13 de noviembre de 2005


LA OPINIÓN
Deseo para esta Navidad

Alexandra Bonilla
vertice@elsalvador.com

Queridos Reyes Magos, Santa Claus y Niño Dios: Para esta Navidad quiero que me regalen... Así empiezan miles de niños sus cartas para pedir lo que más anhelan y desean para esta época. Si tan solo fuera así de fácil para nosotros los adultos.

Por más que intento no me imagino sentándome a escribir una misiva pidiendo el regalo del perdón, porque eso es lo que más deseo para esta Navidad.

Las noticias diarias están llenas de asesinatos y crímenes que se cometen por que somos incapaces de perdonar a las personas que nos han hecho daño.

¿Cuántos más asesinatos tiene que haber entre pandillas rivales, cuántos más transportistas deben caer, cuántas personas morirán por que se atravesaron en el camino de la persona equivocada, cuántas personas más asesinarán a su pareja por culpa de los celos y la desconfianza?

A lo mejor no he matado físicamente a una persona, pero con mis acciones y mis palabras les he causado sufrimiento y de eso me arrepiento.

No sé si se debe a la proximidad de las fiestas, pero es la época precisa para dejar que el espíritu navideño nazca en nosotros y pidamos perdón por todas esas veces que hemos obrado mal.

Nada me duele más que ir a visitar a mi tía abuela y ver que no puede vernos sin llorar, porque recuerda a sus nietos que son incapaces de visitarla por un pleito familiar en el que ni siquiera estaban involucrados.

Yo no quiero llegar a esa edad y tener rencillas en la familia, pleitos tontos por los cuales los parientes se dejan de hablar. Porque cuando uno ya no está, es demasiado tarde para pedir perdón.

Lastimamos a los que están a nuestro alrededor en la casa, en el trabajo, en la escuela y en la calle. Y ya ni siquiera estamos conscientes de lo mucho que causamos daño a las personas, sobre todo a aquellos que más queremos.

Por eso quiero aprovechar este despacio para pedir perdón por todas las veces que te he fallado, porque no supe comprenderte, porque te alcé la voz, porque te he ignorado, por que no te amé lo suficiente.

No se me ocurre un mejor regalo para dar esta Navidad que el perdón.
Ojalá fuéramos como los niños que en cuestión de unos instantes olvidan la razón por la cual lloraban y abrazan a quienes les causaron dolor. Mucho podríamos aprender de ellos.

Los invito para que esta Navidad le den a alguien el regalo del perdón y se les conceda la humildad para arrepentirse y así puedan experimentar lo bien que se siente ser perdonado.
Y a ti sólo te puedo decir: ojalá que encuentres en tu corazón voluntad para perdonarme.


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