17 de julio de 2005


LA OPINIÓN
¿Políticos o politiqueros?

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com


El Diccionario Larousse define al político como “juicioso, sensato, que tiene la facultad de distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso”. Aunque este mundo está conformado por imperfectos, no se vale evadir la madurez y la honestidad en nuestras acciones y palabras.

Mucho menos aquellos que administran los recursos públicos del Estado. Pero como es un mundo imperfecto, es lógico que haya evasores y hasta suplantadores en materia de virtudes o profesiones con tal de hacerse del poder.

En el plano religioso —y apena decirlo— hay profetas falsos, aunque el mismo Jesucristo lo advirtiera hace más de dos mil años: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. Y agregó algo más sustancioso, “por sus frutos los conoceréis”.

En el plano de la política, creo que es igual. Los hay realmente variopintos y qué lastima que en su mayoría destaquen más por las promesas que por sus acciones. No temo equivocarme al decir que este país está lleno de desencantados. Con la proximidad de los comicios electorales conviene hablar, por adelantado, de esa “virtud” que tienen los candidatos a un cargo público de hablar con poca cordura y con ofrecimientos en demasía. Prometen cualquier cosa a cambio del aplauso y del voto. Les sobra el palabrerío adornado que empalaga, y les falta franqueza.

Conviene además poner a trabajar nuestro raciocinio para superar tanta retórica; a lo mejor así encontramos más de algún lobo detrás de la oveja. Es hora de que el elector busque la lógica a tanto argumento. Es interesante cuando políticos como René Canjura han gestionado con éxito, porque cumplieron, porque prometieron realidades, no ficciones. Y es que el problema en cada evento electoral es que en pleno verano nos caen intensas lluvias de ofertas.

Distingamos al político del politiquero, ya que no es el que regala más camisetas, vasos, comida y láminas durante la campaña, o el que suena más en la radio y aparece más en la televisión, el que resolverá mis problemas. Tampoco aquel que defiende más el color de su bandera o el ideario del partido que el interés colectivo. El reto en una elección popular está en la inteligencia con que se elige al funcionario, y en la capacidad del elegido en cumplir con trabajo. De ustedes, señores candidatos, dependerá distinguirse como políticos o como politiqueros. Recuerden la máxima: por sus frutos hemos de conocerlos.


Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.