de la oficina
en Ilopango y abrió una en Soyapango, con el aval de la alcaldía
y la UNOPS.
Los destituidos ignoraron el acuerdo de la asamblea y continuaron con
sus labores. El gerente general de la Ademiss en Ilopango, David Sánchez,
asegura que todas las acusaciones hechas por la junta de Soyapango ya
fueron solventadas y que esperan a que la justicia los llame a declarar.
Ya rendimos cuenta y la división no se ha dado por los
faltantes, sino por una contraposición de opiniones que no se
lograron solventar, dice Sánchez, sin entrar en detalles.
También asegura que se han reunido con los adjudicatarios para
indicarles que si tienen temor, guarden su dinero y esperen a
que la justicia determine cuál de las dos asociaciones es la
que debe cobrar las cuotas. (Más detalles en página
12)
Ahora, y luego de varias demandas en los tribunales, las cuentas del
fideicomiso están congeladas. Los pagos que se hacen a la directiva
destituida, de acuerdo con la junta rival, van a parar a cuentas personales.
Las familias, por su parte, no tienen seguridad legal de que el dinero
entregado en ambos lugares se esté abonando a su deuda.
La Fiscalía tiene el caso en sus manos desde el 11 de noviembre
de 2004. A la fecha no se ha presentado requerimiento alguno y el fiscal
asignado, Nelson Flores, dijo que las investigaciones continúan.
En opinión de un reconocido abogado salvadoreño
que pidió anonimato por la gravedad del tema, si la asamblea
de socios destituyó a la directiva todas las acciones posteriores
de los destituidos son ilegales.
Ellos están en un grave problema. Si la asamblea fue válida,
y me parece que así lo es por los documentos que observo, ellos
están usurpando una propiedad que no les corresponde (las oficinas
de Ilopango) y administrando fondos que no les pertenecen, asevera.
Además, le parece grave que la FGR aún no se haya pronunciado.
A su juicio, los destituidos podrían estar juntando el dinero
para salir del país y no responder por sus hechos.
Es importante que la gente se pronuncie ante las autoridades si
quieren que les resuelvan. No hay garantía de que el dinero que
están pagando, en un lado u otro, puedan recuperarlo, advierte.
Flor González y Julia Hernández no están seguras
de lo que sucede. Yo voy a Ilopango porque allí me dieron
el microcrédito; pero no sé si se lo están robando.
Mi casa la pago en Soyapango y tampoco tengo seguridad. Necesitamos
ayuda, termina Flor. Cierra la puerta de su casa y se marcha a
trabajar.
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13/sept./2004
El concejo de Ilopango le informa a Ademiss que dejará
de ser socio mientras se resuelven los problemas.
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20/sept./2004
El concejo de Soyapango también se retira como socio, por
considerar que hay deficiencias administrativas.
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08/octubre/2004
La junta provisional
denuncia el robo de un motor de lancha en el lago de Ilopango.
Acusa a la junta destituida.
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08/octubre/2004
Comienza a circular una supuesta carta de la UNOPS que pide a
los vecinos de Santa Teresa no pagar las cuotas.
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29/octubre/2004
Los destituidos piden personería jurídica en Ilopango.
El edil Leonardo Hidalgo les notifica que está en trámite.
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17/diciembre/2004
La UNOPS envía carta a vecinos de Santa Teresa para desmentir
la correspondencia de octubre. La declaran falsa.
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