16 de octubre de 2005


TEMA DE PORTADA
Amenaza constante
El reto de la vivienda segura

El aguacero que cayó sobre nuestro país hace dos semanas demostró que varias zonas que los capitalinos consideraban seguras realmente no lo son. La seguridad podría estar fuera de San Salvador

Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com


Foto EDH /Wilfredo Díaz

La zona verde era un punto de encuentro para los vecinos de esta colonia. Ahí celebraban los cumpleaños de sus hijos y los veían correr sin ningún temor.

Hasta el domingo 2 de octubre, nadie se había preocupado porque el único espacio verde con que contaban en la residencial San José Montebello estuviera al borde de un barranco. Pero ese día, a fuerza de lluvia, la tierra empezó a ceder.

Una semana después, la cerca que cerraba el paso hacia el vacío, estaba en el aire; ya no había dónde celebrar los cumpleaños ni confianza para dejar correr a los niños por el engramado que aún no se había desmoronado.

Los habitantes de esta residencial —una colonia dividida en pasajes privados— muchos de ellos profesionales y con vehículo propio, nunca imaginaron que las precipitaciones pondrían en peligro las casas que aún deben al banco que las financió.

Ellos no viven al borde de un río, ni en una zona marginal. El barranco con el que colindaba lo que era su zona verde no parecía una amenaza.

Pero, como le sucedió a los habitantes de otras colonias donde la naturaleza nunca había causado inundaciones ni deslaves, Stan demostró que la naturaleza no sólo puede causar temor y dolor a quienes viven en barrios, sino también a quienes, no sin sacrificio, se costean una vivienda más o menos digna.

Si el hecho de vivir en una urbanización no ha sido sinónimo de seguridad en esta ocasión ¿Dónde se puede vivir sin temor a ser víctima de desastres naturales en El Salvador? ¿Hacia dónde deben dirigir su visión los urbanizadores para ofrecer comodidad y seguridad a sus clientes?

Según el arquitecto Mario Peña, director ejecutivo de la Oficina Nacional de Ordenamiento Territorial (Ondet) del Viceministerio de Vivienda, la respuesta a esta interrogante es desarrollar un sistema de ciudades en todo el territorio nacional. Estas deberán tener los servicios y la demanda de mano de obra necesarias como para que la gente no crea que emigrando a la capital vivirá mejor.

Este sistema de ciudades está contemplado en el llamado Plan Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Territorial (PNODT), un ambicioso proyecto que pretende potenciar varias ciudades en el interior del país para que se conviertan en ejes de desarrollo.

La visión que tiene Peña respecto a los resultados que podría tener la implementación de este plan es optimista. Sin embargo, el técnico está consciente de que para que este plan sea realidad se necesita que los políticos se decidan a no dejarlo engavetado, como tantos otros planes de desarrollo en los que el país ha invertido cantidades millonarias.

En busca de planicies

El ingeniero Enrique Melara dice sentirse seguro viviendo en la residencial La Montaña, en las faldas del volcán de San Salvador.

Este miembro de la Asociación Salvadoreña de Ingenieros y Arquitectos (ASIA), afirma que hace 15 años se acabaron los suelos planos donde construir en San Salvador.

“Ahora tenemos que convivir con quebradas y vaguadas”, asegura Melara. El profesional cree que el Gobierno debe contar con una política de desarrollo de barrios y “aunque la gente viva en zonas de riesgo”, se debe lograr que estén organizados para afrontar adecuadamente situaciones como las lluvias provocadas por Stan.

Además, Melara también es partidario de las urbanizaciones integrales, otra forma de llamar a los polos de desarrollo, para que los salvadoreños que viven lejos de San Salvador no necesiten movilizarse hacia la capital. Para esto, este ingeniero cree necesario buscar terrenos con geomorfología plana en otras regiones del país.

San benito
El 26 de septiembre, la quebrada el piro dio una sorpresa al salirse de su cauce a la altura de la feria internacional, en san benito.
AL SUR DE SAN SALVADOR
El 4 de octubre, un alud de tierra sorprendió a los
habitantes del pasaje San Marino, en Vía del Mar.
El 7 de octubre
colapsaron varias viviendas en la residencial lomas de versalles, arriba del estadio cuscatlán.

Sin embargo, según el presidente de la Cámara Salvadoreña de la Construcción (Casalco), ingeniero Raúl Castaneda, en El Salvador no se han identificado zonas sin peligro para urbanizar y, además, construir fuera del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS) es difícil. Según Castaneda, hay proyectos de urbanización que se caen porque proveerlos de agua resulta demasiado costoso, lo que les resta factibilidad.

En opinión del presidente de Casalco, tanto el Ministerio del Medio Ambiente, como la Anda y los constructores mismos tendrían que ponerse de acuerdo para identificar los lugares más idóneos para urbanizar fuera del AMSS.

El ingeniero Enrique Melara va más allá: “Debería haber concertación de todos los actores para planificar no sólo las grandes ciudades, sino también las pequeñas”.

Convivir con el riesgo

La vivienda tuvo una baja demanda mientras duraron las lluvias, según Rafael Pérez Palacio, gerente general de El Noble, empresa de bienes raíces.

Pero para el miércoles pasado, la demanda ya había vuelto a sus niveles normales. Según Pérez Palacio, quienes generalmente buscan adquirir una casa son parejas constituidas y mujeres solteras.

Estas personas están dispuestas a hacer una inversión para toda su vida y, según la arquitecta Guadalupe de
Pacheco, gerente general de Consultores y Valuadores, S.A. de C.V., están en el derecho de preguntar si existen estudios de suelo del lugar donde se plantean vivir y confirmar si la urbanización cuenta con todas las aprobaciones de alcaldías e instituciones competentes (Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (OPAMSS), Viceministerio de Vivienda y ministerio de Medio Ambiente).

A pesar de todas las precauciones que se puedan tomar, para Cristina Solana, de Geólogos del Mundo, “la construcción con cero riesgo no existe”. Tanto Solana como el ingeniero Enrique Melara indican que el territorio que ocupa El Salvador cuenta con factores que lo vuelven escenario de desastres naturales como sismos, actividad volcánica, intensas precipitaciones y la acción del hombre.

Ambos coinciden en la necesidad de educar a la población para que aprenda convivir con los riesgos y a minimizarlos. Esto, según Melara debe ir acompañado de otros elementos como la creación de los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) y una red de monitoreo de taludes.

En opinión de Melara, la OPAMSS y el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano carecen de los recursos suficientes para supervisar que los contratistas realicen las obras de mitigación recomendadas por estos entes.

El ingeniero reconoce que en el país se ha mejorado mucho en cuanto al control de calidad, pues desde el terremoto de 1986, realizar estudios de suelo es una regla. No obstante, Melara cree que se necesita un mayor compromiso de parte de los constructores con la calidad.

OTra visión

Las ciudades están hechas a espaldas de la naturaleza y San Salvador no es la excepción.
Como ejemplo, el doctor en Ciencias del Agua e Ingeniero en Recursos Hídricos, Juan Carlos Bertoni, indica que la ciudad capital está construida a espaldas del río Acelhuate.

Para minimizar el riesgo en los centros poblacionales, Bertoni recomienda construir afectando lo menos posible las condiciones naturales en las que se encontraba el suelo antes de que fuera intervenido por el hombre.

Bertoni cree que hasta el momento las inundaciones han sido afrontadas de forma errada al pretender evitarlas construyendo bóvedas más grandes, pues lo que se logra con esto es que el agua escurra más rápido y en mayores cantidades hacia las tierras más bajas, donde provocan inundaciones que antes no ocurrían. Bertoni sugiere que, en lugar de eso, se usen mecanismos que permitan retener las aguas temporalmente para que luego escurran hacia el sistema de drenaje.

Vecinos de San José Montebello colocaron plásticos para evitar que la lluvia siguiera lavando la zona verde de su colonia.
La falta de suelos planos en el área Metropolitana de San Salvador ha obligado a construir en las zonas altas.

Pero lo más importante, según este hidrólogo, es no construir en los cauces de los ríos. En sus palabras, muchas de las inundaciones que hubo hace dos semanas en la capital sucedieron porque se edificaron viviendas sobre el cauce de ríos y quebradas.

La educación de la población a este respecto es importante tanto para él como para Cristina Solana. Según ambos, la información sobre los riesgos y la forma de afrontarlos no deben quedar sólo en manos de los técnicos, sino que debe ser trasmitida a la población que vive en las zonas vulnerables.

En busca de seguridad

El riesgo nunca podrá ser totalmente eliminado. Para el ejecutivo de bienes raíces Rafael Pérez Palacio, Nueva Orleans es ejemplo de ello.

Sin embargo, hay ciertos criterios que deberían ser tomados en cuenta por quienes planean adquirir o alquilar una vivienda para ellos y su familia.

El presidente de Casalco recomienda asesorarse bien sobre el sistema de drenajes y aguas lluvias de la urbanización y, al vivir en el inmueble, adquirir un seguro contra todo riesgo para vivienda.

Por su parte, el ingeniero Enrique Melara aconseja evitar los lugares por donde baja el agua, ya que resultan peligrosos si no cuentan con una buena canalización.

Pero sobre todo, Melara cree que las construcción deben respetar la cota (altura) máxima de construcción determinada por las ordenanzas municipales.

Para la arquitecta De Pacheco lo más importante al decidir dónde adquirir un inmueble es conocer las áreas vetadas y consideradas como de riesgo.

Ella conoce casos en los que alguien ha comprado una casa a bajo precio, pagando de contado, y luego no ha podido asegurarla o hipotecarla porque está ubicada en una zona de peligro.
Retos

En los años 60, el 40% de la población vivía en la zona urbana. Ahora, ese porcentaje corresponde a la zona rural. El reto que tienen autoridades, constructores y ciudadanos es transformar otros puntos de la geografía nacional en centros de actividad económica.

Para ello, el Plan Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Territorial recomienda potenciar los recursos con que cuentan ciudades como Santa Rosa de Lima, Pasaquina, Santa Ana, La Unión y San Francisco Gotera y dotarlas de los servicios necesarios de tal forma que sus habitantes ya no emigren a San Salvador.

Incluso, de ser implementado el PNODT no estará lejano el día en que emigrar de la capital hacia otro departamento, en busca de prosperidad, resulte una idea atractiva. Mientras ese siga siendo sólo un sueño plasmado en el papel, habrá que convivir con los riesgos que abundan en San Salvador.

 

 

 

 

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