16 de octubre de 2005


LA OPINIÓN
Borrados del mapa

Florencia Couto
vertice@elsalvador.com

El huracán Stan y el terremoto de Cachemira son, desde hace algunos días, los protagonistas de las noticias. Gracias a los medios de comunicación, el mundo entero vivió de cerca ambas tragedias, separadas tan sólo por algunos días y miles de kilómetros.

El luto y la nostalgia fueron las consecuencias inmediatas. La subsiguiente la estableció la gente, al entrar en acción. La naturaleza arrasó, pero ante esto los hombres dejaron de ser simples espectadores y comenzaron a trabajar por los demás.

Ayudar a los sobrevivientes de ambas catástrofes, alrededor de 2 millones, y cuyos muertos podrían superar la escalofriante suma de 23 mil personas, fue y es una de las prioridades en todo el mundo.

El volcán Ilamatepec, Stan y el sismo de hace diez días no dieron respiro en El Salvador. Consternados y todavía asustados, la meta impuesta por los propios salvadoreños fue la de salir adelante. Las distinciones políticas y sociales se pusieron al margen. Lo importante es reconstruir el futuro, sin olvidar a los que dejaron de existir. Los borrados del mapa son la inspiración para los afectados y los que ayudan.

Todos caminan de la mano, unidos y colaborando por una causa común: la de hacer país. Dejando a un lado las penas personales y teniendo como prioridad a los desconocidos. Esos que perdieron todo, que sufren y que quieren levantarse, pero que lo harán más rápido si se les tiende la mano.

Esto muestra que la solidaridad es uno de los valores con que cuenta nuestro pulgarcito de América, ya que en todo momento la población mostró su apoyo a los más necesitados con su constante participación, desde todos los puntos del país y también los hermanos lejanos.

Ambos acontecimientos —el de Asia y el de Centroamérica—, impusieron su fuerza y arrasaron con todo lo que se les interpuso en el camino. Niños, ancianos, hombres y mujeres se vieron afectados por la fatalidad. Sus vidas cambiaron para siempre. Algunos lloran a sus muertos y otros mantienen la esperanza de encontrarlos con vida.

Todos tienen metas claras, quieren pasar la página y comenzar nuevamente. Saben que a pesar de que el camino puede ser difícil hay mucha gente que los está ayudando desde el anonimato, llevando víveres y abrigo a los refugios. Y también colaborando con dinero. Poniendo su granito de arena para poder superar la imprevisible adversidad de la naturaleza.


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