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Máxima soledad
Miro expectante.
Hasta hace pocos minutos estaba convencida de que me encontraría
a un grupo de hombres haciendo ruido.
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Me equivoqué. De lo que sí estoy segura
es que, ahí adentro, encontraré hombres indomables y resistentes
a las crudezas de la vida.
Estoy junto a una enorme puerta de acero que marca el umbral de la prisión
de máxima seguridad del país. La llaman Zacatraz.
Aquí, más de 200 hombres viven, cada uno, y a su manera,
un mundo de miniatura, un infierno con marca propia.
Ajusto mi cámara. Un hombre saca de su bolsillo una tarjeta electrónica
y la desliza por un dispositivo. Mis manos están sudorosas. No
sé si es por la ansiedad o por lo que me dijo un ex director
carcelero: Esto es como una unidad de cuidados intensivos donde
sólo hay internos sumamente inadaptados o extremadamente peligrosos.
De pronto, la tarjeta electrónica provoca que la puerta se abra
y se cierre, en medio de un estruendo seco y metálico.
Camino. Estoy dentro de una prisión donde, por la voluntad de
no sé cuántos jueces, muchos hombres que quisieron vivir
juegos clandestinos, y hasta macabros, arriesgaron, y perdieron, la
libertad.
Cada paso me lleva en dirección a las celdas donde cohabitan
una galería de hombres y nombres que, a algunos, les ponen los
pelos de punta. A mí no.
Aquí están personajes como Sabino López Preza,
condenado a 120 años 6 meses de internamiento carcelario.
También Dionisio Aristides Umanzor, alias el Sirra
y líder de la Mara Salvatrucha. Secuestro y asesinato. Sentenciado
a la pena máxima.
Fernando Palacios Luna, alias El negociador. Aquí
secuestró. En Guatemala, más de uno le juró la
muerte, la justicia guatemalteca le espera para castigarlo con la pena
máxima del vecino país: la muerte.
Santos del Tránsito Cabrera, prominente miembro de la banda de
los Tacoma Cabrera, cumple castigo por secuestro, robo agravado y homicidio,
entre otros.
Carlos Lechuga Mojica, el Viejo Lin y líder de la
Mara 18. Acusado de homicidios, pero condenado por la portación
y tenencia ilegal de armas de guerra, será huésped por
cinco años.
La lista es interminable pero mi caminata por Zacatraz apenas comienza.
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