16 de octubre de 2005


INTERNACIONAL
En Marruecos
Sistema legal en la mano del rey

Este país africano conserva tradiciones que riñen con la democracia. No obstante, el nuevo rey ha dado importantes pasos en el camino hacia el desarrollo de una moderna forma de gobierno

The New York Times
Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


Escena de Fez, una de las principales ciudades de Marruecos. Los marroquíes han logrado avances en el sistema democrático.

Más que la mayoría de las personas, Ahmed Marzouki vivió el horror de lo que suele pasar por la ley del mundo árabe.

Fue encerrado durante más de 18 años en confinamiento solitario dentro de Tazmamart, una fortaleza en el desierto construida específicamente para 58 oficiales militares que tuvieron una participación menor en dos conatos de golpes. Una corte militar lo sentenció a cinco años.

“El rey no estuvo satisfecho con las sentencias, así que las anuló”, dijo Marzouki, hoy un hombre enjuto de 58 años de edad con un flequillo de cabello ralo y gris. “Tuvo la idea de enviarnos a morir como ratas en Tazmamart”. Solamente 28 salieron con vida.

En los 14 años siguientes, Marruecos ha avanzado más por el camino de la reforma que cualquiera de sus vecinos árabes. Su prensa es vibrante y abierta. Una ley familiar ya no trata a las mujeres como bienes inmuebles.

Las organizaciones cívicas pueden ser formadas con relativa facilidad, y decenas de ellas trabajan en todo, desde mejorar las condiciones en las prisiones hasta reducir el enorme índice de analfabetismo.

No obstante, todo el sistema legal de Marruecos descansa sobre un marco de restricciones, pero al capricho del rey. La Constitución de Marruecos declara al rey como sagrado y el “príncipe de los fieles”.

Esto es un hecho que plantea un interrogante central aquí y en todo el Medio Oriente: ¿Qué se necesita para convertir a los estados de caprichos despóticos en verdaderas naciones gobernadas por la ley?

Muchos reformistas creen que, en Marruecos, un primer paso esencial es la confrontación abierta con los abusos cometidos por este sistema en el pasado. Dicho esfuerzo demuestra los profundos límites que enfrenta el verdadero cambio incluso entre naciones árabes que han adoptado medidas tangibles hacia la apertura política.

Hace algunos meses, Markouzi dio el extraordinario paso de testificar en un foro público acerca de la miseria que soportó en Tazmamart, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de los abusos sufridos por los marroquíes durante los 38 años de gobierno del Rey Hassan II, quien murió en 1999.

Pero Markouzi prefirió no testificar ante la oficial Comisión de Igualdad y Reconciliación, creada el año pasado por el
Rey Mohammed VI, de 42 años e hijo de Hassan, para dar a conocer lo que los marroquíes suelen llamar el terror del régimen de su padre y establecer compensaciones para alrededor de 13,000 víctimas.

Marzouki relata lo que vivió en prisión.

Las audiencias públicas de la comisión, que comenzaron en diciembre, no tienen precedentes en el Medio Oriente. Asesores reales las señalan como prueba del avance alcanzado por Marruecos en su transformación democrática.

No obstante, para muchos prisioneros que sufrieron abusos, como Marzouki, las audiencias de la comisión han probado ser inadecuadas. Aunque los antiguos detenidos describieron libremente secuestros, torturas y horribles muertes en prisión —en algunos casos transmitidas en vivo por la televisión estatal— , se les prohibió mencionar los nombres de los responsables.

Los grandes retos

Para los hombres y mujeres que buscan transformar a Marruecos, de una monarquía absoluta —aunque con algunos ornamentos de democracia— en una democracia, la comisión representa los límites que obstaculizan todo el proceso de reforma. Se quejan de que no es vigorosa ni sondea lo suficiente para crear una verdadera diferencia.

“Lo más importante es que los marroquíes no vuelvan a experimentar nunca este excesivo abuso de autoridad”, aseveró Marzouki. “Estos hombres deben salir de las sombras”.

Algunos reformistas en Marruecos afirman que Tazmamart quedó en el pasado, que algo fundamental ha cambiado bajo el nuevo rey.

Assia el Ouadie, de 56 años, y su hermano Salah, de 53, provienen de una familia políticamente activa. Su padre combatió la ocupación francesa. Assia el Ouadie tenía dos años la primera vez que visitó a su padre en prisión.

Bajo Hassan, el padre fue enviado a prisión varias veces, y permaneció preso durante todo 1973. Cuando fue liberado, Salah, otro hermano, una hermana y un cuñado fueron arrestados, y los cuatro fueron sentenciados a largas condenas en prisión.

Assia el Ouadie dirige actualmente una fundación gubernamental que ofrece a cientos de jóvenes prisioneros educación vocacional como reparación de automóviles o corte de pelo, mientras que Salaha el Ouadie es miembro de la Comisión de Igualdad y Reconciliación, misma que ayudó a fundar.

El Rey Hassan II gobernó por 38 años.

Aquellos que buscan el cambio político en Marruecos discuten si la comisión indica un verdadero cambio o si es una fachada que encubre las cicatrices de toda una generación de muertes. Cientos y tal vez miles de jóvenes islámicos que trabajan por el cambio han sido arrestados desde que una serie de atentados suicidas en Casablanca en mayo de 2003 dejó decenas de muertos.

Pero Salah el Ouadie afirma que las cosas son distintas ahora. “Lo que ocurrió en el pasado fue una política sistémica del estado. La dirección sistémica de este país es hacia la democracia, aunque, desde luego, hay prácticas que deberían ser condenadas”.

Assia el Ouadie también afirma creer que muchas prácticas abusivas quedaron relegadas al pasado.

“Antes, la idea era, ‘una vez criminal, siempre un criminal’, y no había necesidad de rehabilitarlos”, explicó mientras caminaba por una prisión para delincuentes juveniles en Casablanca. “Cuando tratas a los prisioneros con un poco de respeto, como seres humanos, has recorrido 60 por ciento del camino hacia la rehabilitación. Esto no se había hecho antes en Marruecos”.

 


Se avizoran varios cambios

En diciembre de 2001, el Rey Mohammed recorrió una prisión en una visita oficial. Unos días después llevó, en su propio auto, a Salah el Ouadie para visitar la misma prisión, sin comitiva. Lo que vio lo convenció de ayudar a crear la fundación encabezada actualmente por su hermana.

Mohammed VI, actual rey de Marruecos, y quien ha promovido mejoras.

Durante un reciente recorrido por las escuelas vocacionales de la prisión, Assia el Ouadie hizo salir a los guardias y luego les preguntó a decenas de adolescentes —conocía a cada uno por su nombre— si eran golpeados y si recibían buenos tratos y los visitantes que desearan.

Consultada posteriormente si el programa de capacitación en las prisiones significa que el país ha cambiado de manera permanente, caviló durante un minuto. “No podríamos traer el verdadero cambio si solamente el gobierno fuera responsable”, respondió. “Estamos en el camino hacia la reforma, pero es un camino largo y escarpado”.

Nabil Benabdallah, ministro de Comunicaciones sostiene: “Necesitamos tiempo para crear una cultura democrática. Estamos en un periodo de transición, lo que es naturalmente un periodo de extrema fragilidad.

Es como el periodo en que los reptiles cambian de piel, cuando son más frágiles. Marruecos se encuentra en ese periodo, saliendo de un sistema y entrando en otro”.

De los cambios llevados por el Rey Mohammed, tal vez el más importante es el código de la ley familiar, reescrito el año pasado a instancias suyas.

La ley redujo notablemente el poder de los hombres para tratar a sus mujeres como si fueran su propiedad. Ahora, los hombres deben informar antes de buscar un divorcio y deben obtener el permiso de un juez antes de tomar una segunda esposa, lo que está permitido por el Islam. La edad legal para el matrimonio fue elevada de 15 a 18 años.

Mucho más allá de las famosas tapias color naranja del viejo Marraquesh, La Asociación Al-Najeel para Mujeres y Niños tiene su sede en dos estrechos apartamentos en un barrio de bajos ingresos.

Las mujeres que sufren de abusos consultan con el abogado del centro varios días a la semana. Una de las visitantes fue golpeada con tanta fuerza que ya no puede escuchar. Otra, infértil, encontró una esposa más joven para su marido, solamente para ser echada a la calle. Una tercera buscó asistencia para sus dos hijos concebidos fuera del matrimonio.

El traslado del féretro de Hassan II, en 1999, estuvo rodeado de centenares de seguidores. Los reyes son considerados “príncipes de los fieles”.

Zakia Mrini, quien ayudó a fundar el centro, dijo que ninguna de las mujeres habría acudido antes de que la ley cambiara. Ahora recibe incluso a mujeres enviadas por la policía, las cortes y los hospitales.

El Majzan —la combinación de la corte real, los servicios de seguridad y la elite gobernante conocida en el mundo árabe como bodega— sigue siendo inexpugnable.

En un infame caso, el año pasado, un periodista fue acusado de insultar al rey al insinuar que un palacio real en la playa sería vendido como un hotel de lujo.

Los marroquíes reconocen que el pasado no será ventilado totalmente, afirmó Muhammad Sassi, profesor de leyes de la Universidad de Rabat. “En vez de ello, necesitamos garantías de que no volverá a ocurrir en el futuro”, recalcó.

 

Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.