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Religión
¡Benedetto...Benedetto...!
Benedicto XVI superó con creces su primera prueba
de fuego exponiéndose ante multitudes, algo que se veía
difícil al compararlo con su antecesor, Juan Pablo II. Éste
es el testimonio de dos jóvenes salvadoreños, enviados
especiales de Radio Paz (88.5 FM) y El Diario de Hoy, que se encontraron
con él en Colonia y Roma.
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Benedicto XVI no es el oscuro y severo
inquisidor de los tiempos modernos, sino un sencillo septuagenario que
saluda a sus fieles abriendo los brazos y se nutre del afecto de las
multitudes, sobre todo cuando le cantan: ¡Benedetto!,
seguido de cuatro palmadas.
Ése es el rostro que pudieron ver centenares de miles de chicos
católicos de todo el mundo durante la reciente Jornada Mundial
de la Juventud en Colonia, Alemania.
El pan de cada día en el encuentro era comparar al nuevo Pontífice
alemán con su predecesor polaco, Juan Pablo II, cuyo carisma
le agenció admiración mundial.
Noticias de las agencias internacionales informaban de temores de que
Joseph Ratzinger, electo en la Silla de San Pedro el 16 de abril, no
pudiera desenvolverse entre multitudes como bien lo hizo su antecesor.
Incluso se llegó a pensar que después de la muerte de
Juan Pablo II se reduciría la asistencia al encuentro en Colonia,
el primer destino pastoral de Benedicto fuera de Roma.
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| El salvadoreño Jorge Hernández (izquierda)
junto a jóvenes australianos, próximos anfitriones
de las jornadas juveniles. Foto EDH/archivo |
A lo anterior se agrega el antecedente
de que el Vicario de Cristo fue Prefecto para la Congregación
para la Doctrina de la Fe, la otrora Santa Inquisición. Se le
recuerda como un cardenal claro, directo, pero sencillo, que atravesaba
la Plaza de San Pedro meditabundo e inadvertido.
Cuando murió Juan Pablo II, a algunos jóvenes les dijeron
en las agencias de viajes que muchos grupos habían retirado las
reservas de los vuelos para agosto, pero se produjo un cambio total
cuando fue elegido Benedicto XVI y se supo que era alemán.
Las reservas no sólo se activaron,
sino que se duplicaron. Algo hacía que este hombre controversial
y que de adolescente fue reclutado y desertó del ejército
nazi durante la Segunda Guerra Mundial se volviera atractivo, sobre
todo para los jóvenes.
Pero regresar a su tierra fue para Joseph
Ratzinger una alegría que desbordó en cada saludo que
dispensaba, en cada palabra que pronunciaba, en cada ruta que recorría
en medio del entusiasmo y la admiración de la generalidad.
Jóvenes de todo el mundo lo recibían, no sólo como
el Papa alemán, sino el Papa de todos.
Desde su llegada al aeropuerto de Colonia, Alemania, se pudo observar
a un Papa jovial, entusiasta, que a pesar de sus 78 años cumplidos
pocos días antes de ser electo supo bromear hasta con el viento
que le quiso arrebatar el solideo mientras bajaba las escalinatas del
avión.
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| El campo de María recibe a miles de peregrinos
después de un largo recorrido. Foto
EDH/archivo |
Benedicto XVI, un hombre bajo en estatura,
de aproximadamente 1.65 metros, de tez blanca, con una capacidad de
observación impresionante, no dejó de sonreír mientras
estuvo con la juventud. Su primer gesto era extender los brazos hacia
la multitud y luego recogerlos como diciéndole a cada uno Hijo
mío, Dios te bendiga.
Su palabra también fue muy convincente, dejando la impresión
de un padre y abuelo que le da consejos a sus hijos y nietos: La
revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios,
que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.
Y ¿qué puede salvarnos si no es el amor?.
Los ojos del mundo estaban puestos en Benedicto
XVI y en Alemania, y los jóvenes salvadoreños le escucharon.
Estoy muy emocionado, este Papa como que es un hombre del cual
uno puede sentir muchas expectativas, se siente que es un hombre de
Dios, así como Juan Pablo II lo era, comentó Walter
Valdés minutos después de que el papamóvil pasara
frente a él.
Cientos de miles de jóvenes miraban confiados ahora al hombre
que quizá vieron con dudas en abril, cuando en la ceremonia de
investidura papal les pidió abrir las puertas a Cristo
y no tener miedo, pues Cristo lo da todo y no quita nada.
La imagen de Benedicto XVI era totalmente distinta a la que se había
querido pintar. Se pudo ver a un Papa emocionado, con una sonrisa de
oreja a oreja. Su humildad y sencillez conmovían inmediatamente.
No hay comparaciones, solo coincidencias. Los participantes de esta
Jornada se sintieron muy felices, aunque también conmovidos por
ser ésta la primera Jornada sin Juan Pablo II. Benedicto XVI
coincidió con estos sentimientos que logró desahogar haciendo
su mejor trabajo en un encuentro en donde lo único que tuvo que
hacer fue ser Papa.
Muchos quizá esperaban un clon de Juan Pablo II como Sucesor
de San Pedro, pero se han dado cuenta de que tienen, como continuador
de su formidable obra, a un hombre excepcional y con un profundo sentido
humano como guía espiritual. Dios nunca se equivoca.
Tuve el privilegio de estar cerca del Papa
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| El chileno Nicolás José Frías.
Foto EDH/archivo |
Doce jóvenes tuvieron el almuerzo más
importante de sus vidas en Colonia, porque lo compartieron nada menos
que con Benedicto XVI. Entre estos jóvenes estaba el chileno
Nicolás José Frías Ossandon, de 19 años,
quien lo definió así:
Este fue un momento increíble en mi vida, un momento muy
fuerte, estar almorzando con el Santo Padre, fue un regalo inmenso.
Estoy feliz de saber que una persona muy cercana se interesa personalmente
por ti y te muestra un camino a seguir; y en el fondo sabemos que nos
anima a seguir siempre para adelante y que en verdad los jóvenes
tenemos mucha respuesta y tenemos mucho que aportar.
Me sentí muy identificado, porque en verdad los jóvenes
somos protagonistas de una nueva historia que depende de nosotros cómo
será, si es para el bien de la humanidad o no. A continuación
breves declaraciones brindadas por este joven para Radio Paz y El Diario
de Hoy:
¿Qué le preguntó al Papa?
La pregunta que le hice fue: ¿Qué es lo que quiere y espera
de nosotros los jóvenes? Y él llegó y nos contó
a todos en general que quería que los jóvenes vayamos
cultivando una relación íntima con Jesús, y que
sepamos que tenemos mucho que hacer y mucho que aportar. Nos dijo que
tenemos que dar testimonio en la sociedad y en la Iglesia.
¿Qué es lo que más le impresionó?
La cercanía que tiene con los jóvenes.
¿Qué regalo le llevó?
Le di una bandera chilena y le dije que en Chile lo queremos mucho y
que lo estamos esperando.
¿Qué comieron?
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| Últimas horas. Jóvenes de todo el
mundo se preparan para la misa de clausura de la Jornada Mundial
de la Juventud. Foto EDH/archivo |
De entrada, una rica ensalada de lechuga y tomate con
una salsa, típica ensalada alemana.
Después nos dieron dos panqueques de verduras (crepas) y de postre
un típico strudell de manzana alemana. Me comí dos.
¿Y el Papa qué comió?
Al principio le pusieron un pescado y él dijo que no, que quería
comer lo mismo que los jóvenes, y comimos lo mismo. Además,
tomó un jugo de naranja con agua.
¿De qué habló con él?
Era un diálogo muy fluido, le conté mi vida, lo que yo
hacía en Chile. Después se despidió personalmente
de los 12 que lo acompañamos a la mesa, nos dio su bendición.
¿Algo en su fe cambió?
Siento una gran responsabilidad, porque sé que tengo mucho que
dar, sobre todo cuando uno se siente querido por Dios.
¿Qué se lleva a tu país?
La cercanía que tiene con los jóvenes, el encuentro de
haber estado con él, el haberle dado la mano, besado su anillo,
porque fue una experiencia que nunca olvidaré.
Palabras del Papa durante la jornada
Juntos, cristianos y musulmanes, hemos de afrontar
los numerosos desafíos que nuestro tiempo nos plantea
El totalitarismo no libera al hombre, sino que
lo priva de su dignidad y lo esclaviza
Los jóvenes son para la Iglesia, y especialmente
para los pastores, una llamada viviente a la fe y esperanza
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