18 de diciembre de 2005


Relato
El amargo retorno a la realidad

Ulises H. tuvo un accidente de tránsito. Al despertar, luego de permanecer varios días en la oscuridad de la inconsciencia, se enteró de que no sólo había perdido la memoria, sino también su dinero. Sus tarjetas se crédito fueron robadas y sus cuentas vaciadas.

Geraldine Varela
vertice@elsalvador.com

“Lo último que recuerdo son las luces altas del carro que venía en el carril contrario, no recuerdo golpe, ni adónde choqué” Ulises H. Víctima

La deuda que los hampones le han dejado es de dos mil dólares aproximadamente, entre cuentas de telefonía y tarjetas de débito

En el maletín de trabajo que le fue devuelto Encontró todas sus pertenencias menos las tarjetas de débito y los tres celulares

Al recobrar la lucidez, luego de permanecer nueve días inconsciente debido a un accidente de tránsito, Ulices H. no sintió que renació, como le ocurre a la mayoría.

Al contrario, sintió que se hundía una vez más en ese oscuro túnel, al escuchar las malas noticias.

Tres costosos celulares y varias tarjetas de crédito y débito desaparecieron de entre sus pertenencias momentos después del percance.

En poco tiempo le vaciaron sus cuentas y como los vampiros, le chuparon el dinero que con esfuerzo había ahorrado.

Lo último que recuerda son las luces altas del vehículo que venía en el carril contrario y el golpe en la parte trasera de su auto que le hizo perder el control.

El hecho ocurrió a las nueve de la noche del 1 de septiembre pasado. Ulises H., de 32 años, se conducía hacia su hogar, luego de una larga jornada de trabajo.

Al incorporarse del Bulevar Constitución a la Alameda Juan Pablo II, las luces altas de otro carro lo deslumbraron y lo obligaron a entrecerrar los ojos. Otro vehículo golpeó el suyo por detrás, por lo que perdió el control de su automóvil.

“No recuerdo el golpe, no sé adonde choqué”, dice el joven con notoria confusión. Sólo recuerda haber invocado a Dios antes de colisionar.

“Cuando desperté estaban mis hermanos y mi esposa alrededor de mí, me percaté que estaba en el hospital por la condición en la que permanecía, les pregunté qué me había pasado y me dijeron que había tenido un accidente. Yo pensé que eso había sido la noche anterior, pero ellos me dijeron que ya llevaba hospitalizado nueve días”, recuerda.

Clínicamente, nunca fue declarado en estado de coma, debido a que respondía a estímulos exteriores. Sin embargo, Ulises no recuerda nada de lo ocurrido durante los nueve días después del incidente.

Poco a poco fueron llegando a su mente luces que había perdido.
Cuando recibió el alta, y al llegar a su casa, su esposa le mostró el maletín que las autoridades habían recuperado en el lugar del accidente.

En su interior estaban casi todas sus pertenencias, su billetera contenía sus documentos personales. Sin embargo, no estaban las tarjetas de crédito, los tres celulares que portaba (dos personales y uno de trabajo) tampoco aparecieron.

Inmediatamente, Ulises le pidió a su esposa que llamara a los bancos y pidiera bloquear las tarjetas y los teléfonos, pero ya era demasiado tarde. Lo hampones ya habían gastado casi dos mil dólares entre consumo de telefonía, retiros de las tarjetas de débito y otros gastos.

Retazos

A medida que pasaron las semanas, la víctima ha recordado vagamente algunos episodios luego del accidente.

“Los primeros que llegaron a ayudarme fueron agentes de Tránsito, luego llegaron los (socorristas) de la Cruz Roja y ellos me trasladaron al hospital”, cuenta.

Durante dos días, los oficiales llegaban al hospital con la esperanza de hacerle el examen del alcohol y descartar la sospecha de que un estado de ebriedad le habría provocado el accidente.

La prueba nunca se realizó, la médico que atendió a Ulises descartó cualquier posible sospecha de embriaguez. Los agentes dejaron las pertenencias del herido y ya no regresaron al hospital.

Por la vía legal

Lo más frustrante de todo fue la forma en que le robaron el dinero: lo retiraron a través de cajeros automáticos, a pesar de no saber las claves de acceso.

¿Cómo supieron las claves de las tarjetas? Según Ulises, quien conoce de cerca el trabajo policial, existen formas de extraer dinero de los cajeros sin accesar las claves de seguridad.

Por lo anterior, Ulises ha solicitado a los bancos que lo exoneren de la deuda, en vista de que todo ocurrió cuando él estaba en el hospital, inconsciente. Sin embargo, el panorama sigue siendo el mismo, sombrío.

Según fuentes financieras, el problema reside en la tardanza del afectado para pedir la suspensión de las tarjetas.

Es a partir de este momento que los seguros empiezan a funcionar. Lo sucedido antes de la denuncia no lo cubre.

De esta manera, a Ulises sólo le queda seguir el largo camino judicial. “Voy a pedir a un abogado para que lleve el caso a un juzgado, porque no es justo que tenga que pagar un dinero que no me gaste”, afirma.

La alternativa para descubrir quienes fueron los responsables del hurto sería que un juez solicitará a los bancos los archivos de fotografías que los cajeros registran en su sistema cada vez que alguien efectúa un retiro de efectivo.

Sin embargo, voceros de la Fiscalía aseguran que sin una denuncia es imposible considerar hipotéticamente las posibilidades para resolver el caso.

En esas desesperantes penumbras, hasta los mismos policía que llegaron al lugar del accidente, son sospechosos.

Negligencia médica

Y si lo anterior no fuera suficiente, Ulises se enteró luego de su amargo despertar, que no fue atendido con prontitud cuando fue ingresado al Hospital General del Seguro Social.

El médico residente de turno asumió que la víctima estaba ebria y por eso lo despreció. “Ya se te pasó la borrachera”, le gritaba, mientras Ulises permanecía inconsciente y con una hemorragia en su cerebro que sangraba a través del oído.

Junto a él pasaban el profesional y algunas enfermeras. Otros enfermos ingresaban y Ulises esperaba.

Dos horas después de haber sido llevado al centro hospitalario, una médico notó el sangrado y dio de inmediato la orden de ingreso. Los exámenes determinaron la gravedad de su condición.

En un principio el diagnóstico implicaba una cirugía en la que abrirían su cabeza para limpiar la sangre, pero luego de unos días los médicos determinaron que la operación ya no sería necesaria.

Un algodón en su oído izquierdo es la única evidencia física del procedimiento que los médicos siguieron.

No hay respuesta

Pero más allá de las dolencias y las secuelas, Ulises vuelve al punto que más le duele: la pérdida de su dinero. En la Cruz Roja no fue posible contactar a quienes lo atendieron el día del accidente, ya que en el procedimiento participaron jóvenes voluntarios y no permanecen en las instalaciones de la institución. Llegan siempre y cuando dispongan del tiempo.

Lo único que se conoce al respecto es que los socorristas acudieron al lugar del percance hasta la madrugada del 2 de septiembre y trasladaron a la víctima al hospital General del Seguro Social.

En cuanto a los agentes de tránsito, fuentes de comunicaciones de la Policía aseguran que el incidente no está registrado en su base de datos. Lo que indica, según las mismas autoridades, que la emergencia no fue asistida por los agentes de esa división.

Y mientras todo se aclara, la deuda y las intrigas de Ulises van en aumento.
En vista de la indiferencia de las instituciones bancarias, la víctima ha empezado a pagar los cobros que mensualmente llegan hasta su hogar.

Su forma de vida ha cambiado. Después de casi una década de poseer vehículo propio, ahora se ha visto en la necesidad de viajar diariamente desde Ciudad Delgado hasta su lugar de trabajo en Comalapa, en autobús. Su coche quedó inservible.

De la tranquilidad paso a la incertidumbre.


El camino de la recuperación

El accidente que sufrió Ulises le ha dejado otras consecuencias, además de las penurias económicas.

Las secuelas del golpe todavía son notorias para sus allegados. Muchos nombres de amigos y conocidos aún no los ha podido recordar.

“Es penoso encontrarme con personas en la calle y no saber cómo se llaman, a veces estoy consciente que los conozco pero no sé sus nombres”, comenta.

Profesionales de la salud aseguran que la memoria de Ulises puede ir mejorando con el paso del tiempo.

El trauma causado por el golpe es lo que generó la amnesia que poco a poco a ido superando.

Las opiniones respecto a la negligencia que se le practicó en el centro asistencial del ISSS están divididas.

Algunos médicos consideran que su condición no se degeneró con la evolución del golpe, sino que fue producto inédito del choque.

Otros profesionales creen que de haberse atendido con mayor prontitud las lesiones en su cerebro que ocasionaron la pérdida de memoria, hubiesen sido menos severas.

Ulises no ha denunciado al médico, pero por momentos, al recordar el criterio del médico para no atenderlo en el hospital, le genera sentimientos de enojo y desconfianza.

“Me molesta que el practicante no haya querido atenderme porque pensó que andaba tomado, yo pienso que los daños hubieran sido menores”, lamenta.

En su trabajo también se ha visto afectado. A pesar de contar con el apoyo de sus colegas, amigos y familiares, las actividades que antes realizaba con mayor efusividad, ahora las efectúa con un poco de letargo, tratando de recordar la rutina que seguía a diario en sus labores.

“Sólo espero salir de esta situación lo más pronto posible, no se imagina lo horrible que es no saber lo que le ha pasado y no tener forma de averiguarlo”, dice, mientras baja la mirada.


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