16 de enero 2005


REPORTAJE
Salto del café al turismo

Juayúa es una ciudad que ha pasado de ser un importante productor del grano aromático a un novedoso atractivo turístico, que cada fin de semana recibe a más de mil visitantes.

Mirella Cáceres
Juan Carlos Rivas
Un santuario. Las suaves cascadas del río Monterrey resultan una buena opción.

Se puede decir que esta ciudad, enclavada en la cordillera Apaneca-Ilamatepec, es una tierra privilegiada.

Las 16 mil manzanas de bosque cafetero que la rodean, su altura —que supera los 1,000 metros sobre el nivel del mar— y su clima fresco la hacen un sitio envidiable.

Por varias décadas, Juayúa, en Sonsonate, no había sido descubierta por esas virtudes.

La vida apacible sólo fue alterada por el movimiento en torno a la producción de café y los festejos de enero en honor del Cristo Negro, una réplica que hiciera Quirio Cataño del que exhibe el templo católico de Esquipulas en Guatemala.

Hoy, se ve invadida los fines de semana por turistas que llegan de todas partes, especialmente de San Salvador.

La razón de tanto alboroto es una especie de gancho turístico que algunos juayuenses han ideado y que resultó en una alternativa de sobrevivencia para algunos tras la caída de los precios del café en el mercado mundial.

Antes de esta crisis, sin imaginarlo, un grupo de pobladores se unió con la alcaldía en busca de alternativas económicas para que el municipio dejara de depender exclusivamente de la producción cafetera.

Cultivo sigue vivo. Un buen número de juayuenses aún sobrevive del café.

La conclusión de aquellas pláticas, que se iniciaron en 1997, recayó en el turismo sin poner en peligro la existencia de su principal patrimonio, los cafetales. Fue así como inventaron un festival gastronómico de platillos internacionales y típicos, para cuyo impulso fue clave la llegada de un capital semilla de ¢150,000 procedente de la comuna.

“Lo hacíamos en épocas festivas, pero, al ver el éxito, decidimos hacerlos cada fin de semana”, cuenta Jaime Salgado, quien preside ahora el Comité de Turismo de Juayúa, mejor conocido como Juayutur, integrado por 45 socios que cada sábado y domingo satisfacen el paladar de los visitantes.

Esta feria culinaria permite que unas 250 personas se beneficien directamente con un empleo, según los organizadores, y otra cantidad similar de manera indirecta.

Don Francisco Granados, cuyo negocio se especializa en ancas de rana, conejo, venado y churrasco, dice que para complacer a unos 200 clientes cada fin de semana invierte unos $250 y emplea a unas 15 personas.

Paseo a la antigua. Juayúa emula con sus carrozas a ciudades como Cartagena y Antigua Guatemala.

Al igual que don Francisco, otros se han convertido en ese efecto multiplicador de empleo para un buen número de personas.

El despertar turístico de esta ciudad se advierte en el surgimiento de nuevos comercios. Algunas casas, antiguas y modernas, están siendo remozadas para dar paso a hostales, restaurantes y cafeterías.

Tres trenecitos, varios carruajes tirados por caballos y una mototaxi ofrecen, por un módico precio, un paseo por la ciudad.

Música en vivo y un reforzamiento de la seguridad, según la policía y organizadores, complementan este tipo de entretenimiento. La ciudad está ubicada al norte de Sonsonate y forma parte de la Ruta de Las Flores, un proyecto que, por el momento, dormita y que involucra además a Apaneca, Salcoatitán y Nahuizalco.

Descanso

El edil, Edgardo Aguilar Valladares, asegura sentirse complacido con el desarrollo turístico que ha tenido la ciudad, pero cree que aún falta por hacer. Por ejemplo, crear una ordenanza que imponga reglas para que la feria funcione de manera ordenada y “Juayúa no se vaya a convertir en un mercado”.

Más que comida. La panorámica de la ciudad
inspira a muchos.

Dentro de la disposición municipal, que el alcalde promete entrará en vigor después de recientes festejos patronales, podría incluir el cobro de impuestos para los comerciantes, dada la “carga económica” que causa a la comuna este tipo de actividades, verbigracia, la posterior limpieza y recolección de basura.

Jaime Salgado dice estar de acuerdo con una ordenanza, porque vendrá a poner el orden con el que se debió iniciar la feria, pero habría que esperar qué establecen esas normas, las cuales, según él, tendrían que regular también a muchos vendedores informales que alteran el orden, de los que nadie garantiza la calidad del producto que venden y que “roban” la oportunidad de trabajo a otros juayuenses.

Pese a estos pequeños problemas de organización o desacuerdos, Juayúa sigue cautivando a muchos, tanto que instituciones como la Corporación Salvadoreña de Turismo (Corsatur) la mira como un importante destino para viajeros.

Roberto Ayala, encargado de información turística de la institución, dice que apoyan mediante la promoción este proyecto en dos sentidos: el festival gastronómico y las actividades que hay alrededor de él, y “La ruta del café”, que consiste básicamente en recorridos por algunas fincas y beneficios donde los visitantes conocen todo el proceso de producción del grano, desde su cultivo hasta el producto final: una humeante taza.

“En esos recorridos (también) se hacen exposiciones sobre el grano y sus beneficios. En ese sentido, pese a la caída del café, hay un intento por potenciarlo”, afirma Ayala.

Para Corsatur, la oferta de Juayúa se está diversificando. Sitios como San José de la Majada y otras elevaciones (como el cerro El Águila) son propicios para caminatas y turismo de aventura (rapel).

Gastronomía. La variedad y calidad de platillos atrae a centenares cada fin de semana.

Juayúa y otros sitios del país como Suchitoto (Cuscatlán), La Palma y San Ignacio, en Chalatenango, han sabido aprovechar sus virtudes naturales y han sentado las bases para creer que una buena oferta turística puede contribuir al desarrollo del país.

Crisis del grano y sobrevivencia

Se calcula en 16 mil manzanas el parque cafetero en el municipio, pero no todo cosechará este año, como ha ocurrido en los últimos tres, desde que la crisis mundial del café golpea fuertemente al sector en todo el país.

Se cree que un 70% de las fincas está paralizado y solamente invierten en labores de mantenimiento para no dejarlas perder. La finca Los Planes es una de las pocas que está activa y que, a pesar de su gran extensión (85 manzanas), tendrá una producción tímida.

El mandador de la finca, Luis Mata, dice que de 200 personas que empleaban hace cinco años en plena temporada, ahora se ha reducido a 70, al igual que la cosecha, que ha pasado de 1,500 quintales a unos 400.

Andrés Martínez ha podido testificar de estos dramáticos cambios tras 27 años de trabajo en las fincas.

Ahora gana, al igual que otros que cortan en Los Planes, $0.70 por arroba del grano que hacen en tiempos de corta y, si tienen suerte de encontrar empleo a nivel de mantenimiento de las fincas en el resto del año, obtener $3.22 por un día de trabajo.

Por eso, para algunos, la alternativa viable a la crisis es la explotación turística de estos bosques; sin embargo, varios propietarios no se arriesgan.

El alcalde Aguilar dice que, por otro lado, han gestionado cooperación extranjera para capacitar a personas en otras habilidades con el fin de impulsar la microempresa y paliar un tanto la debilitada economía local.



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