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Relato
El
amargo retorno a la realidad
Ulises H. tuvo un
accidente de tránsito. Al despertar, luego de permanecer varios
días en la oscuridad de la inconsciencia, se enteró de
que no sólo había perdido la memoria, sino también
su dinero. Sus tarjetas se crédito fueron robadas y sus cuentas
vaciadas.
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“Lo último que recuerdo son las
luces altas del carro que venía en el carril contrario,
no recuerdo golpe, ni adónde choqué” Ulises
H. Víctima
La deuda que los hampones le han dejado es de
dos mil dólares aproximadamente, entre cuentas de telefonía
y tarjetas de débito
En el maletín de trabajo que le fue devuelto
Encontró todas sus pertenencias menos las tarjetas de
débito y los tres celulares
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Al recobrar la lucidez, luego de permanecer nueve días
inconsciente debido a un accidente de tránsito, Ulices H. no
sintió que renació, como le ocurre a la mayoría.
Al contrario, sintió que se hundía una vez más
en ese oscuro túnel, al escuchar las malas noticias.
Tres costosos celulares y varias tarjetas de crédito y débito
desaparecieron de entre sus pertenencias momentos después del
percance.
En poco tiempo le vaciaron sus cuentas y como los vampiros, le chuparon
el dinero que con esfuerzo había ahorrado.
Lo último que recuerda son las luces altas del vehículo
que venía en el carril contrario y el golpe en la parte trasera
de su auto que le hizo perder el control.
El hecho ocurrió a las nueve de la noche del 1 de septiembre
pasado. Ulises H., de 32 años, se conducía hacia su hogar,
luego de una larga jornada de trabajo.
Al incorporarse del Bulevar Constitución a la Alameda Juan Pablo
II, las luces altas de otro carro lo deslumbraron y lo obligaron a entrecerrar
los ojos. Otro vehículo golpeó el suyo por detrás,
por lo que perdió el control de su automóvil.
“No recuerdo el golpe, no sé adonde choqué”,
dice el joven con notoria confusión. Sólo recuerda haber
invocado a Dios antes de colisionar.
“Cuando desperté estaban mis hermanos y mi esposa alrededor
de mí, me percaté que estaba en el hospital por la condición
en la que permanecía, les pregunté qué me había
pasado y me dijeron que había tenido un accidente. Yo pensé
que eso había sido la noche anterior, pero ellos me dijeron que
ya llevaba hospitalizado nueve días”, recuerda.
Clínicamente, nunca fue declarado en estado de coma, debido a
que respondía a estímulos exteriores. Sin embargo, Ulises
no recuerda nada de lo ocurrido durante los nueve días después
del incidente.
Poco a poco fueron llegando a su mente luces que había perdido.
Cuando recibió el alta, y al llegar a su casa, su esposa le mostró
el maletín que las autoridades habían recuperado en el
lugar del accidente.
En su interior estaban casi todas sus pertenencias, su billetera contenía
sus documentos personales. Sin embargo, no estaban las tarjetas de crédito,
los tres celulares que portaba (dos personales y uno de trabajo) tampoco
aparecieron.
Inmediatamente, Ulises le pidió a su esposa que llamara a los
bancos y pidiera bloquear las tarjetas y los teléfonos, pero
ya era demasiado tarde. Lo hampones ya habían gastado casi dos
mil dólares entre consumo de telefonía, retiros de las
tarjetas de débito y otros gastos.
Retazos
A medida que pasaron las semanas, la víctima ha recordado vagamente
algunos episodios luego del accidente.
“Los primeros que llegaron a ayudarme fueron agentes de Tránsito,
luego llegaron los (socorristas) de la Cruz Roja y ellos me trasladaron
al hospital”, cuenta.
Durante dos días, los oficiales llegaban al hospital con la esperanza
de hacerle el examen del alcohol y descartar la sospecha de que un estado
de ebriedad le habría provocado el accidente.
La prueba nunca se realizó, la médico que atendió
a Ulises descartó cualquier posible sospecha de embriaguez. Los
agentes dejaron las pertenencias del herido y ya no regresaron al hospital.
Por la vía legal
Lo más frustrante de todo fue la forma en que le robaron el dinero:
lo retiraron a través de cajeros automáticos, a pesar
de no saber las claves de acceso.
¿Cómo supieron las claves de las tarjetas? Según
Ulises, quien conoce de cerca el trabajo policial, existen formas de
extraer dinero de los cajeros sin accesar las claves de seguridad.
Por lo anterior, Ulises ha solicitado a los bancos que lo exoneren de
la deuda, en vista de que todo ocurrió cuando él estaba
en el hospital, inconsciente. Sin embargo, el panorama sigue siendo
el mismo, sombrío.
Según fuentes financieras, el problema reside en la tardanza
del afectado para pedir la suspensión de las tarjetas.
Es a partir de este momento que los seguros empiezan a funcionar. Lo
sucedido antes de la denuncia no lo cubre.
De esta manera, a Ulises sólo le queda seguir el largo camino
judicial. “Voy a pedir a un abogado para que lleve el caso a un
juzgado, porque no es justo que tenga que pagar un dinero que no me
gaste”, afirma.
La alternativa para descubrir quienes fueron los responsables del hurto
sería que un juez solicitará a los bancos los archivos
de fotografías que los cajeros registran en su sistema cada vez
que alguien efectúa un retiro de efectivo.
Sin embargo, voceros de la Fiscalía aseguran que sin una denuncia
es imposible considerar hipotéticamente las posibilidades para
resolver el caso.
En esas desesperantes penumbras, hasta los mismos policía que
llegaron al lugar del accidente, son sospechosos.
Negligencia médica
Y si lo anterior no fuera suficiente, Ulises se enteró luego
de su amargo despertar, que no fue atendido con prontitud cuando fue
ingresado al Hospital General del Seguro Social.
El médico residente de turno asumió que la víctima
estaba ebria y por eso lo despreció. “Ya se te pasó
la borrachera”, le gritaba, mientras Ulises permanecía
inconsciente y con una hemorragia en su cerebro que sangraba a través
del oído.
Junto a él pasaban el profesional y algunas enfermeras. Otros
enfermos ingresaban y Ulises esperaba.
Dos horas después de haber sido llevado al centro hospitalario,
una médico notó el sangrado y dio de inmediato la orden
de ingreso. Los exámenes determinaron la gravedad de su condición.
En un principio el diagnóstico implicaba una cirugía en
la que abrirían su cabeza para limpiar la sangre, pero luego
de unos días los médicos determinaron que la operación
ya no sería necesaria.
Un algodón en su oído izquierdo es la única evidencia
física del procedimiento que los médicos siguieron.
No hay respuesta
Pero más allá de las dolencias y las secuelas, Ulises
vuelve al punto que más le duele: la pérdida de su dinero.
En la Cruz Roja no fue posible contactar a quienes lo atendieron el
día del accidente, ya que en el procedimiento participaron jóvenes
voluntarios y no permanecen en las instalaciones de la institución.
Llegan siempre y cuando dispongan del tiempo.
Lo único que se conoce al respecto es que los socorristas acudieron
al lugar del percance hasta la madrugada del 2 de septiembre y trasladaron
a la víctima al hospital General del Seguro Social.
En cuanto a los agentes de tránsito, fuentes de comunicaciones
de la Policía aseguran que el incidente no está registrado
en su base de datos. Lo que indica, según las mismas autoridades,
que la emergencia no fue asistida por los agentes de esa división.
Y mientras todo se aclara, la deuda y las intrigas de Ulises van en
aumento.
En vista de la indiferencia de las instituciones bancarias, la víctima
ha empezado a pagar los cobros que mensualmente llegan hasta su hogar.
Su forma de vida ha cambiado. Después de casi una década
de poseer vehículo propio, ahora se ha visto en la necesidad
de viajar diariamente desde Ciudad Delgado hasta su lugar de trabajo
en Comalapa, en autobús. Su coche quedó inservible.
De la tranquilidad paso a la incertidumbre.
El camino de la recuperación
El accidente que sufrió Ulises le ha dejado otras
consecuencias, además de las penurias económicas.
Las secuelas del golpe todavía son notorias para sus allegados.
Muchos nombres de amigos y conocidos aún no los ha podido recordar.
“Es penoso encontrarme con personas en la calle y no saber cómo
se llaman, a veces estoy consciente que los conozco pero no sé
sus nombres”, comenta.
Profesionales de la salud aseguran que la memoria de Ulises puede ir
mejorando con el paso del tiempo.
El trauma causado por el golpe es lo que generó la amnesia que
poco a poco a ido superando.
Las opiniones respecto a la negligencia que se le practicó en
el centro asistencial del ISSS están divididas.
Algunos médicos consideran que su condición no se degeneró
con la evolución del golpe, sino que fue producto inédito
del choque.
Otros profesionales creen que de haberse atendido con mayor prontitud
las lesiones en su cerebro que ocasionaron la pérdida de memoria,
hubiesen sido menos severas.
Ulises no ha denunciado al médico, pero por momentos, al recordar
el criterio del médico para no atenderlo en el hospital, le genera
sentimientos de enojo y desconfianza.
“Me molesta que el practicante no haya querido atenderme porque
pensó que andaba tomado, yo pienso que los daños hubieran
sido menores”, lamenta.
En su trabajo también se ha visto afectado. A pesar de contar
con el apoyo de sus colegas, amigos y familiares, las actividades que
antes realizaba con mayor efusividad, ahora las efectúa con un
poco de letargo, tratando de recordar la rutina que seguía a
diario en sus labores.
“Sólo espero salir de esta situación lo más
pronto posible, no se imagina lo horrible que es no saber lo que le
ha pasado y no tener forma de averiguarlo”, dice, mientras baja
la mirada.
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