18 de septiembre de 2005


Internacional
ONU celebra 60 años envuelta en polémica

Ser más receptiva a las necesidades del mundo, mejorar la rendición de cuentas y la transparencia son algunos de los grandes retos de esta institución, creada en respuesta a la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Bob Deans / The New York Times
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Propuesta. Se quiere aumentar los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, actualmente integrado por EE. UU., Rusia, Inglaterra, Francia y China. Foto EDH /AP

El presidente Bush se unió a los líderes de unos 170 países la semana pasada en una cumbre extraordinaria para celebrar el 60 aniversario de las Naciones Unidas.

Sin embargo, en medio de la agenda de enormes proporciones sobre los males mundiales como la pobreza, las enfermedades, el terrorismo y la propagación de armas nucleares, es posible que esté latente la pregunta más desconcertante de todas: ¿Todavía tienen importancia las Naciones Unidas en sí mismas?

La institución multinacional se ha visto sacudida por los escándalos recientes y algunas fallas notables para detener los asesinatos generalizados cometidos por gobiernos africanos y del corazón de Europa.

En un mundo cada vez más dividido con base en los aspectos culturales y religiosos, e influenciado por una sola superpotencia, Estados Unidos, ¿importaría que las Naciones Unidas dejaran de existir?

“Si hoy desaparecieran, tendríamos que tratar de reinventarlas mañana. Pero el día después de eso, estaríamos decepcionados otra vez”, dijo Walter Russell Mead, investigador titular del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York.

La semana pasada quedaron expuestas en un solo día la promesa y las deficiencias de las Naciones Unidas.
Tras más de un año de investigaciones, una comisión independiente, encabezada por Paul Volcker, el ex presidente de la Reserva Federal, concluyó que las Naciones Unidas llevaron demasiado mal el programa petróleo por alimentos en Iraq, permitiendo sobornos que hicieron posible que el ex líder de ese país Saddam Hussein se embolsara unos 10.2 mil millones de dólares que se suponía se habían gastado en leche para bebés y medicinas.

El mismo día, las ONU dio a conocer su Informe sobre el Desarrollo Humano de 2005, en el que se resalta el papel de la organización en la ayuda al combate a la pobreza en un mundo donde más de mil millones de personas luchan por arreglárselas con el equivalente a un dólar al día o menos.

Las oficinas centrales permanentes están en Nueva York, en un edificio construido en terrenos comprados con una donación de 8.5 millones de dólares hecha por Rockefeller hijo. Foto EDH /AP

Sesenta años después de creada, la ONU se ha quedado corta en cuanto a la promesa más grande que visualizaron sus fundadores. Se ha convertido en una institución demasiado aquejada por los problemas, insegura de su futuro y más limitada a causa de un conjunto alarmante de conductas impropias, escándalos y deficiencia.

“No ha sido capaz de cumplir sus promesas de mantener la paz y la seguridad en todo el mundo”, dijo Charles Murigande, ministro de relaciones exteriores de Ruanda. “Uno no puede decir que las Naciones Unidas hayan sido una bendición en África”.

Después de todo, las Naciones Unidas prácticamente no cambiaron nada en la región de Darfur en Sudán, donde las milicias errantes han asesinado, torturado y violado a voluntad durante la mayor parte de tres años, en gran medida en la misma forma en la que no pudieron evitar que fueran masacradas 800 mil personas en Ruanda en los años noventa. La reputación de las Naciones Unidas ha sido manchada por fuerzas de paz acusadas de explotar sexualmente a personas que debían proteger en Congo.

En otras partes, décadas de amonestaciones de las Naciones Unidas no han promovido una paz duradera entre árabes e israelíes ni frenado las ambiciones nucleares de Corea del Norte o de Irán. En la década pasada, la institución fue incapaz de proteger “el área segura” designada por ella misma en Srebrenica, Bosnia.
Entonces, no es de sorprender que algunos la califiquen de un enredo disfuncional o, como ha sugerido Bush, una sociedad irrelevante de debates.

Misión

Mientras la cumbre reúne al conjunto más grande de líderes mundiales de la historia, la organización se enfrenta a llamados a efectuar las reformas más contundentes que haya hecho, cambios orientados a rehacer no sólo al organismo mundial sino la mismísima forma en la que los países se relacionan unos con otros.

Presentes. Los presidentes de 170 países se reunieron en la sede de la ONU. Foto EDH /AP

La misión en la era nuclear estaba clara: proporcionar un foro para la discusión, el debate y la cooperación internacionales, con la esperanza de evitar una tercera guerra mundial.

En esto, la ONU ha tenido éxito en gran medida. Durante medio siglo, ayudó a evitar que la guerra fría se calentara, proporcionó un marco de referencia efectivo para contener la propagación de las armas nucleares, y sostuvo la diplomacia formal en la era de la globalización.

La era del terrorismo ha traído nuevos retos. Después del 11-S, los 191 Estados miembros acordaron un conjunto amplio de medidas orientadas a combatir a los grupos terroristas.

Ahora, más que nunca, el mundo necesita un foro global, argumentan los partidarios de la institución. El organismo es necesario para ayudar a resolver las tensiones cada vez mayores entre Estados Unidos y otros países desarrollados, en especial el islámico.

No obstante, parte del truco es encontrar la forma de hacer eso sin que las Naciones Unidas se conviertan en un bloque mundial de facto de oposición a Estados Unidos.

Esas inquietudes sólo se vieron resaltadas con la guerra de Iraq, que ha dejado una división duradera entre Estados Unidos y muchos de los miembros de las Naciones Unidas.

Al mismo tiempo, distanciarse a sí mismas de los intereses de Estados Unidos —que paga el 20 por ciento del presupuesto y es típico que tenga una parte mucho mayor de las cargas militares de las campañas de las fuerzas de paz— es una receta para el desastre en las Naciones Unidas.

En otras partes del mundo se critica a las Naciones Unidas por no debilitar los intereses estadounidenses sino por haberse convertido en un sustituto diplomático de tal poderío.

“No tengo nada bueno que decir de las Naciones Unidas”, dijo Said Najjar, un médico palestino de 48 años que vive en la ciudad de Ramallah. “Han sido secuestradas por Estados Unidos, y se han convertido en un títere de los deseos estadounidenses. Comenzó como una organización idealista, pero ahora se ha ensuciado con la política”.

En tanto, muchos estadounidenses son tan escépticos como Najjar respecto a las maquinaciones de poder de las Naciones Unidas y rechazan la idea de un gobierno mundial. En lo general, abrazan la idea de cooperar con otros países para buscar el logro de objetivos humanitarios, económicos, sociales y de seguridad.

“Las Naciones Unidas son parte de un marco más grande que los estadounidenses apoyan”, dijo Steven Kull, director del Programa sobre Actitudes en Política Internacional de la Universidad de Maryland.

“Les gusta mucho la idea de trabajar junto con otros países en un contexto multilateral”, dijo. “Es una especie de base”.
La globalización y sus complejidades son una razón por la que analistas de política exterior en Estados Unidos y otros países ven a las Naciones Unidas, a pesar de de todas sus fallas, como una organización indispensable que hace bien muchas cosas.

“Es importante para hacer avanzar temas como el ambiente y el combate contra la esclavitud y el racismo”, dijo Yitzhak Herzog, ministro de Vivienda y Construcción de Israel. “Las Naciones Unidas son muy importantes en la resolución de conflictos, el trabajo de ayuda humanitaria, así como el combate contra el Sida y la proliferación de armas de destrucción masiva”.

“El futuro de las Naciones Unidas que quisiéramos ver es uno en el que sean más activas y receptivas, en lugar de esperar hasta que explote alguna situación y entonces apresurarse a entrar”, dijo Japheth Mati, catedrático de medicina retirado de la Universidad de Nairobi, Kenia.

Para otros, las Naciones Unidas se han convertido en una burocracia distante y sin rostro que tiene poco impacto en las vidas de las personas. En ciertas formas, las Naciones Unidas son responsabilizadas de gran parte de lo que está mal en el mundo porque se han convertido en el lente a través del cual se enfoca la atención pública hacia esos males.
Entre tanto, gran parte del bien que hacen —en especial en áreas como la ayuda a refugiados, y el desarrollo y la prevención de enfermedades— se pierde en medio de los titulares de malas noticias.

Eso puede resumir el dilema de las Naciones Unidas. Con todo y los problemas que tiene y lo difícil que son, son pocos los que creen que el mundo estaría mejor sin ellas.

“Todo el mundo sabe que las Naciones Unidas son necesarias”, dijo Anyang Nyong'o, ministro de planeación y desarrollo nacional de Kenia. “La pregunta es cómo vamos a reformarlas para que sean mejores”.

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