18 de septiembre de 2005


Religión
“¡Benedetto...Benedetto...!”

Benedicto XVI superó con creces su primera prueba de fuego exponiéndose ante multitudes, algo que se veía difícil al compararlo con su antecesor, Juan Pablo II. Éste es el testimonio de dos jóvenes salvadoreños, enviados especiales de Radio Paz (88.5 FM) y El Diario de Hoy, que se encontraron con él en Colonia y Roma.

Eunice Rojas y Oscar Bello
vertice@elsalvador.com

Benedicto XVI no es el oscuro y severo inquisidor de los tiempos modernos, sino un sencillo septuagenario que saluda a sus fieles abriendo los brazos y se nutre del afecto de las multitudes, sobre todo cuando le cantan: “¡Benedetto!”, seguido de cuatro palmadas.

Ése es el rostro que pudieron ver centenares de miles de chicos católicos de todo el mundo durante la reciente Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, Alemania.

El pan de cada día en el encuentro era comparar al nuevo Pontífice alemán con su predecesor polaco, Juan Pablo II, cuyo carisma le agenció admiración mundial.

Noticias de las agencias internacionales informaban de temores de que Joseph Ratzinger, electo en la Silla de San Pedro el 16 de abril, no pudiera desenvolverse entre multitudes como bien lo hizo su antecesor. Incluso se llegó a pensar que después de la muerte de Juan Pablo II se reduciría la asistencia al encuentro en Colonia, el primer destino pastoral de Benedicto fuera de Roma.

El salvadoreño Jorge Hernández (izquierda) junto a jóvenes australianos, próximos anfitriones de las jornadas juveniles. Foto EDH/archivo

A lo anterior se agrega el antecedente de que el Vicario de Cristo fue Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, la otrora Santa Inquisición. Se le recuerda como un cardenal claro, directo, pero sencillo, que atravesaba la Plaza de San Pedro meditabundo e inadvertido.

Cuando murió Juan Pablo II, a algunos jóvenes les dijeron en las agencias de viajes que muchos grupos habían retirado las reservas de los vuelos para agosto, pero se produjo un cambio total cuando fue elegido Benedicto XVI y se supo que era alemán.

Las reservas no sólo se activaron, sino que se duplicaron. Algo hacía que este hombre controversial y que de adolescente fue reclutado y desertó del ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial se volviera atractivo, sobre todo para los jóvenes.

Pero regresar a su tierra fue para Joseph Ratzinger una alegría que desbordó en cada saludo que dispensaba, en cada palabra que pronunciaba, en cada ruta que recorría en medio del entusiasmo y la admiración de la generalidad.

Jóvenes de todo el mundo lo recibían, no sólo como el Papa alemán, sino el Papa de todos.

Desde su llegada al aeropuerto de Colonia, Alemania, se pudo observar a un Papa jovial, entusiasta, que a pesar de sus 78 años cumplidos pocos días antes de ser electo supo bromear hasta con el viento que le quiso arrebatar el solideo mientras bajaba las escalinatas del avión.

El campo de María recibe a miles de peregrinos después de un largo recorrido. Foto EDH/archivo
Lea además
  El encuentro en Roma

Benedicto XVI, un hombre bajo en estatura, de aproximadamente 1.65 metros, de tez blanca, con una capacidad de observación impresionante, no dejó de sonreír mientras estuvo con la juventud. Su primer gesto era extender los brazos hacia la multitud y luego recogerlos como diciéndole a cada uno “Hijo mío, Dios te bendiga”.

Su palabra también fue muy convincente, dejando la impresión de un padre y abuelo que le da consejos a sus hijos y nietos: “La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos si no es el amor?”.

Los ojos del mundo estaban puestos en Benedicto XVI y en Alemania, y los jóvenes salvadoreños le escucharon. “Estoy muy emocionado, este Papa como que es un hombre del cual uno puede sentir muchas expectativas, se siente que es un hombre de Dios, así como Juan Pablo II lo era”, comentó Walter Valdés minutos después de que el papamóvil pasara frente a él.

Cientos de miles de jóvenes miraban confiados ahora al hombre que quizá vieron con dudas en abril, cuando en la ceremonia de investidura papal les pidió “abrir las puertas a Cristo y no tener miedo”, pues “Cristo lo da todo y no quita nada”.

La imagen de Benedicto XVI era totalmente distinta a la que se había querido pintar. Se pudo ver a un Papa emocionado, con una sonrisa de oreja a oreja. Su humildad y sencillez conmovían inmediatamente.

No hay comparaciones, solo coincidencias. Los participantes de esta Jornada se sintieron muy felices, aunque también conmovidos por ser ésta la primera Jornada sin Juan Pablo II. Benedicto XVI coincidió con estos sentimientos que logró desahogar haciendo su mejor trabajo en un encuentro en donde lo único que tuvo que hacer fue ser Papa.

Muchos quizá esperaban un clon de Juan Pablo II como Sucesor de San Pedro, pero se han dado cuenta de que tienen, como continuador de su formidable obra, a un hombre excepcional y con un profundo sentido humano como guía espiritual. Dios nunca se equivoca.


“Tuve el privilegio de estar cerca del Papa”

El chileno Nicolás José Frías. Foto EDH/archivo

Doce jóvenes tuvieron el almuerzo más importante de sus vidas en Colonia, porque lo compartieron nada menos que con Benedicto XVI. Entre estos jóvenes estaba el chileno Nicolás José Frías Ossandon, de 19 años, quien lo definió así:

“Este fue un momento increíble en mi vida, un momento muy fuerte, estar almorzando con el Santo Padre, fue un regalo inmenso. Estoy feliz de saber que una persona muy cercana se interesa personalmente por ti y te muestra un camino a seguir; y en el fondo sabemos que nos anima a seguir siempre para adelante y que en verdad los jóvenes tenemos mucha respuesta y tenemos mucho que aportar.

“Me sentí muy identificado, porque en verdad los jóvenes somos protagonistas de una nueva historia que depende de nosotros cómo será, si es para el bien de la humanidad o no”. A continuación breves declaraciones brindadas por este joven para Radio Paz y El Diario de Hoy:

¿Qué le preguntó al Papa?

La pregunta que le hice fue: ¿Qué es lo que quiere y espera de nosotros los jóvenes? Y él llegó y nos contó a todos en general que quería que los jóvenes vayamos cultivando una relación íntima con Jesús, y que sepamos que tenemos mucho que hacer y mucho que aportar. Nos dijo que tenemos que dar testimonio en la sociedad y en la Iglesia.

¿Qué es lo que más le impresionó?

La cercanía que tiene con los jóvenes.

¿Qué regalo le llevó?

Le di una bandera chilena y le dije que en Chile lo queremos mucho y que lo estamos esperando.

¿Qué comieron?

Últimas horas. Jóvenes de todo el mundo se preparan para la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud. Foto EDH/archivo

De entrada, una rica ensalada de lechuga y tomate con una salsa, típica ensalada alemana.

Después nos dieron dos panqueques de verduras (crepas) y de postre un típico strudell de manzana alemana. Me comí dos.

¿Y el Papa qué comió?

Al principio le pusieron un pescado y él dijo que no, que quería comer lo mismo que los jóvenes, y comimos lo mismo. Además, tomó un jugo de naranja con agua.

¿De qué habló con él?

Era un diálogo muy fluido, le conté mi vida, lo que yo hacía en Chile. Después se despidió personalmente de los 12 que lo acompañamos a la mesa, nos dio su bendición.

¿Algo en su fe cambió?

Siento una gran responsabilidad, porque sé que tengo mucho que dar, sobre todo cuando uno se siente querido por Dios.

¿Qué se lleva a tu país?

La cercanía que tiene con los jóvenes, el encuentro de haber estado con él, el haberle dado la mano, besado su anillo, porque fue una experiencia que nunca olvidaré.

Palabras del Papa durante la jornada

“Juntos, cristianos y musulmanes, hemos de afrontar los numerosos desafíos que nuestro tiempo nos plantea”

“El totalitarismo no libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza”

“Los jóvenes son para la Iglesia, y especialmente para los pastores, una llamada viviente a la fe y esperanza”

 

Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.