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LA
COLUMNA
Dignidad mancillada
En
2000, 148 países se reunieron en Palermo, Italia, en torno a
crear el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas,
especialmente de mujeres y niños, con el cual se pretendía
regular y prevenir el delito de tráfico de personas y asistir
a las víctimas, además de establecer los parámetros
sobre la cooperación judicial y los intercambios de información
entre países, apoyar las legislaciones nacionales y armonizar
las de carácter regional en materia de tráfico de mujeres
y niños.
En la ciudad de Amsterdam, Holanda, 121 firmaron la nueva Convención
contra la Delincuencia Transnacional Organizada. ¿Por qué
era tan importante este acuerdo internacional? Porque se convertía
en el punto de partida para abordar formalmente un problema real que,
de acuerdo con Naciones Unidas, mueve anualmente entre 5 y 7 billones
de dólares, y unos 4 millones de personas son desplazadas.
En las zonas fronterizas entre Tailandia, Burma y Camboya, los
niños son vendidos a los reclutadores y terminan siendo prostituidos
entre los turistas sexuales extranjeros. En Brasil, Venezuela y Colombia,
los traficantes raptan chicas jóvenes en las calles para poblar
los burdeles de los centros mineros de la Amazonia. En los burdeles
de Filipinas, se han hallado niños de entre 8 y 10 años
con quemaduras de cigarrillos en sus cuerpos y mutilaciones sexuales,
reza una publicación de la ONU en la Internet sobre el drama
que viven millones de jovencitos.
Se habla de un negocio lucrativo controlado por mafias como la Camorra
italiana, las tríadas chinas, la mafia rusa, y la Yakuza japonesa.
En Sudamérica, por ejemplo, se estiman en más de 200 las
redes de prostitución de menores.
Los menores salvadoreños no están exentos de estas redes,
por eso es positivo el aval que esta semana dio la Asamblea Legislativa
a la Convención Interamericana sobre Tráfico Internacional
de Menores, como parte del esfuerzo internacional por combatir el problema
y en el contexto de hacer cumplir la Convención Internacional
de los Derechos de la Niñez.
El tráfico y su efecto más inmediato, la prostitución,
es quizá la peor violación a los derechos humanos de la
infancia y la adolescencia, porque más allá del daño
físico está el emocional. Mientras tanto, unos se embolsan
millones de dólares y otros se deleitan en su morbo.
La reforma al Artículo 37 A del Código Penal, que eleva
de 8 a 10 años la pena de cárcel para aquellos que cometan
este delito, no suena tan justo. ¿Qué diferencia hay cuando
se está juzgando una acción tan aberrante como el hecho
de mercadear con niños y adolescentes a costa de su dignidad?
No basta con eso, El Salvador necesita ejecutar medidas más agresivas,
tener una sensibilidad mayor hacia las necesidades de la infancia y
la adolescencia para entender que detrás del tráfico de
personas hay planes malévolos para lucrarse en muchos de
los casos con la explotación sexual comercial de los más
vulnerables. Hay engaño, secuestro, violencia física,
maltrato, amenazas, uso de la fuerza u otras formas de coacción,
fraude, abuso de poder.
A nivel mundial, unos 8.4 millones de niños son víctimas
de esclavitud, tráfico, servidumbre por deudas, prostitución
y pornografía.
¿Cuántos de ellos son salvadoreños y a cuántos
se les negó mejor suerte sin ningún derecho?
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