17 de julio de 2005


A BOCA DE JARRO
“Admiro la vida de Hitler, no lo que hizo”

Mauricio Bonilla, uno de los máximos exponentes de la danza salvadoreña, es, a sus 43 años, igual que un muchacho ávido de proyectar un sentimiento al espectador cuando baila, y de conocer la historia universal. Pero además busca otros destinos que bien pueden aterrizar en la política. Admira la crítica social que hacía Cantinflas y dice que agradece a la vida por todo lo que le ha dado y que trata de vivirla con energía y sin rencores.

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¿Qué le gusta y qué no de la política?
La política me encanta si la vemos desde el punto positivo; hay algunas (acciones) sucias, pero sin política no podemos hacer nada. Con buenas políticas podemos encaminar a un país hacia un desarrollo, pero si éstas se desvirtúan vienen los desequilibrios.

¿Participaría en política?

Yo sí. Para comenzar se podría trabajar en una alcaldía y después no sabemos si en una presidencia.

¿Qué haría si hoy gana un millón de dólares en la lotería?

¡Dios mío! Pagar mis deudas. Después me iría de viaje porque eso me encanta.

¿En qué se deleita más: en el baile o en los viajes?

Las dos cosas. El baile es increíble, la paso bien, hay gente que valora la danza. Pero con los viajes uno aprende mucho, a convivir con la gente, conocer otras culturas, las comidas, la educación, incluso los bailes.

¿Cuántos países ha visitado?

De Europa como 10; en Estados Unidos unas veinte ciudades, Centroamérica completa y casi toda Sudamérica.

¿Descríbame su casa?

Mi casa me encanta porque hay alguien que me recibe, mi mamá, mi hermana, mi hijo y una perrita. Me hace falta que mi papá —ya fallecido— me reciba siempre con una taza de café. Tengo en mi casa cuadros, videos, música, libros...

¿Hay algún personaje que admira más?

Salvador Dalí por su excentricidad; Federico García Lorca por su literatura; y la vida de Hitler, no por lo que hizo que no fue del todo bueno, sino por lo que pudo haber hecho y porque fue un líder. También me encanta Marilyn Monroe.

¿Adónde le gustaría ir cuando muera?

Al cielo, con Dios.

¿Seguirá bailando allá?

Sí, porque realmente a Dios se le adoraba en un principio con danzas y música. Yo le adoraría así (bailando).

¿Alguna vez soñó ser un Barishnikov o un Nureyev?

Sí. En especial Barishnikov porque lo sentía un artista más completo, me gusta más por su gracia, por su fuerza.

¿Por qué utiliza tantas plumas en los vestuarios que usted diseña?

Porque me encantan las aves, y siento que hay más libertad de todo tipo, y por los colores que atraen mucho a la gente.

¿Defina a una mujer y a un hombre guapos?

Marilyn Monroe, físicamente y por lo que ella representa; y por el otro lado, Ricky Martin por su belleza física y porque es un artista.

¿Y qué huella quiere dejar, cómo quieren que lo recuerden?

Como una persona alegre, extrovertida, carismática y buena gente.

¿Qué le apasiona más además del baile?

Soy muy romántico, muy enamoradizo, aunque estable en mis relaciones al menos de mi parte. Pero también me apasiona mucho el tango y hacer sentir bien a los que me rodean.

¿Qué otras habilidades tiene?

Las coreografías, que es otra cosa que bailar, y el diseño de ropa, una herencia de mis padres.

¿Qué coreografías ha creado usted?

Muchas como Al final del viaje, Miguel Ángel, Sinatra, y Un hombre, un instante y una vida, basada en la vida de Federico García Lorca y Salvador Dalí.

¿Qué es lo más especial que siente cuando baila?

El sentimiento, sobre todo cuando es una coreografía muy apasionada uno hasta llora. Y me encanta que la gente disfrute eso. El problema de los bailarines actuales es que son muy mecánicos, tienen que proyectar algún sentimiento.

¿Qué significan sus hijos para usted?

Muchísimo, una inspiración para seguir trabajando y estudiando.

¿Dé tres razones para ir a ver La jaula de las locas?

Primero, quizá la temática; segundo, el vestuario; y tercero... para que se diviertan.

¿Dígame algo de lo que se arrepiente de haber hecho en la vida?

No haber aceptado una beca para estudiar en Moscú. Me la ofreció hace muchos años en España un embajador argentino.

¿Cuál es el ritmo que menos le gusta bailar?

El reggaetón. Lo he bailado cuando imparto clases populares.

¿Posaría desnudo para un pintor?

Sí.

¿Qué hace en sus ratos libres?

Tengo muy pocos ratos libres pero me gusta irme a jugar al casino. También leo mucho la Biblia, me gustan los salmos y la vida de Jesús.


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