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TEMA
DE PORTADA
Amenaza constante
El reto de la vivienda
segura
El
aguacero que cayó sobre nuestro país hace dos semanas
demostró que varias zonas que los capitalinos consideraban seguras
realmente no lo son. La seguridad podría estar fuera de San Salvador
La zona verde era un punto de encuentro para los vecinos
de esta colonia. Ahí celebraban los cumpleaños de sus
hijos y los veían correr sin ningún temor.
Hasta el domingo 2 de octubre, nadie se había preocupado porque
el único espacio verde con que contaban en la residencial San
José Montebello estuviera al borde de un barranco. Pero ese día,
a fuerza de lluvia, la tierra empezó a ceder.
Una semana después, la cerca que cerraba el paso hacia el vacío,
estaba en el aire; ya no había dónde celebrar los cumpleaños
ni confianza para dejar correr a los niños por el engramado que
aún no se había desmoronado.
Los habitantes de esta residencial una colonia dividida en pasajes
privados muchos de ellos profesionales y con vehículo propio,
nunca imaginaron que las precipitaciones pondrían en peligro
las casas que aún deben al banco que las financió.
Ellos no viven al borde de un río, ni en una zona marginal. El
barranco con el que colindaba lo que era su zona verde no parecía
una amenaza.
Pero, como le sucedió a los habitantes de otras colonias donde
la naturaleza nunca había causado inundaciones ni deslaves, Stan
demostró que la naturaleza no sólo puede causar temor
y dolor a quienes viven en barrios, sino también a quienes, no
sin sacrificio, se costean una vivienda más o menos digna.
Si el hecho de vivir en una urbanización no ha sido sinónimo
de seguridad en esta ocasión ¿Dónde se puede vivir
sin temor a ser víctima de desastres naturales en El Salvador?
¿Hacia dónde deben dirigir su visión los urbanizadores
para ofrecer comodidad y seguridad a sus clientes?
Según el arquitecto Mario Peña, director ejecutivo de
la Oficina Nacional de Ordenamiento Territorial (Ondet) del Viceministerio
de Vivienda, la respuesta a esta interrogante es desarrollar un sistema
de ciudades en todo el territorio nacional. Estas deberán tener
los servicios y la demanda de mano de obra necesarias como para que
la gente no crea que emigrando a la capital vivirá mejor.
Este sistema de ciudades está contemplado en el llamado Plan
Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Territorial (PNODT), un ambicioso
proyecto que pretende potenciar varias ciudades en el interior del país
para que se conviertan en ejes de desarrollo.
La visión que tiene Peña respecto a los
resultados que podría tener la implementación de este
plan es optimista. Sin embargo, el técnico está consciente
de que para que este plan sea realidad se necesita que los políticos
se decidan a no dejarlo engavetado, como tantos otros planes de desarrollo
en los que el país ha invertido cantidades millonarias.
En busca de planicies
El ingeniero Enrique Melara dice sentirse seguro viviendo en la residencial
La Montaña, en las faldas del volcán de San Salvador.
Este miembro de la Asociación Salvadoreña de Ingenieros
y Arquitectos (ASIA), afirma que hace 15 años se acabaron los
suelos planos donde construir en San Salvador.
Ahora tenemos que convivir con quebradas y vaguadas, asegura
Melara. El profesional cree que el Gobierno debe contar con una política
de desarrollo de barrios y aunque la gente viva en zonas de riesgo,
se debe lograr que estén organizados para afrontar adecuadamente
situaciones como las lluvias provocadas por Stan.
Además, Melara también es partidario de las urbanizaciones
integrales, otra forma de llamar a los polos de desarrollo, para que
los salvadoreños que viven lejos de San Salvador no necesiten
movilizarse hacia la capital. Para esto, este ingeniero cree necesario
buscar terrenos con geomorfología plana en otras regiones del
país.
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San benito
El 26 de septiembre, la quebrada el piro dio una sorpresa al salirse
de su cauce a la altura de la feria internacional, en san benito.
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AL
SUR DE SAN SALVADOR
El 4 de octubre, un alud de tierra sorprendió a los
habitantes del pasaje San Marino, en Vía del Mar. |
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El
7 de octubre
colapsaron varias viviendas en la residencial lomas de versalles,
arriba del estadio cuscatlán. |
Sin embargo, según el presidente de la Cámara
Salvadoreña de la Construcción (Casalco), ingeniero Raúl
Castaneda, en El Salvador no se han identificado zonas sin peligro para
urbanizar y, además, construir fuera del Área Metropolitana
de San Salvador (AMSS) es difícil. Según Castaneda, hay
proyectos de urbanización que se caen porque proveerlos de agua
resulta demasiado costoso, lo que les resta factibilidad.
En opinión del presidente de Casalco, tanto el Ministerio del
Medio Ambiente, como la Anda y los constructores mismos tendrían
que ponerse de acuerdo para identificar los lugares más idóneos
para urbanizar fuera del AMSS.
El ingeniero Enrique Melara va más allá: Debería
haber concertación de todos los actores para planificar no sólo
las grandes ciudades, sino también las pequeñas.
Convivir con el riesgo
La vivienda tuvo una baja demanda mientras duraron las lluvias, según
Rafael Pérez Palacio, gerente general de El Noble, empresa de
bienes raíces.
Pero para el miércoles pasado, la demanda ya había vuelto
a sus niveles normales. Según Pérez Palacio, quienes generalmente
buscan adquirir una casa son parejas constituidas y mujeres solteras.
Estas personas están dispuestas a hacer una inversión
para toda su vida y, según la arquitecta Guadalupe de
Pacheco, gerente general de Consultores y Valuadores, S.A. de C.V.,
están en el derecho de preguntar si existen estudios de suelo
del lugar donde se plantean vivir y confirmar si la urbanización
cuenta con todas las aprobaciones de alcaldías e instituciones
competentes (Oficina de Planificación del Área Metropolitana
de San Salvador (OPAMSS), Viceministerio de Vivienda y ministerio de
Medio Ambiente).
A pesar de todas las precauciones que se puedan tomar, para Cristina
Solana, de Geólogos del Mundo, la construcción con
cero riesgo no existe. Tanto Solana como el ingeniero Enrique
Melara indican que el territorio que ocupa El Salvador cuenta con factores
que lo vuelven escenario de desastres naturales como sismos, actividad
volcánica, intensas precipitaciones y la acción del hombre.
Ambos coinciden en la necesidad de educar a la población para
que aprenda convivir con los riesgos y a minimizarlos. Esto, según
Melara debe ir acompañado de otros elementos como la creación
de los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) y una red de monitoreo de taludes.
En opinión de Melara, la OPAMSS y el Viceministerio de Vivienda
y Desarrollo Urbano carecen de los recursos suficientes para supervisar
que los contratistas realicen las obras de mitigación recomendadas
por estos entes.
El ingeniero reconoce que en el país se ha mejorado mucho en
cuanto al control de calidad, pues desde el terremoto de 1986, realizar
estudios de suelo es una regla. No obstante, Melara cree que se necesita
un mayor compromiso de parte de los constructores con la calidad.
OTra visión
Las ciudades están hechas a espaldas de la naturaleza y San Salvador
no es la excepción.
Como ejemplo, el doctor en Ciencias del Agua e Ingeniero en Recursos
Hídricos, Juan Carlos Bertoni, indica que la ciudad capital está
construida a espaldas del río Acelhuate.
Para minimizar el riesgo en los centros poblacionales, Bertoni recomienda
construir afectando lo menos posible las condiciones naturales en las
que se encontraba el suelo antes de que fuera intervenido por el hombre.
Bertoni cree que hasta el momento las inundaciones han sido afrontadas
de forma errada al pretender evitarlas construyendo bóvedas más
grandes, pues lo que se logra con esto es que el agua escurra más
rápido y en mayores cantidades hacia las tierras más bajas,
donde provocan inundaciones que antes no ocurrían. Bertoni sugiere
que, en lugar de eso, se usen mecanismos que permitan retener las aguas
temporalmente para que luego escurran hacia el sistema de drenaje.
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Vecinos de San
José Montebello colocaron plásticos para evitar
que la lluvia siguiera lavando la zona verde de su colonia.
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| La falta de suelos
planos en el área Metropolitana de San Salvador ha obligado
a construir en las zonas altas. |
Pero lo más importante, según este hidrólogo,
es no construir en los cauces de los ríos. En sus palabras, muchas
de las inundaciones que hubo hace dos semanas en la capital sucedieron
porque se edificaron viviendas sobre el cauce de ríos y quebradas.
La educación de la población a este respecto es importante
tanto para él como para Cristina Solana. Según ambos,
la información sobre los riesgos y la forma de afrontarlos no
deben quedar sólo en manos de los técnicos, sino que debe
ser trasmitida a la población que vive en las zonas vulnerables.
En busca de seguridad
El riesgo nunca podrá ser totalmente eliminado. Para el ejecutivo
de bienes raíces Rafael Pérez Palacio, Nueva Orleans es
ejemplo de ello.
Sin embargo, hay ciertos criterios que deberían ser tomados en
cuenta por quienes planean adquirir o alquilar una vivienda para ellos
y su familia.
El presidente de Casalco recomienda asesorarse bien sobre el sistema
de drenajes y aguas lluvias de la urbanización y, al vivir en
el inmueble, adquirir un seguro contra todo riesgo para vivienda.
Por su parte, el ingeniero Enrique Melara aconseja evitar los lugares
por donde baja el agua, ya que resultan peligrosos si no cuentan con
una buena canalización.
Pero sobre todo, Melara cree que las construcción deben respetar
la cota (altura) máxima de construcción determinada por
las ordenanzas municipales.
Para la arquitecta De Pacheco lo más importante al decidir dónde
adquirir un inmueble es conocer las áreas vetadas y consideradas
como de riesgo.
Ella conoce casos en los que alguien ha comprado una casa a bajo precio,
pagando de contado, y luego no ha podido asegurarla o hipotecarla porque
está ubicada en una zona de peligro.
Retos
En los años 60, el 40% de la población
vivía en la zona urbana. Ahora, ese porcentaje corresponde a
la zona rural. El reto que tienen autoridades, constructores y ciudadanos
es transformar otros puntos de la geografía nacional en centros
de actividad económica.
Para ello, el Plan Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Territorial
recomienda potenciar los recursos con que cuentan ciudades como Santa
Rosa de Lima, Pasaquina, Santa Ana, La Unión y San Francisco
Gotera y dotarlas de los servicios necesarios de tal forma que sus habitantes
ya no emigren a San Salvador.
Incluso, de ser implementado el PNODT no estará lejano el día
en que emigrar de la capital hacia otro departamento, en busca de prosperidad,
resulte una idea atractiva. Mientras ese siga siendo sólo un
sueño plasmado en el papel, habrá que convivir con los
riesgos que abundan en San Salvador.
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