15 de mayo de 2005


Reportaje
Cuando la muerte se fuma la vida

En El Salvador, el consumo del “crack” ha aumentado considerablemente desde que se ubicó por primera vez en 1996. Debido a su precio relativamente bajo se ha convertido en la droga de mayor accesibilidad y, a la vez, en la más peligrosa. Estas pequeñas piedras cristalinas, semejantes a la octava parte de un cubito de azúcar, pueden llevar desde la adicción extrema hasta la muerte por las complicaciones que generan en el cuerpo. Y, lo peor, amenazan con quedarse por tiempo indefinido

Juan Carlos Rivas / Fotos: Wilfredo Díaz/Archivo
vertice@elsalvador.com

Drama. Muchos jóvenes comienzan a consumir crack desde los 12 años. Foto EDH

Las pipas artesanales para fumar ‘la piedra” suelen ser pequeñas cánulas de vidrio semejantes a tubos de ensayo y con salidas en ambos extremos.

Tienen una especie de rejilla o malla metálica donde se coloca la piedra de “crack”.

Adrián tiene trece años y también tres pipas de vidrio. Dada la facilidad con la que se adquieren, actualmente se puede comprar pequeñas porciones de $0.57, $1.00 y $1.70 y es mucho más fácil que comprar cualquier producto en alguna tienda.

El joven puede adquirir alrededor de tres piedras al día, luego de limpiar parabrisas en una de las intersecciones de la 25ª Avenida Sur o en diferentes puntos del Bulevar de Los Héroes, en San Salvador.

Las casas abandonadas o los edificios en ruinas son los lugares donde los fumadores de crack, sobre todo niños y adolescentes, la mayoría en orfandad, se reúnen para fumar la piedra, que no es otra cosa que los residuos de la cocaína procesada a través de químicos como el éter o el amonio.

Una vez encendida la pipa, la estimulación del sistema nervioso es casi inmediata, lo que lleva a una sensación de euforia extrema que a los pocos minutos es reemplazada por ansiedad, miedo, apatía y depresión.

Es así como el alcaloide llega más rápido al cerebro, su mecanismo altamente adictivo hace que de igual forma sea muy breve su duración.

Por eso, Adrián y sus dos amigos cambian rápidamente su conducta (alrededor de ocho segundos es el tiempo promedio que dura el recorrido de la circulación pulmonar al cerebro).

Sus expresiones faciales se vuelven como de angustia, palidecen, sudan, un estado de paranoia se traduce en la manera cómo observan repetidamente a todas partes.

Se mueven como si estuvieran acorralados o como si alguien los vigilara.

El efecto dura muy poco. Los jóvenes vuelven a fumar y la escena se repite. Encienden la pipa por tercera vez y con la ayuda de un alambrito remueven el filtro con la intención de encontrar residuos.

La operación continúa hasta que la dosis se termina o el cuerpo no puede más. Todo “crackero” atraviesa por el mismo fenómeno.

Sin embargo ésta no es sólo otra droga “de diseño” (se le llama así porque en el mundo de la química se experimentan nuevos estupefacientes con intenciones específicas de comercializarlas).

Según las estadísticas de la Fundación Salvadoreña Antidrogas (Fundasalva), la División Antinarcóticos de la Policía Nacional Civil (Dan) y la Organización Mundial para la Salud (OMS), el crack ha sido comparado con una plaga que se extiende con rapidez.

Una plaga que, en Centroamérica, ha conquistado significativos territorio y, en El Salvador, ha empezado a causar un mayor daño sobre todo en la población escolar (12-18 años), los niños de la calle y una parte de los adultos con adicción extrema a la cocaína.

Métodos y mañas. Los narcos utilizan toda clase de ardides, como este alijo encontrado en un camión con cebollas. Foto EDH

Un gran mercado

Esta facilidad para adquirir cocaína ha llevado a dichas instituciones a trabajar en nuevos proyectos para el tratamiento y rehabilitación de jóvenes con abuso de drogas.

Sobre todo después de que la Dan detectó más de 16 puntos de distribución, entre ellas las comunidades Tutunichapa y El Hoyo, las colonias El Pepeto y San José en Soyapango; Cimas de San Bartolo, Ilopango; San Marcos, la colonia 10 de Octubre; Apopa y Valle del Sol, por citar algunos.

Según el subinspector Perla Flores, jefe de Operaciones de la Dan, “se han ubicado, a nivel nacional, 44 puntos ciegos transitables con vehículo y de fácil acceso”, lo que permite la introducción de droga -especialmente cocaína- procedente de Colombia, vía Nicaragua y Costa Rica.

“Por la vía marítima se han detectado cantidades considerables provenientes de Perú o Ecuador”, añade.

Sólo en el primer trimestre de 2005, la Dan se incautó de sustancias ilegales con un valor superior a los 68 mil dólares, lo que significó un total de 620 detenciones.

Otras estadísticas policiales señalan decomisos por un total de siete mil gramos de cocaína y 2 mil 607 gramos de crack. Pero también se han encontrado heroína, éxtasis y anfetaminas en menores proporciones.

“El problema es regional y grande”, indicó otro agente antinarcóticos que pidió no ser identificado.

En marzo de este año, la Policía de Control de Drogas de Costa Rica arrestó a dos compatriotas que trataban de sacar 19 kilos de cocaína en un compartimiento secreto junto al tanque de la gasolina. Las autoridades costarricenses dijeron estar preocupadas por “el creciente número de salvadoreños detenidos con drogas” sobre todo en 2004.

A principios del año fue detenido un guatemalteco con 1,888 gramos de cocaína provenientes de Colombia vía Panamá.

En esas mismas fechas, la Dan decomisó 6.5 kilos más, que se presume era para la distribución en discotecas y otros lugares nocturnos del Bulevar de Los Héroes, la Zona Rosa y San Antonio Abad.

Dicho alijo estaba valorado en 200 mil dólares. Se dice que de un kilo de cocaína se pueden sacar hasta 20 mil piedras de crack.

Cocaína, sinónimo de dinero y muerte. Uno de los últimos decomisos de la división antinarcóticos evitó que se distribuyeran 6.5 kilos de coca en San Salvador
130,000 dosis
Las porciones de crack que se habrían obtenido de esa cocaína. Alijo valorado en $200 mil

Un peligro adicional

Cuando las personas combinan el consumo de cocaína con el alcohol están agravando el peligro que representa cada una de estas drogas: sin saberlo, crean en su cuerpo un experimento químico muy complejo.

Varios investigadores del National Institute of Drugs Abuse (NIDA) han encontrado que al combinar el uso de la cocaína con el alcohol, el hígado humano fabrica una tercera sustancia, el etileno de cocaína, que intensifica los efectos eufóricos de ella y potencialmente aumenta el riesgo de muerte repentina.

En Brasil se ha detectado un nuevo tipo de droga derivada de la pasta de la coca y más adictiva que el crack.

Se le ha llamado “oxi” y se prepara a través de una mezcla de cal viva y queroseno.

Es vendido en forma de pequeñas piedras y se fuma igual o mezclada con tabaco o marihuana.
El “oxi” es más nocivo que el crack y, además de producir agitación síquica y motora, provoca alteraciones cardíacas y respiratorias, vómitos y diarreas.

Los consumidores de crack no consumen “oxi” porque lo consideran muy fuerte. Un 30% de los consumidores de “oxi” muere repentinamente, ya que los problemas que ocasiona en el organismo pueden traducirse en cardiovasculares, hemorragias cerebrales o embolia y sicosis.

El mismo jefe policial expresa la complejidad del problema en cuanto al comercio ilícito, que se ha convertido en un “modus vivendi” para muchas personas de bajos recursos.

Como “la piedra” es barata y fácil de conseguir, “muchas familias se dedican al negocio. Cuando se captura a las personas, la que queda se va haciendo cargo; de esta forma, en una familia numerosa, marginal y con problemas significativos de economía, adicción, desempleo, desintegración, etc. el comercio de drogas se convierte en el modo de subsistencia y por eso, su difícil erradicación”, agrega.

El asesino múltiple

El problema del comercio ilícito responde al juego de la oferta y la demanda. Uno de los negocios más lucrativos en el mundo es el tráfico de cocaína, pero el rubro que parece desplazarlo en la actualidad se llama crack.

¿Pero, qué es en realidad la piedra? ¿Una variante de la cocaína que responde a la sociedad de consumo o la creación monstruosa de un triste genio?

El sicólogo y terapeuta Luis Alfaro, del departamento de Rehabilitación y Tratamiento Ambulatorio de Fundasalva, explica el proceso químico del cerebro y cómo éste sufre alteraciones por las nuevas sustancias introducidas al organismo.

“El crack es básicamente cocaína. A alguien se le ocurrió cocinarla con bicarbonato y eso produjo un cristal. Lo fumaron y vieron que pegaba más fuerte”, indica.

“Recordemos que la cocaína es una droga estimulante que produce una euforia enorme, de omnipotencia se puede decir, desde el momento que el clorhidrato de cocaína llega al cerebro”, agrega.

El clorhidrato es el resultado del proceso de separación de la base pura de cocaína con un medio, éter, amoníaco o bicarbonato.

El proceso lo vuelve un concentrado (cristal o roca) el cual, al fumarse, genera una reacción de euforia mayor, con la diferencia de que dicha reacción dura muy poco tiempo y el organismo es forzado a solicitar una dosis más.

“Hay una sustancia que se llama neurotransmisores y es la que se encarga de los cambios humorales en el individuo. Lo que hacen las drogas en general es sustituir el funcionamiento de dichos neurotransmisores”, dice Alfaro.

Dependencia. Escenas como estas se han vuelto normales: los “crackeros” venden y consumen a la par de escuelas. Foto EDH

Con el caso de la cocaína, ésta lleva otros químicos que en el caso del crack o la combinación con otras sustancias origina daños mayores.

La peligrosidad radica en los niveles de adicción que se pueden alcanzar, lo que se conoce como “síndrome de abstinencia”.

“Si para el alcohólico el síndrome de abstinencia (goma) se presenta al día siguiente, para el crackero se da casi inmediatamente después de fumar, cae entonces en la depresión y es ahí cuando más necesita una nueva dosis”, indica Alfaro.

“Si la cocaína se necesita consumir seguido, el crack se necesita consumir aún más seguido”, agrega el especialista.

Por tratarse de una droga más tóxica, es más estimulante y por tanto más adictiva. El gasto energético que implica es mayor, lo que ocasiona la pérdida de apetito que lleva al deterioro del organismo.

Los mismos problemas que originan otras drogas inhaladas como el cigarro.

En el caso del crack, en un período de seis meses a un año el deterioro puede llevar a la muerte.

Las cifras de Fundasalva indican un incremento significativo y alarmante. “Manejamos perfiles de pacientes, de todas las zonas del país, y todos los niveles sociales”.

Los casos más preocupantes se detectan en las poblaciones con rangos entre los 9 y los 13 años, que son edades promedios en donde se experimenta primero con drogas legales como el tabaco y el alcohol, drogas blandas como la marihuana hasta que la adicción física los lleva a probar la cocaína, el crack y las combinaciones que, en esos rangos de edad, se convierten en cocteles mortales.

ONG como la Fundación Olof Palme atienden a niños y jóvenes de la calle y muchos de ellos presentan cuadros de adicción a solventes como la pega o estimulantes como el crack.

Derivado de la pasta de cocaína, se obtiene a través de un proceso de separación con éter o amoníaco. Una forma casera se hace con agua y bicarbonato. La peligrosidad del crack radica en que, por tratarse de un concentrado, su efecto y nivel de adicción son mayores. Foto EDH

Dada la facilidad para comprar una pequeña porción ($0.57) muchos niños en edad formativa yacen atrapados en este flagelo.

En San Salvador, aunque no se han registrado muertes específicas por dicha sustancia, se sabe de muchos casos, sobre todo en unidades de salud o regionales del ISSS, de jovencitos atendidos por sobredosis de piedra y, en algunos casos, de chicos que han muerto por otro tipo de complicaciones: paros respiratorios o cardíacos, y afecciones del hígado o el páncreas.

En el hospital San Rafael de Santa Tecla han sido atendido casos esporádicos de sobredosis por crack.

Andrés, de 19 años, fue uno de los últimos pacientes remitidos por inflamaciones intestinales, paro respiratorio y anemia debido al consumo extremo de crack. Él era distribuidor y consumidor. Falleció tres días después de que le dieran el alta.

Sin embargo, según el terapeuta Luis Alfaro, el problema no sólo se traduce a la oferta y la demanda, a la accesibilidad para conseguir la droga o a los niveles de adicción que el sujeto puede alcanzar.

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- Como en un laberinto

“El problema debe tratarse en la familia -asegura-. Nos cuesta convencer a los padres de familia cuyos hijos tienen problemas de adicción a que retiren drogas como el alcohol de sus casas, pero se niegan, dicen que eso no es posible, por sus amistades.

Entonces se convierte en un tema serio de discusión: ilegalidad frente a legalidad. ¿Por qué unas drogas se permiten y otras no?

Alfaro sostiene que en ocasiones, los padres de familia les llaman a los 6 meses o 1 año para decirles que el muchacho que llegaba a las terapias se murió por causa del crack.

“Aunque no recibimos constantemente este tipo de noticias ya que nos encargamos del tratamiento y prevención, sabemos de casos como este, donde la adicción ha sido crónica.

“Sin embargo creo que las muertes están más relacionadas a la delincuencia y es más factible que desarrollen un cuadro de demencia o locura que una muerte por el químico”, sostiene.

El terapeuta añade que tienen información, por jóvenes que han asistido a sus programas, de que la adicción a la piedra ha originado otros problemas como el incremento de contagios de sida.

“En algunos casos por la forma de vida que llevan y en otros, porque la misma adicción los ha orillado a cometer toda clase de cosas por obtener la droga. Un joven que estuvo con nosotros, heterosexual y bien definido, tuvo relaciones homosexuales por conseguir una piedra”, relata.

“Esto no pasa con otras drogas - concluye - Y no se sabe cuándo va a parar”.

El mal en cifras
 

El aumento del consumo del crack conlleva cifras alarmantes según los registros de la PNC y la Fundación Salvadoreña Antidrogas.

Para 2004, el 29% de consumidores entrevistados dicen combinar dos o más sustancias; de éstos un 28% es adicto al crack y un 18% a la cerveza.

De la misma población estudiada, un 72% presenta un cuadro de adicción severa, siendo la población más afectada, en cuanto a edad, los que tienen una menos de 15 años.

Esta edad se establece como de inicio, así, un 8% de estos niños empieza con crack y tabaco. De los 16 a los 20, un 22% comienza sólo con crack.

“Uno de los problemas en los cuadros de adicción severa es la combinación”, dice el Lic. Luis Alfaro.

“Como son antagónicas, una es depresiva y la otra estimulante; cuando se sienten bolos se meten piedra para despertar y cuando están muy trabados por la coca, se meten alcohol para bajarla y así están, subiendo y bajando. Dañando el organismo sin darse cuenta.

“Recordemos que vivimos en una sociedad de consumo, y todo se traduce en mercancía y la droga es una de las mercancías que más poder económico origina”, advierte.

El crack y el alcohol son consideradas como las drogas que más ocasionan problemas. De ellas, la piedra ocupa el 36%, por eso se le conoce en la actualidad como la droga problema.

“Las drogas siempre han existido”, agrega el Lic. Alfaro, el problema es el mal uso y cómo esto genera la adicción. En nuestro medio, el alcohol es la puerta de entrada a las otras drogas.


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