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LA
OPINIÓN
Todos
los muertos
Abrir
un periódico significa descubrir los 3 a 7 muertos del día
anterior. Se ha vuelto común encontrar personas asesinadas la
mayoría de las veces por resistirse a un asalto y, las otras,
por rencores y represalias que surgen por la falta de formación,
es decir, la escasez de educación en cuanto a valores, respeto
a las normas y reglamentos, espiritualidad, tolerancia, cultura general
y uso del sentido común.
Sucede que el país se ha vuelto una anarquía. Y los políticos,
sobre todo los que empiezan nuevos cargos, ya sean éstos rojos
o azules, dedican la mitad de su gestión a manejar un discurso
de buena voluntad y esperanza. A promover a sus instituciones y a defender
el sistema que los ha llevado a ocupar tal escritorio.
Pasando en limpio una serie de entrevistas realizadas a lo largo de
la semana y transcribiendo media docena de cassettes con notas y preguntas
hechas a toda clase de políticos y funcionarios públicos,
salvo tres subjefaturas, no encontré más que palabreríos
para adornar y rellenar los huecos ocasionados por la falta de conocimiento.
Sumado a esto, la terquedad o la falta de sentido común, así
como la falta de personalidad de los funcionarios públicos quienes
temen más a las llamadas de atención de sus superiores
-en la oficina y en el partido-, que al cultivo del desarrollo del espíritu
de la nación.
La cultura nacional y la identidad de la República no pueden
descuidarse por el temor a qué dirá un superior, sobre
todo cuando en la mayoría de los casos dicho superior,
jefe, coordinador, encargado o viceministro, no es la persona
idónea para ocupar el cargo.
La libertad de expresión nos protege. Incluso hay mecanismos
legales para enfrentar a un funcionario cuando éste hace mal
uso de la responsabilidad conferida. Los mismos medios pueden servir
como canalizadores de demandas o inquietudes cuando un problema de esta
índole se presenta, ya que las cosas deberían funcionar
-en buena parte- bajo el concepto de la voluntad.
Pero en una sociedad que está regida por el materialismo, los
valores básicos y el respeto a la individualidad y la vida simplemente
no se practican porque simplemente no se tienen.
La Constitución castiga la sedición, pero si exigimos
mejores garantías, si llamamos a rebelarnos ante los problemas
de seguridad, desempleo, costo de la vida, alienación cultural,
el irrespeto a la patria, las violaciones, la corrupción, el
circo mismo de los políticos y una larga lista de males que ensucian
nuestro entorno, muchas cosas cambiarían. Sobre todo el disfrute
de la paz, la cual ayudaría a que fueran pocos los muertos que
encontramos a diario, en las noticias.
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