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LA
OPINIÓN
¿Políticos
o politiqueros?
El
Diccionario Larousse define al político como juicioso,
sensato, que tiene la facultad de distinguir el bien del mal y lo verdadero
de lo falso. Aunque este mundo está conformado por imperfectos,
no se vale evadir la madurez y la honestidad en nuestras acciones y
palabras.
Mucho menos aquellos que administran los recursos públicos del
Estado. Pero como es un mundo imperfecto, es lógico que haya
evasores y hasta suplantadores en materia de virtudes o profesiones
con tal de hacerse del poder.
En el plano religioso y apena decirlo hay profetas falsos,
aunque el mismo Jesucristo lo advirtiera hace más de dos mil
años: Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros
con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Y
agregó algo más sustancioso, por sus frutos los
conoceréis.
En el plano de la política, creo que es igual. Los hay realmente
variopintos y qué lastima que en su mayoría destaquen
más por las promesas que por sus acciones. No temo equivocarme
al decir que este país está lleno de desencantados. Con
la proximidad de los comicios electorales conviene hablar, por adelantado,
de esa virtud que tienen los candidatos a un cargo público
de hablar con poca cordura y con ofrecimientos en demasía. Prometen
cualquier cosa a cambio del aplauso y del voto. Les sobra el palabrerío
adornado que empalaga, y les falta franqueza.
Conviene además poner a trabajar nuestro raciocinio para superar
tanta retórica; a lo mejor así encontramos más
de algún lobo detrás de la oveja. Es hora de que el elector
busque la lógica a tanto argumento. Es interesante cuando políticos
como René Canjura han gestionado con éxito, porque cumplieron,
porque prometieron realidades, no ficciones. Y es que el problema en
cada evento electoral es que en pleno verano nos caen intensas lluvias
de ofertas.
Distingamos al político del politiquero, ya que no es el que
regala más camisetas, vasos, comida y láminas durante
la campaña, o el que suena más en la radio y aparece más
en la televisión, el que resolverá mis problemas. Tampoco
aquel que defiende más el color de su bandera o el ideario del
partido que el interés colectivo. El reto en una elección
popular está en la inteligencia con que se elige al funcionario,
y en la capacidad del elegido en cumplir con trabajo. De ustedes, señores
candidatos, dependerá distinguirse como políticos o como
politiqueros. Recuerden la máxima: por sus frutos hemos de conocerlos.
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