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La
arista afilada
¿El
Islam es la víctima?
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Ilustración
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La edición digital en inglés
de Al-Aram, la gran publicación cairota, intenta combatir el
terrorismo internacional islámico (que también ha golpeado
a Egipto) utilizando un curioso paralelo.
Según Andel-Moneim Said, autor del artículo, los pueblos
musulmanes deben aprender de los chinos cuál es la manera más
eficaz de enfrentarse a los poderes coloniales occidentales.
Según su tesis, los árabes, en efecto, han sido víctimas
de notables agravios en Palestina o en Iraq, pero los chinos también
lo fueron a mediados del siglo XIX, cuando los ingleses, mortificados
por el desequilibrio de la balanza comercial, tras una guerra injustificada,
les impusieron las importaciones de opio, la obligatoriedad de admitir
la evangelización cristiana, y les arrancaron por la fuerza la
soberanía sobre cinco ciudades-puerto que quedaron bajo bandera
británica.
No satisfechos con esas arbitrariedades, a partir de ese momento se
inició en Occidente un proceso de contratación masiva
de obreros chinos en un régimen muy similar al de la esclavitud.
No obstante esos comprobados atropellos, los chinos no andan por el
mundo poniendo bombas en Londres o en Madrid, sino se dedicaron a absorber
la tecnología y los modos de producción occidentales,
y hoy combaten exitosamente a sus viejos rivales en el mercado.
La Jihad, pues, ya sea por la voluntad de conquista planetaria lo
que al autor le parece un impulso fascista, o ya sea como una
expresión de los deseos de venganza ante los maltratos y despojos
que Occidente les ha infligido a los pueblos islámicos, se equivoca
en su estrategia de lucha. Lo que deben hacer las sociedades de religión
mahometana es imitar a los chinos y no matar inocentes en las estaciones
de trenes de las ciudades del mundo cristiano o de la propia geografía
islámica.
Es una lástima que Andel-Moneim Said no se refiriera a los salvajes
atentados terroristas cometidos contra los israelitas, con sus millares
de víctimas también inocentes, pero supongo que cuando
se escribe en Egipto la corrección política
impide condenar el exterminio de judíos, una causa aparentemente
muy popular entre el sector más fanático de la población
islámica.
En todo caso, me parece que el paralelo y la recomendación que
establece el conocido analista egipcio, aunque tiene aspectos positivos,
peca de dos importantes errores. Uno es de carácter moral y el
otro de contenido histórico. Por una parte, no censura los actos
terroristas por su naturaleza criminal, independientemente de sus motivaciones
y objetivos, sino lo hace por su relativa ineficacia cuando los compara
con la más práctica estrategia china. Poner bombas en
sitios públicos, ya sea en el metro de Madrid, en un autobús
en Jerusalén o en un complejo turístico egipcio en el
Mar Rojo carece de cualquier tipo de justificación ética.
Punto.
A sangre y fuego
El error de carácter histórico radica en colocar al mundo
islámico como una víctima de un Occidente cruel que arremete
contra los creyentes de esa fe tanto en Palestina como en Iraq. La verdad
histórica es que en gran medida el Islam se construyó
a sangre y fuego sobre las ruinas de la civilización cristiana.
Todo el norte de África estaba compuesto por reinos cristianos
hasta que en el siglo VII comenzó la larga y sangrienta cabalgata
del Islam desde los desiertos de Arabia. En Constantinopla, hoy Estambul,
subsistía el viejo y glorioso imperio grecocristiano hasta que
los turcos islamizados lo destruyeron.
Es cierto que todo el planeta, Occidente incluido, practicó la
esclavitud hasta casi la llegada del siglo XX, pero también lo
es que los grandes mercaderes de esclavos en Africa fueron los árabes,
y que se calcula en veinte millones de africanos negros los que pasaron
por las manos y los látigos de estos duros comerciantes conquistados
por el Corán.
Tratar de encontrar en el pasado justificaciones para ejercer hoy la
violencia es una descomunal estupidez. Cuando los jihadistas invocan
la expulsión de los moros de España en el siglo XVI como
razón para poner bombas en Madrid (barbaridad que han llegado
a esgrimir), es como si los españoles quisieran vengar con bombas
contemporáneas puestas en Marruecos las atrocidades cometidas
en España por los almorávides durante la Edad Media.
No hay sobre la tierra ningún poder que en el pasado no haya
sido víctima de otra entidad más fuerte. Los ingleses
que en el XIX avasallaron a los chinos, en el XI fueron avasallados
por los normandos. Lo sensato, pues, es desprenderse radicalmente del
pasado y mirar sólo hacia el futuro, y es ahí donde los
pueblos árabes tienen su mayor problema. Viven prisioneros de
una sectaria manera de entender la historia y eso los suele llevar a
cometer los peores crímenes.
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