19 de junio de 2005


LA OPINIÓN
Todos los muertos

JuanCarlosRivas
vertice@elsalvador.com


Abrir un periódico significa descubrir los 3 a 7 muertos del día anterior. Se ha vuelto común encontrar personas asesinadas la mayoría de las veces por resistirse a un asalto y, las otras, por rencores y represalias que surgen por la falta de formación, es decir, la escasez de educación en cuanto a valores, respeto a las normas y reglamentos, espiritualidad, tolerancia, cultura general y uso del sentido común.

Sucede que el país se ha vuelto una anarquía. Y los políticos, sobre todo los que empiezan nuevos cargos, ya sean éstos rojos o azules, dedican la mitad de su gestión a manejar un discurso de buena voluntad y esperanza. A promover a sus instituciones y a defender el sistema que los ha llevado a ocupar tal escritorio.

Pasando en limpio una serie de entrevistas realizadas a lo largo de la semana y transcribiendo media docena de cassettes con notas y preguntas hechas a toda clase de políticos y funcionarios públicos, salvo tres subjefaturas, no encontré más que palabreríos para adornar y rellenar los huecos ocasionados por la falta de conocimiento.

Sumado a esto, la terquedad o la falta de sentido común, así como la falta de personalidad de los funcionarios públicos quienes temen más a las llamadas de atención de sus superiores -en la oficina y en el partido-, que al cultivo del desarrollo del espíritu de la nación.

La cultura nacional y la identidad de la República no pueden descuidarse por el temor a qué dirá un superior, sobre todo cuando en la mayoría de los casos dicho “superior, jefe, coordinador, encargado o viceministro”, no es la persona idónea para ocupar el cargo.

La libertad de expresión nos protege. Incluso hay mecanismos legales para enfrentar a un funcionario cuando éste hace mal uso de la responsabilidad conferida. Los mismos medios pueden servir como canalizadores de demandas o inquietudes cuando un problema de esta índole se presenta, ya que las cosas deberían funcionar -en buena parte- bajo el concepto de la voluntad.

Pero en una sociedad que está regida por el materialismo, los valores básicos y el respeto a la individualidad y la vida simplemente no se practican porque simplemente no se tienen.

La Constitución castiga la sedición, pero si exigimos mejores garantías, si llamamos a rebelarnos ante los problemas de seguridad, desempleo, costo de la vida, alienación cultural, el irrespeto a la patria, las violaciones, la corrupción, el circo mismo de los políticos y una larga lista de males que ensucian nuestro entorno, muchas cosas cambiarían. Sobre todo el disfrute de la paz, la cual ayudaría a que fueran pocos los muertos que encontramos a diario, en las noticias.


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