17 de julio de 2005


Internacional: A pesar del terrorismo
Europa mantendrá las libertades civiles

No obstante los atentados de Madrid y Londres los ciudadanos del continente europeo no parecen estar dispuestos a renunciar a sus libertades civiles a cambio de la seguridad de impedir que los terroristas crucen con facilidad sus fronteras

Richard Bernstein / The New York Times
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Integración. Un musulmán pasea en la misma acera que niños no musulmanes en un barrio de Leeds, Inglaterra, donde la policía realizó un cateo el miércoles/ Fotos EDH / Michael Kamber/the New york times

BERLÍN — Desde los ataques del 11 de septiembre hasta los bombazos en Madrid, España, los europeos se han negado a sacrificar las libertades civiles en el combate contra el terrorismo, y han criticado con dureza a Estados Unidos por restringir los derechos de sus ciudadanos en aras de la seguridad. Aun con los ataques contra Londres, hay pocos indicios de que se esté reduciendo esta división filosófica.

Desde luego que algunos expertos europeos en contraterrorismo creen que la determinación de Europa de mantener abiertas las fronteras, la facilidad de movimiento y las libertades civiles ha sido lo que un experto alemán en terrorismo, Rolf Tophoven, llama “un regalo para los terroristas”. Todo es demasiado fácil para que una vez dentro de la Unión Europea los yihadistas se muevan de un país a otro —dicen los expertos— y propaguen sus puntos de vista y establezcan grupos simpatizantes de Al Qaeda. Sin embargo, por los primeros signos, Europa no va a cambiar de curso.

“No pienso que los ataques en Londres cambien las políticas europeas”, dijo Tophoven.

Por una parte, es demasiado pronto para plantear que los ataques en Londres fueron producto de las fronteras abiertas o de la tolerancia excesiva a la actividad fanática musulmana en Gran Bretaña.

“Si resulta que los tipos que lo hicieron tenían pasaportes franceses y que llegaron de fuera para hacer este trabajo especial, entonces es posible que surja cierta impresión de que las fronteras están demasiado abiertas”, dijo Gary Samore, un experto en terrorismo del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, en entrevista telefónica. Los investigadores, no obstante, se inclinan hacia la teoría de que los ataques en Londres fueron el trabajo de terroristas que ya estaban en Gran Bretaña, tal como lo han indicado las investigaciones más recientes.

En general, dijo Samore, la inteligencia de la policía británica ha sido muy buena para vigilar musulmanes radicales dentro de Gran Bretaña y ha logrado frustrar planes terroristas anteriores.

“El MI5 tiene muy buenas relaciones con la comunidad musulmana británica, y ha desarrollado una buena red de informantes, y ha penetrado los grupos radicales”, dijo Samore refiriéndose al servicio de inteligencia interna de Gran Bretaña.

Sin más evidencia, es imposible saber si hubo fallas en la recopilación de inteligencia sobre los grupos en Gran Bretaña o si gente de fuera ayudó en los ataques o los dirigió.

Sin embargo, cualquiera que resulte ser el caso, dicen los expertos, las comunidades musulmanas radicales se han establecido en varios países europeos desde mucho antes de la oleada actual de ataques inspirados en Al Qaeda, y eso hace que la situación en Europa sea diferente de la de Estados Unidos.

Para Estados Unidos, había una lógica para hacer más estrictos los procedimientos de inmigración después del 11 de septiembre, por lo cual se sometió a los extranjeros a interrogatorios rigurosos, estuvieron bajo sospecha e incluso se tomaron sus huellas digitales, lo que ha generado gran descontento entre los visitantes europeos. Para Europa, con una población musulmana radical de proporciones considerables ya establecida, tiene mucho menos sentido.

Si los terroristas potenciales ya están dentro del país, entonces la mejor forma de prevenir el terrorismo es hacer lo que Gran Bretaña ya estaba haciendo, que es mantenerlos bajo vigilancia constante.

Al igual que en Estados Unidos, en Europa hay un debate sobre el peso relativo que es necesario darle a las libertades civiles, por una parte, y al imperio de la ley, por la otra. Sin embargo, por lo general, los europeos están más inclinados a errar del lado de las protecciones civiles porque están convencidos de que adoptar una línea demasiado severa sólo empeora las cosas.

El conflicto israelí palestino divide aún más las actitudes europeas y estadounidenses. Los europeos simpatizan mucho más con los palestinos y son más propensos a asumir actitudes antiisraelíes que los estadounidenses, y por tanto han tendido a ver un cierto tipo de oratoria musulmana radical como la respuesta natural de pueblos con resentimientos naturales.

Policías y árabes conversaban el jueves tras guardar dos minutos de silencio en honor a las víctimas del terrorismo. Fotos EDH / Michael Kamber/the New york times

Por lo general, los europeos se oponen a la guerra estadounidense en Iraq, y muchos dicen que es responsable del incremento en la amenaza terrorista contra ellos. Líderes políticos en Europa evitan diplomáticamente criticar a Estados Unidos, pero con toda seguridad los europeos comunes sí se han dado cuenta de que los países atacados y amenazados con ser atacados son los que han apoyado la guerra estadounidense en Iraq.

“Lo que estamos atestiguando en Londres es la respuesta terrorista a una política imperialista”, dijo Ernst Otto Czempiel, politólogo de la Universidad de Frankfurt y fundador del Instituto de Investigación para la Paz de Frankfurt, en una entrevista expresando una opinión europea generalizada.

“Usar la fuerza militar contra el terrorismo y verlo como una prolongación de la Unión Soviética o de una agresión hitleriana no sólo está mal políticamente sino mal prácticamente”, dijo Czempiel. “Bush ha producido lo opuesto de lo que pretendía hacer”.

En los círculos de la inteligencia europea se propaga el temor de que Iraq se esté convirtiendo en otro Afganistán atrayendo yihadistas que reciben entrenamiento en fabricación de bombas y otras técnicas terroristas, para después infiltrarse en países occidentales, dijo Tophoven. “No son muchos, ni siquiera cientos”, dijo, “pero unos cuantos de ellos son suficientes para causar daños”.

El debate sobre las libertades civiles contra las medidas de seguridad severas e impertinentes no sólo se restringe a Europa, claro está. En Washington, el presidente Bush está presionando al Congreso para reanudar la Ley Patriota de Estados Unidos, la amplia ley contra el terrorismo que fue aprobada como resultado de los ataques del 11 de septiembre. Sin embargo, la medida se ha topado con barreras en el Congreso.

Para volver a autorizar la ley, todavía se tiene que votar en ambas cámaras. Sin embargo, el mes pasado, la Cámara de Representantes aprobó una medida de gastos que despojó a la ley de una disposición que facilitaba a los investigadores federales la revisión de registros en librerías y bibliotecas.

Los países europeos no han aprobado equivalentes de la Ley Patriota, y no obstante pueden adjudicarse un éxito considerable por depender del trabajo policial y la inteligencia comunes, a pesar de los bombazos en Madrid y Londres.
La policía británica dice que ha frustrado varios planes previos de bombazos. Y en Alemania, los musulmanes radicales están bajo vigilancia constante, en las casas y oficinas, y la policía revisa sus computadoras en redadas regulares. Se han prohibido algunas organizaciones que presuntamente fomentaban el odio y se ha expulsado a unos cuantos presuntos extremistas.

Más aún, Alemania es el único país que ha enjuiciado a personas acusadas de ser miembros del equipo terrorista del 11 de septiembre. Sin embargo, ambos casos se fueron a pique, no por algún escrúpulo excesivo por las libertades civiles por parte de los alemanes sino porque Estados Unidos se negó a proporcionar los expedientes con los interrogatorios a líderes terroristas


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